Libro de la sabiduría II.
1.5. Cualidades y naturalezza de la Sabiduría
(7,22b-8,1)
7,22b En efecto, ella tiene un espíritu inteligente, santo,
único, múltiple, sutil,
móvil, penetrante, inmaculado,
lúcido, invulnerable, bondadoso, agudo,
23 incoercible, benéfico, amigo del hombre,
firme, seguro, sereno,
todopoderoso, todovigilante,
que penetra todos los espíritus
inteligentes, puros, sutilísimos.
24 La sabiduría es más móvil que cualquier movimiento,
y, en virtud de su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo;
25 porque es efluvio del poder divino,
emanación pura de la gloria del Omnipotente;
por eso nada inmundo se le pega.
26 Es reflejo de la luz eterna,
espejo nítido de la actividad de Dios
e imagen de su bondad.
27 Siendo una, todo lo puede;
sin cambiar en nada, renueva el universo,
y, entrando en las almas buenas de cada generación.
va haciendo amigos de Dios y profetas;
28 pues Dios ama sólo a quien convive con la sabiduría.
29 Ella es má bella que el sol
y que todas las constelaciones;
comparada a la luz del día, sale ganando,
30 pues a ésta la releva la noche,
mientras que a la sabiduría no la puede el mal.
8,1 Alcanza con vigor de extremo a extremo
y gobierna el universo con acierto.
7,22b-8,1.
Esta es la estrofa central de la segunda part y, por tanto, la sección
más importante del elogio a la Sabiduría. En ella el autor intenta dar
una visión de la Sabiduría lo más completa posible. Trata de la
naturaleza y de las cualidades o propiedades de la Sabiduría, con un
estilo retórico y una terminología filosófico-religiosa más cercanos al
genio griego que al semítico.
7,22b-8,1 se distingue notablemente
de lo que precede: 7,1-22a y de lo que sigue: 8,2ss, porque no habla
Salomón de sí mismo, sino de la Sabiduría y de su espíritu.
El
autor no sigue rigurosamente una estructura determinada en esta
perícopa, sin embargo, se puede observar que 7,22b-23 trata de la
naturaleza del espíritu de la Sabiduría; 7,24-26 del origen divino de la
Sabiduría y 7,27-8,1 de la actividad externa de la Sabiduría.
22b-23.
Naturaleza del espíritu de la Sabiduría. Estos dos versos forman una
unidad indivisible, un período completo. El sujeto es el espíritu de la
Sabiduría, a quien se le atribuyen 21 atributos. Se pueden observar
algunas repeticiones: espíritu / espíritus (22b. 23d); inteligente /
inteligentes (22b.23e); sutil / sutilísimos (22c.23e).
22b-e. El
perído comienza en griego con un sujeto gramatical nuevo: es el
espíritu de la Sabiduría. El autor ha hablado ya de la Sabiduría como
espíritu en 1,6 y 7,7 (cf. 1,5; 9,7), y ahora no pretende establecer un
pluralismo, como si la Sabiduría tuviera varios elementos de los que uno
fuera el espíritu. Por la descripción que sigue en v.24ss, la Sabiduría
es simple, es este espíritu tan rico en sí mismo que el autor se siente
impotente para describirlo completamente; por esto en v.22-23 acumula
los 21 atributos. "Los términos son en su mayoría típicamente griegos:
formaciones con alfa privativa (in-), compuestos de ben-, fil. ¿Se puede
definir el sentido conceptual de cada adjetivo?, ¿lo pretendía el
autor? La impresión es la contraria: hay sinonimias y aproximaciones;
además, muchos de los términos tienen varios sentidos posibles, sin que
el contexto los defina”.
Inteligente, pues la Sabiduría "es
confidente del saber divino" (8,4; cf. 9,9), lo sabe todo (cf. 8,8;
9,11), es fuente de conocimientos (cf. v.21; 9,17). Santo,
principalmente por ser de origen divino (cf. v.25s; 8,3; 9,17; 1,5). El
epíteto santo es más bíblico que griego. Unico o solo, porque no hay
otro espíritu en la Sabiduría, e incomparable por su modo de ser y de
actuar. Múltiple, no por constitutivos, sino en sus virtualidades y
potencia (cf. v. 27; 8,1; 1 Cor 12,4.11), por su actividad universal,
sin mengua o variación de sí mismo. Esto require que sea sutil. El autor
no tenía un concepto propio de espíritu en cuanto opuesto a y negación
de materia; lo que más se acerca a este concepto es el ser sutil,
delgado, fino, ligero (cf. la última palabra en v.23). Móvil, cualidad
por la que un ser puede trasladarse localmente y disponer de sí mismo.
La agilidad y movilidad son cualidades inherentes a los seres vivos
superiores, y cuanto más participa un ser de ellas, es más perfecto y
dueño de sí (cf. v.24). Penetrante a través de todo por su sutilidad y
pureza (cf. v.24). Inmaculado, libre en absoluto de toda impureza
material y espiritual (cf. v.24; 1,4). Lúcido, diáfano, transparente por
su pureza incontaminada. Invulnerable o impasible, con imposibilidad
de sufrir menoscabo en sí mismo por causas extrínsecas; parece que se
opone a la materia, por naturaleza pasible. Bondadoso o amante del
bien, porque es santo y, por esto, expansivo, enemigo del mal y de la
envidia (cf. 6,23). Agudo, perspicaz, que penetra todo (v.24), hasta en
los rincones más recónditos de las almas; pero también pronto y
dispuesto para todo lo bueno.
23. Incoercible, por ser un
espíritu libre de ataduras, con libertad absoluta y soberana. El
concepto favorece estre sentido. Benéfico, realizador del bien y no
mero observador, junto con amigo del hombre (fila/nqrwpon) para los
filósofos estoicos son atributos divinos de la Providencia con relación
al hombre. Aplicados al espíritu de la Sabiduría son títulos
esperanzadores (cf. 1,6). No sólo afirman una realidad consoladora,
demostrada por la experiencia (cf. 6,12ss; 7,27; 9,18; 10,1ss), sino que
nos abren a un futuro de esperanza segura. Firme como la roca; en él
puede el hombre poner toda su confianza con la seguridad de que no
saldrá fallida. Seguro, que no vacila en sus pasos ni en la
determinación tomada (cf. 4,3c); inquebrantable, por tanto, en su deseo
de hacer el bien al hombre; es sinónimo del anterior. Sereno, libre de
preocupaciones (cf. 6,15b), como consecuencia de la firmeza y seguridad y
del poder que afirmará en v,23. Todopoderoso (cf. v27), atributo
estrictamente divino. En efecto, sólo lo puede todo el que es Señor de
todo, el Creador (cf.11,17; 18,15); pero la Sabiduría lo ha hecho todo
(cf. v.22a y 8,6). Todovigilante, todo lo ve, ya que el espíritu del
Señor está presente en todo el universo (cf. 1,7-8) y lo gobierna todo
rectamente (cf. 8,1). Que penetra todos los espíritus: el autor concibe
al espíritu de la Sabiduría superior a todos los espíritus, como
viento; siguiendo la metáfora, el autor concibe el espíritu como viento
que penetra aun por los espíritus sutilísimos, por ser más sutil que
todos ellos (cf. v.27). Parece ser que el autor habla de los ángeles al
decir espíritus inteligentes, puros, sutilísimos (cf. Sal 103,4LXX),
marcando una progresión ascendente; pero no se puede excluir ningún ser
superior al hombre en cualquier hipótesis. El espíritu de la Sabiduría,
sin embargo, supera a todo ser espiritual, aun al más sutil; los
trasciende a todos ellos.
7,24-8,1 forma una unidad de
composición, además con inclusión. Los hemistiquios se distribuyen
armónicamente: v.24-26: 8 hemistiquios; 7,28-8,1 también 8 hemistiquios y
en el centro v.27 con 4 hemistiquios. Asi, pues, v.24-26 se destacan
como la primera subsección en esta composición, cuyo tema es el origen
de la Sabiduría.
24-26. Origen divino de la Sabiduría. El verso
24 señala un cambio con relación a v.23, aunque sólo sea porque el
sujeto gramatical ya no es el espíritu, sino la Sabiduría.
24.
El cambio de sujeto: Sabiduría por espíritu, amplía el horizonte y nos
introduce directamente en el medio divino. El autor vuelve sobre algunos
atributos del espíritu y los afirma de la Sabiduría en un grado más
intenso. La movilidad de la Sabiduría supera todo movimiento (cf.
v.22d), es decir, la Sabiduría se mueve más rápidamente que cualquier
otra cosa; lo que implica supremacia sobre todo ser que posea vida. Para
el autor la movilidad no es una imperfección, sino la manifestación de
una perfección suma. "El autor ha querido expresar de esta manera no
sólo la causalidad universal de la sabiduría, sino también su presencia
instantánea en todos los seres, presencia activa y personal”. En v.24b
se subraya y amplía el poder penetrante y expansivo de la Sabiduría a
través de todos los seres (cf. v.22d.23d), debido a su pureza (cf.
v.23e), que aquí casi se identifica con nuestro concepto de
inmaterialidad o de espiritualidad y que va a dar pie para introducirnos
en la misma fuente, la divinidad (cf.v.25-26).
25. En este
verso y en el siguiente el autor ha concentrado su poder sintético para
darnos una descripción aproximada de la Sabiduría; pero se encuentra con
la misma dificultad de siempre: no puede reducirlo todo a un aspecto y,
por ello, utiliza cinco metáforas diferentes. Son metáforas, no puros
conceptos, por lo que lo significado queda englobado en el simbolismo de
las imágenes: efluvio, emanación, reflejo, espejo e imagen. Desde el
principio hemos de confesar que estas metáforas no nos pueden dar una
idea exacta de lo que es la Sabiduría. Este convencimiento lo tiene el
autor también. Por esto continuará todavía en v.27 con nuevos intentos
de descripción de la Sabiduría.
La Sabiduría es efluvio del poder
divino: hálito o exhalación, como el que producimos al expulsar el aire
de nuestros pulmones, que se hace visible si la temperatura
ambiental es muy baja. es, por lo tanto, una forma de vapor. La metáfora
nos podría inducir a creer en una especie de emanatismo. Por eso nos
hemos puesto en guardia desde el principio para no desorientarnos por el
lenguaje figurado. Dios no respira; hablar del efluvio o hálito de Dios
es hablar figuradamente. El aspecto que nos interesa de la imagen es la
afirmación de la procedencia, de la intimidad de la Sabiduría con Dios.
Algo parecido podemos leer en Eclo 24,3: "Salí de la boca del Altísimo y
como niebla cubrí la tierra'. Pero la metáfora en sí misma no nos dice
más. El autor lo reconoce y por eso se apresura a completarla con otras
metáforas.
El aspecto divino y dinámico de la Sabiduría lo pone
de manifiesto el autor al decir que es efluvio del poder de Dios. Poder o
potencia puede significar a Dios mismo por sí solo (cf. 1,3).
Emanación
pura de la gloria del Omnipotente: lo que acabamos de decir de las
imperfecciones y sombras de las metáforas tiene también aquí perfecta
aplicación. "'Emanación', en español como en griego, nos lleva al campo
simbólico del agua: Dios hontanar secreto de esa agua purísima, genuina
("Que bien sé yo la fuente que mana y corre")”. El agua que corre es una
emanación de la fuente original, del manantial. La Sabiduría mana de la
gloria de Dios. Otra vez subraya el autor el aspecto del origen divino
de la Sabiduría. Parece que ha querido purificar lo imperfecto de la
imagen con el apelativo pura, que en griego ocupa intencionadamente el
final del verso. De todas formas, el acento recae sobre la parte
sustantiva. Gloria, en los LXX, generalmente traduce el hebreo ka- bôd,
y como él tiene diversas significaciones: gloria, honor, poder,
suntuosidad..., que se aplican a Dios y al hombre. Cuando se habla de la
gloria de Dios, los matices pueden ser diversos, pero lo esencial es
que se habla de un ser invisible, inefable. Las descripciones teofánicas
no son más que un intento de afirmar la presencia activa, real de Dios
en medio de su creación, de su pueblo. Esto vale especialmente de las
expresiones técnicas de P y Ez (cf. Ex 40,34s; Ez 1,28). Omnipotente:
título propio de Dios, familiar a los judíos que leían la traducción
griega de la Biblia, pues es la versión ordinaria de dos términos
hebreos: el muy fecuente sabaôt y el menos usado sadday. El título era
de fácil inteligencia también para los no judíos, pues así llamaban a
algunas de sus divinidades supremas. El título Omnipotente se funda en
el hecho de que Dios es el Creador y Señor absoluto de todo. La
Sabiduría participa de la naturaleza divina, pues es emanación pura de
su gloria Y por eso la Sabiduría recibe los mismos atributos de Dios, en
concreto el de que todo lo puede (cf. v.23.27). Como consecuencia
lógica, nada puede contaminar, manchar, hacer impura a la Sabiduría.
26.
El autor continúa con la búsqueda de imágenes que manifiesten
plásticamente lo indecible de la Sabiduría. La luz es otra de las
metáforas utilizadas por nuestro autor con relación a la Sabiduría (cf.
6,12; 7,10.29). Y la elección está justificada por el valor intrínseco y
por la belleza de la luz, símbolo de lo divino. En el Antiguo
Testamento las descripciones de las manifestaciones divinas van casi
siempre acompañadas de fenómenos luminosos (cf. Ex 24,17; Sal 104,1-2;
Ez 1,27s; Hab 3,4). Una vez se le aplica a Dios la metáfora de la luz:
Is 6O,19-20 (cf. 1 Jn 1,5).
La Sabiduría es reflejo, destello,
reverbero de la luz indeficiente divina, es luz de lu. El origen y la
naturaleza de la Sabiduría están de nuevo bellamente expresados con la
imagen de la luz. En la Sabiduría se puede ver reflejada
perfectamente -espejo nítido- la actividad de Dios. La actividad de la
Sabiduría es la misma actividad de Dios (cf. v.17; 13,1 con v.21; 8,6).
Imagen de su bondad: vulgarmente, la imagen no sólo decía relación
estrecha con el objeto representado, sino que en ella misma ya se
consideraba presente de alguna manera. Así, pues, la Sabiduría
representa a Dios perfectamente y, además, de alguna manera Dios está en
ella y por esto, a su vez, puede ser su perfecta manifestación. La
Sabiduría participa también de la bondad de Dios; su espíritu es
"amigo del bien" (v.22d), bienhechor, "amigo del hombre" (v.23a; 1,6).
Ella es madre de todos los bienes (cf. v.12) y por ella conseguimos el
bien supremo, la amistad con Dios y su amor (cf. v.27-28).
7,27-8,1.
Actividad externa de la Sabiduría. Estructuralmente veíamos que el v.27
ocupaba el centro de la perícopa que comenzaba en 7,24. La idea central
que aglutina la sección 7,24-8,1 es la de la actividad de la Sabiduría
en el cosmos y entre los hombres. Después de haber penetrado el autor en
las profundidades de Dios mismo para instruirnos sobre la Sabiduría
(v.24-26), nos traslada a la creación entera y a la historia para
desvelar en ellas la acción y presencia de la Sabiduría.
27. El
verso, efectivamente, es eje y centro de la perícopa, no sólo por lo
formal de la estructura, sino porque él en sí mismo es clímax de las
especualciones sobre la Sabiduría. La intencionalidad del autor es
parenética, sin que esto suponga menoscabo en el elogio a la Sabiduría.
La grandeza de la Sabiduría se manifiesta en sus obras y éstas son
fundamentalmente la creación como un todo o universo y el hombre como
criatura privilegiada. En este verso confluyen los dos temas. El autor
nos habla de la actividad de la Sabiduría ad extra, es decir, en el
universo y en nuestra historia, especialmente en la intimidad de los
justos.
La Sabiduría es simplicísima, pero todo lo puede (cf.
11,23a de Dios); no se mengua en sí misma ni se divide (cf. Sal
102,27s). Renueva el universo, porque está presente y toma parte activa
en la renovación continua de la creación (cf. 7,21; Sal 104,30), como lo
estuvo al principio (cf. 9,9). "27ab suena como comentario al doble
atributo 'uno-multiple', en clave de actividad. Esta capacidad de
renovar cambiando es un dato fundamental en el pensamiento del libro y
alcanzará su formulación máxima en el último capítulo. La frase es como
una combinación de dos sentencias bíblicas: 'Tú eres siempre el mismo'
(Sal 102,28), 'Renuevas la faz de la tierra' (Sal 104,30); de la unión
resulta algo nuevo y superior. Además es posible escuchar una alusión al
'motor inmóvil' de filósofos griegos”.
La Sabiduría tiene, sin
embargo, predilección por el hombre, como la tiene Dios (cf.Prov 8,31).
Por esto la acción de la Sabiduría en el ámbito del hombre tiene una
significación especial y el autor la hace resaltar. Donde está el
espíritu de Dios, allí esta la Sabiduría. Las almas buenas, los justos,
son objeto de especialísima providencia (cf. 3,9). La Sabiduría entra,
se comunica, penetra en ellas y las transforma en amigos de Dios (cf.
7,14). Profeta es el hombre que habla como portavoz de otra persona,
habla en su nombre y transmite su mensaje. El que posee la Sabiduría es
guiado por ella; puede, por tanto, hablar en nombre de Dios.
28.
El que obra el mal no posee la Sabiduría ni convive con ella, más bien
se aparta de ella como el impío, es enemigo de sí mismo y de Dios (cf.
1,3-6). En este sentido, el que no posee la Sabiduría no puede gozar de
la amistad de Dios (cf. Prov 8,17). De Henoc dijo el autor en 4,10:
"Agradó a Dios y Dios lo amó”; si Henoc fue amado de Dios es que él, que
era justo entre tantos impíos, convivió con la Sabiduría. La
convivencia con la Sabiduría es un tema que atraviesa todo el capítulo
siguiente (8,2.9.16-18). El verbo convivir (sunoikei=n) se refiere
primariamente a la cohabitación y convivencia íntima entre los esposos
(cf. Is 62,5). Al aplicarlo a la Sabiduría, iniciativa audaz del autor,
nos manifiesta que entre el sabio-justo y la Sabiduría se realiza una
comunidad de vida comparable a la del esposo y la esposa, donde el amor
llega a la plenitud. Por esto el autor nos habla también de la amistad y
del amor que Dios tiene a quien convive con la Sabiduría. El amor de
amistad solamente se puede dar entre amigos; aplicado a las relaciones
del hombre con Dios, entre Dios y los que de hecho ya poseen a Dios, o
mejor, son poseídos por él en la unidad de su espíritu (cf. Eclo 4,14).
29-30.
Ya se nos ha dicho que Salomón prefería la Sabiduría a las riquezas, a
las piedras preciosas, a la salud, a la belleza y aun a la luz que no
tiene ocaso (cf. 7,8-10). Ahora, en un contexto de profunda
espiritualidad, de nuevo el autor pondera las excelencias de la
Sabiduría, comparándola con las fuentes de la luz: con el sol, con las
constelaciones y con la misma luz del día. La Sabiduría, "radiante e
inmarcesible" (6,12a), es superior a todo término de comparación. La
razón que da el autor en v.30 puede confundirnos, porque salta del orden
físico natural: luz del día - noche, al orden estrictamente moral:
Sabiduría - el mal. La correlación primera en v.30a es evidente por sí
misma; la segunda en v.30b también lo es, después de habernos declarado
la naturaleza y el origen de la Sabiduría, que la introduce en el ámbito
de lo divino, por lo que no cabe pensar que la maldad pueda prevalecer
sobre la Sabiduría.
8,1. En el verso anterior se apuntaba el
tema de la lucha permanente y cósmica entre el bien y el mal; 8,1 lo
confirma y con creces, ya que la Sabiduría aparece como un poder
cósmico. El influjo de la Sabiduría, activo y permanente, se extiende de
un extremo al otro del universo, porque "lo atraviesa y lo penetra
todo" (7,24b).
El autor atribuye a la Sabiduría la función del
gobierno universal o de Providencia. En otros lugares esta función la
ejercita Dios mismo (cf. 6,7d; 14,3a; 17,2c). El influjo del pensamiento
estoico aparece otra vez en 8,1b. El autor habla de la Sabiduría como
los estoicos de la providencia (cf. 14,3a y 17,2c). El verbo
administrar, gobernar una casa, dirigir pueblos: 12,18b, o simplemente
el universo: 15,1b) lo emplea la filosofía estoica para significar su
concepto de Providencia.
El autor no tiene inconveniente, como
ya hemos visto en varias ocasiones, en utilizar el mismo vocabulario de
los estoicos, pero con un contenido purificado de toda contaminación
determinista o panteísta. La que lo ha hecho todo, la Sabiduría, está
presente en todo lugar y sabiamente, con acierto dirige y gobierna la
marcha del universo (cf. 15,1).
1.6. La Sabiduría tiene todos los bienes deseables
(8,2-9)
8,2 La quise y la rondé desde muchacho
y la pretendí como esposa,
enamorado de su hermosura.
3 Su unión con Dios realza su nobleza,
siendo el dueño de todo quien la ama;
4 es confidente del saber divino
y selecciona sus obras.
5 Si la riqueza es un bien apetecible en la vida,
¿quién es más rico que la sabiduría que lo realiza todo?
6 Y si es la prudencia quien lo realiza,
¿quién es artífice de cuanto existe más que ella?
7 Si alguien ama la justicia,
las virtudes son fruto de sus afanes;
es maestra de templanza y prudencia,
de justicia y fortaleza;
para los hombres no hay en la vida nada más provechoso que esto.
8 Y si alguien ambiciona una rica experiencia,
ella conoce el pasado y adivina el futuro,
sabe los dichos ingeniosos y la solución de los enigmas,
comprende de antemano los signos y prodigios,
y el desenlace de cada momento, de cada época.
9 Por eso decidí unir nuestras vidas,
seguro de que sería mi consejera en la dicha,
mi alivio en la pesadumbre y la tristeza.
8,2-9.
La estrofa vuelve al estilo laudatorio en primera persona; es Salomón
el que habla, el mismo de 7,1ss. En 7,28 hemos visto que las relaciones
del sabio con la Sabiduría eran como los del esposo y la esposa; a
partir de 8,2 el autor desarrolla con todo detalle esta comparación
desde el noviazgo hasta la convivencia conyugal. L.Alonso escribe,
refiriéndose a 8,2-21: "Los sabios enseñan el arte de escoger una buena
mujer: Prov 31 es el ejemplo clásico (también Sir 25-26). Una buena
mujer es Sabiduría: Sir 14,20-15,6. Con esta doble sugerencia el autor
alarga su loa de la sabiduría con nuevas series. La novia es bella y
rica y noble e inteligente, gozo en la vida privada, éxito en la vida
pública. El enamoramiento resulta bastante interesado y no poco
intelectual. El joven rey echa sus cálculos antes de elegir esposa; pero
no es ella quien asciende a reina al casarse con el rey (Sal 46), sino
el rey quien por ella emparenta con Dios y se hace inmortal (vv.13.17).
Véase también Sir 51,13-22”.
La perícopa corresponde en la
estructura general a la estrofa 7,13-22a. El progreso está en que la
Sabiduría que ahora es alabada es abiertamente la Sabiduría divina, no
sólo porque así lo ha demostrado el autor en 7,22b-8,1, sino porque
solamente de Dios se puede hablar como lo hace de ella: intimidad con
Dios (v.3-4), creación (v.5-6). Creemos que la estrofa se extiende del
v.2 al v.9. Las razones son las siguientes: el v.9 es una conclusión
(toi/nun) de todo lo anterior, luego es lógico que forme una unidad con
v.2ss; las repeticiones o inclusiones son significativas: en v.2a/9a, en
v.2b/9a y en v.3a/9a; los v.2 y 9 están en primera persona; los verbos
en presente y aoristo en v.2 y 9 se contraponen a los futuros de
v.10-16.
Salomón nos da algunas de las razones por las que amó a
la Sabiduría: su hermosura, intimidad con Dios, ciencia divina,
riquezas, inteligencia, virtudes, conocimiento y experiencia.
2.
En cabeza del verso está el pronombre tau/thn, enfático, que "quiere
recoger todo lo anterior, para explicar la reacción del hombre. Casi se
podría traducir: 'Esta es la que yo quise'“. La Sabiduría está
personificada en todo el cap.8.
El verbo querer parece que lo ha
escogido el autor intencionadamente en lugar de amar. Esta es la única
vez que lo emplea en todo el libro. El amor de preferencia, gratuito,
desinteresado se expresa normalmente por ágape; a su vez, el amor
instintivo, de atracción y complacencia en griego común se dice por
medio del verbo filein. En el contexto, Salomón joven se enamora de la
Sabiduría y la quiere, se siente atraído por ella. Por esto la rondó, la
buscó desde muchacho, desde su juventud como su primer amor. Jesús Ben
Sira confiesa también que "siendo aún joven, antes de torcerme, deseé la
sabiduría con toda el alma, la busqué desde mi juventud y hasta la
muerte la perseguiré" (Eclo 51,13-15b). Pero la actitud de uno y de otro
es muy distinta: Ben Sira la busca para ser sabio, temeroso de Dios
(cf. Eclo 1,10) y poder legar a las futuras generaciones su doctrina
como profecía (cf. Eclo 24,32-34); Salomón joven busca a la Sabiduría
como el joven novio busca a su novia para desposarla. No es que Salomón,
que es hombre (7,1a), pretenda unirse en matrimonio con la diosa
Sabiduría, como narraban las mitologías helenísticas de sus héroes. Los
desposorios de Salomón con la Sabiduría son de orden místico. En 1 Re
3,7 dice Salomón de sí que es un muchacho sin experiencia y por eso pide
a Dios la Sabiduría. Ahora confiesa que siempre la ha deseado
apasionadamente, como el joven a la joven, enamorado de su hermosura. La
hermosura de la Sabiduría consiste en la perfección de su natural, en
las propiedades divinas de las que ya ha hablado en párrafos anteriores y
de las que volverá a tratar en esta misma estrofa. El Cantar de los
Cantares parece que sirve de trasfondo a este pasaje de la Sabiduría.
También está presente el influjo griego en el aprecio de la hermosura
(cf. 13,3.5. 7). En este verso y en toda la estrofa Salomón (el autor)
canta a la Sabiduría como a una novia; en la siguiente (v.10-16) la
cantará como a una esposa.
3. Salomón va a enumerar algunas de
las cualidades de la Sabiduría por las que ella es digna de ser amada y
cortejada. en primer lugar la nobleza de su origen, cualidad de gran
valor en la que va a ser esposa. En la Sabiduría la nobleza no puede ser
mayor, pues es divina, su unión permanente con Dios la garantiza. La
unión designa ordinariamente la comunidad de vida entre los esposos (cf.
v.9a.16c); aquí expresa la intimidad de la Sabiduría con Dios, la
participación de su vida que manifiesta la gloria de su nacimiento, el
origen divino (cf. 7,25s; Prov 8,30). Es una unión fundada en el amor.
Para el autor el Dueño de todo (cf. 6,7a), el Señor, no es un ser
indiferente al amor (cf. 1 Jn 4,8.16). Dios ama a la Sabiduría como el
esposo a la esposa (cf. la unión: sumbi/osi$ en v.3a), se atreve el
autor a utilizar un antropomorfismo frecuente en los ambientes
religiosos helenísticos. Implícitamente el autor ha hablado del amor de
Dios a la Sabiduría al afirmar que "Dios ama sólo a quien convive con la
Sabiduría" (7,28). Por la unión la Sabiduría tiende a perderse en Dios;
el amor establece la dualidad.
El verso no es más explícito y no
puede responder a nuestras posibles preguntas. De todas formas éstas han
sido ya respondidas en la sección anterior 7,22b-8,1: la Sabiduría no
es una entidad divina absoluta, una divinidad femenina al lado de otra
masculina, sino la personificación de un atributo divino, sobre el que
el autor seguirá hablando con otra metáfora: la del confidente o
iniciado.
4. Entre Dios y la Sabiduría no pueden existir secretos, pues ella está iniciada en los misterios del saber divino.
La Sabiduría, que aparece aquí como esposa y reina, primicia de la obra
creadora de Dios según la tradición antigua, estaba con Dios en los
orígenes de la creación (cf. 9,9; Prov 8,22-31). Pero la Sabiduría
coopera también con Dios (cf. 9,2) y aun se la reconoce artífice de los
seres (cf. v.6; 7,22a). Puede, por lo tanto, decir de ella el autor que
selecciona sus obras. Acciones todas ellas propias de una persona. Pero
quizás el autor no vaya en su pensamiento más allá de la personificación
del atributo divino sabiduría. En este caso no diría más que Sal 104,24
o Prov 3,19, en que se confiesa que Dios todo lo hizo con sabiduría.
5-8.
Es una serie de cuatro versículos, que son cuatro condicionales. La
construcción está bien pensada y elaborada. Los v.5-6: dos dípticos
paralelos y en forma interrogativa: los v.7-8 comienzan cada uno con una
sentencia condicional también en perfecto paralelismo sinonímico, a la
que sigue en uno y otro verso una cuaterna. En total son 14 versos. La
intención del autor en estos versos es la de ensalzar a la Sabiduría por
encima de la riqueza, la inteligencia, la justicia, la rica experiencia
por el valor intrínseco de su naturaleza y por la calidad de sus
efectos.
5. El tema de la riqueza o acumulación de bienes es
familiar al autor en nuestro contexto (cf. 7,8b.11b.13b; 8,18;
también 5,8b). Según el parecer común de la gente la riqueza es un bien
por el que vale la pena luchar en la vida. De hecho se constata que el
deseo de acumular las riquezas es uno de los fuertes motores por los que
el mundo se mueve. Sin embargo, a la opinión generalizada el autor
opone la suya: nada es más rico que la Sabiduría, porque ella lo produce
todo y con ella todo se puede conseguir (cf. 7,11.22a. 23c.27a; 8,6b;
Prov 8,18). Por todo esto la Sabiduría es más apetecible que la riqueza.
6.
Ya hemos advertido que entre el v.6a y el v.5a existe un paralelismo de
construcción gramatical. El v.6a rompe el ritmo de la serie 5-8, y esto
ha ocasionado algunas discrepancias en las versiones antiguas y
modernas sobre el verbo e~rga/zetaI.
La prudencia es sabiduría
práctica, que dice relación a la realización técnica y artística (cf.
7,16b). La Sabiduría es aún superior a la inteligencia realizadora, pues
ella es la verdadera artífice del cosmos, de todo cuanto existe (cf.
7,22a). En la creación resplandece el poder, la armonía, la belleza (cf.
13,1-5); es, pues, obra maestra de la Sabiduría.
7. La
dikaiosu/nh en v.7a se ha de entender como en 1,1 con un sentido más
general que en v.7d (justicia). El ejercicio de la justicia es
trabajoso, penoso, supone esfuerzo; pero tiene sus frutos que son las
virtudes. En tiempo del autor era patrimonio común de todo ambiente
culto el conocimiento de las cuatro virtudes, llamadas después por la
teología cristiana cardinales. Ellas definen la postura moral total del
hombre y constituyen lo que el autor sagrado llama dikaiosu/nh (justicia
o rectitud) en v.7a y 1,1. Este es el único pasaje de la Escritura
donde aparecen juntas las cuatro virtudes cardinales. La templanza
modera el uso de los placeres. La prudencia discierne la adaptabilidad
de los medios a los fines, lo que se debe hacer o evitar. La justicia,
como distinta de la de v.7a, mira principalmente al derecho de los demás
y determina lo que pertenece a cada uno. La fortaleza o valor, virtud
por la cual se superan las dificultades de todo orden. Con toda razón
puede, pues, decir el autor que nada hay más provechoso en la vida que
ellas.
8. El autor vuelve a tratar de los conocimientos
universales o enciclopédicos, fundamentados en una experiencia rica,
típica de los sabios (cf. Qohélet). A las disciplinas enumeradas en
7,17-21 añade la historia, la dialéctica, la retórica. La Sabiduría
posee el conocimiento de todas las ciencias humanas y es fuente de todo
conocimiento en el hombre (cf. v.7,21). Puede dirigirlo todo
prósperamente (cf. 8,1) y adivina el futuro con certeza, pues "todo lo
sabe y lo comprende" (9,11a). Ella es maestra y rectora de la historia.
Dichos
ingeniosos más bien que falacias, sofismas o argucias del lenguaje por
el contexto laudatorio. Enigma, en sentido propio, es un dicho de
sentido artificiosamente oscuro que necesita una explicación (cf. Jue
14,12-14; Ez 17,2), o también toda sentencia de los sabios, máxima o
parábola (cf. Prov 1,6; Eclo 39,2-3). Según la tradición israelita
ningún sabio superó a Salomón en este arte y en la solución de los
enigmas, por lo que obtuvo una fama imperecedera (cf. 1 Re 5,9-14;
10,1-9; 2 Crón 9,1-6; Eclo 47,17). Los signos y prodigios: binomio muy
frecuente, sobre todo en Dt y Sal, al recordar los acontecimientos de
Egipto y del desierto (cf. Ex 7,3; Dt 4,34; 6,22; 7,19; 26,8; 34,11; Sal
78,43; 105,27; 135,9). Como nos demostrará la tercera parte del libro,
la Sabiduría es la que salva al pueblo y lo conduce en medio de
"prodigios y signos" (10,16). Se refiere a los acontecimientos
extraordinarios que realiza Dios al paso de la historia, como prueba de
benevolencia en favor de su pueblo.
Cada momento, cada época: (cf.
7,18). El perfecto conocimiento de las leyes cósmicas y la previsión de
su exacto cumplimiento es obra también de la Sabiduría, artífice del
universo (cf. v.6b; 7,22a).
"Las cuatro binas tienen en común el
carácter difícil, escondido, con preponderancia del futuro. ¿Estará
pensando el autor en las 'apocalipsis', tan de moda en los últimos
siglos antes de Cristo? Daniel es un sabio consejero, que por don divino
conoce el futuro y puede orientar al rey, prometiendo o amenazando.
Aunque la suposición no sea del todo válida, podemos sospechar que este
verso es una de las claves de todo el libro: el autor ha comenzado
desvelando el futuro de justos e injustos en un juicio último; dedicará
varios capítulos a contar e interpretar el pasado como serie de juicios
históricos entre justos e injustos; él sabe que esos juicios son signos
del futuro que él comprende y quiere hacer comprender a los responsables
políticos. La experiencia del gobernante no es la astucia sin escrúpulo
de los egipcios ('vamos a vencerlo con astucia', Ex 1,10), sino que se
apoya en conocer los signos de la historia, en prever el desenlace fatal
de la injusticia. ¿Y no cometió Salomón un error semejante? Pero el
autor utiliza un Salomón ficticio, idealizado”.
9. El verso es
la conclusión lógica de toda la estrofa en la que se detallan las
cualidades maravillosas de la Sabiduría: por esto. Reaparece el uso de
la primera persona, pues habla el supuesto Salomón.
Unir
nuestras vidas, o hacerla compañera de mi vida, es decir, casarme con
ella para compartir la misma vida. La aceptación de la Sabiduría es para
el autor como contraer matrimonio con ella. El matrimonio, como símbolo
del pacto existente entre Dios y el pueblo, lo encontramos en Os 2,21s;
Is 62,4s; Jer 2,2. Símbolo de unión personal con Dios, quizás, en
Oseas. El libro del Cantar es todo él un canto epitalámico. No es, pues,
novedad la matáfora de los desposorios; sí es la aplicación a la
Sabiduría (cf. Prov 7,4: hermana). La mística cristiana ha empleado el
mismo simbolismo para expresar el máximo grado de unión sobrenatural
entre Dios y el justo. El v.3 habla de la convivencia (sumbi/osi$) de la
Sabiduría con Dios. La misma intimidad de vida (sumbi/osi$) se afirma
ahora entre la Sabiduría y el sabio (Salomón), que la acepta. La unión
es tan estrecha que es una comunicación de vida, una simbiosis.
La
Sabiduría, como una buena esposa, da buenos consejos en los momentos
prósperos (cf. Eclo 5,1.8; 31,1-11) y sirve de consuelo en las horas
tristes (cf. Eclo 30,21-25). En la estrofa siguiente ilustrará el autor
este firme convencimiento con algunos ejemplos de la vida pública y
privada: compárese v.9c con 10-15 y v.9c con v.16. El v.9 sirve, por
tanto, de transición entre las dos estrofas.
1.7. La Sabiduría es la mejor compañera del justo sabio
(8,10-16)
8,10 Gracias a ella me elogiará la asamblea,
y, aun siendo joven, me honrarán los ancianos;
11 en los procesos lucirá mi agudeza
y seré la admiración de los monarcas;
12 si callo, estarán a la expectativa;
si tomo la palabra, prestarán atención,
y si me alargo hablando, se llevarán la mano a la boca.
13 Gracias a ella alcanzaré la inmortalidad
y legaré a la posteridad un recuerdo imperecedero.
14 Gobernaré pueblos, someteré naciones;
15 soberanos temibles se asustarán al oír mi nombre;
con el pueblo me mostraré bueno, y en la guerra, valeroso.
16 Al volver a casa, descansaré a su lado,
pues su trato no desazona,
su intimidad no deprime,
sino que regocija y alegra.
8,10-16.
Comienza el discurso interior de Salomón (cf. 8,17a), parte central del
cap.8, orientado todo él hacia el futuro. La estrofa canta las ventajas
en la vida pública y privada que Salomón obtiene por haber desposado a
la Sabiduría. Sigue, pues, el elogio de la Sabiduría que trae consigo
tantos beneficios (cf. 7,11), polarizados en torno a la fama entre los
hombres mientras viva, y a la gloria imperecedera más allá de la muerte.
Estas ideas estructuran también la perícopa: los v.10-12 y 14-16 tratan
de la fama y de los bienes de que gozará Salomón entre los hombres
gracias a la Sabiduría; el v.13 ocupa el centro con todo derecho y
pretendidamente. Le preceden siete versos y le siguen otros siete;
trasciende el tiempo futuro, pues su recuerdo será inmortal.
Por su posición central 8,10-16 se une con las estrofas 8,2-9 y 8,17,21 con repeticiones de palabras clave.
10-12.
El arte de la retórica enseñaba a hablar correctamente en público.
Entre los griegos y romanos eran muy estimados los oradores, dominadores
de la palabra. Hasta nosotros han llegado tratados de retórica y obras
maestras del género judicial. Salomón atribuye a la Sabiduría el don de
saber hablar en público: en asambleas, en juicios, ante monarcas, etc.
Los sabios hebreos también estimaban sobremanera el arte de hablar en
público (cf. Job 29,7-10.21-23; Eclo 20,27; 21,15).
10. Salomón
(el autor) atribuye a la Sabiduría el prestigio (do/can) y el honor
(timh/n) que tanto las muchedumbres en la asamblea como los notables o
ancianos en los consejos le reconocían, a pesar de su corta edad.
Salomón comenzó a reinar aún joven (cf. 1 Re 3,7).
11-12. Una de
las funciones principales del rey era administrar justicia. Salomón
pide al Señor en Gabaón: "Enséñame a escuchar para que sepa gobernar a
tu pueblo y discernir entre el bien y el mal; si no, ¿quién podrá
gobernar a este pueblo tuyo tan grande?" (1 Re 3,9). Y el Señor se lo
concedió (1 Re 3,11s). El célebre juicio de Salomón causa admiración a
sus súbditos por su sagacidad (cf. 1 Re 3,28). La fama de la sabiduría
de Salomón se extiende por los reinos próximos y lejanos (cf. Hiran de
Tiro: 1 Re 5,21 y la reina de Sabá: 1 Re 10,1-10); muchos reyes admiran
su sabiduría (cf. 2 Crón 9,22s).
El contexto de v.12 no es de
juicio; el autor propone el modelo del sabio que sabe cuándo se ha de
hablar o callar, pues "todo tiene su tiempo y sazón, ... Tiempo de
callar, tiempo de hablar" (Ecl 3,1.7). Poner la mano en la boca indica
que se guarda silencio por algo que causa horror, respeto o admiración
(cf. Job 21,5; 29,9; 40,4; Prov 30,32; Miq 7,16; Eclo 5,12).
13.
El comienzo del verso repite el de v.10a. Si la gloria durante la vida
se la debe Salomón a la Sabiduría (v.10-12), a ella hay que atribuir
también la fama después de su muerte. La inmortalidad es la fama
inmortal o, como afirma v.13b conforme al paralelismo sinonimico, un
recuerdo imperecedero (cf. 3,4; 4,1; Eclo 15,6; 24,33; 39,9). Salomón ha
quedado como tipo del rey sabio para todos los tiempos; en los v.10-13
aparece más como sabio que como rey. Semejantes descripiones del sabio
en Job 29,7-11.21-25; Eclo 39,9-11.
14-15. "Por mí reinan los
reyes”, dice la Sabiduría en Prov 8,15. Los pueblos parecen ser las
tribus de Israel, en oposición a naciones o pueblos no israelitas
circunvecinos (cf. 1 Re 5,1). De todas formas no es necesario hacer una
distinción tan clara entre pueblos y naciones, pues se alternan en otros
pasajes de la Escritura (cf. Sal 2,1.8; 47,4), y a Salomón se le
considera como la figura del rey ideal y, en este sentido, mesiánico
(cf. Dan 7,27; Sal 18,48). El autor describe en v.15 al gobernante
ideal: terrible para los soberanos extranjeros y enemigos, bondadoso
para su pueblo en tiempo de paz y valiente en las batallas.
16.
La Sabiduría toma parte en las actividades públicas u trascendentales de
la vida del hombre en la sociedad y, en especial, en la actuación de
los gobernantes, cuyo modelo es Salomón; pero también es fuente de
felicidad en la vida privada, como aquí. La Sabiduría simboliza a la
esposa modelo del tiempo del autor. Ella espera en casa el retorno del
esposo, le depara el descanso deseado. Su trato esmerado no le causa
amargura y no es como la mala mujer de quien nos dice Proverbios: "Más
vale vivir en rincón de azotea que en taberna con mujer pendenciera"
(21,9), o "Mejor es habitar en desierto que con mujer pendenciera y de
mal genio" (21,19; cf. 27,15; Ecl 7,26-28; Eclo 25,13-26). Su intimidad o
convivencia no causa disgusto. De nuevo la simbiosis (cf. v.3.9) de la
Sabiduría, cuyo fruto es placer y gozo (cf. Gál 5,22). Descripciones de
la mujer que hace feliz a su marido, cf. en Prov 31,10-31; Eclo
26,1-4.13-18.
1.8. La Sabiduría es puro don de Dios (8,17-21)
8,17 Esto es lo que yo pensaba
y sopesaba para mis adentros:
la inmortalidad consiste en emparentar con la sabiduría;
18 su amistad es noble deleite;
el trabajo de sus manos, riqueza inagotable;
su trato asiduo, prudencia;
conversar con ella, celebridad;
entonces me puse a dar vueltas, tratando de llevármela a casa.
19 Yo era un niño de buen natural,
dotado de un alma buena;
20 mejor dicho, siendo bueno, entré en un cuerpo sin tara.
21 Al darme cuenta de que sólo me la ganaría si Dios me la otorgaba
- y saber el origen de esta dádiva suponía ya buen sentido -,
me dirigí al Señor y le supliqué,
diciendo de todo corazón:
8,17-21.
Esta pequeña unidad, enmarcada en una inclusión (para mis adentros -
de todo corazón: v.17b y 21d), recapitula lo anterior e introduce a la
sección siguiente en el cap.9. Por esto el vocabulario nos remite a
8,2-9. El v.21 es el preámbulo de la oración de Salomón.
17-18.
Los dos versículos son un solo periodo original, cuya afirmación
principal está al final en v.18e: me puse a dar vueltas buscando cómo...
El centro de atención sigue siendo la Sabiduría que Salomón quiere
conseguir a toda costa. En v.17b refleja el autor la manera de pensar de
los semitas: el corazón es el centro de la actividad intelectual (cf. 1
Re 3,12).
De v.17c a v.18d hay "cinco sentencias de
estructura muy regular, con sólo inversión de orden en la primera y en
la quinta”, que ponen de manifiesto las ventajas del trato y de la
familiaridad con la Sabiduría.
La inmortalidad puede significar
la fama imperecedera, como en v.13, pero también pervivencia personal
más allá de la muerte por la referencia a v.3 y por la participación
gratuita en la naturaleza de la Sabiduría, que supone emparentar con
ella. En 7,14 el autor ha hablado de la amistad con Dios precisamente de
aquellos que poseen la Sabiduría.
Noble deleite es lo mismo que el
placer y gozo de v.16d. El trabajo de sus manos: po/noi = fruto del
trabajo (cf. v.7; Prov 31, 10ss). El fruto de los que trabajan bajo el
influjo de la Sabiduría es de lo que más aparece en esta parte (cf.
7,8.11.13; 8,5). La prudencia siempre aparece en relación con la
Sabiduría o como fruto de ella en toda la literatura sapiencial (cf.
6,15; 7,7.16; Prov 9,6; 10,23; Bar 3,9ss; Eclo 1,4, etc.). Celebridad
(cf. v.10-13), se trata de una comunicación que es participación en el
modo de pensar y de obrar.
Me puse a dar vueltas buscando o
tratando de: el autor con esta sentencia recuerda el v.2 y el 9.
Llevármela a casa, tomándola como esposa (cf. v.2.9); el medio cómo va a
conseguirlo lo dirá en la próxima sección: por medio de la oración.
19-20.
Estos dos versos afirman la índole natural perfecta del rey Sabio, para
hacer resaltar la categoría excelsa de la Sabiduría que nadie puede
merecer por perfecto que sea. Existe, pues, un contraste pretendido
entre los v.19-20 y el v.21. Este punto de vista ilumina la
interpretación de los v.19-20, lugar ya célebre por ser objeto de
opinones tan divergentes. El fin principal del autor en toda esta
sección es ensalzar a la Sabiduría por los innumerables bienes que nos
reporta.
La Sabiduría es siempre el tema central y en ninguna
hipótesis se puede merecer, porque es verdadero don de Dios. La
aplicación al caso presente de la teoría filosófica de la preexistencia
de las almas no soluciona el problema e, interpretada rigurosamente,
parece contradecir lo que el autor escribe en otros pasajes de Sab (cf.
15,11; 7,1-2). No olvidemos, sin embargo, que Salomón habla en tono
poético.
Salomón, de cualidades perfectas en cuerpo y alma desde
su nacimiento, no merece el don divino de la Sabiduría. El autor no ha
encontrado esta vez la fórmula feliz, exacta para exponer esta verdad.
La formulación es equívoca y objetivamente ha motivado la diversidad de
pareceres. En el v.19 el autor parece dar la primacía a las cualidades
naturales que se derivan del cuerpo; en el v.20 corrige la expresión,
sin negarla en absoluto: mejor dicho, y quita la primacía al cuerpo.
M.Adinolfi escribe: "Después de haber hablado en v.19 desde el punto de
vista del cuerpo, el Pseudo Salomón se coloca en el del alma en v.20. En
virtud de la epidiórthosis (corrección, figura retórica), el ma=llon
de/ que une los dos versículos no niega cuanto se ha afirmado en v.19,
sino que lo determina en el verso siguiente. Es decir, expresa en el
v.20 con términos filosóficos helenísticos -aunque sin compartir del
todo el trasfondo ideológico griego- el pensamiento expuesto ya en el
versículo precedente en lenguaje corriente del tiempo, lenguaje que
parecía dar la superioridad al cuerpo”.
La antropología
filosófica que reflejan estos versos no se puede determinar con
exactitud. El v.19 parece contener la doctrina vulgar: la persona, el
yo, está constituido por el alma y el cuerpo, sin determinar la
relaciones mutuas; el v.20 refleja el influjo de las doctrinas
platónicas: el alma es el constitutivo de la persona que habita en el
cuerpo.
21. En el v.21a hay que suplir la Sabiduría (cf. Eclo 6,27).
El
verso sirve de puente entre las reflexiones precedentes de Salomón y la
oración del cap.9. En cuanto a lo primero, Salomón termina con una
confesión humilde de su impotencia; lo lógico, pues, o prudente será
acudir al Señor, dador de todos los bienes. Dádiva o don gratuito,
tiene ya sabor neotestamentario. "Meditar en la Sabiduría es prudencia
consumada" (6,15); a la prudencia, como virtud del discernimiento de los
medios sobrenaturales, pertenece también conocer el origen divino de la
Sabiduría. Así, pues, Salomón, tipo del hombre sapiente, dirige a Dios
su oración. Quizás v.21d sea una reminiscencia de la oración diaria de
todo israelita piadoso: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón,
con toda el alma, con todas las fuerzas" (Dt 6,5; cf. también Sant
1,5-6).
2. Oración de Salomón pidiendo la Sabiduría: 9,1-18
"El
capítulo 9 del libro de la Sabiduría forma un todo, en forma de
plegaria. En realidad es continuación y culminación del discurso sobre
la Sabiduría. En efecto, esta bella oración es un digno colofón del
canto a la Sabiduría; está inspirada en la oración de Salomón en 1 Re
3,6-9 y 2 Crón 1,8-10, pero enriquecida con aportaciones de la tradición
sapiencial y modelada según el estilo peculiar del autor.
En
este capítulo son muy numerosos los recursos literarios, típicos del
autor, sobre todo el uso de las estructuras concéntricas. Las hay de
todo tipo: generales y parciales, entrelazándose unas con otras.
Señalamos en primer lugar la relación que existe entre el comienzo de la
oración y su final: (v.2a) - (v.18b.c), formando así una perfecta
inclusión, que encierra dentro de sí a toda la plegaria de Salomón,
armónicamente estructurada en su totalidad.
Siguiendo a M.Gilbert, dividimos el cap.9 en tres estrofas:
a)
v.1-6; b) v.7-12; c) v.13-18. Las tres estrofas tienen una cierta
autonomía, pero están íntimamente relacionadas. El tema central de toda
la oración: el don divino de la Sabiduría, es también centro de
atracción de cada una de las estrofas (cf. v.4 para 1-6; v.10ab para
7-12 y v.17abb para 13-18).
Descubrir cuál es el plan del autor
en la realización literaria de la plegaria de Salomón o de cualquier
otra perícopa, es de importancia capital para la exégesis. Así podemos
descubrir sentidos que a primera vista están ocultos en sentencias
yuxtapuestas o aisladas, ordenamos jerárquica y armoniosamente lo que
puede parecer desordenado, o simplemente confirmamos lo que muchos
autores han descubierto con otros métodos que, al parecer, son menos
objetivos.
2.1. Sin la Sabiduría el hombre es nada (9,1-6)
9,1 Dios de los padres, Señor de misericordia,
que todo lo creaste con tu palabra
2 y formaste al hombre sabiamente
para que dominara todas tus criaturas,
3 gobernara el mundo con santidad y justicia
y administrara justicia rectamente:
4 dame la sabiduría entronizada junto a ti,
no me niegues un puesto entre los tuyos.
5 Porque soy siervo tuyo, hijo de tu sierva,
hombre débil y efímero,
incapaz de entender el derecho y la ley;
6 por más cumplido que sea un hombre,
si le falta tu sabiduría, no valdrá nada.
9,1-6.
La estrofa comienza ex abrupto con los vocativos: Dios y Señor, porque
la precede 8,21 que es su introducción literaria, donde también
encontramos: Dios y Señor. La cesura entre el v.6 y v.7 marca el final
de la estrofa. Temáticamente los v.5-6 forman una unidad: debilidad de
Salomón -del hombre-, que los separa de v.7ss: elección de Salomón,
etC.; gramaticalmente el v.6 está unido al v.5 por la partícula ga/r,
como el v,5 al v.4 por o[ti, su prueba. Una inclusión viene a confirmar
que también desde el punto de vista literario y textual 9,1-6 forma una
unidad.
La estrofa 9,1-6 toca temas tan fundamentales como son:
el de Dios -de Israel-, creador del universo (v.1) y del hombre; la
función creadora de la Sabiduría con relación al hombre (v.2a); destino y
vocación del hombre: el señorío sobre toda la creación (v.2b-3);
destino y vocación que no podrá realizar Salomón (el hombre) sin la
Sabiduría de Dios (v.4-6), pues, como hombre, es todo debilidad e
impotencia (v.5-6). Es, por lo tanto, una necesidad vital que Dios le
conceda la Sabiduría (v.4a); con ella todo, sin ella nada (v.6b).
1.
Dios de los padres: fórmula muy querida de los israelitas y que tiene
detrás de sí una larga tradición religiosa. Los padres son los
antepasados de los israelitas, pero principalmente los patriarcas (cf.
Gén 26,24; 28,13; 32,10; Ex 3,6.15; 1 Crón 29,18-20) y David (cf. 1 Re
3,6; 2 Crón 1,8s; 1 Crón 28,9). Aduce el recuerdo de los padres para que
sus méritos hagan la oración eficaz. A la fidelidad de los padres
responde la fidelidad de Dios en cumplir las promesas hechas a los
padres y en favor de su descendencia.
Señor de misericordia:
la misericordia es un atributo divino que los autores sagrados no se
cansan de proclamar, especialmente en los Salmos. El autor ha invocado
el recuerdo de los padres, pero sabe que Dios oirá su oración, no tanto
por los méritos de los padres, sino "porque es bueno y su misericordia
es eterna" (Sal 136,1) y reparte sus dones gratuitamente.
Que
todo lo creaste: Es dogma fundamental del judaísmo de todos los tiempos
la fe en Dios Creador (cf. Gén 1; Sal 33,6-9; 104,5-9; Tob 8,5-6; 2 Mac
1,24). Todo: el universo o conjunto de seres que llamamos creación (cf.
1,7; 7,27). Con tu palabra: la palabra es como el instrumento de que
Dios se sirve para crear y la expresión antropomórfica de la
omnipotencia divina (cf. 16,12.26; 18,15s ). El autor alude a pasajes de
la Escritura donde se hace mención de la palabra, instrumento de Dios
en la creación (cf. Gén 1; Sal 33,6; Jdt 16,14; Eclo 39,17; 42,15). En
nuestro contexto de oración el autor recuerda la omnipotencia divina,
manifestada en el hecho de la creación, porque para él es motivo de
confianza.
2a. El orante invoca a Dios, Creador del universo
(v.1b), pero además introduce el tema de la creación del hombre como
motivo más apremiante para que lo escuche. La creaturidad del hombre
será tratada desde muchos puntos de vista: general (v.2-3), particular
(v.5), general de nuevo al final (v.13-18), siempre a partir de los
datos que ofrecen las sagradas Escrituras.
Sabiamente, con tu
Sabiduría, responde quiásticamente a con tu palabra de v.1b. La
tradición de la Escritura relaciona la acción creadora de Dios con su
sabiduría (cf. Sal 104,24; Prov 3,19; Jer 10,12); el autor aplica esta
tradición a la creación más concreta del hombre. No olvidemos que el
pensamiento del autor está centrado en la Sabiduría divina, objeto de su
petición (cf. v.4a.10a.17a). La Sabiduría para el autor es un atributo
divino personificado (cf. 7,22b-8,1), por lo que es creadora (cf. 7,22a;
8,6) y, por ello mismo, salvadora de su creación y del hombre (cf.
v.18;10,1ss).
Formaste al hombre: El verbo formar es sinónimo de
crear (cf. 11, 24c y 13,4b); el autor se inspira simultáneamente con
toda certeza en Gén 1,26-28 y 2,7, pero le es familiar el verbo katas
keua/ze in para expresar la acción del artesano (cf. 13,11; 14,2). El
hombre tiene sentido genérico, abarca a todos los individuos de la
especie humana (cf. 2,23; Gén 1,26-28; 2,7; Sal 8,7; Eclo 17,1).
2b-3.
El autor se ocupa en v.2b-3 de la vocación dada por Dios al hombre
desde sus comienzos, es decir, desde el mismo plan o proyecto que Dios
tiene sobre el hombre (cf. Gén 1,26ss; Prov 8,31; Rom 8,29: Ef 1,4),
como lo manifiesta expresamente mediante la partícula final i[na: para
que, de la que dependen también los verbos de v.3.
En una primera
aproximación se puede descubrir cierto orden y dependencia en los tres
hemistiquios: del dominio genérico de v.2b, se desciende al modo
adecuado de gobierno en el mundo (v.3a) y al ejercicio de la justicia
entre los hombres (v.3b). Pero el contenido de v.2b-3 es mucho más
complejo. Como decíamos, el autor expone el sentido de la existencia
humana según el plan de Dios. Señor absoluto de las criaturas no hay más
que uno, Dios (cf. 6,7; 8,3; 11,26; 13,3.9; 12,16b.18a: Dios es sujeto
del verbo despo/zein, cf. 1 Crón 29,11s); pero por voluntad divina el
hombre es su lugarteniente en el mundo, en su nombre ejerce dominio
sobre las criaturas del universo; es señor de ellas no por derecho
propio, sino por delegación (cf. Gén 1,26.28; Sal 8,7-9; Eclo 17,2-4).
Pero
que el dominio del hombre se extienda a todas las criaturas no
significa que pueda hacer con ellas lo que se le antoje. El v.3 señala
cómo debe el hombre ejercer en concreto el dominio que Dios le ha dado
sobre la creación. El principio fundamental es el reconocimiento del
supremo señorío de Dios Creador. El hombre, por lo tanto, debe respetar
en primer lugar al Señor de la creación, en segundo lugar el orden
establecido por Dios en su creación o mundo. El mundo comprende el
conjunto armonioso (ko/smo$) de todo lo creado, incluido el hombre mismo
(cf. 2,24a;'10,1a; 14,6b).
Las disposiciones requeridas por
parte del hombre para el gobierno acertado del mundo son: la santidad y
la justicia. La santidad parece que consiste en el respeto a Dios y en
el cumplimiento de su voluntad, expresada en las leyes que se consideran
de origen divino, tanto en el mundo griego como en el semítico (cf.
6,10; 2,22; 5,19; 14,30). La justicia, que no es mero sinónimo de
santidad, dice relación al recto comportamiento con los demás, como ya
ha manifestado el autor en pasajes importantes (cf. 1,1-15; 2,11; 5,6;
8,7), o confirmará más adelante (cf. 12,16; 15,3). En este contexto de
relaciones explícitamente "cósmicas" (v.3a), el concepto de justicia
tiene que ser también cósmico, por lo que se debe tener en cuenta el
recto ejercicio de la soberanía del hombre sobre las criaturas
irracionales. Este pensamiento no es ajeno a laescritura que inculca
gran consideración y respeto hacia el mundo animal y la naturaleza en
general (cf. Ex 20,10 // Dt 5,14; Lev 25,2-5; Jonás 4,11; Rom 8,19-22).
El
v.3b está construido con paralelismo sinonímico y su sentido se
restringe a la administración de la justicia entre los hombres, pues el
autor supone que unos hombres tendrán que hacer de jueces de otros. El
hecho de poder juzgar un hombre a otro no lo coloca en una esfera
superior, opinión muy extendida en tiempos del autor y también antes y
después, hasta nuestros días. El autor, lo mismo que la tradición
bíblica en bloque, es muy sensible a la corrupción de los que por oficio
deben juzgar (cf. Ex 23,1-9; Lev 19,15; 24,22; Dt 1,17). Si en el acto
en que debe resplandecer la justicia ésta es atropellada, ya no existe
motivo de esperanza entre los hombres para una convivencia digna y
humana (cf. Ecl 3,16; 5,7). Por esto el autor pone como tarea dada por
Dios al hombre el dominio sobre todas las criaturas y el gobierno del
mundo, pero también el administrar la justicia entre los hombres
rectamente. El original dice: "con rectitud de alma" (cf. 1 Re 3,6; 9,4;
Sal 9,8-9; 96,10; 98,9).
4. Los v.2-3 proponen el plan ideal de
Dios sobre el hombre, el horizonte al que todo hombre debe procurar
aproximarse. Salomón, representante de todos los hombres, reconoce desde
el primer momento que no podrá realizar por sí solo este plan si Dios
no viene en su auxilio. El auxilio de Dios se llama Sabiduría y Dios es
el único que puede darla (cf. 8,21); por esto Salomón se la pide
directamente. Este v.4, con la petición directa de la Sabiduría divina,
ocupa el centro de la estrofa y hace aflorar el tema dominante en toda
la oración (cf. v.10a.b y 17a).
Hicimos notar en la introducción a
la estrofa que el autor se separa de sus fuentes de inspiración 1 Re
3,9 y 2 Crón 1,10 al pedir la Sabiduría divina, entronizada junto a ti
(pa/redron). pa/redro$ (cf.6,14 ), aplicado al ámbito de lo religioso,
se dice de la divinidad o de la persona elevada al rango divino que
comparte la dignidad del ser supremo. En Egipto la diosa pa/redro$ por
excelencia es Isis, junto a Osiris o Serapis. En el libro de la
Sabiduría la idea no es completamente nueva, la expresión sí. La
Sabiduría es de origen divino (cf. 7,25s; Eclo 1,1), está con Dios (cf.
8,3-4; 9,9; Prov 8,27-30; también Eclo 24,4), y aquí el autor la hace
sentar en el mismo trono de Dios (cf. Sal 110,1), no para convertirla en
una diosa, sino como personificación otra vez del atributo divino
sabiduría.
En cuanto a la expresión junto a ti, responde al
original griego plural: tw=n sw=n qro/nwn (cf. v.12c; 18,15 y el
paralelismo con v.10b y v.17b: desde el cielo), que en la Biblia siempre
está en singular cuando se refiere a Dios. La participación en la
Sabiduría es la garantía de pertenecer a la familia de Dios (cf. 7,27s;
2,13.18), por esto en v.4b, en paralelismo antitético con v.4a, pide
Salomón que no lo excluya de entre los tuyos: sus hijos. "La expresión
griega, paides, es ambigua, puede indicar los hijos o los siervos; véase
2,13, donde significa hijo. Si lo tomamos en sentido de filiación,
quiere decir que por la Sabiduría el hombre es hijo de Dios, como lo es
por la justicia según 2,13. En sentido de siervo, Salomón se colocaría
entre los ilustres siervos del Señor del AT”. Como en v.5a aparece
siervo, aquí, por contraste, debe significar hijos.
5. Salomón, a
título personal, aduce las razones para ser oído. En v.1-2 ha invocado
los atributos divinos; ahora presenta su debilidad -la debilidad del ser
humano-, para impetrar el don de la Sabiduría. Yo soy siervo tuyo: v.5a
es una cita literal de Sal 116, 16; cf. Sal 86,16. Parece ser una
fórmula estereotipada con la que se expresa la condición de criatura,
asumida y reconocida. La expresión está acuñada en una sociedad donde la
esclavitud es un hecho reconocido (cf. Gén 21,10-13; Ex 21; Lev
25,39-55, etc.). El esclavo nacido en casa está más unido a su señor
(cf. Ex 21,4), es como un hijo. Sentimiento de familiaridad e intimidad,
a pesar de la legislación que pone y consagra barreras.
A la
condición de siervo del Señor se suma la debilidad de su naturaleza,
semejante en esto a todos los hombres: fragilidad humana (cf. 7,1; 15,8;
Sal 88,16), y brevedad de la vida (cf. 2,1; 1 Crón 28,15; Sal 89,48s;
90,5s.9s).
El v.5c se apoya en 1 Re 3,7-11: "Yo soy un muchacho
pequeño, que no sé valerme... Da, pues, a tu siervo corazón despierto
para juzgar (diakri/nein) a tu pueblo... Y le dijo Dios... porque has
pedido inteligencia para comprender el derecho (kri/ma)”. El derecho,
aplicación de la ley en los procesos (cf. 8, 11); la ley o mejor leyes
(no/moi) en este contexto es preferible el sentido general: los
preceptos de Dios, las leyes de todos los pueblos, al particular de Ley
mosaica que en Sab está siempre en singular (cf. 2,12; 16,6; 18,4.9).
Sin la Sabiduría no podrá Salomón -el hombre- discernir lo justo de lo
injusto, ni aplicar las leyes rectamente en el ámbito público de la
vida.
6. El autor establece un principio general, partiendo
del caso concreto de Salomón, pues este verso quiere ser la prueba de
v.5. El verso propone la hipótesis del hombre perfecto, cumplido en su
natural según la apreciación de los hombres, no por causa de la
Sabiduría de Dios. Parece ser que el autor polemiza con los que piensan
como los estoicos, que consideran al sabio como el hombre perfecto, del
cual dice G.Rodier que "su pensamiento es idéntico al pensamiento divino
o, al menos, es su reflejo”. Este hombre perfecto, este sabio no ha
existido jamás, según confesión de los mismos estoicos. Si, a pesar de
todo, existiera un hombre perfecto según la mentalidad de los filósofos y
sabios de este mundo, este hombre sería estimado en nada, no valdría
nada, a juicio del autor, si no tuviera la Sabiduría divina.
El juicio del autor parece demasiado rotundo y pesimista; sin embargo,
hay que valorarlo desde el punto de vista del autor y sólo desde él. Su
punto de vista es el del creyente, del hombre de fe que descubre una
dimensión trascendente en la vida humana y en todas las relaciones
interhumanas. Para él esta dimensión es la que hace grande al hombre,
porque lo introduce en el medio divino. La sabiduría de Dios, que
participa de la luz divina, es la única que puede ayudar al hombre a
descubrir esta dimensión. Por esto, sin negar los valores auténticos,
según los baremos humanos, que el hombre pueda adquirir y descubrir por
sí mismo, el autor los considera "como nada" en comparación de los que
proporciona la Sabiduría de Dios. El autor no niega los valores humanos,
ni los valores de la creación (cf. 1,14), pero afirma que existen otros
valores, los que da la Sabiduría divina, que trascienden infinitamente a
los más grandes valores de los sabios y filósofos. Estos, en
comparación de aquéllos, son, a juicio del autor, nada. Se insinúa en
este pasaje la doctrina que desarrollarán los teólogos cristianos sobre
el orden de la naturaleza y el orden de la gracia (cf. Sal 127,1-2; 1
Cor 3,18-19).
2.2. Envía la Sabiduría desde el cielo (9,7-12)
9,7 Tú me has escogido como rey de tu pueblo
y gobernante de tus hijos e hijas,
8 me encargaste construirte un templo en tu monte santo
y un altar en la ciudad de tu morada,
copia del santuario que fundaste al principio.
9 Contigo está la sabiduría, que conoce tus obras,
a tu lado estaba cuando hiciste el mundo;
ella sabe lo que a ti te agrada,
lo que responde a tus mandamientos.
10 Envíala desde el cielo sagrado,
mándala desde tu trono glorioso,
para que esté a mi lado y trabaje conmigo,
enseñándome lo que te agrada.
11 Ella, que todo lo sabe y comprende,
me guiará prudentemente en mis empresas
y me custodiará con su prestigio;
12 así aceptarás mis obras,
juzgaré a tu pueblo con justicia
y seré digno del trono de mi padre.
9,7-12.
Si la estrofa anterior (9,1-6) giraba en torno a la vocación universal
del hombre, que se ejemplificaba en Salomón, la presente: 9,7-12, se
reduce a Salomón, elegido para una misión que no podrá cumplir si Dios
no le da su Sabiduría. El tema del hombre no aparece directamente en
este pasaje, pero no se ignora del todo. Salomón no está aislado
completamente de los mortales, como se advierte al comparar 9,2b-3 con
9,12b.c: destino del hombre a ser rey justo de la creación y elección de
Salomón como rey que debe gobernar justamente al pueblo de Dios, y
9,10c-11 con 9,18: acción de la Sabiduría con relación a Salomón en
futuro, con relación a los hombres en pasado. El centro lo ocupa la
petición de la Sabiduría en v.10a.b, que a su vez es el centro de todo
el capítulo.
Nos encontramos ante una estrofa de estructura
concéntrica, con autonomía relativa porque forma parte de toda la
oración que integra perfectamente las tres estrofas. Una inclusión
evidente marca el comienzo y el final de la estrofa: tu pueblo (v.7a y
12b). El desarrollo es concéntrico, como hemos dicho: los v.7-8: Salomón
rey, juez y constructor, corresponden quiásticamente a v.12: Salomón en
acción como juez, como rey; de la misma manera v.9 tiene su réplica en
v.10c-11, y en el centro queda v.10a.b: Salomón pide con insistencia la
divina Sabiduría.
7. Salomón acaba de confesar su pequeñez y
debilidad, como ser humano que es (cf. v.5), pero no puede negar la
realidad histórica. El ha sido elegido para una gran misión, la de ser
rey del pueblo de Dios con un encargo muy particular, el de edificar el
templo del Señor (cf. v.8). Pequeñez y grandeza al mismo tiempo, ¿cómo
podrán compaginarse simultáneamente esta grandeza y esta pequeñez? El
autor va a responder adecuadamente en v.10 (cf. v.6), pero de hecho ya
ha puesto las premisas de la respuesta. El mismo Dios que ha creado al
hombre débil con un altísimo destino (cf. v.2-3), es el que elige a
Salomón para ser rey de su pueblo: Tú a mí, subraya el autor al comienzo
del verso. Sobre la elección de Salomón por parte de Dios para suceder a
su padre David, cf, 1 Crón 28,5s; 1 Re 3,7.
El pueblo de Israel
es propiedad de Dios, "Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu
Dios; él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la
tierra, el pueblo de su propiedad" (Dt 7,6). Los israelitas tenían una
conciencia muy viva de esta elección divina; las Escrituras repiten que
Israel es propiedad del Señor (cf. Ex 19,5; Dt 14,2; 26,18; Sal 135,4).
Por esto se llamarán hijos suyos (cf. Ex 4,22; Dt 14,1; Os 11,1). En Sab
es frecuente el apelativo de hijo de Dios aplicado al pueblo de Israel
(cf. 11,19ss; 16,10; 18,4.13).
El v.7b es paralelo de v.7a:
Gobernante o juez es sinónimo de rey, puesto que una de las funciones
principales del rey para gobernar a sus súbditos es la administración de
la justicia (cf. 1 Re 3,9 y 2 Crón 1,10s).
Hijos e hijas: el
pueblo de Israel (cf. v.7a), unidos así solamente en Is 43,6: "Diré al
Norte: Entrégalo; al Sur: No lo retengas; tráeme a mis hijos de lejos y a
mis hijas del confín de la tierra; a todos los que llevan mi nombre, a
los que creé para mi gloria, a los que hice y formé" (v.6s; cf. 2 Crón
6,18). La mujer cuenta poco en la mentalidad semita, por eso el pueblo
siempre se numera por los varones.
8. Me encargaste (ei}pa$), es
una orden, por lo que no es participio (cf. 2 Crón 6,20). El mandato de
Dios de construir un templo fue dirigido a David, no a Salomón (cf. 2
Sam 7,13; 1 Re 5,17-19; 1 Crón 28,2-11); quizás por esto el texto
suprime el me; pero la tarea de construirlo está encomendada a Salomón.
David piensa y planea construir una casa al Señor (cf. 2 Sam 7,2.5; 1
Crón 28,2-19), pero Dios le dice: "Tú no edificarás una casa en mi honor
porque te has pasado la vida guerreando y has derramado mucha sangre"
(1 Crón 28,3; cf. 1 Re 5,17). De hecho la edificación del templo en
honor del Señor es obra de Salomón (cf. 1 Re 5,5-9,25; 2 Crón 2,17,11).
El
templo dedicado a Yahvé se llamaba originariamente "casa de Yahvé”, o
"casa dedicada a su nombre" (cf. 2 Sam 7,13; 1 Re 3,1.2; 5,17.19, etc.);
pero pronto fue llamado con su nombre sagrado templo o santuario (cf. 1
Re 6,3.5.17.33.36; 7,21.50; 2 Crón 3,17; 4,7.8.22, etc.).
Tu
monte santo, en Jerusalén. El monte se llama santo porque es el lugar
sagrado elegido para el templo de Dios. El autor de Sab está
influenciado por la tradición, principalmente de los Salmos y de Isaías
(cf. Sal 2,6; 3,5; 15,1; 43,3; 48,3; 99,9; Is 11,9; 27,13; 56,7; 57,13;
63,18; 65,9.11.25).
Un altar: el altar principal del templo (2
Crón 4,1) era el de los holocaustos (cf. 1 Re 8,64), donde se consumían
íntegramente las víctimas ofrecidas a Dios. Ante él ora Salomón (cf. 1
Re 8,22.54; 2 Crón 6,12; 7,7-9).
Ciudad de tu morada: Jerusalén
es la ciudad elegida por Dios para su templo. El templo, como antes "la
tienda de reunión" en el tiempo del desierto, era el símbolo visible de
la presencia invisible pero real de Dios en medio de su pueblo (cf. Núm
9,15ss; Sal 46,5; 74,2; 2 Mac 14,35). En la Escritura se nombra a
Jerusalén con otros muchos títulos; el Salmo 48 los reúne casi todos en
un himno dedicado a "la ciudad de nuestro Dios”.
Copia del
santuario: aposición a templo (v.8a) y altar (v.8b). ¿A qué modelo o
paradigma se refiere el autor? ¿Al que le presentó el Señor a Moisés en
el desierto?: "Hazme un santuario, y moraré entre ellos. En todo
conforme al modelo de tabernáculo que yo te mostraré y según el modelo
de todos los utensilios" (Ex 25,8-9; cf. 25,40); "Construirás el
santuario ajustándote al modelo que viste en la montaña" (Ex 26,30; cf.
27,8). O ¿a los planos que entregó David a Salomón (cf. 1 Crón 28,11-19)
y que, según el cronista, los diseñó el Señor?: "Todo esto se hallaba
en un escrito que el Señor le había consignado, explicando la
fabricación del modelo " (1 Crón 28,19; cf. Ex 15,17). Tanto uno como el
otro se presentan como inspirados por Dios, lo cual explicaría la
sentencia: que fundaste al principio o dispusiste desde el principio. No
creo que podamos preferir un modelo al otro, pues el autor en su
indeterminación parece que se está refiriendo a ambos.
9.
Salomón ha recordado en un clima de oración, pues habla con Dios, la
misión que el Señor le ha confiado: ser rey y gobernante de su pueblo y
edificarle un templo en Jerusalén. La ocasión es oportuna para
introducir el tema de la sabiduría, ya que no se puede gobernar sin
sabiduría (cf. 1 Re 3,9-12; 1 Crón 1,10-11), ni tampoco realizar la
magna obra del santuario sin la pericia o sabiduría de los artesanos
(cf. Ex 28,3; 31,3; 35,26.31-35; 36,1-2, etc.). Todo el v.9 prepara la
petición del v.10.
Contigo está la sabiduría: Constatación
de la unión entre el Señor y la Sabiduría (cf. v.4; Eclo1,1), por lo que
conoce los misterios de Dios (8,3s) y todas sus obras, es decir, el
orden natural y los misterios de la naturaleza (cf. 7,21), desde sus
mismos inicios y aun antes, pues estaba a su lado cuando la creación del
mundo, según mantiene la tradición sapiencial (cf. Prov 8,22-31,
especialmente v.27 y 30). El autor afirma una vez más la presencia de la
Sabiduría junto a Dios, una presencia como en 9,4 que la eleva a
categoría divina, pero no necesariamente afirma una presencia activa,
cooperadora en la acción creativa de Dios.
Por la unión íntima
de la Sabiduría con Dios ella conoce con certeza lo que es agradable a
sus ojos, es decir, todo lo que le agrada y lo que está conforme con su
voluntad: el orden moral y la revelación hecha por Dios (cf. Eclo
24,22-23).
10a.b. Como hemos anunciado varias veces, esta
petición ocupa el centro de la oración de Salomón (cf. v.4a y v.17). El
autor tiene conciencia de ello y se esmera en la construcción de este
dístico. Los dos imperativos: envíala, mándala, con el mismo complemento
uno al comienzo y otro al final dan énfasis especial a la plegaria; dos
expresiones paralelas en el centro. El esquema es: a - b - b' - a'.
Sabemos que la Sabiduría pertenece al medio divino, a la esfera íntima
de la divinidad (v. 4.9), que es un atributo divino (7,22b-27). Dios
puede enviarla como envía a su ángel (cf. Ex 23,20; Dan 3,28 (95); 6,22;
Mal 3,1) o su espíritu (cf. Sal 104,30).
El orante pide al Señor
con insistencia que se la envíe desde el cielo. El cielo es sagrado
porque se considera, antropomórficamente, la morada de Dios (cf. Dt
26,15; Sal 115,3.16). Desde tu trono glorioso o desde el trono de tu
gloria: en v.4a dijo que la Sabiduría era partícipe del trono (en
plural) de Dios (cf. 18,15); por el paralelismo el cielo es el trono de
Dios: "El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies" (Is
61,1). Pero es un trono glorioso, porque lo envuelve la gloria de Dios
que está presente. La gloria de Dios en la Escritura se expresa también
por medio de la metáfora de la luz (cf. 7,25b), por eso los que
participan de su presencia brillan como la luz: "¡Levántate, brilla,
Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira:
las tinieblas cubren la tierra; la oscuridad, los pueblos; pero sobre
ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los
pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora" (Is 60,1-3).
10c-11.
Quiásticamente estos hemistiquios responden a v.9. La primera parte:
v.10c.d, proposición final, trata de la función de la Sabiduría, aquello
para lo cual Salomón la solicita. La familiaridad con la Sabiduría le
hará identificarse, ser una cosa con ella (cf. 8,9-18). El
antropomorfismo es atrevido, pues el trabajo y la fatiga de Salomón
serán también trabajo y fatiga de la Sabiduría. Solidaridad perfecta
(cf. el tuve hambre y sed de Mt 25,35-45). Sutilmente parece que el
autor relaciona el trabajo de Salomón en la construcción del templo con
la Sabiduría artífice y artesana (cf. 7,22a y 8,6b).
Donde
entra la Sabiduría, "va haciendo amigos de Dios" (7,27) y la que sabe lo
oculto y manifiesto (cf. 7,21), y lo que es agradable al Señor (cf.
v.9c), se convierte en luz interior y maestra: enseñándome lo que te
agrada.
El v.11 justifica lo que acaba de decir y lo desarrolla
con nuevos matices. Con la Sabiduría, que es lo mismo que con la
presencia y asistencia activa divina, pues la Sabiduría es atributo
divino: todo lo sabe y lo comprende, no sólo Salomón podrá cumplir
perfectamente su misión, sino cada hombre, especialmente los que deben
desempeñar misiones de mayor trascendencia y responsabilidad conforme a
la intención parenética del autor.
Me guiará, me custodiará: el
autor alude a la nube que protegía a los israelitas al salir de Egipto
(cf. Ex 13,21-22; 14,19-20). Con su prestigio o con su gloria, el autor
asocia la Sabiduría a la do/ca divina (cf. 7,25), e implica luz,
iluminación, como en el Exodo, pero aquí interiormente, o poder (cf. Is
63,12).
12. El verso se distingue claramente del anterior por el
cambio de sujeto. Se supone que Salomón es escuchado y posee la
Sabiduría; el así es consecutivo con relación a v.11b.c. Mis obras, con
significado general y amplio: todas sus acciones, realizadas bajo el
influjo de la Sabiduría. No excluye, por tanto, la actividad con
relación al templo. En este caso es notable la correspondencia entre
v.12 y v.7-8: al rey, gobernante y constructor de v.7-8 corresponden en
orden inverso mis obras (v.12a), juzgaré con justicia (v.12b), trono de
mi padre (v.12c).
Decíamos que este era el destino de Salomón:
ser rey del pueblo de Dios con la tarea ineludible de juzgar y el
encargo de construir un templo al Señor. Todo esto será posible llevarlo
a cabo con el beneplácito del Señor, sólo y exclusivamente si él le
otorga el don de su Sabiduría (cf. v.6, con resonancias en Jn 15,5). Por
eso la estrofa ocupa el centro de la oración de Salomón.
Pero aún no
se ha agotado el discurso del autor en medio de esta plegaria. El
interés de las reflexiones del seudo- Salomón es alto y la fuerza de sus
razones poderosas. Esto ya es argumento de la tercera estrofa.
2.3. La Sabiduría y los designios de Dios (9,13-18)
9,13 Pues ¿qué hombre conoce el designio de Dios?
¿Quién comprende lo que Dios quiere?
14 Los pensamientos de los mortales son mezquinos
y nuestros razonamientos son falibles;
15 porque el cuerpo mortal es lastre del alma
y la tienda terrestre abruma la mente pensativa.
16 Apenas adivinamos lo terrestre
y con trabajo encontramos lo que está a mano:
pues ¿quién rastreará las cosas del cielo?
17 ¿Quién ha conocido tu designio, si tú no le has dado sabiduría
y le has enviado tu santo espíritu desde el cielo?
18 Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres,
los hombres aprendieron lo que te agrada
y la sabiduría los salvó.
9,13-18.
Con el v.13 comienza la tercera y última estrofa del cap.9. El cambio a
la tercera persona por medio del pronombre interrogativo: qué, quién,
nos introduce en un tema genérico, en una "reflexión filosófica" y
teológica, pues en el último tramo de la oración de Salomón no es
Salomón el que ocupa la escena, sino el hombre, la humanidad en la que
Salomón se diluye como la parte en el todo (cf. v.14b y 16a.b). El
hombre no puede ni conocer ni menos aún comprender los designios de Dios
sin la Sabiduría. La estrofa tiene carácter doctrinal sapiencial, en la
que el contraste entre lo divino y lo humano sirve al autor como
elemento estilísco.
Formalmente la estrofa 9,13-18 ofrece algunas
dificultades. Si bien es clara la inclusión que se da en los v.13 y 18
(hombre: v.13a - hombres: v.18b), no es fácil descubrir la función de
v.17abb-18 en esta estrofa.
9,13-17aa
está construido con una estructura concéntrica muy rigurosa según el
esquema ya conocido: a. b. c. b'. a'., donde a = v.13ab; a' =
v.16c.17aa; b = v.14; b' = v.16ab; c = v.15. El resto de la estrofa,
es decir v.17abb-18 remite a las estrofas primera (v.1-6) y segunda
(v.7-12), y el v.18 prepara, además, el tránsito al cap.10.
En efecto, v.17abb repite la petición central de la oración de Salomón
(cf.v.4 y v.10a.b) y el v.18 en primer lugar se relaciona evidentemente
con v.2-3 y además sirve de introducción al cap. 10.
Así, pues,
la estrofa 9,13-18 desarrolla fundamentalmente el tema de la debilidad
humana ante Dios y sus designios; pero repite la tesis de las dos
estrofas anteriores: la salvación del hombre reside en la Sabiduría
divina.
El capítulo termina con la afirmación de la salvación
realizada ya en la historia pasada, gracias a la Sabiduría: v.18, lo
cual es un argumento magnífico para confiar en el presente y en el
futuro.
13. Del caso particular de Salomón, aunque sea con su
función representativa: cada hombre (cf. v.10-12), se pasa a la
universa- lidad de la naturaleza humana: cualquier hombre, todo hombre.
El autor expresa retóricamente con el pronombre interrogativo, reforzado
con qué hombre en v.13a, y repetido en solitario en v.13b = quién (cf.
de nuevo los vv.16c y 17a). La interrogación recae sobre la condición
humana en su más amplia universalidad. ¿Sobre qué versa esta pregunta
que retóricamente se hace el autor?
Sobre la posibilidad de
conocer la voluntad (boulh/n) de Dios, ya que el futuro gnw/setai es
gnómico con el matiz de posibilidad: quién conoce o puede conocer. La
boulh/ de Dios (v.13a) parece que está suficientemente determinada por
el paralelismo del v.13b: "lo que Dios quiere”, es decir, su voluntad,
expresada en la ley.
La impotencia connatural al hombre no se
limita al conocimiento de la voluntad de Dios, en particular sobre el
hombre, por lo que es necesaria una revelación de Dios, sino sobre todo a
la comprensión de lo que él quiere acerca del hombre, de lo que él
pretende, de sus designios. El hombre es demasiado limitado en sus
posibilidades (cf. v.5-6), como para poder penetrar el misterio de Dios y
poder descubrir y comprender sus designios, aun después de revelados,
cuánto menos antes de que Dios mismo se manifieste.
La forma
interrogativa del v.13 espera una respuesta negativa. Así el autor
afirma en forma retórica, pero no menos categórica, que ningún hombre
puede llegar a conocer y comprender lo que Dios tiene planeado sobre el
hombre, sus designios, y lo que espera de él, a no ser, como dirá
expresamente en v.17, que Dios le dé su Sabiduría y su espíritu santo.
Esta afirmación general del autor será matizada en los versos
siguientes, que describen la triste experiencia de la inseguridad humana
en el campo del conocimiento.
14. Los v.14-16 entre los
interrogantes: qué hombre, quién (ti/$ - ti/$: v.13) y quién, quién
(ti/$ - ti/$: v.16c y 17a), quieren fundamentar lo razonable de esas
interrogaciones.
Los mortales son los hombres. El plural
no se utiliza en los LXX, sino el singular (cf. Job 30,23; Prov 3,13;
20,24; Is 51,12; 2 Mac 9,12; 3 Mac 3,29; en Sab 7,1 y 15,17). Entre los
griegos es forma habitual frente a los inmortales, los dioses.
La idea que el autor tiene de nuestras posibilidades para conocer la
verdad en el orden moral es bastante pesimista, pero es un hecho
atestiguado por la experiencia y por la historia. El hombre, dejado a sí
mismo, camina entre las tineblas de la ignorancia e inseguridad. En
terminología platónica se diría que el hombre por su naturaleza material
no puede llegar más allá de las opiniones. El verso siguiente lo
corrobora, al aducir una concepción filosófica del hombre que contiene
influjos platónicos.
15. Paralelismo sinonímico. El autor se
mantiene fiel a la concepción dicotómica del hombre: cuerpo-alma (cf.
1,4; 8,18-20; 15,8. 11.16; 16,4). La mente de v.15b es la misma alma en
cuanto principio pensante. El vocabulario pertenece al de las escuelas
filosóficas neoplatónicas entonces en boga y, en concreto, al de Platón.
Sin excluir la probabilidad de que el autor haya leído la misma obra
(obras) de Platón, la doctrina que aquí se enseña es muy distinta de la
platónica. Es patrimonio de todas las escuelas morales que el cuerpo
mortal influye en la vida síquica del hombre. Toda tendencia pura, o
pensamiento elevado, espiritualizante, se ha atribuido siempre al alma
humana; y todo movimiento ligado al mundo material se ha imputado al
cuerpo corruptible. La vida del hombre mortal se desarrolla en una
dialéctica continua entre "el cuerpo" y "el alma”. Así se entiende lo
que quiere decir nuestro autor, sin que por ello se le haga discípulo
exclusivo de Platón.
La tienda terrestre es el cuerpo. La
metáfora está tomada de la vida nómada. Para los hebreos, pueblo de
antecesores nómadas, la tienda es figura de lo pasajero, adaptada, por
tanto, al cuerpo que se corrompe (cf. Is 38,12; Job 4,19-21; 2 Cor 5,4; 2
Pe 1,13s). A la metáfora de la tienda se añade la alusión al origen del
cuerpo según Gén 2,7 (cf. Gén 3,19; Sab 15,8). El cuerpo, enraizado en
la tierra, solidario con los bienes puramente terrenos, temporales,
transitorios frena los vuelos de la mente hacia lo espiritual,
celestial, inmortal. "En terminología más moderna hablaríamos de la vida
instintiva, de las fuerzas irracionales que enturbian la mente, de
impulsos oscuros del subconsciente no aclarados o mal racionalizados,
etc.”.
16. Los dos primeros hemistiquios (16a.b) forman una bina
con paralelismo sinonímico, en forma quiástica. El autor, como en v.14,
aduce el hecho de la experiencia nuestra (primera persona del plural)
que es universal a la vez.
Lo terrestre: lo que acontece sobre
la tierra, lo que el hombre puede confrontar y controlar; sinónimo de
ello es lo que está a mano: lo tangible, lo directamente experimentable,
lo visible, es decir, aquello que no supera la capacidad normal del
hombre terreno. Todo esto que debería ser transparente y obvio para el
hombre, porque lo constituyen objetos a medida de la mente humana, todos
dentro del horizonte de su capacidad y curiosidad innata. Sin embargo,
no es así; con muchos esfuerzos conseguimos demostrar que somos señores
de las cosas, dominándolas apenas con nuestros conocimientos
imperfectos. La verdad es que cada día experimentamos que la realidad se
nos escapa de las manos y con grandes dificultades retenemos una parte
de sus misterios.
El último verso (16c) vuelve con las
interrogaciones del v.13 y sirve de paso al v.17; empalma perfectamente
con las reflexiones del bloque 14-16a.b: véase la adversativa de/ y la
réplica las cosas del cielo a lo terrestre de v.16a. ¿Qué son las cosas
del cielo? ¿Se opone el cielo a la tierra como si fueran dos espacios
físicos? En este caso Job 38,15-35 haría recuento de algunas de estas
cosas que para el hombre antiguo estaban fuera de su alcance; 4 Esd 4,21
lo confirmaría: "Los habitantes de la tierra sólo pueden conocer lo que
está sobre la tierra, pero los habitantes del cielo lo que está en lo
alto del cielo”. ¿O más bien las cosas del cielo abarcan todo aquello
que supera la esfera humana y pertenece al ámbito de lo divino? Ya hemos
visto que la Escritura habla del cielo antropomórficamente como de la
morada de Dios (cf. v.10a). El texto, por ser sapiencial, podría tener
presente las elucubraciones de los sabios antiguos (cf. Job 9,7-10;
38,15-35; Prov 30,4) y menos antiguos (cf. Eclo 1,3; 18,4-6);
significaría lo que está más allá del entendimiento humano, pertenezca o
no al ámbito de lo divino. No se puede excluir esta hipótesis. Por el
contexto, sin embargo, (cf. v.13 y 17a) creo que v.16c hay que referirlo
a lo sobrenatural y divino (cf. Is 55,9); el v.17 despejará las dudas.
17.
En este verso convergen casi todos los temas que el autor ha tocado en
la oración: la primera parte de v.17a es una repetición casi verbal de
v.13a también en interrogación; v.17a b contine en forma negativa lo
central de la oración de Salomón, como en v.4a y 10a.b, y confirma más
solemnemente todavía la confesión de la fragilidad humana hecha en
v.5-6.
En v.17 se dan cita tres de los grandes temas tratados
en el judaísmo postexílico: la voluntad de Dios (¿Ley?), la sabiduría y
el espíritu.
Tu designio, según comentamos en v.13, no es sino
la voluntad divina, lo que Dios quiere en relación con el hombre y que
sólo puede conocer si Dios libremente se revela o manifiesta (cf. Bar
3,29; Dt 30,12), y al hombre se le concede el don de la Sabiduría de
parte del Señor. Este ha sido el leit-motiv de todo el cap.9, pero al
final el autor lo va a proclamar más solemnemente, pues además de la
Sabiduría el autor reclama el santo espíritu del Señor.
Es la
primera y única vez que aparece el santo espíritu del Señor en la
oración de Salomón. Según el paralelismo santo espíritu equivale a
Sabiduría del Señor. Ya en capítulos anteriores la relación entre
sabiduría y espíritu ha sido frecuente e íntima, hasta llegar a la
identificación, al menos en parte (cf. 1,5.7; 7,7b.22b: santo espíritu y
espíritu del Señor siempre en relación con la Sabiduría <cf.
1,6>; ver también sobre el espíritu del Señor 11,20c y 12,1). El
autor se hace eco de una tradición antigua en Israel que pasa a través
de los profetas y la recogen los sabios.
El Señor actúa y actuará
en su pueblo, transformando los corazones de los fieles por medio de su
espíritu. Son célebres los pasajes de Jer 31,33-34 sobre la nueva
alianza del Señor con la casa de Israel:
"Meteré mi Ley en su pecho, la escribiré en su corazón,
yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo;
ya no tendrán que enseñarse unos a otros, mutuamente,
diciendo: 'Tienes que conocer al Señor', porque todos,
grandes y pequeños, me conocerán,
oráculo del Señor”.
El
tema es recogido y desarrollado por Ezequiel (36,26-27); Dios es el
actor principal del cambio en el corazón de los fieles, pero por medio
de su espíritu que los iluminará y guiará:
"Os daré un corazón
nuevo y os infundiré un espíritu nuevo, arrancaré de vuestra carne el
corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi
espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que pongáis por
obra mis mandamientos”.
Eco de la misma corriente parece ser Sal 51,12-13:
"Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu”.
Y más cercano aún Joel 3,1-2; Dan(Th) 4,8.9.18.
Los
sabios atribuyen a la sabiduría lo que los profetas han dicho del
espíritu del Señor: luz y fuerza interior para conocer y poner en
práctica la voluntad del Señor. Sab es el máximo exponente, como lo
estamos viendo y se confirmará en v.18 y en la tercera parte del libro.
Desde el cielo, morada de Dios, según vimos en v.10b.16c (cf. v.4a; Eclo 43,9; Lc 2,14).
18.
Una inclusión cierra la oración de Salomón: los hombres - la Sabiduría
(v.18bc) / Sabiduría - hombre (v.2a); pero sirve también de transición
al cap.10.
Redaccionalmente el v.18 se une al v.17: Sólo así,
con el don de la Sabiduría y guiados por el santo espíritu. Los
caminos: La metáfora del camino para referirse a la vida humana en
cuanto moral es frecuente en los sapienciales (cf. Sal 1; Prov 2,19s) y
en concreto en Sab 2,15; 5,7 (cf., sin embargo, 6,16; 10,10; 14,3). Lo
que te agrada: cf. v.9c.10d.
Los tres verbos del v.18 están en
aoristo con valor ambivalente, pues son gnómicos en cuanto v.18 confirma
la oración de Salomón (sólo así); pero también conservan su valor
histórico de un pasado, como prueban los ejemplos del cap.10. Los
aoristos están en voz pasiva, que se ha de entender como voz pasiva
teológica, pues en último término expresan la acción de Dios por medio
de su espíritu y de su Sabiduría. Esta acción de Dios es una fuerza
moral que hace que los hombres caminen rectamente: v.18a (cf. 9,10c.11b;
10,1); una luz interior por la que los hombres descubren lo que es
agradable al Señor, lo que Dios espera de ellos: v.18b, y por último son
salvados.
El verbo salvar no tiene aquí el sentido pleno que
adquirirá más tarde en el N.T.: liberación de los peligros y de la
muerte espirituales y donación de la vida nueva (en Cristo), sino el
ordinario en A.T.: liberación, protección de cualquier peligro natural
inminente. Es sinónimo de los verbos que significan protección, etc.
(cf. 10,1.4.5.6.9.12ss). Sin embargo, el v.18 podría en absoluto dar pie
a una interpretación más espiritual de la acción de la Sabiduría en el
mundo. De hecho por la Sabiduría Dios crea al hombre (cf. v.2a) y por
ella lo salva (v.18c); el mismo Dios que crea el mundo (9,1a), lo salva
mediante la sabiduría de los sabios (cf. 6,24a).
Al mismo
atributo divino, la Sabiduría, se atribuye la creación (cf. 7,22b; 8,6b)
y la salvación. Son, como se puede ver, diversos aspectos de la única
acción potente y amorosa de Dios, que se manifiesta espléndidamente en
la historia real de la humanidad desde sus mismos comienzos (cf.
cc.10ss). El mensaje es de esperanza, porque a pesar de la debilidad
humana se cumple también en la historia el plan salvador de Dios sobre
el hombre al que se le otorga la Sabiduría. Por esta Sabiduría el camino
o modo de vivir de los hombres es el justo y se opone al de los impíos
(cf. 2,15; 5,7; 6,16); ella enseña a todos los hombres, no sólo a los
israelitas o patriarcas, y por ella adquieren la salvación, la
liberación especialmente de la muerte en su sentido pleno (cf. 2,24;
14,4; 16,6-14).
TERCERA PARTE
La justicia de Dios se revela en la historia
(10,1-19,21)
De
la reflexión sobre la Sabiduría en sí misma: su naturaleza divina por
su origen y por su colaboración con Dios en la creación (cc.7-9), pasa
el autor a la descripción de la actividad de la Sabiduría en la historia
humana desde sus mismos inicios hasta la epopeya del Exodo en tiempos
de Moisés (cc.10-19). En los cc.7-9 se revelaba la Sabiduría
principalmente por sí misma; en 10-19 por sus obras.
La tercera
parte del libro comienza en 10,1; si bien es necesario recordar la
función ambivalente del cap.10. L.Alonso Schökel lo introduce con estas
palabras: "Este capítulo ocupa una posición algo ambigua. Se podría
decir que con él comienza la tercera parte: a) porque la plegaria del
cap.9 es conclusiva de la segunda parte; b) porque aquí comienza el
recuento histórico, que se alarga hasta el final del libro. También se
puede ligar a la segunda parte del libro: a) porque en él domina como
sujeto la sabiduría, en los siguientes el sujeto es Dios; b) confirmando
lo anterior, la palabra sophia se lee tres veces en la primera parte
del libro (1-5), veinte veces en la segunda parte (6-9), cuatro veces en
el presente capítulo, dos veces en el resto del libro (14,2, destreza
artesana del hombre; 14,5, sabiduría de Dios); c) este capítulo es
verdadera historia estilizada, de Adán a Moisés los restantes
desarrollan la syncrisis (confrontación) del Exodo; d) con el cap.10
alcanzamos la mitad material del libro.
Con todo, si el autor ha
querido dar a este capítulo una función mediadora, no hemos de
empeñarnos en trazar límites rigurosos. Leído mirando hacia atrás,
completa con las acciones (praxeis) la loa de la sabiduría; leído
mirando hacia adelante, es como un preludio de lo que sigue con los
temas reunidos y contrastados”.
El autor reflexiona sobre los
hechos pasados de que habla la tradición de su pueblo y descubre la
acción divina que hace justicia en la historia, primero por medio de la
Sabiduría (10,1-11,1), después por sí mismo (11,2-19,22). Esta última
sección es la más larga de todo el libro; se trata del juicio histórico
de Dios que se manifiesta en el castigo del opresor (Egipto) y en la
liberación del oprimido (el pueblo elegido de Dios).
El género
literario es el midrás, que se distingue, como veremos, por ser un
comentario libre de la Escritura canónica para aplicarlo a las
circunstancias del tiempo del escritor, aunque de manera muy velada
según el estilo hermético. El desarrollo también es muy artificioso, en
siete dípticos, y no siempre lineal ni homogéneo, pues el texto actual
contiene dos grandes digresiones: una sobre la misericordia y
omnipotencia divinas (11,15-12,27) y otra sobre la idolatría (13-15).
1. De Adán a Moisés la salvación por la Sabiduría: 10,1-11,1
Se
ha de reconocer el carácter especial de transición de esta perícopa.
Por el estilo y contenido, este capítulo debió de ser escrito después de
cc.1-9 y 11-19. En él trata de integrar el autor a grandes rasgos la
acción de la Sabiduría en el período que se extiende de Adán a Moisés.
"La
antìtesis justo - impíos de la primera parte del libro reaparece en el
cap.10 y se prolonga hasta el final. Pero generalmente el punto de mira
es distinto a todo lo anterior. Hasta ahora la pugna entre justos e
impíos no tenía color nacional, su valor era universal, reflejaba la
eterna confrontación de la justicia e injusticia en el mundo. Desde
ahora el paradigma escogido pertenece a los anales del pueblo judío, muy
experimentado desde sus inicios en todo género de pruebas y de
persecuciones injustas. El autor, sin embargo, no cita un solo nombre
propio, aunque sus alusiones son claras para todo el que conozca los
libros canónicos del pueblo judío... En Sab 10 se presenta una muestra
de personajes del Antiguo Testamento expresamente como justos y como
tipos del justo, que han superado por la Sabiduría las pruebas a que los
han sometido injustamente sus adversarios, llamados unas veces injusto,
o impíos, otras veces opresores, o enemigos (e~xqroi/: v.12.19), o
tiranos. Los justos escogidos son Noé (v.4), Abrahán (v.5), Lot (v.6),
Jacob (v.10), José (v.13), Moisés (v.16) y finalmente el pueblo como
nación (v.15.17-20)”.
No es difícil determinar las secciones en que se subdivide el cap.10 a causa del uso enfático del pronombre au[th (sofia):
1)
v.1-4: Adán - Noé; 2) v.5: Abrahán; 3) v.6-9: Lot; 4) v.10-12:
Jacob; 5) v.13-14: José; 10,15-11,1: Israel-Moisés. Otros indicios
confirman esta división. Los dos principales son: el uso de di/kaio$ y
el contenido temático. di/kaio$ -palabra predilecta de la primera parte-
aparece una vez en cada una de las pequeñas secciones (v.4.5.6.10.13.20
en plural).
Otros indicios literarios se refieren al
desarrollo estilístico y a la concatenación interna de las pequeñas
unidades. El tema central es: la Sabiduría protege, salva al justo. De
salvación o liberación se hace mención en 1) v.1c (e~cei/lato) y v.4a
(e{swsen); en 3) v.6a y 9a (e~rru/sato); en 5) v.13b (e~rru/sato) y en
6) v.15b (e~rru/sato); de protección, conservación de 1) v.1b
(diefu/lacen), en 2) v.5b (e~th/-rhsen) y v.5c (e~fu/lacen; cf. v.1b);
en 4) v.12a (diefu/lacen; cf. v.1b) y en 12b (h~sfali/sato); además de
otros giros en que se expresa la misma idea: no abandonó, etc. El objeto
del que se libera al justo, o contra el cual se le protege, es muy
diverso según las circunstancias. En general se puede observar, sin
embargo, que en 1) 2) 3) el justo no tiene enemigos propiamente
personales; en 4) 5) 6), sí. En 6) el pueblo santo (v.15a), el de los
justos (v.20a) se enfrenta a una nación opresora (v.15b), de impíos
(v.20a). Así se prepara temática y estilísticamente el paso a la fase
principal de la tercera parte; 10,1-11,1 realiza, pues, función de
puente.
De Adán a Noé
10,1 Ella fue quien protegió al padre del mundo
en su soledad, a la primera criatura modelada por Dios;
lo levantó de su caída
2 y le dio el poder de dominarlo todo.
3 Se apartó de ella el criminal iracundo,
y su saña fratricida le acarreó la ruina.
4 Por su culpa vino el diluvio a la tierra, y
otra vez la salvó la sabiduría,
pilotando al justo en un tablón de nada.
10,1-4. La prehistoria de la humanidad, de Adán a Noé, la cubre la acción protectora de la Sabiduría.
1.
Ella, la Sabiduría, de la que acaba de hablar en 9,18. La Sabiduría en
el cap.10 sustituye a la acción de Yahvé o del ángel de Yahvé, protector
de los patriarcas y del pueblo escogido en Génesis y Exodo.
Padre
del mundo: el apelativo es ciertamente de los más atrevidos. Con él se
designa a Adán no sólo cabeza del género humano, sino señor del mundo.
Que las relaciones entre Adán y el mundo sean las de dominio lo afirma
explícitamente el v.2, y de una forma general lo ha dicho ya en 9,2. En
su soledad: creemos que el autor tiene en la mente a Gén 2, como en
todo el contexto; "en su soledad”, por lo tanto, tiene el mismo
significado que en Gén 2,18, es decir, Adán sin Eva, su conplemento y
compañera. En esta soledad absoluta el hombre necesita más de la
protección de la Sabiduría. Su protección se extiende a toda clase de
peligros externos que amenazan su existencia. El autor ve la mano de
Dios, la providencia divina en la supervivencia del hombre. El concepto
que tiene de los dones ofrecidos por la Sabiduría es de orden teológico.
A
la primera (criatura) modelada, alusión inconfundible a Adán. Así se le
llama también en 7,1, y no aparece más este nombre en toda la sagrada
Escritura. El autor se inspira en Gén 2,7. Probablemente es una palabra
acuñada por nuestro autor; de él la hereda la patrística griega. Lo
levantó de su caída: la protección de la Sabiduría deja intacto el
ejercicio de la libertad del hombre, por eso Adán puede pecar. La caída
de Adán es aquella de que nos habla Gén 3.
¿Cómo puede levantar la
Sabiduría a Adán de su caída? Los autores responden: moviéndole a
penitencia y concediéndole el perdón, la gracia. La opinión corriente
entre los judíos en tiempo helenístico es que Adán y Eva hicieron
penitencia por su pecado. Lo mismo afirman muchos santos Padres. Esta es
la primera obra salvadora de la Sabiduría en beneficio de los hombres.
2.
No se puede urgir el sentido cronológico del v.2. La partícula te/
indica primariamente conexión particualar con lo que antecede. El poder
de dominio sobre la creación lo tiene el hombre desde su creación (cf.
Gén 1,26.28; Sal 8,6-9) y como don de la Sabiduría (cf. 9,2-3). El autor
aquí afirma de todas formas que el hombre no ha perdido este
privilegio.
3. El criminal: Caín, injusto, antitipo del justo
(cf. v.4.5) se pierde por alejarse de la Sabiduría. "El título
'fratricida' responde a la insistencia en el tema de la fraternidad en
la narración del Génesis”. No determina exactamente el autor en qué
clase de ruina incurrió Caín. Por la narración de Gén 4,8ss nos
inclinaríamos a la ruina o muerte espiritual en consonancia con la
doctrina del libro (cf. 2,21-24; 3,10; 4,19; 5,6, etc.)
4. El autor relaciona el diluvio (Gén 6-8) con Caín, naturalmente por medio de su descendencia pecadora.
La
Sabiduría salva a Noé, el justo (cf. Gén 6,9; 7,1; Eclo 44, 17), y por
él a la tierra del cataclismo de las aguas. Un tablón de nada es el
arca, de poca consistencia en medio del diluvio de las aguas, pero
guiada y gobernada por la Sabiduría y Providencia divinas (cf. 14,6; Gén
7,23).
En esta primera sección la acción de la Sabiduría se
manifiesta salvadora del mundo y de la humanidad, de ésta dos veces: en
Adán y en Noé.
Abrahán y Lot
10,5 Cuando la barahúnda de los pueblos, concordes en la maldad,
ella se fijó en el justo y lo preservó sin tacha ante Dios,
manteniéndolo entero sin ablandarse ante su hijo.
6 Cuando la aniquilación de los impios, ella puso a salvo al justo,
fugitivo del fuego llovido sobre la Pentápolis;
7 testimonio de su maldad,
aún está ahí el yermo humeante,
los árboles frutales de cosechas malogradas
y la estatua de sal que se yergue, monumento al alma
incrédula.
8 Pues, dejando a un lado a la sabiduría,
se incapacitaron para conocer el bien,
y además legaron a la historia un recuerdo de su insensatez,
para que su mal paso no quedara oculto.
9 La sabiduría, en cambio, sacó de apuros a sus adictos.
10,5-9.
El autor quema etapas en la historia, pues solamente le interesa
subrayar algunos aspectos o momentos muy conocidos por los destinatarios
y que eran más tratados en los escritos no canónicos.
5. La
primera parte del verso se refiere a Gén 11,1-9 o a la confusión de
Babel. El autor hace a Abrahán (Gén 12,1ss) contemporáneo de los
episodios narrados en ese pasaje. La Sabiduría conoció a Abrahán y se
fijó en él en medio de tanta gente malvada. Esta atención de la
Sabiduría, que es conocimiento discriminativo de Dios, implica amor y
elección. Lo preservó sin tacha: alude a Gén 17,1.
V.5c recuerda
la prueba a que fue sometido Abrahán (Gén 22). La Sabiduría dio a
Abrahán la fortaleza necesaria para superar el instinto del afecto
paterno y así poder obedecer plenamente el mandato de sacrificar a su
hijo (cf. Eclo 44,20; 1 Mac 2,52).
6-9. Los versos 6-9 forman
una unidad. La acción de la Sabiduría se manifiesta también en la
liberación de Lot y en el castigo enviado sobre las ciudades de la
Pentápolis (cf. Gén 19). El autor, para esta sección, se vale de fuentes
extrabíblicas además de Gen 19.
6. Los impíos son los
habitantes de las ciudades castigadas de la Pentápolis o cinco ciudades
que formaban la coalición: Sodoma, Gomorra, Adama, Seboim y Sohar (cf.
Gén 14,2). El justo salvado es Lot (cf. Gén 19,15ss; 2 Pe 2,7).
7.
La visión de la región que circunda el mar Muerto, especialmente la del
sur y la sudoccidental, es una visión de muerte y de exterminio. El
aspecto de absoluta desolación semeja un fondo marino, pero sin agua,
sin plantas, sin vida, calcinado por un sol fulgurante. El paisaje se
presta a toda clase de leyendas. Nuestro autor recoge algunas de ellas
en un intento de explicación y aplicación religiosa al tema de la
Sabidurría, protectora del justo: como testimonio. El yermo humeante,
inspirado en Gén 19,28, puede explicarse nataralmente por el fenómeno de
intensa evaporación en el mar Muerto. Lo que se dice acerca de los
árboles, es un elemento legendario. La estatua de sal es lo único del
versículo que se encuentra en la narración del Génesis (cf. 19,26).
Junto a la orilla occidental del mar Muerto y no muy lejos de la actual
Sodoma, la erosión del terreno ha dado lugar a formas caprichosas en las
rocas. Una de ellas, una especie de monolito, se asemeja a una forma
humana; la llaman "la mujer de Lot”. Esta figura o una semejante dio
lugar en la antigüedad a leyendas populares. El autor dice que es
monumento al alma incrédula, la mujer de Lot (cf. Gén 19,26). La roca
elevada sirve de recuerdo a todos los que la ven.
8. Los
habitantes de Sodoma, Gomorra y ciudades vecinas no se preocuparon de la
Sabiduría, como lo demuestran con su conducta abominable a los ojos de
Dios. Por esto sufren las consecuencias: no conocen el bien, lo justo,
la voluntad de Dios y soportan el juicio severo de la historia. El
recuerdo legado a la historia es el mismo testimonio de v.7a.
El
v.8 busca la razón más profunda de la insensatez de los habitantes de la
Pentápolis, prototipos también de los insensatos de todos los tiempos.
El autor la encuentra en la despreocupación por la Sabiduría.
9.
Después del aspecto negativo, el autor afirma el positivo. La Sabiduría
salva, libera a los que se confían a ella. Adictos o fieles servidores
(cf. Is 54,17; Jdt 11,17; Tob 1,7, etc.). El tema de la liberación
continúa en los versos siguientes.
Jacob y José
10,10 Al justo que escapaba de la ira de su hermano
ella lo condujo por sendas llanas;
le mostró el reino de Dios
y le dio a conocer los santos,
dio éxito a sus tareas
e hizo fecundos su trabajos;
11 lo protegió contra la codicia de los explotadores
y lo enriqueció;
12 lo defendió de sus enemigos
y lo puso a salvo de asechanzas;
le dio la victoria en la dura batalla,
para que supiera que la piedad es más
fuerte que nada.
13 Ella no abandonó al justo vendido,
sino que lo libró de caer en pecado;
14 bajó con él al calabozo
y no lo dejó en la prisión,
hasta entregarle el cetro real
y el poder sobre tiranos;
demostró la falsedad de sus calumniadores
y le concedió gloria perenne.
10,10-14.
En los primeros tres versículos (10-12) en el juego de las antítesis le
toca el turno a Jacob que se enfrenta primero a su hermano Esaú,
después a su tío y suegro Labán y por último, en un sentido muy
diferente pero no menos atrevido, frente al mismo Dios.
10. El
verso se refiere a la huida de Jacob -el justo- a Mesopotamia por causa
de la ira de su hermano Esaú (cf. Gén 27,42ss). En Gén 28,15 es Dios
quien guía y protege a Jacob; nuestro autor atribuye a la Sabiduría la
protección divina, o la Sabiduría es la manifestación exterior de la
providencia de Dios. Esaú, por su parte, odiaba a su hermano y tramaba
su muerte (cf. Gén 27,41-45), de aquí la alusión a su ira. Por sendas
llanas en el sentido de sin dificultades. Ya es una gran bendición del
Señor recorrer felizmente un largo camino en aquellos tiempos. Pero no
podemos olvidar la visión sobrenatural providencialista del autor, que
descubre la acción benéfica de Dios, de la Sabiduría en la prosperidad
del justo (cf. también Gén 28,20s; expresión semejante en Sal 27,11;
143,10; Prov 2,13; 3,6). El reino de Dios: sin duda el autor se refiere
a la visión que Jacob tuvo en sueños de la escala (cf. Gén 28,11-22).
En ella Dios demuestra a Jacob su protección y le revela el porvenir de
su descendencia. Los santos, es decir, los seres celestes (cf. Gén
28,12); pero si a?gi/wn se lee como neutro, significaría cosas santas,
los planes misteriosos de Dios que llega a conocer Jacob. El reino o
reinado de Dios es el modo divino de gobernar el mundo y los hombres y
el cielo. Como el rey se vale de sus ministros, así también Dios; en la
visión del Génesis los ministros están representados por los ángeles.
Sus tareas, que implicaban grandes fatigas: Jacob trabajó duramente en
la casa de su tío y suegro Labán durante veinte años (cf. Gén 31,38-42),
y le bendijo Dios copiosamente (cf. Gén 30,43). Sus trabajos, por
metonimia el fruto de sus trabajos (cf. Prov 3,9LXX; Eclo 14,15.
11.
Labán fue avaro y abusó de Jacob (cf. Gén 29,25-27; 30,27ss; 31,6-16).
Probablemente con los explotadores se refiere solamente a Labán, como
plural de categoría. Lo enriqueció: Dios providente -La Sabiduría-
colma de bienes a Jacob (cf. 30,43; 31,42; 33,11) y por su amor también a
Labán (cf. Gén 30,27-30).
12. Los enemigos de Jacob son Labán
(cf. Gén 31,22s) y Esaú, que maquina su muerte antes de que parta a
Harán (cf. Gén 27-31). La Sabiduría defendió a Jacob (cf. v.1b). Después
de la visión de Betel Jacob hace un voto a Dios y dice: "Si Dios está
conmigo y me protege..., Yahvé será mi Dios" (Gén 28,20s). Dios ha
cumplido el deseo de Jacob y su propia promesa (cf. Gén 28, 15).
Le
dio la victoria: el verso hace referencia a Gén 32,25-33, a la lucha de
Jacob con el ángel, lucha misteriosa que termina con la victoria de
Jacob y la bendición y palabra del ángel: "Ya no te llamarás Israel,
porque has luchado con dioses y con hombres y has podido" (Gén 32,29;
cf. Os 12,5). En v.12d, con la proposición final (i[na), el autor
enuncia una lección religiosa: el valor sobre todas las cosas de la
piedad, pues hasta es capaz de vencer a Dios en la súplica humilde y
confiada. Jacob se eleva a la categoría de modelo del hombre piadoso.
13-14.
El justo vendido es José (cf. Gén 37,26-28.36; Sal 105, 17). La
Sabiduría no lo abandona. En la tradición aparece también como el tipo
del sabio. El autor presenta de nuevo en la Sabiduría la personificación
de la asistencia y protección del Señor (cf. Gén 39,2-5). Lo libró de
caer en pecado, porque resistió a la tentación, rechazando las
propuestas de la mujer de Putifar, que personifica al pecado por su
poder seductor (cf. Gén 39,7-12).
Bajó con él, cf. Dan 3,49. Al
calabozo (cf. Gén 40,15; Ex 12,29 la/kko$), así se sigue el orden de la
historia del Génesis y se respeta el paralelismo de los miembros (cf.
v.14b). Ya en la cárcel de Egipto el Señor no abandonó a José, como
expresamente nos lo dice Gén 39,21-23; aquí es la Sabiduría la que no lo
abandona. Cetro real: José no fue rey de Egipto, pero, según Gén
41,30-44, fue virrey; el faraón puso en sus manos el gobierno de Egipto
(cf. Sal 105,21). Los tiranos son los egipcios y sus hermanos (cf. Gén
42-45). Sus calumniadores, la mujer de Putifar, plural de categoría (cf
Gén 39,14-20). Gloria perenne: honores como de un rey y la fama
inmortal. Este género de inmortalidad lo da la Sabiduría según 8,13b.
El
esquema de la historia de José: justo perseguido - glorificado, es
típico en la historia religiosa del Antiguo Testamento (cf. Job,
Tobías). Nuestro autor lo utiliza y hace protagonista del relato a la
Sabiduría; lee o descifra en la historia la acción salvadora de la
Sabiduría.
Israel y Moisés
10,15 Al pueblo santo, a la raza irreprochable,
ella lo libró de la nación opresora;
16 entró en el alma del servidor del Señor,
e hizo frente a reyes temibles con prodigios y señales.
17 Dio a los santos la recompensa de sus trabajos
y los condujo por un camino maravilloso;
fue para ellos sombra durante el día
y resplandor de astros por la noche.
18 Los hizo atravesar el mar Rojo
y los guió a través de aguas caudalosas;
19 sumergió a sus enemigos,
y luego los sacó a flote de lo profundo del abismo.
20 Por eso los justos despojaron a los impíos
y cantaron, Señor, un himno a tu santo nombre,
ensalzando a coro tu brazo victorioso;
21 porque la sabiduría abrió la boca de los mudos
y soltó la lengua de los niños.
11,1 Coronó con el éxito sus obras por medio de un santo profeta.
10,15-11,1.
Hasta aquí el autor ha ensalzado a la Sabiduría como protectora y
liberadora de los padres; desde ahora la acción de la Sabiduría se
extiende a todo el pueblo elegido. Moisés tiene una función de mediador.
La epopeya del Exodo: la liberación por excelencia del pueblo
israelita, es obra de la Sabiduría.
Esta última sección del
cap.10 nos introduce perfectamente en los temas de la tercera parte.
Aquí están ya presentes los tres personajes centrales: Israel, Egipto
(los enemigos), la Sabiduría (Dios salvador).
15. En la tradición
antigua es Dios mismo o su ángel el que conduce y libera a Israel de
Egipto (cf. Ex 13-15; Is 63,11-14; Ez 20,10); nuestro autor lo atribuye a
la Sabiduría divina que todo lo puede y es fiel reflejo de su
activvidad (cf.7,25-27).
Pueblo santo, raza irreprochable (cf.
v.17.20; 17,2; 18,1.5). El autor conoce al detalle la historia del
pueblo en Egipto y durante la estancia en el desierto; a pesar de esto,
parece ignorar sus pecados (cf. Dt 9,4ss; Ez 2,8ss; Neh 9,16ss). Sin
embargo, no se puede acusar al autor de insinceridad o de intención de
falsear la realidad. En un contexto que no es estricta narración
histórica el autor puede permitirse la licencia de subrayar un aspecto
determinado: la acción liberadora de la Sabiduría salva a su pueblo de
la opresión de sus enemigos. Cuando le interese insinuar las
infidelidades del pueblo, lo hará (cf. 11,9ss; 12,21s; 16,5.6.11;
18,20ss). La gloria y la santidad de la Sabiduría se ven reflejadas en
el pueblo, su protegido. "Dios puso en el interior de ellos su santo
espíritu”, nos dice Is 63,11 y se puede, por lo tanto, llamar santo al
que posee el espíritu del Señor y la Sabiduría (cf. 7,27). El autor
idealiza a sus personajes, por ejemplo a Salomón y al pueblo elegido en
su primer período del desierto (cf. Jer 2,2-3).
16. Servidor del
Señor, Moisés. Servidor, siervo es el apelativo permanente de Moisés en
el Pentateuo y Josué (cf. Ex 4,10; 14,31; Núm 11,11; 12,7s; Dt 3,24;
Jos 1,2; 8,31. 33). La Sabiduría entró en el alma de Moisés, pues Dios
estaba con él (cf. 7,27; Dt 3,12; 4,12; Núm 12,7s; Is 63,11, etc.).
Hizo frente: el sujeto gramatical es la Sabiduría, no Moisés; todas las
acciones son de la Sabiduría que dirige en todo a Moisés. Reyes: plural
mayestático, pues se refiere al faraón. Prodigios y señales: el binomio
ya estereotipado se refiere a las maravillas obradas por Moisés en
Egipto, atribuidas aquí a la Sabiduría (cf. 8,8; Ex 7,3-9LXX; 11,9s; Dt
4,34; 6,22; 7,19; 11,3; 13,2s; 26,8; 28,46; 29,2; 34,11).
17.
Los santos son el pueblo santo liberado del v.15. La recompensa de sus
trabajos: la liberación del yugo de la servidumbre, no el hallar gracia a
los ojos de los egipcios, o el poco oro y la plata que pudieran recoger
a última hora antes de la huida (cf. Ex 3,21s; 11,3; 12,35s). El tema
de la conducción del pueblo por parte de Yahvé es frecuente en la
tradición del Exodo (cf. Ex 13,17; 15,13; Núm 24,8; Dt 1,33; 1 Crón
17,21; Neh 9,12; Sal 78,14.53.72, etc.).
Camino maravilloso, no
porque no tuvieran dificultades, sino porque en todo él se manifestó el
poder y la gloria de Dios. Sombra: Dios guiaba al puebllo desde la nube
diurna y desde la columna de fuego durante la noche (cf. Ex 13,21s). El
autor ve en la nube la acción benéfica de la Sabiduría. La idea de que
la nube durante el día los protegía de los rayos solares no aparece en
el Exodo, pero está insinuada en Núm 10,34; 14,14; Sal 105,39.
18-19.
Los dos versos están construidos con paralelismo de sus miembros. Cf.
19,7; Ex 14,21-30; Sal 78,13. El paso del mar Rojo señala la fecha más
importante de la liberación de Israel. El enemigo es vencido, la
protección del Señor se manifiesta gloriosamente. Por esto el tema ha
pasado al patrimonio de la poesía épica nacional, que ha magnificado el
hecho y le ha dado un sentido trascendental histórico. Para el pueblo
judío el paso del mar Rojo señala un antes y un después en su historia.
El autor descubre en este acontecimiento a la Sabiduría en plena acción.
20.
Por eso, por lo que acaban de ver a la otra otrilla del mar Rojo (cf.
Ex 14,30) y porque con la ayuda de la Sabiduría "vieron la mano de Dios
magnífica" (Ex 14,31), "Moisés y los israelitas cantaron este canto al
Señor" (Ex 15,1). El autor, contagiado por el mismo espíritu que movió a
los recordados israelitas a cantar himnos a Dios y exaltado
religiosamente, habla directamente con el Señor en estilo hímnico
también. El vocativo Señor nos traslada a un ambiente de oración, en el
que el autor-narrador habla con Dios en segunda persona (cf. 12,2;
16,26; 19,9.22). Los justos: cf. los santos de v.17 y el pueblo santo de
v.15. Despojaron a los impíos de sus armas. Es muy probable que el
autor dependa en este rasgo del despojo de tradiciones orales
independientes. Cantaron un himno: el autor se refiere, sin duda, a Ex
15,1ss. Tu santo nombre es Dios mismo, pues Moisés y los hijos de Israel
cantaron al Señor el cántico. Tu brazo victorioso: el poder de Dios,
manifestado victoriosamente en favor del pueblo elegido (cf. Ex 14,31;
Sal 78,42; Job 27,11).
21. La interpretación de este verso,
unido formalmente al anterior, no se puede explicar por Ex 15,1-21. Los
comentaristas parecen desorientados al intentar explicarlo, pues el
contenido: mudos y niños de pecho que hablan, no dice relación al hecho
del Exodo. P.Grelot ha encontrado una explicación plausible. El Targum
de Jerusalén, en la paráfrasis de Ex 15,2, se expresa en términos
parecidos a Sab 10,21: "Desde los pechos de las madres señalaban con sus
dedos los lactantes a sus padres y les decían: éste es nuestro Padre
que nos alimentaba con miel de roca y nos ungía con aceite de roca de
pedernal. Los hijos de Israel respondieron diciéndose unos a otros: Es
nuestro Dios y alabémosle, el Dios de nuestros padres, exaltémosle”
Los
doctores de la Ley han trenzado una serie de textos bíblicos por
afinidad de temas, forzando a veces el sentido original. De otro lado,
Ex 15,2: "Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. El es
mi Dios: yo lo alabaré; el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré”, ha sido
iluminado por Sal 8,3: "De la boca de los niños de pecho has sacado una
alabanza contra tus enemigos”. De esta forma, los niños de pecho han
venido a cantar himnos al Señor. Los mudos de Sab 10,21 serían los niños
de pecho, si se aplica la ley del paralelismo. El estilo midrásico de
nuestro autor recomienda esta hipótesis. Los capítulos siguientes lo
confirmarán, pues se acentúa el carácter midrásico y comentario libre de
la Escritura, tal y como se hacía en la sinagoga.
11,1.
pertenece todavía al cap.10. La Sabiduría es aún sujeto gramatical por
última vez. Un santo profeta es Moisés (cf. 10,16). Moisés, enviado de
Dios, que hablaba en su nombre (cf. Ex 3,10-15), es llamado profeta en
Dt 18,15.18; Os 12,14, y gran profeta en Dt 34,10, porque Yahvé trataba
con él cara a cara, con confianza, como un amigo trata con su amigo (cf.
Núm 12,6-8). Santo, porque posee el espíritu de Dios, la Sabiduría (cf.
7,27; 10,16). Los profetas se llaman santos (cf. 2 Re 4,9; Lc 1,70; Ef
3,5; 2 Pe 3,2).
El verso es un resumen de lo que antecede y
prepara de un modo general el paso al desarrollo de la tercera parte. La
visión es optimista. El mensaje del autor, que se vale del pasado, es
un mensaje de esperanza. Así terminará también la tercera parte y con
ella el libro.
2. Juicio de Dios sobre la historia: 11,2-19,21
Sab
11-19, que "ofrece una unidad literaria dentro del libro de la
Sabiduría que hay que atribuir al autor de Sab”, es un auténtico midrás
haggádico. No es propiamente un midrás sobre las plagas de Egipto,
porque abarca también el período del desierto, sino un midrás en forma
homilética, cuyo tema central es el enfrentamiento de Israel con Egipto
en los sucesos del Exodo. Israel aparece idealizado como el pueblo de
Dios (cf. 12,10; 15,14; 16,2.20; 18,7,13; 19,5. 22), la nación santa
(cf. 17,2), los hijos de Dios (12, 19.21; 16,10.26; 18,4.13 sing.;
12,7.20; 18,9; 19,6; 16, 21; 18,5 sing.), los santos (cf. 18,1.5.9) y,
sobre todo, como los justos (11,14; 12,9.19; 16,17.23; 18,7.20). Por el
contrario Egipto está marcado pretendidamente con el signo de la maldad e
injusticia, por lo que aparece como el pueblo enemigo de Israel
(11,3.5; 12,20.22; 15,14; 16,4.8.22; 18,7.10; 11,3; 11,8; 18,8), pueblo
de los impíos: 11,9; 16,16.18; 19,1; 17,2), de los malvados (16, 24), de
los pecadores (19,13). Por esto, Dios que es justo (12,15) defiende y
protege al pueblo oprimido y persigue y castiga al opresor e injusto,
para restablecer la justicia en la historia, aplicando sin excesivo
rigor una especie de ley del talión: la misma cosa será para unos
castigo, para otros beneficio (cf.11,2.13; 16,2.24; 18,8).
H.Maneschg
resume así la tesis defendida por el autor en esta tercera parte: "La
historia del Exodo, tan fundamental para Israel, se ha convertido en
paradigma del destino temporal y escatológico de los justos e impíos.
Los egipcios y los israelitas del Exodo, opresores y oprimidos del
pasado, son los tipos del impío arrogante y del justo sufriente del
presente. Las obras poderosas que Dios ha realizado en el Exodo son la
garantía de que Dios, también en la actualidad, se cuidarárá del justo
sometido a prueba, es decir, que pondrá fin a la actuación de los
malvados. El relato histórico de Sab está marcado por el dualismo moral
de justicia e impiedad. Ambas son reacción a la acción de Dios en la
historia. Pues también los egipcios fueron testigos de los milagros
hechos por Dios en Israel. El contraste entre Israel y Egipto será
desarrollado en una serie de siete cuadros...”.
El autor utiliza
al mismo tiempo en Sab 11-19 el método rabínico del midrás y la técnica
helenística de la síncrisis o desarrollo por comparaciones o
confrontaciones.
L.Alonso Schökel interpreta Sab 11-19 en clave
de juicio y afirma: "Hay un principio unificador, que es el juicio: un
juez sentencia y ejecuta en una causa entre opresores y oprimidos,
culpables e inocentes, aplicando un castigo que responde a la culpa
(especie de talión). Es la historia vista en clave de juicio, según
vieja tradición hebrea, ya presente en el libro del Exodo. El juicio
convoca a las dos partes interesadas, para que conozcan las dos
vertientes de la sentencia. Tratándose de un juicio divino,
trascendente, una palabra profética lo proclama y explica. La justicia
de Dios se revela y se justifica en la historia, justicia que castiga al
opresor liberando al oprimido”.
No es fácil determinar la
estructura que vertebra estos capítulos finales del libro. Comienza con
una narración que resume muy brevemente la estancia del pueblo en el
desierto y la asistencia de Dios en la necesidad (11,2-4); propone a
continuación el tema de la homilía en forma de tesis (11,5) y prosigue
con la explanación e ilustración del tema en siete dípticos, según el
método recordado de la síncrisis (11,6-19,9); a esto siguen unas
reflexiones del autor (19,10-21) y la doxología final (19,22). El
desarrollo del tema se interrumpe con la intercalación de dos
digresiones, una sobre la omnipotencia y misericordia divinas
(11,15-12,27) y otra sobre la idolatría (cc.13-15).
2.1. Narración introductoria (11,2-4)
11,2 Atravesaron un desierto inhóspito,
acamparon en terrenos intransitados;
3 hicieron frente a ejércitos hostiles y
rechazaron a sus adversarios.
4 Tuvieron sed y te invocaron:
una roca áspera les dio agua
y les curó la sed una piedra dura.
11,2-4.
Los tres versos resumen sumariamente la historia narrada en Ex
12,37-17,7. Esta historia resumida son las obras de 11,1, cuyo
protagonista es Moisés el santo profeta. Se da, por tanto, una conexión
con el capítulo precedente, aunque sólo sea superficial. Los episodios a
través del desierto sirven de introducción histórica al tema doctrinal
de la tercera parte.El sujeto gramatical es siempre el mismo: el pueblo
de Israel; el uso del paralelismo de los miembros es impecable.
2.
"Erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad
habitada" (Sal 107,4). La mirada retrospectiva al tiempo ya lejano de la
estancia de los padres en el desierto, con su dureza proverbial, su
habitar en tiendas, les trae con nostalgia a la memoria de los
israelitas de todos los tiempos el recuerdo de una edad dorada en que
Dios, ahora lejano, protegía maravillosamente al pueblo (cf. Dt 8;
32,10-13). La fiesta de los Tabernáculos fue instituida para perpetuar
el recuerdo de la estancia de los hijos de Israel en el desierto durante
cuarenta años (cf. Lev 23,39-43) y para recordar que el Señor estará
siempre en medio de ellos, dondequiera que se encuentren.
3. A
través del desierto, hasta que llegaron a Palestina, los israelitas
tuvieron que luchar con muchos pueblos y reyes que se oponían a su paso:
con los amalecitas (cf. Ex 17,8ss); con el rey de Arad, cananeo (cf.
Núm 21,1-3); con Sijón, rey amorreo de Jesbón (cf. Núm 21,21ss; Dt
2,31-33); con Og, amorreo, rey de Basán (cf. Núm 21,33ss; Dt 3,1-7); con
los moabitas (cf. Núm 22,1-6); con los madianitas (cf. Num 25,16ss;
31,2ss). En los himnos de Israel se recordarán estas victorias como
victorias de Yahvé en favor de su pueblo (cf. Sal 135,10-12; 136,16-22).
4.
El episodio de la roca, a que alude el verso, se narra en Ex 17,1-7 y
en Núm 20,2-13. Te invocaron: es típico de esta tercera parte
interrumpir la narración para insertar, en estilo coloquial, un diálogo
con Dios (cf. v.17.20ss; 12,1ss; 14,3; 15,1-3, etc.).
El autor
pasa por alto las murmuraciones del pueblo y su falta de fe y de
confianza en Dios; se mueve en un plano ideal donde sólo se manifiesta
la acción maravillosa de Dios. Solamente Moisés y Aarón invocaron al
Señor (cf. Ex 17,4; Núm 20,6); el pueblo, la asamblea tentó al Señor
(cf. Ex 17,2.7) y por esta causa aquel lugar se llamó Masá
<tentación> y Meribá <querella> (cf. Ex 17,7; Núm 20,24;
27,14; Dt 6,16; 9,22; Sal 81,8; 95,8; 106,32; Ez 47,19; 48,28).
Una
roca áspera...: el verbo, en el original, está en voz pasiva (e~do/qh),
les fue dada agua..., alivio a la sed... La voz pasiva en la Escritura
sirve a veces para expresar la acción divina de una forma parafrástica
(pasivo divino). Se evita el nombre de Dios por respeto.
No se
borró de la memoria del israelita el gran beneficio de Dios en el
desierto, el agua. Ella es la mayor bendición que Dios puede dar a una
tierra abrasada por el sol. Por esto lo agradecen a Dios con palabras
inspiradas de sus poetas (cf. Sal 78,15.16.20; 104,41; 114,8). El agua
que mana abundante en el desierto será uno de los temas del segundo
Exodo, la vuelta de Babilonia (cf. Is 43,19s; 48,21) y el símbolo de los
bienes mesiánicos (cf. Is 35,6s; 41,17s). San Pablo ve simbolizado a
Cristo en la roca, convertida en manantial (cf. 1 Cor 10,4), y Jesús
mismo en Jn 7,37-39 se convierte en un manantial que apaga la sed de
los que creen en él, que vienen a ser a su vez manantiales de agua viva,
del espíritu de Dios.
2.2. Tema de la homilía (11,5)
11,5 Con lo que sus enemigos eran castigados,
ellos, en el apuro, eran favorecidos.
11,5.
El autor propone en forma apodíctica el tema de su homilía: la misma
cosa empleada por Dios servirá para castigar a unos o para beneficiar a
otros. El principio se repite a lo largo de la disertación de diversas
maneras (cf. 11,13; 16,2.24; 18,8). Es una síntesis de la visión
teológica que el autor tiene de este período determinante de la historia
de Israel.
El principio enuncia genéricamente el modo de
actuar de Dios con relación a los egipcios y a los israelitas. Dios está
presente, actúa en los sucesos y acontecimientos de la naturaleza y de
la historia; un mismo medio tiene diversa aplicación, significación y
resultado, según sea la relación existente entre los hombres y Dios,
Señor de la naturaleza y de la historia. L.Alonso comenta: "El verso
formula la clave de toda esta tercera parte. Hay una bivalencia en los
elementos de la naturaleza que permite a Dios usarlos para favorecer o
castigar; véase Sir 39,27”.
2.3. Ilustración del tema en siete dípticos (11,6-19,9)
A continuación el tema de la homilía (11,5) será ilustrado
con siete dípticos antitéticos, tomados fundamentalmente de la historia canónica del Exodo.
a. Agua de la roca - aguas ensangrentadas del Nilo
(11,6-14)
11,6 A cambio de la corriente perenne
de un río turbio y sanguinolento
7 -castigo del decreto infanticida-
les diste sin esperarlo agua abundante,
8 haciéndoles ver, por la sed pasada,
cómo habías castigado a sus adversarios.
En efecto, cuando sufrían una prueba,
aunque fuera una corrección piadosa,
comprendían los tormentos de los impíos, sentenciados con cólera;
10 porque a los tuyos los probaste como padre que reprende,
pero a aquéllos, como rey inexorable, los examinaste y condenaste.
11 Ausentes y presentes se consumían por igual;
12 pues un doble pesar se apoderó de ellos
y gemían, recordando el pasado;
13 en efecto, al oír que sus propios castigos
redundaban en beneficio de los otros, veían allí la mano del Señor.
14 Al que antaño habían abandonado expósito y luego rechazado con burla,
al final de los sucesos lo admiraron,
al sufrir una sed distinta de la de los justos.
11,6-14.
La primera ilustración del tema general (v.5) está inspirada en Ex
7,17-25: plaga de la sangre en el Nilo. El tema de esta sección es el
agua (v.6-7), instrumento de castigo y de bendición. La proximidad con
la introducción histórica (v.2-4) ha determinado, al parecer, la
elección del primer ejemplo. La sed (v.8.14) no es tema principal, sino
que ilustra, a su vez, la diversidad del castigo en unos y en otros.
6-7.
Estilísticamente la redacción de estos versos es bastante defectuosa,
con expresiones recargadas y con un vocabulario raro. Sin embargo, la
idea emerge clara de esta fronda exuberante: al agua túrbida del río
Nilo en Egipto, mezclada con sangre, se opone el agua límpida, abundante
que brota de la roca en el desierto; los egipcios, en castigo de su
crimen -el decreto infanticida- , ven convertido el Nilo en un
repugnante amasijo de agua, de sangre y de polvo; a los israelitas,
contra toda esperanza, les da Dios en el desierto agua en abundancia. El
agua es, por tanto, el elemento de castigo para unos y de bendición
para otros.
Río turbio...: Ex 7,17-25 nos cuenta cómo las
aguas del Nilo se convirtieron en sangre por obra de Moisés y Aarón,
para convencer a Faraón de la misión auténtica de parte de Yahvé. El
autor de Sab relaciona literalmente este hecho con el mandato del rey de
matar a todos los recién nacidos varones (cf. Ex 1,15-22),
arrojándolos al río. Así se cumple también el principio que enunciará en
11,16: por lo que uno peca, con ello es castigado.
8. A partir
del v.8 y hasta el 14 intenta explicar el autor cómo Dios ha castigado a
los enemigos con la falta de agua potable (v.6), es decir, con la sed
(cf. Ex 7,18-24). Resuelve al mismo tiempo una difícultad: los
israelitas sufrieron también el tormento de la sed en el desierto (cf.
Ex 17,1-3; Núm 20,2-5). Responde: sí, pero esto no fue un verdadero
castigo, sino una amonestación paternal, para que conocieran la dureza
del castigo infligido a los enemigos (cf. 16,4).
La sed pasada,
la que los israelitas sufrieron en el desierto. Ya el v.7 aludía
veladamente a la sed de los israelitas con el adverbio inesperadamente,
sin esperarlo.
Los v.9-10 desarrollarán la afirmación de v.8.
9.
Cuando sufrían una prueba: Dios pone a prueba, tienta a los israelitas
en el desierto. Según Ex 17,2.7, que subraya lo negativo del pueblo, son
los israelitas los que tientan a Dios: "El pueblo se encaró con Moisés,
diciendo: Danos agua de beber. El les respondió: ¿Por qué os encaráis
conmigo y tentáis al Señor?" (Ex 17,2); pero Dt 8,2-5, en una visión
panorámica, afirma que los cuarenta años del desierto fueron una prueba
de Dios al pueblo para ver lo que había en su corazón. Muy probablemente
el texto del Deuteronomio ha influido en la formulación de Sab 11,9s.
Así, la prueba de que habla el v.9 se extenderá no sólo a la sed, sino a
todas las penalidades sufridas en el desierto.
Una
corrección piadosa: la finalidad de las pruebas es siempre la corrección
o la conversión a Dios (cf. v.23-26; 12,10.19s). A la misericordia de
Dios con los israelitas se opone la cólera o ira con que son juzgados
los impíos. Pero la cólera de Dios no se opone a la justicia, ni
siquiera a la clemencia (cf. 12,15-16).
10. Este verso
repite la misma enseñanza de v.9, y los dos hemistiquios de uno
corresponden a los del otro. Los probaste como padre, inspirado en Dt
8,5: "Para que reconozcas que el Señor, tu Dios, te ha educado como un
padre educa a su hijo”. En la corrección de los hijos se revela la
bondad y misericordia del padre, y en el castigo de los malvados se
manifiesta la justicia exacta de Dios. Esta doctrina es permanente en
Sab (cf. cap.12.16.18).
11. La interpretación exacta del verso
es difícil. Los autores no están de acuerdo. La razón es la
indeterminación del texto. "Naturalmente se refiere a los egipcios,
todos culpables y condenados. Lo que no es claro es el punto de vista de
la presencia: ¿a las aguas del Nilo, a la corte, a los israelitas? La
cuestión se complica con la determinación del momento: ¿durante la plaga
del agua, cuando los israelitas reciben agua de la roca?”.
Gramaticalmente, los ausentes y presentes son los mismos atribulados,
los egipcios; pero ¿con relación a qué o quiénes están ausentes? Unos
opinan que se dice con relación al país, es decir: fuera o lejos de sus
casas, en el mar Rojo (cf. Ex 14,24ss), o en casa. Otros con relación a
los israelitas, a saber: estando los israelitas en el desierto, o,
cuando estaban entre ellos en Egipto. Esta parece ser la interpretación
más probable.
Por igual no quiere decir que aún continuaban
igualmente las plagas anteriores, sino que todavía eran castigados, como
explicará a continuación.
12-13. El sufrimiento es de orden
sicológico. La construcción estilística de v.12-14, como decíamos de
v.6-7, es bastante complicada, y su desarrollo no es rectilíneo; por
esto no se puede saber con certeza cuál es el doble pesar que se abate
sobre los egipcios. Parece ser que dice relación a la ausencia y
presencia de v.11. El recuerdo de lo pasado sería la causa del primer
pesar: el recuerdo de las plagas, cuando los israelitas estaban aún
entre ellos; el segundo pesar el causado por la noticia de los felices
acontecimientos del desierto, en especial por la abundancia del agua,
que corresponde a los propios castigos. El autor sintetiza la historia y
supone ya informados a los egipcios de lo sucedido en el desierto.
En este v.13 aflora el tema principal de la homilía (cf. v.5).
Veían la mano del Señor, es decir, reconocieron el poder del Señor que había obrado estas maravillas (cf. Ex 14,18).
14. El final del v.13 trae a la memoria del autor la persona de Moisés, instrumento del Señor en todos estos acontecimientos.
Abandonado expósito: (Moisés (cf. Ex 2,3; Hech 7,21). Rechazado con
burla: el faraón rechazó los mandatos del Señor, transmitidos por su
mediador Moisés (cf. Ex 5,2; 7,13.22, etc.). Moisés participa del
desprecio y del ultraje hechos a Yahvé, como mensajero suyo que es.
Los
sucesos acontecidos en favor de los hebreos y narrados especialmente en
Ex 5,1-17,7. Al sufrir una sed: por la sed han conocido los israelitas
cómo Dios castiga a los malvados (v.8); por esta misma sed han tenido
que reconocer también los egipcios la mano del Señor (cf. v.13) y la
gloria de su enviado. Sed distinta: este aspecto lo ha acentuado el
autor desde v.8; una misma prueba para unos es castigo, para otros
solamente corrección, confirmando la tesis expuesta en v.5. Los justos:
cf.10,15.
2) Culto a los ídolos, su origen y consecuencias
(13,10-15,13)
En
13,10 comienza la segunda parte de la crítica a la religión de los
paganos y se extiende hasta 15,13. En 13,1-9 ha tenido presente el
autor, principalmente, el mundo de los filósofos y sabios; el tono de su
discurso era elevado; en 13,10-15,13 se dirige más bien a la masa
popular, al vulgo. El tono en esta parte es, consiguientemente, popular,
sencillo, menos pulido. En 13,1-9 el hombre ha divinizado la obra de
Dios, la naturaleza; en 13,10ss el hombre diviniza las obras de sus
manos, la degradación es mayor y sus consecuencias más funestas.
13,10-15,13 ocupa la zona intermedia entre 13,1-9 y 15,14-19, aun en el juicio negativo del autor sobre los idólatras.
Podemos
descubrir en 13,10-15,13 una estructura concéntrica: a) El carpintero y
los ídolos de madera (13,10-19); b) Invocación al ídolo y transición
(14,1-10); c) Castigo de los ídolos, origen y consecuencias de la
idolatría (14,11-31); b') Invocación a Dios y transición (15,1-6); a')
El alfarero y los ídolos de arcilla (15,7-13).
El carpintero y los ídolos de madera (13,10-19)
13,10 Con todo, son unos desgraciados, ponen su esperanza en seres inertes,
los que llamaron dioses a las obras de manos humanas,
al oro y la plata labrados con arte
y a figuras de animales,
o a una piedra inservible, obra de mano antigua.
11 Pongamos un ebanista: tala un árbol terciado,
lo descorteza con maña
y, aplicándose a su oficio con destreza,
hace un objeto útil para los menesteres de la vida;
12 el desecho del trabajo
lo gasta preparando la comida, y se sacia;
13 el desecho de todo, que para nada sirve,
un palo retorcido y nudoso,
lo coge y lo talla en sus ratos de ocio
y se entretiene dándole forma hábilmente,
hasta sacar la imagen de un hombre
14 o lograr el parecido de un vil animal;
le da una mano de minio, le pinta de rojo todo el cuerpo
y repasa todas sus faltas;
15 le prepara un nicho digno
y lo coloca en la pared, sujetándolo con una abrazadera.
16 Así, pues, sabiendo que no puede valerse por sí mismo,
toma sus precauciones para que no se caiga:
es una imagen y necesita ayuda.
17 Sin embargo, le reza por la hacienda, la boda y los hijos,
sin sonrojarse de acudir a un ser sin vida;
implora la salud a un ser débil,
18 ruega por la vida a un muerto,
solicita ayuda al más torpe,
y un buen viaje a quien ni de sus pies puede servirse;
19 para sus negocios y trabajos y el éxito feliz de sus tareas
pide vigor al que menos vigor tiene en las manos.
13,10-19.
Después de una introducción (v.10), el autor afronta el tema de la
fabricación de los ídolos. Lo desarrolla irónicamente, no porque no le
dé importancia, sino porque se adapta al género literario tapei/nwsi$,
humillación. Trata de poner en ridículo a los ídolos (13,11-15) y al que
los adora (13,16-19). Las inclusiones señalan ostensiblemente los
límites de la perícopa general.
Las fuentes de inspiración del
autor son bíblicas ciertamente, pero no con exclusividad. Creemos que
son los motivos estructurales los que han motivado al autor a
desarrollar en dos secciones el tema de la fabricación de los ídolos:
13,11-19 (el carpintero) y 15,7-13 (el alfarero).
10.
Introducción al discurso sobre los ídolos que va a seguir; pero también
conecta la perícopa con la precedente: la partícula de/ corresponde al
me/n de 13,1a. Los temas que apunta el v.10 están plenamente dentro del
ámbito del Antiguo Testamento. Estos temas son comunes al judaísmo
primitivo y a corrientes puramente helenistas.
Desgraciados: la
primera palabra es de repulsa y condenación, pero también es de
conmiseración por los que ponen falsamente su esperanza en los ídolos.
Más fuerte será todavía el juicio de 15,14a y la palabra de maldición en
14,8 (cf. 13,1). Recogen el sentir de la tradición. Su esperanza:
vanas esperanzas (cf. Hab 2,18; Sal 115,8; Is 42,17), porque confían en
los ídolos, seres inertes o muertos (cf. v.18a; 15,17a) y de ellos
esperan ser ayudados y salvados (cf. v.17-19). Dios es Dios vivo y el
que pone en él su esperanza no quedará defraudado (cf. Sal 33,18; 40,4s;
Is 12,2, etc.). Obras de manos humanas: expresión estereotipada en la
versión griega de la Biblia para hablar de los ídolos (cf. Dt 4,24; 2 Re
19,18 = Is 37, 19; 2 Crón 32,19; Sal 115,4; Bar 6,50). Al oro y la
plata: materias de que están hechas o recubiertas las estatuas (cf. Is
40,18-20). A estos materiales nobles se añade una piedra inservible,
estelas o estatuas toscas de piedra, veneradas por su antigüedad, y a
partir de v.11 la madera; el orden es, pues, descendente en cuanto al
aprecio: oro, plata, piedra, madera. Estos cuatro materiales son
nombrados también en Hab 2,19: "¡Ay del que dice a un leño: Despierta, y
a una piedra: Desperézate! ¿Te vas a instruir? Míralo forrado de oro y
plata, y no tiene alma”, y, en orden inverso, en Dt 29,16. Las
estatuas-ídolos eran representaciones de las divinidades en formas muy
diversas: humana, animal, meramente simbólica. Las concepciones de las
relaciones de las imágenes con la divinidad variaban según las regiones o
culturas. Había quienes creían que eran dioses (cf. Hech 17,29),
especialmente en los lugares de culto, y quienes veían en ellas meras
representaciones o moradas de la divinidad.
11-15. Estos cinco
versículos forman una pequeña estrofa con una unidad interna y
consistente; ellos tratan de describir el trabajo de un simple
carpintero, que fabrica para sí un ídolo de madera. Si lo reprende
irónicamente no es porque tenga algo en contra de la actividad artesanal
o artística, sino por la finalidad innoble de tal actividad. El orden
decreciente en el valor de la madera y de sus usos es pretendido:
utensilios domésticos, para el fuego, para el ídolo. Is 44,13-19 es la
fuente literaria principal:
13 "El que talla en madera
aplica la regla, lo diseña con un lápiz, lo trabaja con la gubia y lo
delinea con el compás: le da figura de hombre y belleza humana, para que
habite en una casa.
14 Se corta cedros, se escoge una encina o
un roble, dejándolos crecer entre los árboles del bosque, o planta un
fresno que crece con la lluvia.
15 A la gente le sirve de
leña, cogen para calentarse o también para cocer pan; pero él hace un
dios y lo adora, fabrica una imagen y se postra ante ella.
16
Con una mitad hace lumbre: asa carne sobre las brasas, se la come, queda
satisfecho, se calienta y dice: 'Bueno, estoy caliente y tengo luz'.
17 Con el resto se hace la imagen de un dios, lo adora y le reza: 'Sálvame, que tú eres mi dios'.
18 No comprenden ni distinguen, tienen los ojos cerrados y no ven; las mentes, y no entienden.
19
No reflexionan, no tienen inteligencia ni criterio para decir: La mitad
la he quemado en la lumbre; he cocido pan sobre las brasas, he asado
carne para comer. ¿Y voy a hacer del resto una abominación? ¿Y a
postrarme ante un tronco?”.
En Isaías el carpintero divide el tronco en dos partes: de una se sirve para el fuego; de la otra fabrica el ídolo y lo adora.
11.
El autor se complace en describir la acción del artesano. La parte más
selecta de la madera la destina a la fabricación de objetos de uso
doméstico.
Arbol terciado: se trata más bien de un árbol
pequeño, ¿arbusto?; de fácil manejo. Contraste con Isaías 44,14:
cedros, encina, roble, fresno; árboles todos de maderas duras y, por lo
tanto, de no fácil manejo.
12. El desecho o los residuos de su
trabajo primero y principal, el empleado en fabricar utensilios útiles,
tienen un destino también útil pero prosaico: la cocina. Es el primer
escalón decreciente. Se sacia: igualmente en Is 44,16. Subrayar en este
momento: la saciedad y hartura eleva la ironía a desprecio.
13-14a.
El desecho de todo: el autor manifiesta su desprecio por los ídolos,
exagerando la mala calidad de la madera utilizada, que no sirve para
nada, ni siquiera para el fuego de la cocina, por ser un palo retorcido y
nudoso. Lo coge y lo talla: cf. Is 44,17. El trabajo que aquí se
describe no es el de un profesional, no es "arte" lo que ejercita (cf.
v.11c), sino pericia. Es, por lo tanto, el trabajo de un aficionado que,
además, lo hace con facilidad. Artísticamente la obra es de muy escaso
valor y con imperfecciones que el artista procurará disimular (cf.
v.14).
El ídolo adquiere una imagen humana o una semejanza
animal. Se propone el problema de si el autor en este contexto
antiidolátrico se está refiriendo sólo al segundo precepto del decálogo
que prohíbe la fabricación de ídolos e imágenes de cualquier género: "No
te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo
en la tierra o en el agua bajo tierra" (Ex 20,4; cf. Dt 5,8); o también
hace referencia a Gén 1,26s: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y
semejanza... Y creó Dios al hombre a su imagen a imagen de Dios lo
creó”. En Sab 2,23 el autor ya se ha inspirado ciertamente en Gén 1,26s.
No se podría, pues, excluir la posibilidad de que también ahora
estuviera pensando en Gén 1,26s, aunque indirectamente, ya que en este
momento no se trata del hombre, imagen de Dios, sino de la fabricación
de un ídolo en forma de hombre o de animal. La representación de las
divinidades paganas en forma animal era muy corriente, sobre todo en
Egipto.
14b-15. El uso de la pintura y, en concreto, del minio,
como adorno de las imágenes, está bien atestiguado en documentos
profanos. Se preocupa el autor por hacer notar que repasa todas sus
faltas, para que no aparezca la mala calidad del material y manifieste
la falsedad del ídolo que ni siquiera es lo que aparenta.
Irónicamente subraya el autor la pasividad e impotancia del ídolo, al
que le da una morada digna, un nicho en la pared (cf. Is 44,13), donde
lo tiene que sujetar fuertemente con un hierro para que no se caiga (cf.
v.16; Is 41,7).
16-19. Terminado el trabajo del artesano
carpintero, una vez que ha colocado en su nicho al ídolo que él mismo ha
fabricado, el autor describe en tono de burla la actitud contradictoria
del idólatra.
16. Este verso sirve de puente entre v.13-15 y
v.17-19: las partículas me/n y ou}n manifiestan esta función de enlace.
Es una especie de reflexión del autor mismo que interpreta los
pensamientos del fabricante del ídolo; se preocupa de la obra inerte de
sus manos para que no se caiga, sujetándola fuertemente a la pared
(v.15). Paradójicamente el artesano hace de providencia de su propia
obra (proeno/hsen au~tou=: v.16a), a la que inmediatamente se va a
dirigir, como si fuera la divina providencia (cf. v.17ss). El sabe muy
bien que el ídolo es un ser inválido, por eso se preocupa de él; sin
embargo, y en flagrante contradicción le va a pedir lo que él no se
puede dar a sí mismo.
La Escritura trata con frecuencia el tema
de la impotencia de los ídolos y dioses falsos (cf. Is 40,20; 41,7; Jer
10,4; Bar 6,10. 25-26.38.57, etc.).
17-19. La construcción de
estos versos revela una estructura bien elaborada y corresponde
adversativamente a lo afirmado en v.16. Seis peticiones, seis
proposiciones precedidas por la preposición peri/, menos la segunda en
v.17c, que lo hace con kai% peri/. "La primera y la última de las
proposiciones <v.17ab y v.19> constan de dos esticos, de los que
el primero de cada una contiene tres objetos de la oración (la hacienda,
la boda, los hijos / negocios, trabajos, éxito en las tareas); las
cuatro interiores: 13,17c-18c, constan de un solo estico”.
La
necedad del idólatra no advierte el sinsentido de lo que hace y por esto
no se avergüenza de ello (cf. v.17b). La serie de antítesis hace
resaltar la inutilidad y necedad del culto idolátrico, pues se pide
salud al que no la tiene, vida a los que está muerto, ayuda al ser más
inexperto (v.18b en superlativo, como en v.19b), un buen viaje a lo que
no tiene pies y éxito en los trabajos que requieren habilidad y fuerza
en las manos a lo que carece en absoluto de ellas.
Parece que el
autor está pensando en aquellos que identifican la divinidad con el
mismo ídolo o imagen representativa. El celo del autor ciertamente está
alimentado y sostenido por la tradición de Israel. En ella se inspira al
alinear todos estos temas en este pasaje, aunque ningún autor sagrado
los trata detalladamente (cf. Is 44,17-19; Jer 2,27-28; 10,14-15; Bar
6,7.11ss; Sal 115,4-7 = 135,15-18, etc.). En cuanto al influjo griego
parece cierto al llamar al ídolo a{yuxo$: ser sin vida (v.17b).
Invocación y transición (14,1-10)
14,1 Otros, al hacerse a la mar, dispuestos a atravesar las encrespadas olas,
invocan a un leño más frágil que la embarcación que los transporta.
2 pues ésta la proyectó el afán de lucro
y la armó la pericia técnica;
3 pero es tu providencia quien la pilota, Padre,
que trazaste un camino en el mismo mar
y una senda segura entre las olas,
4 demostrando que puedes salvar de todo riesgo,
para que se embarquen aun los inexpertos.
5 No quieres que se frustren las obras de tu sabiduría;
por eso los hombres confían sus vidas a un madero insignificante,
y, cruzando el oleaje en una balsa, llegan sanos y salvos.
6 En efecto, cuando perecieron los soberbios gigantes de antaño,
la esperanza del mundo, refugiada en una balsa,
transmitió a los siglos la semilla de la vida, pilotada por tu mano.
7 Bendito el leño que se emplea para la justicia,
8 pero el ídolo hecho a mano, maldito él y quien lo hizo;
éste por haberlo fabricado,
aquél porque, siendo corruptible, fue tenido por dios.
9 Porque Dios aborrece igualmente al impío y su impiedad;
l0 también la obra será castigada con su autor.
14,1-10.
La perícopa en sí no es fácil de justificar, pues, al parecer, no es
homogénea ni en la forma ni en cuanto a los temas que trata. Por esto se
discute entre los autores cuál es su comienzo y su final, es decir, su
extensión.
Por razones estructurales globales indicamos
anteriormente que hay que considerar a 14,1-10 como un bloque unitario,
que consta de varios elementos. El comienzo está marcado
estilísticamente por medio del nuevo tema: el de la navegación y la
nave. A este tema se une el de la maldición al ídolo y a su autor (v.8)
por la bendición que precede en v.7. Se cierra, pues, la perícopa con
los v.8-10, pequeña unidad, que sirve de puente y transición entre lo
que precede y lo que sigue.
1-7. Hemos adelantado que estos
versos forman una unidad, a la que da consistencia verbal y estilística
el término cu/lon, a pesar de sus significados diferentes: ídolo en
v.1b, balsa en v.5b y madera en v.7. Se puede además observar la
inclusión de v.7 con v.1b. En cuanto al contenido, "tomando como punto
de partida los marinos idólatras, los versos 1-7 basan su argumentación
sobre hechos de la historia de la salvación: el paso del mar Rojo a pie
enjuto y el arca de Noé".
1. La perícopa anterior terminaba con
la plegaria múltiple del idólatra a su ídolo de madera (cf. 13,17-19).
Entre otras cosas le pedía "un buen viaje”. La nueva estrofa comienza
también con una invocación "a un leño" en circunstancias semejantes: la
del navegante que va a emprender un viaje a través del mar.
El
autor propone expresamente un nuevo ejemplo: Otros. La navegación en la
antigüedad fue siempre una gran aventura; por eso los navegantes
invocaban a los dioses protectores de la navegación antes de partir. Las
naves llevaban siempre alguna imagen, generalmente en la proa. El autor
ridiculiza la acción del que invoca a un ídolo de madera, un leño, como
si de él dependiera el éxito de la travesía. No critica el espíritu
religioso del que se siente impotente ante la majestad del mar, sino la
aberración de identificar la divinidad con un ídolo más frágil que la
embarcación. El autor continúa la crítica satírica en la misma línea de
13,18c.
2. En este verso reflexiona el autor y da la razón
(ga/r) por qué la nave supera al leño o ídolo de madera; implícitamente
continúa la oposición nave-ídolo; explícitamente sólo hablará de la nave
y de la navegación en v.2-7.
La idea motivadora de la invención
de las naves y del desarrollo de la navegación ha sido, en expresión del
autor, el afán de lucro, motivación estereotipada entre los
moralizantes y poetas: "Mercader diligente corres hasta la India,
huyendo de la pobreza a través de mares, escollos y llamas: ¿no quieres
aprender y escuchar y confiar en uno mejor que tú para no inquietarte
por aquello que neciamente admiras y deseas?”, y que el autor concede
sin reflexionar sobre ello especialmente. Pero añade enseguida el autor,
y es una aportación muy valiosa, que ha sido la sabiduría artífice o
pericia técnica (texni=ti$ sofi/a) la que la ha realizado. Esta sofi/a
no es la Sabiduría divina (cf. Ex 31,3; 35,31-33; Sab 7,22; 8,6).
14,2
remite a 13,1 y vuelve a poner de manifiesto el aprecio que el autor
tiene de las actividades creadoras y emprendedoras del hombre (cf.
también v.5).
3. El cambio repentino a la forma dialogante,
además de su valor intrínseco como expresión religiosa profunda, tiene
una finalidad estilística. Dos veces en toda la sección dirige el autor a
Dios su palabra: en 14,3-6 y en 15 1-6. Se puede decir que los dos
apóstrofes encuadran la parte central y, en cierto sentido, la más
importante de toda la digresión: 14,11-31, origen y consecuencias de la
idolatría. La bendición al madero y su epígono, la maldición a los
ídolos y a su fabricante (14,7-10) fluyen del tema mismo y sirven de
transición a la perícopa central.
Tu providencia: atributo divino
por el que se manifiesta la sabiduría y bondad de Dios en el orden de
la naturaleza y en el desarrollo de los acontecimientos históricos, a
fin de que se cumplan sus designios salvadores de bondad en favor del
hombre. Los ídolos, trozos de materia inerte, inútiles e impotentes, no
pueden ayudar al hombre, ni guiarlo o protegerlo en los momentos
críticos de la vida. Dios, sin embargo, es providente y su proteccción
se manifiesta gloriosa en la asistencia dada al hombre al emprender
empresas arriesgadas. Pues la naturaleza -el mar- es criatura de Dios,
que sirve fielmente a sus designios salvadores.
El término
pro/noia, con el sentido teológico reseñado, tan frecuente en la
literatura apócrifa y rabínica, en los libros sapienciales aparece
solamente en nuestro libro (cf. también 17,2c y Dan (LXX) 6,19). Son
frecuentes, sin embargo, las ideas y conceptos afines (cf. Sal
107,23-30; 145,15-16; 146,6-9; Is 49,15s).
pro/noia era
uno de los conceptos más familiares e importantes de la filosofía
estoica. El autor lo purifica del sentido panteísta y lo enriquece con
la tradición bíblica sobre diversos atributos de Dios.
Quien lo
pilota: la providencia divina se muestra en acción como el piloto de un
navío. El autor trata el tema tan clásico de los viajes marinos, pero a
la luz de la fe en la providencia divina. Padre: vocativo con el que el
autor invoca a Dios, sin nombrarlo. Expresa el amor, la ternura, la
seguridad plena del hijo en su padre, del autor en Dios providente. Este
sentido de intimidad entre el fiel y Dios no es muy frecuente en el
Antiguo Testamento. 14,3a está muy acorde con los sentimientos del justo
de la primera parte (cf. 2,16.18).
Is 43,16: "Así dice el Señor,
que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas”, y Sal
77,20: "Tú te abriste camino por las aguas, un vado por las aguas
caudalosas”, han inspirado la redacción de v.3bc. Hay una alusión muy
velada al paso de los israelitas por el mar Rojo, pero es suficiente
para un lector judío. Este hecho tan fundamental de historia del pueblo
de Israel es una prueba, para un israelita la prueba de la providencia
bienhechora de Dios sobre los hombres.
Los hemistiquios 3bc con
camino y entre las olas nos remiten a 14,1a: atravesar las olas, con lo
cual el autor nos enseña que es Dios, el Dios personal, padre y
providente, el que tiene poder benéfico para ayudarnos en los mayores
peligros, aquí representados por los de la mar embravecida, y no el
ídolo o leño frágil a quien invocan los idólatras (cf. 14,1).
4.
El hecho trascendental de la liberación y salvación del núcleo inicial
de Israel se realizó a través de las aguas: el paso del mar Rojo, según
el testimonio unánime de la fe de los historiadores, poetas y profetas
inspirados. El autor de Sab, que es judío y conoce muy bien la
experiencia que sus antepasados tuvieron en Egipto, aprovecha la ocasión
para exponer su tesis sobre la providencia universal y benéfica de
Dios, fundada en la supremacía y en el dominio absolutos que Dios tiene
sobre la naturaleza (cf. v.3bc), manifestados en el hecho, veladamente
recordado, del paso del mar Rojo, demostrando así que puedes salvar de
todo riesgo.
El lanzarse a la travesía del mar era para los
antiguos provocar un desafío. La fe en Dios, protector del hombre y su
salvador, da confianza al creyente pera desafiar los mayores peligros de
la mar. Para él no existe región dominada por fuerzas incontrolables.
Todo cae bajo la mirada de Dios providente y amigo del hombre.
Los
inexpertos, se entiende, en el arte de navegar. A primera vista parece
que el autor invita a cometer una imprudencia temeraria; pero no es así,
pues a quien tiene presente en v.4 es a Noé, del que hablará en v.6.
5.
El autor interpreta la voluntad del Señor, creador de todas las cosas:
la formula en un principio universal (v.5a), que va a aplicar al caso
particular de la navegación (v.5bc).
La Sabiduría divin se manifiesta
activa en todo el libro (cf. 7,22; 8,6); sus obras son todo el mundo y
cuanto contiene, y también los mares, donde Dios ha dispuesto caminos y
senderos (cf. v.3). El hombre es también obra de la Sabiduría (cf. 10,1;
9,2), lo ha dotado de un poder dominador universal (cf. 9,2-3; 10,2).
Por esto, sin necesidad de que el hombre tenga conciencia de ello, la
actividad del hombre y su afán por conocer lo desconocido, por dominar y
poseer todos los tesoros (cf. v.2), es también manifestación de la
voluntad de Dios que no quiere que queden inactivas las obras de su
Sabiduría. Dios mismo sale garante de las obras del hombre, porque es su
fundamento y su razón de ser; él es la fuente oculta de la confianza
que el hombre pone en la obra de sus manos, en la balsa o frágil navío,
madero insignificante en comparación de la imponente soberbia del mar.
"Una tal justificación del arte naútico emanan de la fe en un Dios
personal que ha creado todo con bondad y sabiduría, y que ejerce una
providencia universal”.
El verso termina con el verbo
diesw/qhsan: llegan sanos y salvos, aoristo gnómico, que, de alguna
manera, nos adelanta la epopeya de Noé (cf. v.6) y nos remite al v.4a,
repleto de sentido teológico, subrayando así, con un pasivo telógico, el
poder salvador de Dios.
6. Noé, héroe primitivo del relato del
diluvio, es el tipo del navegante que se salva en una frágil
embarcación, protegido por la providencia de Dios. El verso nos traslada
a los tiempos remotos de antaño (cf. Gén 6,1ss). Los soberbios
gigantes: Gén 6,4 habla ciertamente de gigantes (cf. versión griega),
pero nada dice de la soberbia. El autor sigue en esto las tradiciones
extrabíblicas, como se confirma por 3 Mac 2,4; Flavio Josef y, en parte,
con Jub 7, 22s; Bar 3,26-28 y Eclo 16,7-8.
La esperanza del mundo:
en Noé y su familia, y en los animales que los acompañaban, según el
relato del Génesis, quedaba la única esperanza de supervivencia del
género humano y de las especies de animales, y únicamente en estas
personas Dios se agradó (cf. Gén 6,8.18; 7,1; Sab 10,4). ko/smo$ tiene,
pues, aquí el sentido más amplio posible; se refiere "no sólo al mundo
de los hombres (cf. 6,24), sino al mundo habitado por el hombre y regido
por él, porque el autor considera el mundo visible y material como un
todo unificado y armonioso que el hombre está encargado de administrar y
de explotar (cf, 9,2b-3a; 14,5ª)”
Balsa o almadía llama el autor
al "arca" de Gén 6,14ss, para hacer resaltar la desproporción entre el
peligro que amenazaba al hombre y el medio de salvación escogido por
Dios (cf. 10,4b y el empalme con 14,5c). La mano de Dios, su
omnipotencia, dirigía como experto timonel la frágil embarcación en
medio del cataclismo de las aguas. En 10,4b es la Sabiduría la que guía
al justo Noé.
A los siglos: al mundo futuro, mundo de los
hombres principalmente (cf. 18,4; y a pesar de 13,9b). La semilla de la
vida: la Escritura considera a Noé y a su familia como el segundo
origen de la humanidad (cf. Gén 7,23; 9,19; 10,32; Eclo 44,17; pero es
el único pasaje en que a Noé se le da el título de semilla.
7.
En el verso se expresa la motivación de v.6. Bendito: perfecto pasivo
que declara la bendición permanente de Dios. El leño: no puede tener un
significado genérico de leño o madero sin más connotaciones, pues juega
un papel muy importante en toda la estrofa 14,1-7. El autor establece
una relación antitética entre el cu/lon del v.7 (bendito) y el del v.1b
(ídolo), y otra de afinidad con el cu/lon del v.5b (frágil navío). Por
medio de éste relaciona el leño del v.7 con la balsa de v.5c y 6b.
Expresamente se bendice el leño o madero "por medio del cual" se
establece y cumple la justicia. El verbo que traducimos por se emplea
para: gi/netai, recuerda a gene/sew$ del v.6c (cf. Vg). En un contexto
en que se ensalza la acción salvadora de Dios providente (cf. v.4a, 5c y
equivalentemente v.6), la más adecuada significación que podemos
atribuir a justicia es la de acción salvadora por la que Dios realiza su
designio de salvación. Los planes de Dios sobre la humanidad, su
voluntad salvadora, que es justicia, se realizan por medio de un frágil
madero. Sobre él recae primeramente la bendición. Pero el contexto
inmediato siguiente (v.8s) y la sección en que está enclavada esta
perícopa, dedicada a los ídolos de madera (13,11ss), descubre en el leño
un significado más amplio. Ya no es sólo el "arca de Noé" madero de
bendición, sino todo madero por medio del cual el hombre realiza
cualquier actividad honesta, conforme a la voluntad de Dios. Cf. 13,11ss
sobre los usos diversos de un mismo tronco de madera.
Algunos
Padres y doctores de la Iglesia han aplicado el v.7 a la cruz de nuestro
Señor. A nuestro parecer esto no es más que la "aplicación" de un
texto, cuyo sentido original es diverso del nuevo contexto. San Ambrosio
dice, por ejemplo: "Es propio de la misericordia perdonar el pecado, es
misericordia y es justicia. A la justicia atribuye la Escritura divina
el perdón de los pecados, según lo que hoy se ha leído: 'Bendito el
madero que se hace (fit) por la justicia, pero maldito el madero que se
hace por la mano del hombre' <Sab 14,7-8a>. El primero se refiere a
la cruz del Señor, el último al error de los gentiles, que veneran los
ídolos de madera. ¿Y en qué consiste la justicia de la cruz, sino en
que, subiendo el Señor Jesucristo a aquel patíbulo, crucificó el decreto
de nuestros pecados y limpió con su sangre el pecado de todo el mundo”.
8-10. Estos versos forman una pequeña unidad y cierran la perícopa que se abría en 14,1.
El tema de la maldición al ídolo y a su autor en v.8 es un eco de la
bendición que ha precedido en v.7. Todas las criaturas son buenas (cf.
1,14; Gén 1,31); el hombre, sin embargo, las convierte en objeto de
bendición o de maldición, según sea el uso que de ellas haga o la
finalidad que les dé. Por ello, en última instancia, solamente sobre el
hombre puede recaer la bendición o la maldición. La aversión de Dios
hacia los impíos y su impiedad (v.9), y el anuncio del castigo a los
ídolos y a los idólatras (v.10) adelantan los temas de la perícopa
central 14,11-31.
8. El autor vuelve a tratar el tema de la
idolatría, abandonado en v.2; pero no como en v.1, sino generalizando y
de forma sentenciosa. El verso 8 es la antítesis del v.7.
El
ídolo hecho a mano traduce a xeiropoi/hton, hapax en Sab, pero frecuente
en LXX: objeto fabricado por la mano del hombre y dedicado a la
veneración. El autor tiene presente el precepto de la Ley que manda
maldecir al artífice de los ídolos (Dt 27,15; cf. también Is 44,9-11;
45,16; Sal 115,8; Sab 15,6). El ídolo es corruptible, como la materia de
que está fabricado. Es un ser muerto, incapaz de dar la vida (cf.
13,10.17.18); el verdadero Dios es imperecedero, inmortal, vivo y origen
de vida (cf. 1,14); su nombre es incomunicable (cf. 14,21), por lo que
la mayor aberración del hombre es dar nombre divino a las obras de sus
manos (cf. 13,10.17ss). Dios y su nombre deben ser bendecidos; lo que
usurpa su nombre, maldito.
9. Sobre el aborrecimiento u odio de
Dios, cf. 12,4. El objeto del aborrecimiento no es propiamente el hombre
en cuanto ser personal y criatura de Dios, sino en cuanto comete un
acto abominable. Impío es el hombre que atenta contra la veneración
debida a Dios, o porque prescinde totalmente de ella, o porque practica
la idolatría, o porque induce a ella con el fruto de su trabajo impío
(cf. 15,8). La impiedad, en su acepción más amplia, es, por lo tanto,
la acción del impío, aquí concretamente la acción del idólatra o el
fruto mismo de su trabajo impío: los ídolos.
10. La impiedad no
queda nunca impune (cf. v.30). En pura justicia, al delito debe seguir
el castigo; aunque sólo las personas pueden ser castigadas con
propiedad, los ídolos también lo serán, para restablecer el orden
querido por Dios en la naturaleza.
Origen y consecuencias de la idolatría
(14,11-31)
El
autor se para a reflexionar sobre el fenómeno mismo de la idolatría,
sobre sus causas y efectos. Intenta dar una explicación razonable de sus
orígenes y se atreve a pronosticar su futura suerte, es decir, su
desaparición. El protagonista en todo este proceso es el hombre, cuya
responsabilidad queda patente, pues él es el que inicia, promociona y
recoge los frutos de su acción histórica idolátrica. La creación de
Dios, que es buena, se convierte en un escenario donde se desarrolla el
drama humano de la historia. Dios permanece oculto en un segundo plano,
pero es él el que tiene la última palabra, pues es el Señor de las
criaturas y de la historia, y su voluntad es la norma que sentencia
sobre lo recto y lo justo.
La perícopa 14,11-31 ocupa el lugar
central en la segunda parte de la digresión sobre la crítica de la
religión de los paganos, que es lo mismo que decir el centro de toda la
digresión.
Dos temas fundamentales dividen la perícopa: el origen
e invención de la idolatría por parte del hombre (14,15-21) y las
consecuencias morales que ha provocado la idolatría (14,22-31). A estas
dos partes precede una introducción (14,11-14).
Introducción
14,11 También a los ídolos de los gentiles se les
pedirá cuenta por esto:
porque, entre las criaturas de Dios, se han
hecho abominables,
tropiezo para las almas de los hombres
y trampa para los pies de los necios.
12 La infidelidad arranca de proyectar ídolos,
y su invención trajo la corrupción de la vida.
13 Porque ni existían desde el principio ni existirán eternamente;
14 en efecto, entraron en el mundo por la vanidad de los hombres,
y por eso tienen marcado un fin repentino.
14,11-14.
Con todo derecho decimos que 14,11-14 es una introducción, pues 14,12
aunucia en parte a 14,22ss y 14,14a introduce a 14,15-21.
Hay razones
suficientes para considerar el v.11 parte integrante de la pequeña
unidad 14,11-14, y de esta manera inicio de la perícopa central
14,11-31. Sin embargo, la mayoría de los comentaristas y editores del
texto lo adscriben a la perícopa anterior. Hasta el verso anterior 14,10
se ha hablado del ídolo en singular, los v.11-14 tratan de los ídolos
en plural; una inclusión abre y cierra el conjunto (v.11a y 14b).
Ultimamente
P.Bizzeti ha reivindicado la unidad de 14,11-14 como ningún otro autor
lo había hecho hasta ahora. P.Bizzeti parte del estudio de M.Gilbert,
pero va más allá en el examen estructural de los cuatro versículos.
Acepta como base el texto de J.Ziegler, con la única variación de la
división de 14,13 en dos hemistiquios. Según el texto así dividido,
podemos descubrir que el v.12 ocupa el centro de la estrofa con una
disposición concéntrica, perfectamente elaborada.
11. Admitido
que este verso pertenece a lo que sigue y no a la perícopa anterior, no
se debe buscar el antecedente de tou=to en v. 10, sino que hemos de
considerarlo como un pronombre de uso proléptico, "que anticipa y
prepara la sentencia que sigue”. Por esta razón v.11a está íntimamente
ligado a v.11bcd, que es su explicación y fundamento: por esto: porque.
En v.11bcd, pues, el autor aduce en forma retórica las causas por las
cuales los ídolos serán condenados.
Los gentiles: para todo
israelita la humanidad se divide en dos: el pueblo elegido, Israel, y
todos los demás pueblos de la tierra, las naciones o gentiles (cf. Ex
19,5-6). Se les pedirá cuenta, en griego e~piskoph/. Es término
consagrado por la versión LXX para significar "la visita" o intervención
especial de Dios en la vida de los individuos y de los pueblos. Del
contexto depende si esta visita es favorable, una gracia, o por el
contrario implica un juicio condenatorio. Es evidente que aquí
e~piskoph/ se emplea en sentido desfavorable.
Dios es el Señor y
Dueño absoluto de la creación, obra suya. Las criaturas son todas
buenas, porque son reflejo y participación de la bondad de su origen
(cf. Gén 1,31; Sab 1,14); si algunas de ellas llegaron a ser
abominación, no es porque cambiaron de esencia y naturaleza, sino porque
el hombre, libre y conscientemente ha violentado el orden natural,
elevándolas al rango de lo divino. bde/lugma: abominación, acción u
objeto dignos de reprobación, especialmente relacionados con el culto
idolátrico (cf. Dt 13,15; 17,4; 21, 11), de donde bde/lugma ha llegado
a significar simplemente ídolo. Los ídolos fueron ocasión y causa de
pecado para los hombres, tropiezo y trampa. El autor lo va a demostrar
todavía más en la parte central de la digresión sobre la idolatría.
12.
En este verso comienza el autor a introducir los dos temas que
desarrollará a partir de v.15. Se trata en él de un problema de
orígenes por una parte, y de infidelidad y de corrupción de la vida por
otra; en el fondo, de la causa u origen del mal que impera en el mundo.
El verso no tiene verbos ni artículos; su construcción es quiástica:
"porque a) principio de <la> infidelidad / b) <es el>
proyecto de los ídolos // y b') su invención / a') corrupción de la
vida”.
Principio: origen causal; de aquí la forma verbal:
arranca. Infidelidad: pornei/a "significa fornicación en el uso común
griego; se refiere a desórdenes sexuales. Su correspondiente hebreo
zanût es en el Antiguo Testamento uno de los términos más comunes para
designar el culto a los dioses falsos (en cuanto representan una
infidelidad a Dios)". Es preferible el sentido figurado de infidelidad
religiosa, aunque no se aplique exclusivamente al pueblo de Israel, como
en el uso del A.t., sino que se extienda a todos los pueblos; tiene,
por lo tanto, el sentido específico de infidelidad a Dios, frecuente en
el lenguaje de los profetas (cf. Jer 2,20; 3,2. 9; Ez 16,15ss; 23,7ss).
Israel pertenece a Dios, como la esposa al esposo, por la alianza
contraída en el Sinaí; le debe absoluta fidelidad. Al tributar culto a
los falsos dioses, se prostituye con ellos, traiciona a Yahvé (cf. Ex
34,15s; Jue 2,17; 8,33; 1 Crón 5,25; Jer 3,6-8; Ez 16,15ss; Os 1,2;
4,11-19, etc.). El autor amplía este sentido también a la infidelidad de
todos los pueblos con relación al único Dios de todos.
El
proyecto o la idea de los ídolos: proyectar ídolos, sujeto gramatical de
la proposición del v.12, es para el autor la aberración capital que va a
originar en cadena todos los males de orden religioso y moral: la
infidelidad. El v.12b lo confirma. La corrupción: "significa
corrupción, de ordinario en sentido físico y equivale a la muerte; un
filósofo escribe sobre 'la generación y corrupción'; en sentido moral
(v.25) designa un estado o situación". Vida se refiere a la vida humana
en su aspecto ético religioso. La corrupción de la vida: afirmación de
un hecho constatado tal y como lo va a exponer en v.22ss. El autor juzga
y generaliza a partir del conocimiento adquirido por la experiencia. No
pretende afirmar que el primer pecado, origen y principio de todos los
de la historia humana, sea el de idolatría, ya que él mismo asegura que
no existía al principio (cf. v.13) y, sin pretender ser exhaustivo,
apunta a continuación algunas causas de la introducción de la idolatría;
la más fundamental es el desconocimiento de Dios (cf. v.22a). Otras más
particulares son: la vanidad humana (v.14a); el dolor por la pérdida de
un ser querido (cf. v.15); la adulación a los poderosos (cf. v. 17ss);
el deseo lucrativo de los artistas (cf. 15,4.12).
13. En v.12 ha
hablado el autor de comienzo e invención de ídolos; en v.13 afirma
categóricamente que los ídolos (sobreentendidos) no existían desde el
principio, pero no ha dicho ni dirá cuándo de hecho comenzó la
idolatría. Esta no es una cuestión que preocupe al autor; su
preocupación es otra (cf. v.14). La representación de la divinidad por
medio de objetos fabricados por el hombre supone un grado muy avanzado
de cultura, que, ciertamente, no se pudo dar al principio. Ni existirán
eternamente: visión profética optimista (cf. v.14b). La historia va
confirmando esta predicción.
La forma negativa del v.13 expresa
una convicción no menos terminante del autor. Como afirma acertadamente
M.Gilbert: "El tiempo de los ídolos está así inscrito en el interior de
dos límites que él no alcanza: su origen es posterior al origen de la
creación, su fin es anterior al término de la historia".
14.
Este verso, como el anterior, tiene por sujeto los ídolos; por el
contexto se puede suponer con facilidad. Su función es complementaria.
Por un lado sirve de puente entre la estrofa que cierra y la que se abre
en v.15, y por otro determina imprecisiones del v.13. En cuanto a lo
primero marca una clara inclusión entre v.14b y v.11a, y v.14a nos
introduce en v.15ss; en cuanto a lo segundo el v.14 corrobora
afirmativamente lo que negativamente había dicho en v.13, con
precisiones en los dos extremos: en el origen histórico de la idolatría
está el hombre, el fin de los ídolos pertenece al plan de Dios: pasivo
teológico de v.14b.
El mundo es el ámbito histórico humano (cf.
2,24). Vanidad: significa o bien opinión vana, vacía, falsa, necia, sin
consistencia; o bien vana gloria, presunción. La primera acepción es la
que adapta mejor al contexto.
Por eso...: conexión lógica de
v.14b con 14a, y también conexión teológica: "Lo que ha sido introducido
abusivamente en el mundo de las criaturas no puede durar; sólo
subsistirá lo que ha sido querido por Dios en el origen y es conforme a
sus designios". Según el plan divino que desvela el autor, la
desaparición de la idolatría será repentina, en un plazo corto de tiempo
(cf. v.11a). En este punto el autor continúa una tradición que arranca
de los profetas (cf. Is 45,16; Jer 16,19-21; Tob 14,6, etc.).
El
cristianismo daría un golpe mortal a la idolatría en el mundo occidental
en sentido estricto. Decimos esto último, porque existe una idolatría,
de la que también hablaron los profetas y Jesús, y que no acabará nunca
por la injusticia humana.
A propósito de un libro de J.L.Sicre
escribíamos una vez: "El autor demuestra en este libro que la idolatría
no es 'una pieza de museo, sin interés vital ni actualidad' (pg.16),
porque no la reduce al estrecho ámbito del culto, sino que la relaciona
con otros órdenes de la vida ordinaria y secular, siguiendo en esto a
los profetas de antes del destierro. En 'Los dioses olvidados" José
L.Sicre estudia a fondo dos aspectos de la idolatría, o, según sus
propias palabras: 'dos ejemplos concretos, que constituyen las dos
partes fundamentales de nuestro trabajo: el primero es la divinización
de las grandes potencias extranjeras (Egipto, Asiria, Babilonia),
denunciada por los profetas cuando hablan de las alianzas y tributos. El
segundo, la divinización de los bienes de este mundo, lo que Jesús
llamará el "servicio a Mammón"' (pg.18). De esta manera nos recuerda
con las palabras clarividentes de los profetas que 'los dioses
olvidados' no son tales, sino que hasta existe el peligro de que los
estemos adorando en nuestra vida, porque nosotros mismos nos los
fabricamos”. "El que lea Los dioses olvidados se dará cuenta de que la
idolatría no es cosa pasada, propia solamente de los hombres de tiempos
oscuros y de civilizaciones primitivas. Puede ser de hoy, como lo era
del tiempo de los profetas y del tiempo de Jesús. Porque los ídolos los
lleva el hombre consigo; no son ni de ayer ni de hoy, sino puras
creaciones del egoísmo, del miedo, de la inseguridad, de la soberbia del
hombre que no ha encontrado todavía su centro y su norte, o lo ha
perdido".
Origen e invención de la idolatría
14,15 Un padre, desconsolado por un luto prematuro,
hace una imagen del hijo malogrado,
y al que antes era un hombre muerto, ahora lo venera como un dios
e instituye misterios e iniciaciones para sus subordinados;
16 con el tiempo arraiga esta impía costumbre: la de dar culto a las estatuas
y se observa como ley, o por decreto de los soberanos;
17 como los hombres, viviendo lejos, no podían venerarlos en persona,
representaron a la persona remota
haciendo una imagen visible del rey venerado,
para así, mediante esta diligencia, adular presente al ausente.
18 También la ambición del artista impulsó a fomentar este culto,
aun a los que no lo conocían;
19 en efecto, queriendo tal vez halagar al potentado,
lo favorecía, forzando hábilmente el parecido,
20 y la gente, atraída por el encanto de la obra,
juzga ahora digno de adoración
al que poco antes veneraba como hombre.
21 Este hecho resultó una trampa para el mundo:
que los hombres, bajo el yugo de la desgracia y del poder,
impusieron el nombre incomunicable a la piedra y al leño.
14,15-21.
El culto a los ídolos ha tenido un comienzo (v.13). En esta perícopa el
autor explica a su modo el origen del culto familiar y privado (v.15) y
el del culto público a los soberanos (v.16-20); al final saca una
conclusión trascendental (v.21).
Parece que el autor conoce la
explicación del origen de la fe en los dioses populares según Euhémeros y
se vale de ella para impugnar la idolatría en todas su formas. La
actitud del autor se comprende además fácilmente en el Egipto de los
Tolomeos, donde la divinización de los soberanos pertenecía al protocolo
real.
15. El verso consta de un único período con un solo
sujeto de todas las acciones: un padre. Estas se describen siguiendo
rigurosamente el orden cronológico: duelo por el hijo muerto, apoteosis e
institución del culto. De esta manera el autor pone ante los lectores
un ejemplo frecuente y cercano de cómo ha podido surgir el culto
idolátrico a familiares difuntos.
El respeto y veneración hacia
los difuntos ha sido siempre una tradición sagrada de todos los pueblos
y que aún perdura entre los cristianos. Fácilmente se ha podido caer en
la idolatría, como en el caso de los dioses Penates de los romanos, o
como en el que expone el autor, el de un padre desconsolado por la
muerte prematura de su hijo. Un luto prematuro, es decir, un luto o
duelo causado por la muerte prematura del hijo. Sabemos que la muerte
temprana de los niños y jóvenes ha sido una de las plagas que ha tenido
que sufrir la humanidad casi hasta nuestros días (cf. 4,7ss). El padre
atormentado hace fabricar una imagen (ei~ko/na), que puede ser un
retrato o una estatua. Hijo malogrado, mejor, repentinamente arrebatado
(cf. 18,5c): hace pensar en una muerte violenta, a no ser que el autor
quiera hacer resaltar el profundo dolor del padre, al que la muerte le
ha arrebatado su hijo querido.
El autor subraya el contrasentido que
supone la apoteosis o elevación a los honores divinos de un hombre que
ya ni siquiera existe. "Es un caso de 'vanidad', es decir, de una
opinión sin sustancia, sin sentido. Aquí parece reconocer que la estatua
sirve para venerar al modelo, que el culto no se dirige últimamente a
la estatua”.
Las religiones mistéricas estaban aún en su apogeo
en la época del autor. Al conjunto de doctrinas y de ceremonias
religiosas, generalmente secretas, se les llama misterios, que tomaban
su nombre de la divinidad a la que estaban consagrados. Iniciaciones
eran más bien las ceremonias mismas que consagraban al nuevo fiel y le
conducían progresivamente hasta la unión mística con el dios.
16.
El verso debe unirse a los que sigue más bien que al v.15. Por medio de
ei=ta se marca el comienzo de algo distinto a v.1; se trata del culto
público a los soberanos en contraposición al culto familiar, tributado
al hijo.
Los v.16-20 forman una unidad secundaria dentro de la
más genérica de v.15-2. Además del tema: culto al soberano, una
inclusión confirma esta opinión: a~sebe/$ (v.16a) - se/basma (v.20b).
Ley
(v.16a) y decretos de los soberanos (v.16b) están más conformes con el
rey de v.17c que con el padre de v.15a. Así mismo dar culto de 16b está
de acuerdo con culto de v.18a, aplicado al culto del soberano. La
costumbre se llama impía, porque atenta contra la verdadera piedad o
adoración debida al Dios verdadero. La estatuas/, en la versión griega
equivale a ídolos (cf. Sal 97,7; también Dt 7,5.25; Is 10,10; Sal 78,58;
106, 19.36.38, etc.). El culto idolátrico a las estatua se introduce en
la vida pública, en opinión del autor, por decreto de los soberanos;
quizás esté pensando en la orden de Nabucodonosor de adorar su propia
estatua (cf. Dan 3) o en decretos semejantes al de Canope. El autor,
como judío que es, no puede olvidar que en el decálogo se prohíbe la
fabricación de imágenes, de estatuas, y su adoración (cf. Ex 20,4-5; Dt
5,8-9).
17. Este verso indica el primer paso hacia la adoración
de las imágennes de los reyes. Todavía no es adoración, es veneración
del rey, bastardeada por la adulación. En esta primera fase no es de
suyo reprensible la representación por medio de la imagen, y más en un
mundo helenizado tan amante de la escultura. Pero, según la mentalidad
judía, la veneración de una imagen desemboca fatalmente en idolatría.
18-20.
El autor reflexiona sobre un aspecto de la producción artística del
mundo griego clásico y contemporáneo (helenista). Descubre la función e
influencia decisivas de los artistas y de las obras de arte en el
proceso histórico del culto a los soberanos. Los artistas, según el
autor, no están libres de culpa al utilizar su arte para medrar,
adulando a los soberanos e induciendo a la muchedumbre ingenua a un
culto indebido. El autor reconoce los méritos de la obra de arte: el
encanto de la obra (v.20), pero no aprueba las intenciones dolosas del
artista, que con su arte violentó el parecido en favor de la belleza. Un
juicio tan genérico no puede aplicarse indiscriminadamenter a todos los
artistas. El estilo es retórico y carece intencionadamente de matices.
El
autor ha querido explicar en esta perícopa tanto el origen del culto
privado a los familiares (v.15), como el del culto oficial a los
soberanos (v.16-20). Una inclusión manifiesta relaciona los dos temas.
21. Conclusión. El verso resume y culmina magníficamente la perícopa que comenzó en 14,11.
La
construcción griega de v.21a es exactamente la misma que en v.11bcd:
llegar a ser una cosa para. Trampa, insidia, emboscada que hará caer a
los hombres en el absurdo de tomar como Dios lo que ni siquiera tiene
vida (v.21c). Para el mundo, es decir, para todos los hombres (cf. 8,7;
10,8).
El v.21b compendia v.15-20: la desgracia nos recuerda al
padre atormentado de v.15 y el yugo del poder (turanni/di) a los
soberanos (tura/nnwn) de v.16b, al rey de v.17c y al potentado de v.19a.
Por
fin llegamos a v.21c, cima de todo el proceso de divinización descrito
en las estrofas que han precedido. Como es además el límite divisorio
entre la invención de los ídolos (v.11-20 y la inmoralidad que de ello
se deriva (v.22ss), v.21c ocupa el centro literario de 13,10-15,13, es
decir, de toda la digresión 13-1. Así se explica el tono solemne y
majestuoso que tiene: Impusieron el nombre incomunicable a la piedra y
al leño.
El nombre incomunicable es el nombre de Dios (cf. v.15c), ya
que no se puede dar a criatura alguna. Is 42,8 proclama: "Yo soy el
Señor, éste es mi nombre, no cedo mi gloria a nadie ni mi honor a los
ídolos". La piedra y el leño son los ídolos (cf. Is 37,19; Jer 3,9; Ez
20,32).
Se observa cierta incoherencia entre el v.21c y toda la
perícopa 14,15-20, pues el culto a las imágenes y estatuas de que en
ella se habla no implica que se les dé el nombre de Dios y, por
consiguiente, se les considere algo divino; más bien habría que excluir
tal suposición. Es al hijo muerto al que se venera como un dios (v.15c)
y al rey ausente al que se le juzga digno de adoración (v.20b). Las
imágenes y estatuas han dado ocasión para tal aberración, han servido de
tropiezo y trampma para los hombres necios, por lo que Dios las detesta
(cf. v.11.20b).
Consecuencias morales de la idolatría
14,22 Luego no les bastó errar acerca del conocimiento de Dios,
sino que, metidos en la guerra cruel de la ignorancia,
saludan a esos males con el nombre de paz.
23 En efecto, celebrando iniciaciones infanticidas, o misterios secretos,
o frenéticas orgías de extraño ritual,
24 ya no conservan puros ni la vida ni el matrimonio,
sino que unos a otros se acechan para eliminarse
o se hacen sufrir con sus adulterios.
25 Todo lo domina un caos de sangre y crimen, robo y fraude,
corrupción, deslealtad, anarquía, perjurio,
26 desconcierto de los buenos, olvido de la gratitud,
impureza de las almas, perversiones sexuales,
desórdenes matrimoniales, estupro y desenfreno.
27 Porque el culto a los innominables ídolos
es principio, causa y fin de todos los males;
28 en efecto, o celebran fiestas frenéticas, o profetizan embustes,
o viven en la injusticia, o perjuran con facilidad;
29 como confían en ídolos sin vida,
no temen que el jurar en falso les ocasione ningún daño.
30 Será doble la condena que les caiga:
por pensar mal de Dios, pendientes de los ídolos,
y por jurar contra la verdad y la justicia, despreciando la santidad;
31 porque no es el poder de aquellos por quienes se jura,
es la justicia que se venga de los pecadores
quien persigue siempre las transgresiones de los injustos.
14,22-31.
En esta nueva sección expone el autor el cuadro sombrío a que conduce
la idolatría, la corrupción a que de hecho había llegado la sociedad
pagana de su tiempo.
La causa primera y fundamental de esta
corrupción la subraya la inclusión que descubrimos: Errar acerca del
conocimiento de Dios (v.22a) y pensar mal de Dios (v.30b). En 14,12b ya
se anunciaba el tema de la corrupción.
La perícopa se puede
subdividir en dos estrofas: v.22-26, enumeración o lista de los males y
vicios morales con una introducción más general, y v.27-31 o conclusión
final.
22-26. Estos versos son una semblanza de un mundo
entenebrecido y desnortado, porque desconoce al Dios que tiene un nombre
y da la vida, y, por el contrario, ha puesto su esperanza en dioses
manufacturados, seres muertos y sin nombre. El juicio del autor es muy
severo, pero no injusto.
El núcleo principal de esta estrofa lo
constituye la lista de males que aquejan a una sociedad que ha perdido
el sentido de lo divino. La lista está enmarcada en una inclusión muy
significativa: Tan grandes males y todo mal.
22. La partícula
luego señala el comienzo de un nuevo tema (cf. v.16a). Este verso se
puede considerar como un verso de transición o como la introducción al
tema de la inmoralidad que mana de la idolatría, pues errar en el
conocimiento de Dios es tierra abonada para toda clase de errores por
ser el error más fundamental. San Pablo es del mismo parecer cuando
habla del mismo tema (cf. Rom 1,18-32).
El conocimiento de Dios en
este contexto implica "reconocimiento y acatamiento de su poder, su
camino y sus juicios. Lo contrario es la 'ignorancia', también en
sentido inclusivo". Por esto llama el autor con razón guerra, y guerra
cruel o de grandes magnitudes a la situación moral en que viven inmersos
los paganos idólatras de su tiempo. Ellos, sin embargo, creen que están
disfrutando de la paz.
Saludan con el nombre de paz: parece que el
autor alude con estas palabras a la paz que proclamaban los vencedores
(romanos) sobre los vencidos despues de someterlos. Según Tácito: "A
robar, asesinar y asaltar llaman con falso nombre imperio, y paz al
sembrar la desolación”. La palabra paz, que en boca de los vencedores
significa victoria, dominio, para los vencidos sarcásticamente es igual a
derrota y exterminio.
Paz para los paganos equivale a disfrute
de todos los placeres, aun el desenfreno; para el autor es guerra de
pasiones suscitadas por la ignorancia. La verdadera paz es fruto de la
justicia y consecuencia de una vida que se ajusta al conocimiento del
Dios verdadero (cf. 1,1; 13,1). Es notable el uso que el autor hace de
los contrastes en este v.22: conocimiento-ignorancia; guerra-paz.
23-26.
Enumeración de males y vicios, encuadrada por la inclusión males /
males de v.22c (kaka/) y de v.27b (kakou=). Esto no es una novedad, ya
que los escritores profanos también enumeran los vicios de su sociedad,
del paganismo, y expresan la reprobación con la creación literaria de
los tormentos en los infiernos de sus mitologías. El catálogo de v.23-26
es más amplio, pero ni es completo ni sigue un orden determinado.
Algunos vicios citados son tan genéricos que no se pueden concretar con
certeza.
23. El autor describe en v.23 los cultos idolátricos en
sus acciones litúrgicas más significativas. Los cultos mistéricos (cf.
14,15), aun los provenientes de Egipto y de oriente, se habían
aclimatado perfectamente al carácter grecorromano. Al comienzo de la era
cristiana estaban extendidos por toda la cuenca mediterránea y eran
renombrados los celebrados en honor de Deméter o Ceres, Isis, Serapis,
Diónisos o Baco, Orfeo, Mitra, etc.
El misterio, el secreto,
rodeaba normalmente las celebraciones litúrgicas, en las que
participaban únicamente los iniciados. Por lo general se celebraban de
noche. Los excesos no tenían límite; sus bacanales y orgías han quedado
como tipo de la máxima corrupción.
Iniciaciones infanticidas: no está
probado que los egipcios practicasen los sacrificios humanos; éstos
eran frecuentes entre los antiguos persas, cananeos (cf. 12,5), fenicios
y colonias; raramente entre los griegos y romanos. En Israel también se
habían practicado en otro tiempo por influjo de los cananeos (cf. Dt
18,10; 2 Re 17,17; 2 Crón 33,5s; Jer 7,31; Ez 16,20). La afirmación del
autor no está privada de fundamento. Sabemos que el Senado romano tuvo
que intervenir en el año 79 a.C., y Tiberio más tarde; emperadores
romanos posteriores sacrificaron seres humanos. No es, pues, extraño que
llegase a oídos del autor el rumor de niños sacrificados, siempre
aumentado por el secreto que rodeaba tales ceremonias.
Frenéticas
orgías: eran las bacanales o fiestas en honor de Baco entre la
profusión del vino se daba también rienda suelta a todos los instintos.
Las mujeres que intervenían se llamaban bacantes y actuaban como
poseídas por las furias. Las consecuencias en la vida personal y social
eran funestísimas, como a continuación se describe.
24. La vida
privada y en sociedad de los individuos queda marcada con el signo de la
maldad y del terror. El matrimonio es profanado; ya no es una
institución estable por la facilidad con que se disuelve. La vida
humanan vale muy poco; constantemente acecha el peligro de ser eliminado
a traición. Las celebraciones orgiásticas se aprovechan también,
traicioneramente, para eliminar enemigos personales.
25-26. La
enumeración de los vicios se hace más fluida. el influjo de Os 4,1-2 en
la redacción de este verso parece evidente: "Escuchad la palabra del
Señor, hijos de Israel: el Señor pone pleito a los habitantes del país,
que no hay verdad ni lealtad ni conocimiento de Dios en el país, sino
juramento y mentira, asesinato y robo, adulterio y libertinaje,
homicidio tras homicidio”. Un caos de sangre: descripción macabra de la
vida en una sociedad sin normas ni fundamentos a qué atenerse;
compendia la violencia en grado extremo, todos los delitos de sangre que
reflejan la poca estima en que se tenía la vida del prójimo. Robo y
fraude: delitos en contra de los bienes del prójimo, o daño causado por
medio del engaño, de la astucia y de las malas artes. Corrupción
(fqora/): ocupa el centro en este elenco de vicios; su significación
adecuada es la misma que en 14,12b: la perversión total, "la destrucción
de todos los valores de la existencia. Deslealtad o falta de fidelidad a
la palabra dada o a las promesas hechas. Anarquía o desconcierto en
todas las relaciones sociales. Perjurio: este tema lo desarrollará
extensamente en v.28-31. Desconcierto de los buenos, debido
probablemente a circunstancias externas de opresión, de persecución, y
no simplemente al medio ambiente corrompido. Olvido de la gratitud
lleva consigo la dureza y perversión del corazón al no corresponder al
bienhechor. Impureza de las almas: por los vicios que refiere a
continuación; también impureza en su sentido ritual y moral. El autor
sagrado es prolijo en enumerar los desórdenes sexuales, indicio del
grado de corrupción moral social a que se había llegado en la sociedad
hedonista materialista. Perversiones sexuales, o vicios contra la
naturaleza: homosexualidad, sodomía, pederastia. Estos vicios, tan
extendidos en la antigüedad, fueron justificados o defendidos por muchos
filósofos. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento anatematizaron
estos vicios (cf. Gén 18,20; 19,4ss; Lev 18, 22; 20,13; Jue 19,22ss; Rom
1,26-28, Jds 7). Desórdenes matrimoniales: plaga del divorcio,
infidelidades mutuas, estupro o adulterio propiamente dicho (moixei/a),
la pérdida del amor, etC. Desenfreno vicio sexual no identificado.
Es
sentencia común que en v.23-26 el autor no ha seguido un hilo conductor
para cofeccionar la lista o elenco de males y vicios. Sin embargo,
M.Gilbert propone una opinión que parece razonable.
Son 22 los vicios
enumerados, como son 22 las letras del alfabeto hebreo. Este número
simboliza totalidad, no perfección. La serie comienza con teknofo/nou$
teleta/$ iniciaciones infanticidas: v. 23a): dos veces la tau, última
letra del alfabeto hebreo, y termina con desenfreno: v.26c: dos veces la
alfa, al principio y al final del vocablo, primera letra del alfabeto.
El orden, como se ve, está invertido, que es lo que significa la lista:
orden invertido de valores o perversión de valores. En el duodécimo
lugar, que correspondería a la letra central hebrea lamed encontramos
fqo-ra/ (v.25b), con el significado de "corrupción máxima de los valores
y de la vida humana" (cf. v.14,12b), que es lo que ha pretendido
describir el autor con su lista de vicios. La perícopa siguiente lo
confirmará.
27-31. Conclusión doblemente final: de la perícopa
14,22-31 y de la más general de 14,11-31. En cuanto a 14,22ss: v.27b
forma inclusión con v.22c (kakou= / kaka/) y v.30b con 22; en cuanto a
14, 11-31, se repiten muchos motivos: tema de los ídolos en plural (cf.
v.11a.12a y 27a.29a.30b); a~rxh/ en v.12a y 27b; el culto de los hombres
a las estatuas: qrhskei/a en v.18a y 27a, qrhskeu/ein en v.16b; si en
v.11-14 se insistía en el castigo a los ídolos, en v.27-31 es en el
castigo a los idólatras.
27. El autor relaciona directamente la
corrupción de costumbres con el culto tributado a los ídolos. El que ha
errado en lo más fundamental acerca de lo divino, puede llegar a los
extremos imaginables de los errores ético-religiosos.
Innominables ídolos: la ley judía y la tradición prohíbe que se les
nombre y se les invoque en los juramentos (cf. Ex. 23,13; Dt 12,3; Jos
23,7; Sal 16,4; Os 2,19). Que el culto a los ídolos sea principio y
causa de todo mal lo ha probado el autor a partir de 14,12; pero es que
además el culto a los ídolos es el término, el punto culminante de todos
los males, porque, al adorar a una criatura en lugar de a Dios, se
pierde el sentido moral y, pradójicamente, se suprime toda referencia de
la vida a un orden trascendente.
28-31 Estos versos desarrollan
principalmente un aspecto relacionado con la veneración de los ídolos:
el perjurio y su consecuencia en la vida real, la injusticia. Así
confirma a la vez la afirmación de v.27.
28. El autor va a
probar lo que ha afirmado en v.27, y para ello propone cuatro casos.
Celebran fiestas...: se refiere a las celebraciones orgiásticas,
nombradas ya en v.23b, ocasión y causa de tantos crímenes. Profetizan
embustes o falsedades: los adivinos intervenían a veces en las
celebraciones de los misterios; muy frecuentemente eran consultados
fuera de las celebraciones litúrgicas en los templos y en los lugares
reservados. Cuando disminuye la fe en Dios o se pierde, aumenta la
credulidad, que es explotada económicamente por los falsos adivinos
profesionales.
Viven en la injusticia: resume someramente los
v.23-26. Seis veces se repite la raíz justicia en v.28-31 (cf.v.28b.29b.
30ac. 31bc). Perjuran con facilidad: el tema del perjurio está
presente en la lista anterior (cf. v.25b); el autor lo trata
expresamente en la última estrofa que comentamos. Parece que tiene
presente la prescripción del decálogo: "No pronunciarás el nombre del
Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien
pronuncie su nombre en falso" (Ex 20,7; cf. Dt 5,11). El verso siguiente
da la razón de la ligereza en el perjurio.
29. Las personas
cultas generalmente no creían en los dioses de las mitologías. La
crítica demoledora de algunas escuelas filosóficas había minado bastante
la fe religiosa en lo divino. Fácilmente se pasaba de la falsedad del
politeísmo y de los ídolos a la negación o al menosprecio de lo divino.
En el trato social, sin embargo, las promesas y los contratos humanos,
los actos más trascendentales de la mutua convivencia, eran sellados por
el juramento, cuyos testigos cualificados eran los dioses e ídolos sin
vida. Al perder la fe en los ídolos y dioses, creen que se puede
perjurar impunemente, sin que por ello se cometa una injusticia y sin
miedo a represalias por parte de lo que no existe, o no se preocupa de
lo que los hombres hagan. Es acertado el comentario de L.Alonso Schökel:
"El juramento en la antigüedad era instrumento para garantizar la
justicia en las relaciones sociales, pues Dios lo garantizaba. El tercer
mandamiento prohíbe usar el nombre de Yahvé para dar consistencia a lo
que es falso; Cristo quiere devolver a las palabras su autenticidad, sin
recurso continuo al juramento. Un dios falso no podrá garantizar una
verdad jurada en su nombre ni podrá vengar una falsedad amparada en su
invocación. En otros términos: un juramento hecho por un dios falso no
tiene valor; si ese juramento es falso, no se expone a la venganza del
dios inexistente; la idolatría produce la injusticia".
30. La
sentecia es adversativa. Pero la justicia se restablecerá y doblemente.
Los dos motivos son: el darse a los ídolos (cf. confianza en los ídolos
de v.29a) y el juramento doloso.
Han pensado mal de Dios, pues,
al aducir a los ídolos como testigos, o identifican a Dios con ellos, o
niegan su existencia o su providencia (cf. 13,1.10; 14,22). El juramento
doloso va en contra del prójimo, ya que es una especie de emboscada
traicionera por la que se desprecia olímpicamente la verdad y la
justicia. También va en contra de Dios, fundamento de la ley moral,
escrita en el corazón de todo hombre, y que en ninguna hipótesis puede
quebrantarse (cf. Rom 2,12-16), con desprecio de la santidad de Dios y
del carácter sagrado del mismo juramento.
31. Digno colofón de la
perícopa. El tema de la justicia vindicativa encaja perfectamente con
el contexto (cf. 1,8; 11,20). Se trata de restablecer el orden moral en
el mundo que ha perdido el sentido de la jerarquización de los valores.
Nos recuerda también la primera parte del libro, al hablar de las
transgresiones de los injustos, y prepara, por contraste, la próxima
perícopa sobre la misericordia divina.
Invocación a Dios y transición (15,1-6)
15,1 Pero tú, Dios nuestro, eres bueno y fiel,
tienes mucha paciencia y gobiernas el universo con misericordia.
2 Aunque pequemos, somos tuyos, reconocemos tu poder;
pero no pecaremos, sabiendo que te pertenecemos.
3 Conocerte a ti es justicia perfecta,
y reconocer tu poder es raíz de la inmortalidad.
4 No nos extraviaron las malas artes inventadas por los hombres,
ni el trabajo estéril de los pintores
-figuras realizadas con manchas polícromas-;
5 su contemplación apasiona a los necios,
que se entusiasman con la imagen sin aliento de un ídolo muerto.
6 Están enamorados del mal y son dignos de tales esperanzas,
tanto los autores como los entusiastas y los adoradores.
15,1-6.
La perícopa ofrece un fortísimo contraste con el contexto precedente;
es como llegar a un oasis vivificante después de caminar por un desierto
desolador. Su unidad se descubre por el análisis interno y por las
referencias externas. Corresponde estructuralmente a 14,10: las dos
perícopas encuadran la parte central de la digresión, a saber,
14,11-31. 15,1-3 y 14,3-6 son las únicas oraciones que se dirigen a
Dios en cc.13-15: "Las dos perícopas terminan con enumeraciones
análogas, condenando una al ídolo y al idólatra, la otra a toda clase de
idólatras".
La perícopa consta de dos partes: Invocación a Dios (v.1-3) y transición (v.4-6).
1-3.
El autor se dirige directamente a Dios en segunda persona (cf. 14,3-6).
A la bondad y misericordiosa fidelidad de Dios corresponde la fidelidad
de Israel, que se reconoce propiedad del Señor. Se especifican también
las relaciones entre Israel: nosotros, y Dios: tú.
1. De forma
repentina, con un apóstrofe, el autor interrumpe el discurso; la
conjunción adversativa de/ manifiesta el fuerte contraste entre los
ídolos sin vida e impotentes de los gentiles (cf. 14,29-31) y el Dios
vivo y personal: Tú, entre la situación de condena de los idólatras (cf.
14,30s) y la condición de privilegio del pueblo que Dios se ha escogido
como suyo. La forma dialogal de las oraciones revela también el hondo
sentimiento del orante, el autor, que proclama su fe confiada en el Dios
que ha elegido a su pueblo, del que se siente solidario: Dios nuestro.
El
autor se siente también orgulloso de formar parte de ese pueblo
-nosotros-, que se distingue de los demás por la fe en el Dios único y
verdadero. El vocativo Dios nuestro le era familiar al autor, pues la
misma expresión se repite en oraciones de la Biblia en griego,
especialmente en contextos penitenciales (cf. 2 Esd 9.10; Sal 99,8; Is
26,12s; Jer 3,22; Bar 2,12.15.19.27; 3,6; Dan 9,15).
Siguen
cuatro predicados (tres adjetivos y un participio), que son cuatro
manifestaciones del mismo Dios. El texto fundamental en el que se
inspira nuestro autor es Ex 34,6: "El Señor pasó ante él <Moisés>
proclamando: El Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente,
misericordioso y fiel" y en su contexto, aunque no de una manera servil
ni exclusiva. Eres bueno: atributo divino por excelencia, como
manifiesta su obra, la creación entera (cf. 11,24-26), y demuestra con
largueza la historia real de su pueblo Israel y la de todos los otros
pueblos (cf. 12,15-22). El adjetivo xrhsto/$ no está en Ex 34, 6, pero,
aplicado a Dios y como traducción del hebreo tôb: bueno, es frecuente en
los Salmos, no así fuera de ellos. Fiel: que mantiene su palabra y
cumple perfectamente sus promesas. Dios se ha revelado así también roca
segura en quien se puede confiar; jamás ha faltado a su palabra (cf.
3,9). Por la fe en la fidelidad divina el pueblo israelita pudo superar
todas las pruebas de su historia. En Ex 34,6 a~lhqino/$ con el mismo
significado (cf. también Núm 14,18 y Sal 86,15).
Que tiene mucha
paciencia, por la misericordia y anchura de corazón (cf. 11,23-12,2; Rom
2,4); también está en Ex 34,6 y en pasajes paralelos e inspirados en él
(cf. Núm 14,18; Neh 9,17; Sal 7,11; 86,15; 103,8; 145,8; Eclo 2,11;
5,4; Joel 2,13, etc.).
Gobiernas el universo con misericordia: como
buen padre de familia, Dios gobierna el mundo. El aspecto de la
misericordia está sin duda inspirado en Ex 34,6. La fórmula dioikei=n
ta% pa/nta ya la ha utilizado el autor en 8,1, y pertenece al
vocabulario preferido de los estoicos, aunque no es de uso exclusivo de
ellos. Como sabemos, el pensamiento estoico es panteísta y materialista.
El autor de Sab, sin embargo, conserva pura la idea de Dios personal y
trascendente, como en todo el Antiguo Testamento. La nueva formulación
en términos estoicos transmite la doctrina tradicional en Israel de la
omnipresencia divina y de su actividad universal (cf. Sal 139; Is 6,3;
Jer 23,24, etc.), especialmente manifiesta en la historia del pueblo de
su alianza; con misericordia, aspecto que resalta en Ex 34,6-7 y
paralelos.
2. El autor habla como miembro del pueblo; su voz es
eco del pueblo. Israel y cada uno de sus hijos es posesión especial de
Yahvé: somos tuyos, por la alianza que han contraído (cf. Sal 135,4; Ex
19,5; Jer 3,24; 11,4) y que se mantiene firme hasta el final de los
tiempos (cf. Jer 24,7; 31,33; Ez 34,24).
La infidelidad posible
al pacto por parte del pueblo: aunque pequemos, no le sustrae del
dominio de Dios, pues Dios es el Señor absoluto de toda la tierra y de
sus habitantes (Sal 24,1), aunque lo sea de una forma particular de
Israel, porque Dios lo ha elegido entre los demás pueblos y porque el
pueblo ha preferido seguir al Señor, reconociendo su señorío y poder
soberano. Por su poder omnipotente Dios puede restablecer la gracia y
amistad que el hombre pecador destruye; por su misericordia el Señor de
hecho se ha mostrado perdonador y benevolente.
Que la
omnipotencia divina no sea incompatible con su misericordia, sino todo
lo contrario, es pensamiento familiar al autor (cf. 11,23-12,2). Pero
no pecaremos: el autor parece que quiere corregir la hipotética
concesión de v.2a; es más un firme propósito, un deseo que una certeza,
causadas por el conocimiento fundado en una larga experiencia religiosa
de que en realidad somos algo de Dios, que te pertenecemos o hemos sido
contados por ti como cosa tuya (soi/).
Si en v.2a el autor aludía
veladamente al pecado de idolatría del pueblo en el desierto, en v.2b el
no pecaremos parece que debe interpretarse con relación a la idolatría.
El pueblo judío se siente obligado a dar testimonio de su fe monoteísta
en medio de los paganos que además de politeístas son idólatras.
3.
El verso profundiza más en la misma línea comenzada ya en v.2.
Conocerte: no se trata de un mero conocimiento teórico de Dios, sino de
un conocimiento que expresa la orientación total de la persona con Dios.
El
v.3, construido según la técnica del paralelismo sinonímico, contiene
cuatro términos que, aunque no son totalmente idénticos, se relacionan
íntimamente: conocer a Dios, perfecta justicia, reconocer el poder
soberano de Dios, raíz de inmortalidad.
El justo "posee el
conocimiento de Dios" (2,13a). En efecto, el que conoce a Dios y vive
según las exigencias morales y religiosas de este conocimiento, ése es
el que le agrada y se puede llamar justo (cf. 3,9); mucho más en medio
de un mundo que lo desconoce y que por ello está sumido en un caos de
sangre y de crímenes (cf. 4,10-15; 14,22.25.27). Se corresponden, pues,
conocimiento de Dios y justicia del hombre. Pero según leemos en 1,15:
"la justicia es inmortal”, y solamente los justos alcanzarán la vida que
no acaba (5, 15a). Así que también hay correspondencia entre la
justicia del hombre y la inmortalidad.
La relación entre
el conocimiento-reconocimiento del poder soberano de Dios y la
inmortalidad se descubre al releer lo que hemos dicho a propósito de
15,2. Reconocer la soberanía de Dios es, entre otras cosas, la
aceptación del señorío de Dios en la vida, y su proclamación ante los
demás pueblos es la puesta en práctica de la voluntad expresa del Señor
en sus preceptos y mantener la palabra dada en la alianza. El que esto
hace, vivirá para siempre. Lo que en Dt 30,15-20 era una promesa de
larga vida, se ha convertido en Sab en promesa de eternidad (tesis de la
primera parte de Sab). Así puede decir con razón el autor en v.3b que
reconocer o acatar tu poder soberano es raíz, causa de inmortalidad.
La
relación entre el conocimiento del poder de Dios y la inmortalidad es
quizá más sutil, pero se mueve dentro de las categorías bíblicas. La
muerte es el supremo enemigo del hombre; nadie puede escapar a su poder,
entronizado en el seol o morada de los muertos (cf. Gén 37,35; Sal
55,16; Prov 1,12; Sab 2,1). La muerte personificada tiene también un
poder fatal sobre los vivos (cf. Jer 9,20; Os 13,14, etc.): el poder de
Yahvé, sin embargo, subyuga las potencias de la muerte y libera de su
dominio (cf. Sal 49,16; 139,8; Prov 15,11; Dt 32,39; 1 Sam 2,6),
doctrina expresa en Sab 16,13. La experiencia y certeza de este poder
divino -el conocimiento de su poder-, destructor de las fuerzas
disolventes de la muerte, experimentado en la historia salvadora del
pueblo, hace posible nuestra inmortalidad.
Los dos esticos
aisladamente tienen sentido propio, pero relacionados, como están aquí,
se complementan: conocer el poder de Dios es conocerle, y la perfecta
justicia dice relación directa con la inmortalidad o unión escatológica
del justo con Dios.
4-6. Estos versos sirven de transición.
15,1-3 trataban de las relaciones entre Dios e israel; en v.4-6 ya no se
habla de Dios, sino de los idólatras (una sola vez de Israel, cf. nos
en v.4a).
"La primera parte <v.1-3> está dominada por
verbos de conocer-reconocer (cuatro) y se opone a la 'necedad' de la
segunda parte <v.4-6>; mientras el reconocimiento es consciente y
sobrio, la necedad es entusiasta e inconsciente”.
La unión de estos
versos con 15,1-3 es manifiesta y múltiple. La partícula ga/r en v.4a
engarza causalmente el v.4a con lo que precede; el pronombre personal
nos (h?ma=$: v.4a), remite al h?mw=n de v.1a; por contraste el sin
aliento y un ídolo muerto de v.5b a la inmortalidad de v.3b.
4.
Frente a la turba de adoradores de ídolos los adoradores de Yahvé: nos.
¿Quién son estos nosotros? El autor se refiere a su tiempo y se
identifica con lo que sería "el resto" aunténtico del Israel histórico,
el núcleo representativo del pueblo elegido, heredero del "pueblo santo"
(10,15) de los tiempos antiguos. Este pueblo no ha claudicado ante el
atractivo de los ídolos, ni lo ha extraviado "la invención malvada de
los hombres”, sus malas artes, que se han concretado en la fabricación
de estatuas-ídolos (cf. 14,12ss), ni las obras de arte de los pintores.
El
autor no puede olvidar los preceptos de la Ley que prohíben la
fabricación de imágenes representativas de lo divino, de lo humano y de
lo infrahumano (cf. Ex 20,4; Dt 4,15-18; Lev 19,4). Ya ha recordado,
además, la malsana intención de muchos artistas (la ambición y el lucro,
la adulación, etc.). Tampoco podía ignorar la corriente, dentro del más
puro helenismo, que despreciaba las artes plásticas. De estas formas de
pensar ambientales, tan acordes con el espíritu judío, aunque no fueran
las más extendidas, se vale el autor en su tratado contra la idolatría.
Las imágenes y dibujos murales generalmente eran policromados (cf.
13,14).
5. El autor se refiere a un tema conocido en el
helenismo. Tenemos abundantes testimonios que confirman las aberraciones
sexuales cometidas con imágenes veneradas.
Imágenes sin aliento: el
elemento helenístico está unido al bíblico (cf. Jer 10,14; 51,17=LXX
28,17; Hab 2,19; Sal 135,17). Un ídolo muerto (cf. 13,10.18). En 1,16
los impíos son cautivados por el amor de la muerte; aquí los necios, por
el amor de una imagen.
6. Enamorados del mal: porque los ídolos
son un mal en sí y porque de la idolatría provienen tantos males (cf.
14,11-31). Las reminiscencias de pasajes anteriores, como hemos visto en
v.5b, continúan en v.6. Los enamorados del mal se oponen a los amantes
de la Sabiduría en 8,2.
Dignos de tales esperanzas: el objeto de la
esperanza son las imágenes muertas (cf. v.5). El que ama se identifica
con el objeto de su amor; por esto los idólatras, como los impíos de
1,16b, son dignos de pertenecer a la muerte (cf. Sal 115,8; 97,7).
El
v.6b contiene una enumeración ascendente de todos los tipos de
idólatras, de los que ha tratado con anterioridad y que ya han sido
condenados juntamente con los ídolos (cf. 14,8-9). Los autores o
fabricantes (cf. 14,10: inclusión); los entusiastas y por último los
adoradores, que representan a todos los veneradores de falsas
divinidades o de ídolos, de los que el autor ha venido tratando desde
13,1.
El v.6 sirve de transición, pues introduce en la siguiente perícopa del alfarero idólatra.
El alfarero y los ídolos de arcilla (15,7-13)
15,7 En efecto, un alfarero se afana amasando la arcilla maleable;
moldea cacharros para nuestro servicio,
pero con el mismo barro modela por igual
vasijas destinadas a menesteres nobles e innobles;
el destino de cada una
lo decide el barrero.
8 Malogrando su trabajo, modela con el mismo barro un dios falso,
el que poco antes nació de la tierra,
para volver en breve allí de donde lo sacaron,
cuando le reclamen la vida prestada.
9 Pero le trae sin cuidado tener que agotarse
y que su vida sea efímera;
compite con orfebres y plateros,
plagia a los escultores en bronce
y tiene a gala modelar réplicas.
10 Su mente es ceniza; su esperanza, más mezquina que la arcilla,
y su vida vale menos que el barro;
11 pues no reconoció a quien lo modeló a él,
le infundió un alma activa
y le sopló aliento vital,
12 sino que consideró la vida como un juego,
la existencia como una feria de negocios;
"hay que sacar partido -decía- de lo que sea, hasta del mal”.
13 Este más que nadie sabe que peca:
el que fabrica con materia terrosa vasijas frágiles y estatuas.
15,7-13.
La estrofa constituye una nueva unidad, una perícopa determinada por el
tema: el alfarero y los ídolos de arcilla, y por dos inclusiones:
tierra - tierra (v.7a y v.13b) y vasijas (v.7d y 13b).
En la
composición estructural del conjunto 13,10-15,13 la unidad 15,7-13
corresponde a la perícopa del carpintero (13,19-19), a la que hace
repetidas alusiones. Se distingue de 13,10-19 principalmente en que el
carpintero fabrica un ídolo de madera para satisfacer su devoción
particular; el alfarero de 15,7-13, en cambio, es cínico y ambicioso,
hace ídolos de barro impulsado no por la devoción personal, sino por el
deseo de ganancias. En el ejemplo de 13,10ss apenas se fijó el autor en
la persona misma del carpintero; su atención principal se centraba en
el ídolo, fabricado con los residuos de la madera, que hacía de
providencia. en el caso del alfarero el centro de la atención se ha
desplazado: es el alfarero mismo que juega a ser demiurgo y, a través de
él, hay que juzgar el fruto de su trabajo, el ídolo de barro.
La
perícopa del alfarero, dentro del tratado sobre la idolatría, tiene,
pues, una significación propia: acentúa magistralmente la inanidad de
los ídolos de arcilla y, sobre todo, la culpabilidad de su hacedor el
hombre.
7-9. Estos tres versos describen la actividad del
alfarero o trabajador en arcilla, actividad útil y laudable en v.7ab,
pero reprensible en v.7c-9.
7. Este verso se presenta como el
inicio de la ilustración o prueba del final del v.6: los fabricantes de
ídolos; de aquí su comienzo: que debe traducirse: y en efecto.
Se
afana amasando: que amasa laboriosamente la tierra suave, la arcilla. El
autor describe en estos dos primeros esticos el laborioso trabajo del
alfarero, sin indicios de crítica alguna.
La imagen del alfarero
que trabaja la arcilla en su taller debió de ser muy familiar en todos
los pueblos desde el descubrimiento de la cerámica. Aún hoy día llama la
atención su destreza en el modelado del barro bien preparado. Jer
18,2-4 y Eclo 38,29s nos describen al alfarero en plena acción.
El
tema del artesano que de la misma materia fabrica utensilios u objetos
para usos nobles y comunes, santos y profanos (cf. 13,11-13), es también
un tópico helenístico. Horacio escribe satíricamente: "Era yo en otros
tiempos un tronco de higuera, un leño inútil, cuando un artesano,
dudando de si hacer conmigo un taburete o un Príapo <dios rústico de
origen asiático>, prefirió convertirme en el dios. Dios desde
entonces, soy el supremo terror de ladrones y aves...". El mismo tópico
será explotado por los apologetas cristianos: "En cuanto a vuestras
estatuas o simulacros, yo no veo otra cosa que materias gemelas de las
de los vasos e instrumentos comunes, o bien materia que proviene de esa
misma vajilla y mobiliario, aunque cambiada de destino por la
consagración, merced a la libertad del arte, que cambia la forma. El
alfarero o barrer es el árbitro; de su voluntad depende que una misma
materia sea ennoblecida o no por el uso a que esté destinado el
utensilio (cf. Bar 6,45).
8-9. Los v.8-9 se relacionan muy
estrechamente, llegando a formar una pequeña unida, no desligada de v..
El autor reflexiona sobre el trabajo del alfarero que modela ídolos de
barro y comienza el juicio negativo que culminará en v.10-13.
8.
Comienza el verso con un kai/ que parece marcar una sucesión temporal:
"despues”. kako/moxqo$: "trabajo malogrado" (!?), utilizado
adverbialmente; aparece aquí por única vez en toda la literatura griega;
califica al hacedor de ídolos en su malvado trabajo, o también, la
misma acción del alfarero que modela un ídolo de barro y, por eso, su
esfuerzo es perverso, digno de reprensión. Probablemente esta palabra ha
sido acuñada por el autor a semejanza de ka-ko/texno$ (15,4a) y hace
juego con e~pi/moxqon (laboriosamente, afanosamente) de v.7a.
Un dios falso, vacío, vano (cf. 13,1a), objeto del trabajo malogrado,
malvado del alfarero. Con el mismo barro con el que fabrica las vasijas
y utensilios domésticos (cf. v.7c). La naturaleza del dios de barro no
supera la de los cacharros más modestos de la cocina, por esto es un
dios falso. Dios, sin embargo, es "Dios verdadero" (12,27).
El
lenguaje del autor en v.8bc está tomado de la Biblia. Gén 2,7 y
3,19(LXX) fundamentan la tesis de que todo hombre viene de la tierra y a
ella vuelve (cf. Job 34,15; Ecl 3,20; 12,7; Eclo 41,10). Los autores
sagrados van más allá en la interpretación y se aplican a sí mismos los
textos que Génesis dice de Adán (cf. Job 10,8-9; 33,6; Is 64,7; Sal
103,14), y nuestro autor los aplica al modelador de ídolos, porque está
convencido de que puede aplicarlos a todo hombre. Concepciones parecidas
sobre el origen y destino del hombre pululan en el mundo greco-romano,
aunque los puntos de vista son muy diferentes.
La imagen del
movimiento circular: venimos de la tierra y pronto volveremos a ella,
expresa gráficamente lo efímero de la vida humana (cf. 2,1-2). Pero el
hombre no es sólo este ser, hijo de la tierra y destinado a disolverse
en ella. Por ser, al mismo tiempo que tierra, espíritu, puede elevarse
al ámbito de lo divino y entablar diálogo con Dios. El alma, principio
vital, proviene de Dios (cf. v.11; Gén 2,7), es como un empréstito de
Dios (cf. v.16).
También es frecuente entre los griegos y romanos
la concepción del alma como un préstamo, como una deuda que se devuelve
o se paga al morir: "La vida a nadie se da en propiedad, a todos en
usufructo”. Cuando "el espíritu vuelve a Dios" (Ecl 12,), el hombre
deberá rendir cuentas de su vida.
9. El autor presenta al
alfarero en plena acción, descubriendo las motivaciones profundas y
ocultas de su actividad febril. No le preocupa que su trabajo sea
agotador (cf. v.7a y 8a), ni que su vida, el tiempo de su vida, sea
breve. Lo que motiva al alfarero en su trabajo es el ridículo afán de
competir con artistas que modelan metales nobles. Rivaliza con orfebres,
plateros y escultores en la venta de su industria. Las imágenes que
modela el alfarero son cocidas al fuego y recubiertas con barniz y
pintura (cf. 13,14). No pretende vender fraudulentamente sus ídolos,
pues los compradores, comúnmente pobres, no pueden pagar imágenes de
precio elevado. Sus obras no son originales, sino copias de estatuas
famosas fundidas en bronce. Son, pues, réplicas de mala ley,
falsificaciones (cf. 2,16a), no tanto por representar falsos dioses,
como por pretender aparentar lo que no son.
10-13. Comienza una
nueva estrofa. En v.7-9 se describe la actividad del alfarero; los verso
10-13 manifiestan el juicio condenatorio del autor y las razones en que
se funda.
10. Estilísticamente el verso se distingue fácilmente
de su contexto anterior y posterior. Consta de tres sentencias
nominales: la segunda y tercera son comparativas con paralelismo
sinonímico.
Ceniza, arcilla o tierra y barro prácticamente son
sinónimos. Su mente es ceniza: es una cita textual de Is 44,20a, según
la versión griega. El contexto de Isaías es el mismo que el de Sab: se
habla del fabricante de ídolos. El corazón = la mente, en sentido
bíblico es la sede de todos los sentimientos y pensamientos; aquí está
en lugar de toda la activiad humana en cuanto tal, del entendimiento y
de la voluntad, por eso guarda paralelismo con esperanza y vida. La
ceniza o residuos del fuego ya apagado no sirve para nad; la mente o
corazón del modelador de ídolos, absorto en su innoble trabajo, es
impotente para concebir ideas más elevadas.
V.10a y 10b repiten
paralelamente la misma idea: la esperanza del alfarero idólatra es la
ganancia, el negocio lucrativo con medios ilícitos (cf. v.9c-e y 12); es
despreciable, más vil que la arcilla (tierra), entendida en sentido
peyorativo (cf. también 3,11b; 5,14a; 13,10a). De la misma manera
negativa se juzga su actitud ante la vida, digna de desprecio (cf.
3,17b; 4,19a; 5,4c; 12,24b). También aquí al barro se le atribuye una
calificación negativa.
11. Este verso corresponde al v.10 por su
construcción trimembre: tres participios paralelos que describen la
acción creadora de Dios con relación al hombre. Para la formulación de
este verso el autor se inspira libremente en Gén 2,7(LXX), pero se vale
también de otros pasajes de la Escritura y de corrientes de pensamiento
helenistas.
Lo que Gén 2,7 dice del primer hombre, el autor lo
aplica al alfarero que modela ídolos. En este punto ya hemos visto que
otros autores sagrados le han precedido (cf. Is 49,5; Jer 1,5; Job
10.8-9; Sal 119,73; 139,5; Prov 24,12; Zac 12,1; también Sab 7,1 y
10,1).
La causa fundamental de la aberración moral del alfarero
modelador de ídolos es el desconocimiento de su Hacedor (cf. 13,1ss). El
que por profesión modela el barro, desconoce que él mismo ha sido
modelado y plasmado por Dios. Dios es el Creador y Señor absoluto de los
hombres, como lo es del universo. El autor está familiarizado con esta
verdad de fe, expresada frecuentemente con la imagen de Dios alfarero
del hombre; por esto se extraña de que el alfarero profesional no
reconozca al Señor que lo ha formado. La misma postura mental se
reflejaba en 13,1ss.
En v.11bc se observa un paralelismo
estricto. Los dos participios (a quien infundió - a quien sopló)
expresan la misma acción vivificadora de Dio; alma activa y aliento
vital corresponden a la misma realidad. El alma activa es el principio
que actúa en todas las operaciones vitales del hombre; aliento vital es
una expresión única en LXX, que se asemeja mucho a la de Gén 2,7: pnoh%n
zwh=$ (cf. también Gén 6,17; 7,15; Ez 37,5). Según la forma de pensar
del autor, pneu=ma zwtiko/n es el principio de las actividades
superiores del hombre; no se puede distinguir, al menos adecuadamente,
de la yuxh/ o alma (cf. v.8 y 16). C.Larcher lo expresa así: "Una misma
realidad sería, pues, designada por dos términos de evocaciones
diferentes...: yuxh/ que recuerda el dominio total del alma en el
cuerpo, su influjo director y dinámico: pneu=ma, que determina la
naturaleza de esta alma, dependiente de la expresión bíblica 'aliento de
vida”, comunicado directamente por Dios este pneu=ma guarda algo
divino' salido de Aquel que es la fuente de la vida y de una vida
indefectible, no es sólo viviente y 'vivificante', sino que es además
una llamada a una vida superior, conforme al verdadero destino del
hombre”.
El autor tiene una concepción dicotómica del hombre, no la tricotómica de los platónicos.
12.
Lejos de reconocer el alfarero idólatra su origen superior y el destino
inmortal de la vida, considera a ésta superficialmente como un juego,
como una feria en la que lo que importa es la ganancia.
Debemos
afirmar que nuestra vida y la existencia son términos paralelos, con la
misma significación: nuestra vida humana con sus coordenadas concretas,
especialmente la de su duración.
El autor utiliza en este verso
lugares comunes de la literatura greco-romana. Que la vida humana, el
hombre, es un juego en mano de los dioses, lo afirma Platón: "Pensemos
que cada uno de nosotros, seres vivos, somos marionetas de los dioses,
fabricados ya para juguetes de ellos, ya con algún fin serio”; "El
hombre no es más que un juguete inventado por la divinidad".
Pero
nuestro autor no habla de los dioses, sino del alfarero, para el que la
vida es como un pasatiempo sin trascendencia, como un juego; también
para Suetonio que hace decir a Augusto el último día de su vida: a sus
amigos les preguntó "si les parecía que había representado bien su papel
en la comedia de la vida”.
Es más frecuente el uso de la comparación de la feria para hablar de la vida, y toda feria implica negocios.
El autor pone en boca del alfarero en v.12c la formulación del
principio que rige el proceder cínico de los traficantes sin conciencia.
Con
palabras nítidas, sin metáfora reprueba el autor la doctrina que en los
clásicos constituía el tópico non olet: el dinero no tiene mal olor,
venga de donde venga; "Haz dinero, dinero, honestamente si puedes, si no
de la manera que sea". Suetonio dice de Vespasiano: "Su hijo Tito le
reprochó que se le hubiera ocurrido establecer un impuesto sobre los
orines, pero Vespasiano puso bajo sus narices el dinero procedente de la
primera recaudación y le preguntó si olía mal y, al contestar éste que
no, replicó: 'No obstante procede de la orina'”. Y Juvenal escribe: "El
olor de la ganancia de cualquier mercancía es siempre bueno”.
13.
El alfarero, vendedor de idolos, conoce muy bien lo que hace y sabe que
puede inducir a los compradores a la idolatría, por esto es más
culpable que todos. Intencionadamente llama el autor al alfarero
dhmiourgw=n: hacedor, fabricador. El alfarero o barrero (v. 7g) trabaja
la materia terrosa y juega a ser demiurgo, creador de seres. Esta
palabra la evitó el autor al hablar de Dios Creador en 13,1-9, para no
confundir al verdadero Dios con las divinidades intermedias o demiurgos
de las mitologías griegas. Ahora la emplea con el propósito de
ridiculizar al fabricante de ídolos sin escrúpulos ni sentido moral.
"Materia
terrosa se opone al orden de la yuxh/ y del pneu=ma dado al hombre
solamente en el acto creador. El hombre ha sido sacado de la materia
terrosa, pero Dios le insufló el espiritu de vida. El alfarero,
queriendo imitar al Creador, saca a su vez de esta misma materia terrosa
ídolos y vasos, pero ¿podría él jamás insuflar el espíritu
vivificante?”.
El v.13 cierra perfectamente el tema abierto en v.7 e incluye el juicio definitivo del autor sobre los fabricantes de ídolos.
3) Idolatría universal y zoolatría de los egipcios
(15,14-19)
En
15,14-19 llagamos al término del largo discurso que el autor ha
dedicado al tema de la idolatría. En estos versos se emite un juicio muy
severo contra el pueblo egipcio, los enemigos de tu pueblo (v.14a),
porque no sólo acepta todos los ídolos de los gentiles (v.15a), sino,
sobre todo, porque da culto a animales vivos despreciables (cf.
v.18-19). Este último motivo, la zoolatría, sirve además de marco
literario a las digresiones que se extienden de 11,15 a 15,19.
Efectivamente, 15,18-19, 'como unas pinzas cierran el ciclo de las
digresiones, remitiéndonos al comienzo de ellas, a 11,15-16' y a
12,23-27, la perícopa que tiene la doble función de encuadrar la primera
digresión (11,15-12,27) y servir de puente para la segunda (13.15).
La
referencia a la zoolatría, como culto típico de los egipcios,
precisamente es lo que ha brindado al autor la ocasión para introducir
en este lugar la digresión sobre la idolatría.
15,14 Pero los enemigos que oprimieron a tu pueblo son todos insensatos
y más infelices que el alma de un párvulo,
15 pues tuvieron por dioses a todos los ídolos de los gentiles,
cuyos ojos no les sirven para ver,
ni la nariz para respirar,
ni las orejas para oír,
ni los dedos de las manos para tocar
y sus pies son torpes para andar.
16 Porque los hizo el hombre,
los modeló un ser de aliento prestado,
y ningún hombre puede modelar un dios a su semejanza;
17 siendo mortal, sus manos pecadoras producen un cadáver;
vale más él que los objetos que adora,
pues él tiene vida, los otros jamás.
18 También dan culto a los animales más odiosos,
que, comparados con los demás, son los más brutos;
19 no tienen ninguna belleza que los haga atractivos
-cosa que sucede a la vista de otros animales-,
sino que se quedaron sin la aprobación de Dios y sin
su bendición.
15,14-19.
La presente estrofa, a pesar de su brevedad, constituye la tercera
parte de la digresión sobre la idolatría. Como hicimos notar en la
introducción a cc.13-15, "se observa un ritmo ascendente en el juicio
negativo y condenatorio del autor con relación a las categorías de
hombres que se distinguen por el tipo de religión al cual se adhieren":
Vanos (13,1a), los adoradores de la naturaleza; unos desgraciados
(13,10a), todos los idólatras; los más necios de todos (15,14a), los
egipcios, porque además veneran a los animales vivos. En este sentido
15,14-19 corona el tratado sobre la idolatría; pero también da paso a la
continuación del midrás en 16, 1ss.
La perícopa consta de una
introducción (v.14), y de dos partes bien definidas estilísticamente; la
primera es una nueva reflexión sobre los ídolos, y la segunda sobre la
zoolatría de los egipcios.
14. El verso introduce las
reflexiones que se van a hacer sobre el culto de los egipcios. Con
relación a la perícopa precedente del alfareo fabricante de ídolos, la
transición está bien conseguida: el pa/nte$ empalma con el para% pa/ntas
del v.13a, la conjunción adversativa de/ subraya la oposición y el
superlativo absoluto los más insensatos, anuncia una nueva categoría de
idólatras que supera con mucho en necedad a todos los precedentes.
El
adjetivo insensato, necio, estúpido (cf. 1,3b; 3,2a. 12a; 5,4b; 12,24c;
14,11d; 15,5a) pertenece al vocabulario de los sapienciales y, en
especial, a Proverbios y Eclesiastés. Generalmente incluye una fuerte
censura moral si se dice de adultos. Los motivos por los cuales se llama
los más insensatos a los enemigos del pueblo los dará el autor en v.15 y
18.
El párvulo es el niño que todavía no ha llegado a la edad de
la discreción (cf. 10,21; 18,5). ¿Por qué compara el autor a los
enemigos del pueblo con los niños y afirma que son más infelices que el
alma de un párvulo? ¿Es que se puede decir de un niño, del alma de un
niño, que es infeliz o desafortunado? El autor ya ha dicho de los necios
que tienen por dioses a los animales, que se han dejado engañar "como
párvulos sin sentido" (12,24c), sin dar a párvulos un significado
peyorativo, sino el objetivo y real de carentes del principio de
discreción o de la inteligencia (cf. 12, 25). En 15,14a el contexto es
el mismo y de nuevo se relacionan los idólatras (cf. v15) con los niños,
con el alma de un párvulo; ellos, con ser adultos, tienen menos razón y
sentido que el alma de un bebé, y por esto deben ser considerados unos
infelices, unos desgraciados.
Los enemigos de tu pueblo: según la
forma de hablar del autor en esta tercera parte, los enemigos opresores
del pueblo son los egipcios (cf. 10,19; 11,15; 16,4.8.22; 18,7.10). Se
refiere a los egipcios de los tiempos pasados y a los contemporáneos, de
los que habla el v.18.
15-17. El autor vuelve sobre el tema de
la idolatría, aplicado a los egipcios, como prueba del juicio tan severo
de v.14. Repite descripciones y argumentos anteriores (cf. 13,10-19;
14,4-5; 15,7-8) en un breve resumen, como colofón de todo el tratado.
15.
Explicita la primera razón del juicio dado en v.14: porque han aceptado
el panteón de todos los pueblos. El sincretismo religioso es nota
característica del tiempo helenístico. No sólo Roma se distinguió por su
tolerancia y apertura a todos los cultos de los pueblos sometido;
también Egipto, el tolemaico primero y el romano después, compitió con
Roma en la asimilación de todas las corrientes religiosas. A este
fenómeno contribuyó el gran intercambio cultural y comercial a partir de
Alejandro Magno entre oriente y Occidente; en especial en la cuenca
mediterránea la pérdida de la fe en los dioses patrios y el escepticismo
general dominante. Los panteones locales y nacionales incrementaron
increíblemente el número de sus dioses y se identificaron las
divinidades indígenas con las de importación.
En v.15b-f el autor
desarrolla el tema de la impotencia de los ídolos, tema que ya ha
tratado en varias ocasiones (cf. 13,10a.16-19) y que se enraíza en la
tradición bíblica antiidolátrica. De hecho la descripción que el autor
hace de los ídolos en este lugar está inspirada en Sal 115,4-7;
135,15-17; cf. Jer 10,4-5; Bar 6.
16. La nulidad de los ídolos
es patente por sí misma (v.15); pero lo es aún más si nos paramos a
pensar en el hombre que es su creador-hecedor. El hombre juega a ser
creador (cf. 15,13b) al fabricar sus ídolos. El autor con ironía muy
fina ridiculiza esta pretensión y aduce los argumentos
filosífico-teológicos más convincentes para debelar cualquier teoría que
pretenda defender la idolatría. Deliberadamente aduce Gén 1,27 y
2,7(LXX), los lugares más importantes de la Escritura sobre la creación
del hombre por parte de Dios. A la acción creadora de Dios se opone el
remedo de la acción del hombre con el uso del mismo vocabulario. Las
correspondencias verbales son tan manifiestas que asombra cómo no lo han
observado todos los comentaristas. El hombre que ha recibido de Dios
gratuitamente el don de su aliento, de su vida, de su existencia (cf.
7,1; 10,1-2; 15,8-9), que todo lo que tiene le ha sido dado (cf. 1 Cor
4,7), jamás podrá transmitir su vida o parte de ella a una sola obra de
sus manos, convertir un ídolo en doble de sí mismo; mucho menos podrá
superarse a sí mismo, trascender su propia naturaleza humana y crear un
ser de naturaleza divina.
17. Casi sin interrupción este verso
continúa el discurso del verso anterior y lo confirma. Frente a los
seres sin vida -los ídolos- se yergue la dignidad del hombre, que no la
elimina ni su condición de mortal (cf. 7,1a; 9,14a) ni su actitud
pecadora.
Lo que es mortal por naturaleza no puede producir sino una
obra muerta, un cadáver (cf. 13,10a.18a; 15,5b). Manos pecadoras o
impías, porque es impía la obra realizada, el ídolo o cadáver.
En
la escala de los seres vivos el hombre ocupa el puesto de honor. Muy
grande es la diferencia con los seres inanimados, nos separa una
distancia ilimitada. Lo mismo se debe decir de las obras hechas por el
hombre. Por esto el hombre se degrada al postrarse ante cualquier
objeto; sin embargo, la actitud de adoración ante Dios por parte del
hombre no es un acto de vejación de su dignidad, sino un acto de
reconocimiento de la trascendencia divina que ennoblece al hombre mismo
por ser criatura suya, hecha a su imagen y semejanza.
18-19. A
la reflexión final sobre los ídolos de los versos 15-17 sigue la última
observación del autor sobre el culto de los egipcios a los animales
vivos. Estos dos versos nos remiten a 11,15 y 12,27, realizando una
función estructural, según hemos indicado al comienzo de la estrofa.
Pero al mismo tiempo preparan el paso al díptico segundo sobre la plaga
de los animales y las codornices, en 16,1-4.
18.
Redaccionalmente el v.18 depende del v.15a; el kai/ de v.15a continúa
con el kai/ de v.18a, que se traduce por también, ya que nos introduce
en el segundo motivo por el que los egipcios son llamados los más necios
y los más infelices (v.14), a saber, porque practicaron la zoolatría,
dan culto a los animales. En Israel estaba prohibido cualquier culto que
no fuera dirigido a Yahvé (cf. Ex 20, 3; Dt 5,7) y también la
representación de la divinidad por medio de imágenes (cf. Dt 4,15). Pero
Israel no siempre observó estos preceptos. Lo que jamás se hizo en
Israel fue dar culto a animales vivos, como hicieron los egipcios.
Los
animales más odiosos, como serpientes, cocodrilos, escarabajos; cf.
"reptiles sin razón y viles animales" (11,15b) y "los animales más viles
y repugnantes" (12,24b). Los v.18b y 19 dan la razón de por qué los
animales, objeto de culto, son los más odiosos. Comparados: se refiere a
los animales de los que acaba de hablar en v,18a; los demás son los que
no son adorados.
19. La segunda razón por la que son odiosos
los animales adorados (cf. v.18a) es su falta de belleza. En los
adoradores de la naturaleza encontraba el autor atenuantes, porque
habían sido seducidos por la belleza de las criaturas (cf. 13,1-9); pero
no ve forma de excusar a los adoradores de estúpidos animales, porque
ni aun siquiera tienen ellos la belleza y nobleza de otros animales.
Dios ha bendecido toda la creación (Gén 1,31), y en particualr a los
animales (cf. Gén 1,21s.25); al covertirlos el hombre en objeto de
adoración, los animales han perdido la bendición de Dios y son ya
objetos abominables, como el madero de 14,8. Parece que el autor hace
extensiva a los reptiles, objeto de culto, la maldición a la serpiente
de Gén 3,14 (cf. tambiém Lev 11,41-44).
Este v.19 cierra la
digresión sobre la crítica a la religión de los paganos. La crítica del
autor a la idolatría no es puramente negativa; su finalidad es muy
positiva: preservar de ella a los fieles adoradores del Dios verdadero
y, posiblemente, atraer a la verdadera religión a paganos bien
dispuestos. Los fundamentos de esta crítica son también positivos: la
naturaleza creada de los elementos, de los astros y de la materia
empleada en la fabricación de los ídolos; la dignidad humana sobre todos
los seres creados y, principalmente, la trascendencia del ser divino,
cuyo nombre es incomunicable. La aberración de la idolatría está
precisamente en la subversión de estos valores imperecederos que lleva
al hombre a la degradación de su propia naturaleza y a la suplantación
del verdadero Dios, que dignifica y libera al hombre, por los ídolos
ideados por el hombre a su imagen y semejanza y que lo esclavizan.
c. Mordeduras de las serpientes y plaga de los insectos
(16,5-14)
16,5 Pues incluso cuando les sobrevino la terrible furia de fieras,
y perecían mordidos por serpientes tortuosas,
tu ira no duró hasta el final;
6 para que escarmentaran, se les asustó por poco tiempo,
pero tenían un emblema de salud
como recordatorio del mandato de tu ley;
en efecto, el que se volvía hacia él
sanaba no en virtud de lo que veía,
sino gracias a ti, Salvador de todos.
8 Así convenciste a nuestros enemigos
de que eres tú quien libra de todo mal;
9 a ellos los mataron las picaduras de langostas y de moscas
sin que hubiera remedio para sus vidas,
porque tenían merecido este castigo;
10 a tus hijos, en cambio,
ni los dientes de serpientes venenosas les pudieron,
pues acudió a curarlos tu misericordia.
11 Los aguijonazos les recordaban tus oráculos
-y en seguida sanaban-
para que no cayeran en profundo olvido
y se quedaran excluidos de tu acción benéfica.
12 Porque no los curó hierba ni emplasto,
sino tu palabra, Señor, que lo sana todo.
13 Porque tú tienes poder sobre la vida y la muerte,
llevas a las puertas del infierno y haces regresar;
14 el hombre, en cambio, aunque con su maldad dé muerte,
no devuelve el aliento exhalado
ni libera el alma ya prisionera.
16,5-14.
El autor relaciona el relato de las serpientes en el desierto (cf. Núm
21,6-9) con las plagas de las langostas y otros insectos en Egipto (cf.
Ex 8,12s.17-20; 10,12-17) y descubre un nuevo contraste que constituye
el díptico tercero de esta tercera parte: las mordeduras de las
serpientes dan ocasión a Dios para ejercitar con su pueblo la
misericordia (v.5-7.10-12); las picaduras de la langosta y moscas causan
el exterminio en el pueblo egipcio (v.9). Un mismo medio: el ataque de
unos animales, para unos es causa de ruina (v.9), para otros de
salvación (v.10).
Si leemos atentamente los relatos de Ex 8 y 10 y
de Núm 21, advertimos que el autor de Sab no repite simplemente lo que
allí se narr, sino que da una interpretación teológica de los hechos
narrados, inspirada muy probablemente en tradiciones targúmicas. De esta
forma el autor ilustra también el tema general del midrás, enunciado en
11,5.
El autor desarrolla de nuevo el principio de 11,16: "con
lo que uno peca, con ello es castigado”, que acaba de recordar en 16,1,
aplicado también esta vez a los israelitas.
La unidad literaria
de Sab 16,5-14 está suficientemente marcada por inclusiones: les
sobrevino: v.5ª; (exhalado: v.14b; que tenían: v.6b; (tú tienes: v.1 3a.
5.
El verso empalma sintáctica y estilísticamente los dos dípticos,
distinguiéndolos. Resume el episodio narrado en Num 21,6-9; pero
silencia las causas de la ira de Dios: la murmuración del pueblo en
contra de Yahvé y de Moisés (Cf. Núm 21,5-7).
Las fieras son las
serpientes abrasadoras (TM), mortíferas (LXX). Perecían mordidos: si
tenemos presente Núm 21,6(LXX), "El Señor envió contra el pueblo
serpientes mortíferas y mordían al pueblo”, descubrimos que el texto de
Sab oculta una intención teológica, pues la forma verbal está en pasiva:
eran destruidos (diefqei/ronto: pasivo teológico) por las mordeduras.
Esta interpretación queda confirmada por v.5c, como veremos. Serpientes
tortuosas: la expresión, aunque normal, parece inspirada en Is 27,1,
que describe el monstruo marino como una "serpiente tortuosa”. Tu ira:
la invasión de las serpientes venenosas del desierto son expresión de la
cólera divina suscitada por las murmuraciones del pueblo contra Dios y
contra Moisés (cf. Núm 5,7). Los autores sagrados interpretan los
acontecimientos históricos como revelación de los sentimientos de Dios
(cf. Sal 74,1; 79,5; 89,47). No hasta el final absoluto o total
exterminio del pueblo, como acontece con los impios en 19,1a; o bien
temporalmente: hasta el fin, como se supone en v.6 (cf. Sal 103,9 y Sab
18,20).
"En términos de individuos, aquel castigo fue final para algunos, en términos de pueblo no fue definitivo”.
6. Se especifica la finalidad de las pruebas del pueblo de Israel en el desierto: para advertencia o apercibimiento (v.6a).
Se
les asustó: pasivo teológico como el de v.5b, que desempeña la misma
función teológica. La doctrina del autor sobre el sentido de estas
pruebas del pueblo israelita es coherente; nunca tienen un carácter
meramente vindicativo, sino que van orientadas a una instrucción y
conversión saludables (cf. 11,10; 16,11). Por la misericordia de Dios y
la fragilidad humana son siempre breves en su duración: por poco tiempo
(cf. v.3d y v.5) y leves en comparación de las de los enemigos (cf. v.4;
12,20-21).
Intencionadamente el autor silencia o, al menos, le
quita importancia al detalle de Núm 21,7: "Y murieron muchos
israelitas”. Pero tenían: el sentido no puede ser que ya contaban de
antemano con..., pues en Núm 21,8 explícitamente ordena Dios a Moisés
después de su oración: "Haz una serpiente...". Pero el silencio del
autor sobre la actuación mediadora de Moisés, que también es
intencionado, da al texto un sentido equívoco y enigmático, que sólo
será despejado en v.12.
La función mediadora de Moisés en Núm 21
es central. No podía ser ignorada por el autor de Sab; si no habla de
ella, será por alguna razón muy poderosa. Al evitar mediaciones, parece
que es más manifiesta la acción salvadora de Dios. No existen más que
dos interlocutores: Dios y el pueblo; un tercer personaje deshace el
paralelismo entre Dios y el pueblo, Dios y los enemigos del pueblo.
Un
emblema de salud: la serpiente de bronce, fabricada por Moisés según el
mandato del Señor (cf. Núm 21,8-9). El vocablo su/mbolon, utilizado por
el autor, no va más allá del shmei=on de Núm 21,9: señal, signo
precursor; sin contener todavía el valor del signo sacramental,
simbólico y trascendente que adquirirá con el paso del tiempo (cf.
también 2,9b). La salud por el contexto se refiere a la preservación de
la muerte física o biológica que podían producir las picaduras de las
serpientes venenosas y, por tanto, a la permanencia en la vida (cf.
Núm 21,8.9). Como recordatorio: el emblema o señal de salud debe
relacionarse con los preceptos de la ley de Dios o manifestación de la
voluntad divina, ya que la plaga de las serpientes ha sido enviada por
la rebelión en contra de Dios (cf. Núm 21,5-7) y la sanación de las
picaduras implicaba una conversión al Señor (cf. Núm 21,8-9; también Sab
16,11). La construcción como recordatorio v.6b) corresponde a para que
escarmentaran (v.6a): dos formas paralelas para expresar la intención
salvífica de Dios, unas veces probando con el castigo merecido, otras
manifestando su benevolencia con signos que dan vida.
Existe una
tradición targúmica que relaciona el episodio narrado en Núm 21,6ss con
Gén 3,14-15: serpiente con serpiente, y la sanación con la observancia
de la ley, cuyo modelo (¡) fue la serpiente del paraíso: "En el
principio maldije a la serpiente y le dije: El polvo será tu comida;
ahora he hecho subir a mi pueblo del país de Egipto y he hecho bajar de
los cielos para ellos el maná... ¡y mi pueblo ha vuelto a murmurar
delante de mí por cuestión del maná, que su comida es ligera! ¡Venga,
pues, la serpiente que no murmuró por su alimento y se apoderó del
pueblo que ha murmurado por su comida! Por eso, Yahvé soltó las
serpientes abrasadoras contra el pueblo y mordieron al pueblo y murió
mucha gente de Israel”.
7. El verso intenta solucionar una grave
dificultad teológica. Explica cómo la serpiente de bronce que levantó
Moisés en el desierto, el emblema de salud, no poseía virtud mágica
curativa; era simplemente una señal o signo de la voluntad salvadora de
Yahvé (cf. Núm 21,8s), realizada en todos aquellos que, al volverse
hacia la imagen, realmente se volvían hacia Dios con un sentimiento de
confianza y de arrepentimiento (cf. Núm 21,7; Sal 78, 34). Esto no
excluye que muchos israelitas creyeran en una virtud mágica de la
serpiente de bronce, y la afirmación del autor de Sab parece suponerlo.
Los israelitas conservaron la serpiente de Moisés hasta el tiempo de
Ezequías, rey de Judá, que mandó destruirla, porque se había convertido
en objeto de culto (cf. 2 Re 18,4).
El autor es consecuente con
la doctrina expuesta en los capítulos 13-15: los ídolos son seres
muertos (cf. 13,10a.18a; 14,19a; 15,5b. 17a); Dios es el único que puede
curar y vivificar (cf. 1,13-14; 11,25-26; 16,12-13), él es el Salvador
de todos.
Ya en el texto de Núm 21,7-8 el pueblo se arrepiente de
su pecado y pide a Moisés que interceda ante el Señor para que aparte
de ellos la plaga de las serpientes. Moisés ruega por el pueblo y Dios
manifiesta su voluntad salvadora al ordenar que se haga una serpiente de
bronce. Se afirma, pues, que Dios es el único que sana y puede sanar.
Los Targumim son más explícitos que el texto hebreo de Números. Así
leemos en el PsJon a Núm 21,9 que si la serpiente mordía a uno, "miraba a
la serpiente de bronce y dirigía su corazón al nombre del Verbo de
Yahvé y vivía”; el TargFrag: “... levantaba su rostro en oración hacia
su Padre que está en los cielos y miraba a la serpiente de bronce y
vivía". Nuestro autor tiene presente las tradiciones que reflejan estos
Targumim y por esto disipa cualquier duda sobre la fuente y origen de la
curación.
8-9. Como en 11,13, supone el autor que los egipcios
fueron informados de los acontecimientos del desierto y de su
significación trascendente: Dios interviene en favor de su pueblo como
único salvador (cf. Is(LXX), 44,6; 47,4; 48,17; 49,7; 54,5.8). No
solamente es salvador de todos (v.7b), sino también liberador de todo
mal (cf. 2 Mac 1,25; 1 Sam 10,19). Contraste con los dioses e ídolos
impotentes de los egipcios que no pueden liberar a los que los invocan;
por lo que los egipcios no encontraron medicina ni remedio para sus
vidas en peligro.
En el v.9 presenta formalmente el autor la
primera cara del díptico o antítesis: a ellos, los egipcios; seguirá en
v. 10a la segunda cara: a tus hijos, en cambio. Intencionadamente
contrapone el autor causas y efectos. Las picaduras de la langosta y de
las moscas no son de suyo mortíferas; pero el autor piensa que las
plagas de los insectos, relatadas en Ex 8 y 10, fueron de tal magnitud
que condujeron necesariamente a la muerte de muchos (cf. en especial Ex
8,13.14.20; 10,15.17), porque habían merecido ser castigados con estos
animales, según el principio formulado en 11,16.
10. El verso
corresponde a v.9a como su antítesis. El autor subraya hiperbólicamente
las diferencias entre los resultados de las picaduras de unas moscas y
las mordeduras de serpientes venenosas. La razón explicativa de esta
increíble paradoja es la misericordia de Dios con su pueblo (cf.
12,18-21), con sus hijos (cf. 9,7; 12,19. 21; 16,26; 18,4.13). Sabemos,
sin embargo, que muchos israelitas murieron en el desierto a
consecuencia de las mordeduras de las serpientes (cf. Núm 21,6); por
otro lado las plagas de los insectos no pudieron causar muchas muertes
de personas en Egipto. El autor interpreta a su modo los acontecimientos
narrados en Exodo y Números, para apoyar su tesis dogmática de que el
Dios de Israel es el único que libera de todo mal (cf. v.8), que salva y
sana a todos por pura misericordia (cf. v.7.12; Sal 107,20; Is
57,18-19).
11. Este verso es una síntesis magnífica de la
teología de las tribulaciones históricas del pueblo de Dios.
Concretamente se refiere a las pruebas del desierto en tiempo del Exodo,
pero la doctrina es válida para cualquier circunstancia histórica. Las
tribulaciones servían de estímulo a los israelitas en los momentos de
desfallecimiento, como la aguijada a los bueyes; pero la prueba ni era
muy prolongada, ni superior al grado de resistencia de los israelitas,
por lo que en seguida sanaban.
El castigo paternal y la
misericordia de Dios tienen una misma finalidad: hacer recordar sus
palabras. Tus oráculos o tus palabras: primariamente son el mandato de
tu ley (v.6b), la expresión inequívoca de la voluntad del Señor que se
ha revelado por medio de acontecimientos y de elegidos en la historia
del pueblo. Esto mismo nos induce a creer que incluyen también las
palabras de consuelo, las promesas, las amenazas anexas a los pactos y
proclamadas por los enviados de Dios, especialmente por Moisés (cf. Ex
19,7; 24,3.4; 35,1; Dt 9,10; 10,4; 12,28; 27,3.26; 28,69; 31,12; Sal
119,11.103. 148.158, etc.).
V.11cd manifiesta la intención de
v.11a, lo que Dios pretendía con los aguijonazos o pruebas: avivar la
memoria del pueblo y evitar la exclusión de los beneficios divinos. El
profundo olvido se refiere, naturalmente, a los lo/gia u oráculos de
v.11a. El sentido de v.11d corresponde a la elección que se haya hecho,
según explicamos en la nota filológica. La acción benéfica del Señor
comprende todas las manifestaciones misericordiosas del Señor con
respecto a su pueblo y que contrastan fuertemente con las experiencias
amargas de sus opresores y enemigos. Sigue, pues, el autor fiel a la
misma enseñanza en todos los dípticos o contrastes comparativos.
12.
Además del relato canónico de Núm 21,5ss el autor cuenta, sin duda, con
otras tradiciones o fuentes; algunas de ellas nos han sido transmitidas
por los targumim. Núm 21,8(LXX) dice: "Dijo el Señor a Moisés: Hazte
una serpiente y ponla como señal...; todo el que haya sido mordido,
mirándola, vivirá”. Las versiones targúmicas añaden al texto de Números
el elemento subjetivo del que era mordido por las serpientes: "Levantaba
su rostro en oración hacia su Padre que está en los cielos y miraba a
la serpiente y vivía" (TgFragm); "Miraba a la serpiente de bronce y
dirigía su corazón al nombre del Verbo de Yahvé y vivía" (TgPsJon).
La
serpiente de bronce no tiene ninguna virtud curativa (cf. v.7), ni los
que son mordidos por las serpientes se aplican medicina alguna, ni
hierba, ni emplasto, es decir, ni remedio natural ni artificia; Dios es
el único que los cura. Dios interviene activamente en los procesos
naturales y humanos. Tu palabra...: el autor atribuye a la palabra de
Dios lo que antes dijo de Dios mismo (cf. v.7b.8b) y de su misericordia
(v.10; cf. Ex 15,26). La palabra es, por lo tanto, equivalente a su
voluntad omnipotente, creadora y salvadora; el v.13 confirma esto mismo
(cf. también v.26; 18,15; Sal 197,20).
El querer de Dios es
poder; poder que se realiza por medio de su palabra eficaz (cf. Gén 1;
Sal 33,6.9; 115,3; 135,6; 148,5; Is 55, 11). La causalidad divina
misteriosa, pero real y directa, pertenece al mismo núcleo de la fe
religiosa de Israel, fe que hereda íntegramente la Iglesia de Jesucristo
(cf. Jn 5,17). La causalidad divina siempre será de orden trascendente,
sin que se pueda confundir con un género de causalidad creada, aunque
infinitamente superior. Admitirla no es suplantar la causalidad de las
criaturas, sino afirmar un hecho de orden trascendental que siempre será
requerido para la explicación fundamental del orden de la naturaleza.
El
verso en forma dialogal con Dios, el Señor, prepara magníficamente la
confesión de fe del verso siguiente acerca del poder de Dios sobre la
vida y la muerte.
13. En toda la perícopa campea el poder
misericordioso de Dios, que salva y sana a su pueblo. Su poder es
absoluto; se extiende sobre la vida y la muerte, expresión bipolar que
comprende un valor máximo: la vida y su contrario la muerte.
V.13b repite quiásticamente la misma idea de v.13a.
La
formulación del v.13 nos recuerda casi literalmente a Tob 13, 2; Dt
32,39; 1 Sam 2,6; cf. también Sal 49,16. Ahora vamos a ver si su
contenido es muy diferente a la luz de la tradición bíblica.
Dios
es "la fuente de la vida" (Sal 36,10), tiene poder para prolongar la
vida (cf. Is 38,5; Eclo 48,23) y solamente él puede hacer morir y vivir
(cf. 2 Re 5,7); él envía el exterminio y la muerte sobre los mortales
(cf. Gén 6,7.13.17; 7,4.21-23; Ex 12,12. 23.29, etc.); tiene, pues,
dominio sobre la vida y la muerte. Infierno o hades, cuando no pertenece
al texto original griego, es la traducción más frecuente en LXX del
seol hebreo. La gama de significaciones en la Escritura es grande: la
muerte (cf. Sal 18,6; 116,3; Is 28,15.18, etc.); peligro inminente de
muerte (cf. Sal 30,4 y muy frecuente); lugar o reino de los muertos (cf.
Gén 37,35; Núm 16,33; Dt 32,22; Sal 49,15; 55,16; 89,49; Tob 3,10,
etc.); esta morada de los muertos es concebida como una cárcel, cuyas
puertas se cierran y no se abren más (Is 38,10; cf. también 3 Mac 5,51;
SalSal 16,2); muy cercana a esta expresión: puertas del infierno, es la
de "puertas de la muerte" (Job 38,17; Sal 9,14; 107,18). El elemento
común a todas estas significaciones es la relación con la muerte.
El
contenido del v.13 como afirmación dogmática, considerado en sí mismo,
comparado con la doctrina tradicional de la Escritura, cuyas
formulaciones repite casi literalmente y con el contexto inmediatamente
anterior (v.5ss), que habla de liberación de graves peligros, no parece
que supere la doctrina tradicional veterotestamentaria. No hace, pues,
alusión a la resurrección de los muertos; pero subraya fuertemente el
poder vivificador de Dios que da vida y libera de los peligros contra
ella y del máximo peligro que es la muerte (cf. v.7.8.10.12). Veremos
si, al analizar el v.14, podemos profundizar más en el pensamiento del
autor y descubrir un nuevo horizonte.
14. Intencionadamente
contrapone el autor al poder de Dios (v. 13) el poder del hombre: Dios
tiene "poder sobre la vida y la muerte”; el hombre solamente tiene el
triste poder, por su maldad, de hacer morir, pero, una vez consumado el
hecho, no tiene poder para volver a reunir en un ser vivo el aliento -el
alma- y su cuerpo.
La concepción antropológica del autor es
dicotómica, como decíamos a propósito de 15,11. El aliento o espíritu y
alma son aquí casi sinónimos, aunque en otros contextos pueden tener
matices más diferentes (cf. 15,11). El aliento exhalado: la vivificación
del hombre se concibe como una infusión del aliento vital, del espíritu
(cf. Gén 2,7); la muerte a la inversa, como la salida o el retorno del
espíritu a su origen (cf. Ecl 12,7).
Ni libera el alma, que, según la
concepción tradicional del mundo antiguo, después de la muerte es
recibida en el hades, cárcel tenebrosa y lago profundo (cf. Job 38,17;
Is 14,15; 38,10.15; Ez 26,20; Sal 16,10; 49,19, etc.).
El autor
se vale de las concepciones antropológicas de la Biblia y de su tiempo
para expresar esta verdad de valor universal: que el hombre es impotente
para hacer vivir de nuevo al que haya traspasado las barreras de la
muerte. Los comentaristas afirman generalmente que el autor pretende
enseñar aquí el poder que tiene Dios de resucitar a los muertos, o
porque lo ven afirmado excplícitamente en el v.13, o porque al menos lo
deducen del v.14, al confrontarlo con el v.13. Sin negar toda
probabilidad a esta opinión, creemos, sin embargo, que el texto puede
interpretarse llanamente sin necesidad de hacer alusión al poder de
resucitar a los muertos. Ya hemos visto cómo en el v.13 no se habla de
resurrección. El v.14 limita el poder del hombre hasta las fronteras de
la muerte; Dios, sin embargo, tiene poder sobre los vivientes en todas
las circunstancias (v.13), y, además, su poder se extiende hasta donde
se extienda la realidad del ser, por tanto también más allá de las
fronteras de la muerte.
d. Plaga de los elementos atmosféricos - don del cielo
(16,15-29)
La
presente perícopa ocupa un lugar central en la tercera parte. El tema,
que es lo que verdaderamente da unidad a la perícopa, es de gran
envergadura y trascendencia teológica. No es un tema nuevo en el decurso
del libro, más bien es una variación temática que ilustra la tesis
fundamental de 11,5. La novedad está en la aplicación de la ley física
de los contrastes, según los conocimientos de la época, en el desarrollo
del díptico y en la interpretación de datos tradicionales acerca de
algunos hechos fundamentales, narrados en Ex 9; 16 y Núm 11. El autor
utiliza la dialèctica de los contrastes como recurso estilístico:
tierra-cielo; histórico-escatológico; humano-cósmico; agua-fuego; fuego
destructor-fuego benéfico, etc.
Sab 16,15-29, dentro de la unidad
total de carácter midrásico, es un ejemplo típico de midrás haggádico.
No se trata de narrar hechos históricos, sino de interpretar los datos
escriturísticos y de la tradición judía a la luz de la fe y sobre el
tamiz de concepciones cosmológicas del tiempo.
Se puede constatar
una inclusión general: en el agua: v.17a - agua: v.29b. Dividimos la
perícopa en dos estrofas: 16,15-23 o juicio del fuego y alimento
celeste, y 16,24-29: la creación al servicio del Señor.
Juicio del fuego y alimento celeste
16,15 Imposible escapar de tu mano;
16 a los impíos que no querían conocerte
los azotaste con tu brazo vigoroso:
los perseguían lluvias insòlitas, y pedrisco y tormentas implacables,
y el fuego los devoró;
17 y lo más sorprendente: en el agua, que todo lo apaga,
ardía más el fuego,
pues el cosmos es paladín de los justos;
18 una veces se amansaba la llama,
para no quemar a los animales enviados contra los impíos,
para que, viéndolos, comprendieran que el juicio de Dios los perseguía;
pero otras veces, aun en medio del agua,
ardía con más fuerza que el fuego,
para destruir la cosecha de una tierra malvada.
20 A tu pueblo, por el contrario, lo alimentaste con manjar de ángeles,
proporcionándoles desde el cielo pan a punto y sin esfuerzo,
de mil sabores, a gusto de todos;
21 este sustento tuyo demostraba a tus hijos tu dulzura,
pues servía al deseo de quien lo tomaba
y se convertía en lo que uno quería.
22 Nieve y hielo aguantaban el fuego sin derretirse,
para que se supiera que el fuego
-ardiendo en medio de la granizada
y centelleando entre chubascos-
aniquilaba los frutos de los enemigos;
23 pero el mismo, en otra ocasión,
se olvidó de su propia virtud,
para que los justos se alimentaran.
16,15-23.
L.Alonso introduce así la perícopa: "Los dos puntos de la oposición
entre egipcios e israelitas son los meteoros fuego y agua y los
alimentos en su relación. A partir de ese eje el autor amplifica libre y
desigualmente algunos aspectos. En el campo egipcio, el fuego vence al
agua, porque no se deja apagar por ella; en el campo israelita, el agua
vence al fuego, porque no se deja derretir. De este modo, el fuego
consume los alimentos de los egipcios y respeta el de los israelitas.
Mientras las cosechas egipcias son mencionadas rápidamente, el alimento
prodigioso de los israelitas, el maná, se presta a un desarrollo rico en
particulares. De donde se desprende una enseñanza central -que
retornará al final del libro-: los elementos cambian de naturaleza al
servicio de Dios, para castigar o favorecer, y en este servicio los
elementos revelan a su amo y señor. También el alimento entra en la
transmutación, cambiando de sabores y revelando el 'sabor' de su Señor".
15.
El verso sirve de transición al nuevo díptico o, con más propiedad, lo
introduce, formando parte de él. El autor se inspira en Tob 13,2b y Dt
32,29s, cuyo influjo ya lo hemos notado en comentario a 16,13.
La
tesis que defiende el autor es: el poder del Señor no tiene límites;
hasta hemos visto que se extiende más allá de la muerte (cf. v.13s).
Ahora va a demostrar que este poder se manfiesta tanto en la naturaleza
como en la historia. Los episodios aquí aludidos y que se narran en
Exodo y Números no son sino una muestra de ello. El sabio repite la
doctrina enseñada desde antiguo por los profetas, especialmente por el
déutero Isaías (cf. Is 43-45), sobre el dominio del Señor sobre los
pueblos y la creación; pero ahora el horizonte no tiene límites, rebasa
las categorías de espacio y tiempo.
16. Formalmente en v.16
prueba con un acontecimiento la tesis del v.15; el contenido resume otra
de las plagas de Egipto: la terrible plaga del granizo, narrada en Ex
9,18-35.
Los impíos son los egipcios o el faraón y sus
consejeros, que se oponían al plan de Dios, manifestado por Moisés. No
querían conocerte (cf. 12,27c), pues rechazaban las propuestas del
Señor, después de que hubiera pasado la prueba (cf. Ex 9,34s). Para los
autores sagrados, lo mismo que para los pueblos antiguos, los fenómenos
atmosféricos extraordinarios eran como una manifestación del poder
soberano de Dios (cf. Sal 29; 77,12-19). Tu brazo vigoroso:
antropomorfismo con que se expresa la omnipotencia de Dios en acción,
aquí punitiva con la tempestad. Lluvias insólitas: se puede comparar Ex
9,24.29(LXX).33.34 con Dt 11,10s. El fuego los devoró: el relato del
Exodo nos habla también de fuego (cf. Ex 9,23.24.28), que en una
tormenta no son sino los rayos. Lo que no nos dice Exodo es que los
egipcios fueran alcanzados por los rayos; esto parece que lo deduce el
autor de Ex 9,25: "El granizo hizo destrozos en todo el territorio
egipcio: hirió a todo lo que se encontraba en el campo, hombres y
animales, destrozó la hierba del campo y tronchó los árboles
silvestres”, o, como otros datos a propósito del maná, los encuentra el
autor en tradiciones extrabíblicas.
17. Comienza la especulación del autor sobre los hechos narrados en el v.16, es decir, sobre la tormenta de Ex 9,18ss.
En el relato de Ex 9,18-25 sobre la tempestad, en cuanto fenómeno de la
naturaleza, no aparece nada de orden sobrenatural. El autor de
Sabiduría transforma el relato de la tempestad en algo maravilloso; hace
una nueva lectura de los fenómenos naturales y de sus efectos,
dirigidos por la acción providente de Dios, inspirándose en las teorías
físicas de su tiempo.
Lo que más sorprende a primera vista, lo
más sorprendente, es que dos elementos tan contrarios como el agua y el
fuego no destruyan mutuamente su propia virtud, como sería lo natural,
sino que, para más asombro, el fuego la potencia en el agua (cf. v.19).
La solución al enigma cosmológico la encuentra el autor en la
interpretación teológica de la realidad. La concepción teológica del
autor es cósmicamente unitaria. La actividad del universo y, por lo
tanto, de sus elementos, está subordinada al destino final de la
salvación de los justos: el universo o cosmos es defensor, paladín de
los justos. La naturaleza no es un ser absolutamente autónomo, sino que
está al servicio de su Creador (cf. v.24).
Este principio teológico
fundamental lo ve el autor comprobado de una forma maravillosa en las
paradojas de las narraciones del Exodo y Números, y lo va a demostrar en
los versos siguientes. La coherencia de esta doctrina en todas las
partes del libro es sorprendente (cf. 1,14; 5,17-20; 16,17-25;
19,6.18-21).
18-19. Los dos versos están íntimamente ligados y
forman una unidad. Lo que el autor pretende principalmente con ellos es
probar la afirmación teológica del verso anterior: que los elementos de
la naturaleza (agua y fuego) se alían en contra de los impíos y en
favor de los justos.
Por el carácter midrásico de la perícopa y por
su orientación sistemático-teológica son improcedentes los intentos de
explicación armonizante de los v.18-19 con el Exodo en todo detalle.
El
autor medita libremente sobre las plagas del Exodo y sin perspectiva
histórica; prueba de ello es que las relaciona directamente con el
episodio del maná en el desierto, conexión puramente subjetiva. Se puede
suponer que el autor en v.18 piensa en el fuego encendido por los
egipcios para defenderse de los animales enviados de las plagas (cf.
11,15; 16,3), y en v.19 en incendios provocados por los rayos en medio
de la tempestad (cf. v.16). En toda hipótesis, lo que interesa al autor
es subrayar el carácter de signo que tienen estos hechos, para probar
que "el cosmos es paladín de los justos" (v.17) y que los impíos debían
comprender que eran castigados justamente por Dios. Por esto la llama se
mitigaba (v.18) o superaba su propia virtud (v.19) en contra de toda
expectación (cf. v.17). La destrucción de los frutos de la tierra o
cosecha, de los que depende la vida del hombre, es tema permanente en
las tradiciones bíblicas y no bíblicas. Tierra malvada: Egipto. La
tierra se considera afectada por la moralidad de sus habitantes y
también por los designios de Dios (cf. 12,3.7).
20. Como en
11,6; 16,2 y 18,3 la partícula a~nti/ introduce la segunda parte del
díptico, que nos recuerda el beneficio de Dios a su pueblo en el
desierto: el maná. A las plagas de origen atmosférico, que han azotado a
los egipcios, corresponde la gran bendición de Dios a su pueblo. Dios
envía desde el cielo el castigo a los egipcios; a los israelitas envía
también desde el cielo su beneficio.
En la mentalidad del autor
los bienes y bendiciones no pueden venir sino de la voluntad benéfica
del Señor (cf. Sant 1,17). El autor prescinde del contenido del Exodo,
como lo hizo al tratar de las codornices (cf. 16,2); se fija únicamente
en la significación del gesto de Dios que misericordiosamente suministra
alimento a su pueblo durante cuarenta años (cf. Ex 16,35) sin fatiga,
sin esfuerzo. Manjar de ángeles llama el autor al maná por influjo de
Sal 78,2, no porque los ángeles tengan un manjar especial (cf. Tob
12,19). Pan... desde el cielo, porque se suponía que bajaba del cielo,
como la lluvia (cf. Ex 16,4; Neh 9,15; Sal 78,24; 105,40; Sab 19,21).
Pan a punto, ya preparado por Dios (cf. Sal 78,19s); pone de relieve el
cuidado providente y paternal de Dios, sin que necesariamente por ello
caiga en contradicción con Ex 16,5.23. De mil sabores: las tradiciones
conservadas en el Pentateuco sobre el maná no conocen la diversidad de
sus sabores. Ex 16,31 dice que "su sabor, como de torta hecha con miel”.
En Núm 11 el maná no aparece como algo sobrenatural (cf. 11,9); los
hijos de Israel, hastiados de comer solamente maná, piden carne (cf. Núm
11,4-6); del maná dice que "su gusto era como el gusto de galletas
amasadas con aceite" (Núm 11,8). Dt 8,3.16 no aporta ninguna información
sobre el sabor del maná. Existían, sin embargo, tradiciones rabínicas
que cantaban las excelencias del maná, su variedad de sabores a gusto de
los que los comían. De estas tradiciones extrabíblicas se vale el autor
con todo derecho en un midrás, para ilustrar la doctrina de que la
naturaleza está al servicio de los justos (v.17).
A continuación
el autor va a deducir las lecciones dogmáticas, fundándose en el hecho
del maná y con la aplicación de los teorías sobre los elementos de la
naturaleza, que no se oponen, sino que obedecen a los planes de Dios.
21.
Dios se revela de una forma extraordinaria, hablando directamente con
el hombre (cf. Ex 3,4ss); o se da a conocer ordinariamente por medio de
la creación (cf. Sab 13,1-9).
Los dones de Dios manifiestan sus
atributos y la creación entera es un don que Dios ha hecho al hombre
(cf. Gén 1,26ss). El maná era aceptado por los israelitas como un
verdadero don de Dios (cf. v.20. 25; Ex 16,4). El autor deduce del sabor
agradable del maná la dulzura o bondad divina hacia sus hijos.
Sustento tuyo o sustancia tuya: no se refiere a la sustancia o esencia
divina, sino al "manjar de ángeles" o "pan del cielo”, al maná.
V.21b.c
desarrolla la última parte del v.20. Los comentaristas se resisten a
admitir que el autor afirme la transmutación de la sustancia. No sería
nada extraño esta afirmación en un autor que conoce y se vale de la
teoría de los elementos (cf. v.25; 19,18).
22-23. Ex 16,14(LXX)
dice del maná que era "como hielo”; Núm 11,7(LXX), que tenía "el aspecto
del hielo”, "del cristal" (cf. Sab 19,21). El poeta inspirado del Salmo
148 invita a toda la creación a alabar al Creador y en el v.8 interpela
al fuego y granizo, nieve y hielo.
Todo realiza la voluntad del
Señor (cf. v.24). De la metáfora o comparación de Exodo y Números, el
autor pasa a la realidad de los elementos que obedecen al mandato del
Señor. En esta visión teológica, tan enraizada en la tradición del
Antiguo Testamento, se adaptan perfectamente de nuevo las teorías
físicas, principalmente estoicas, de la transformación de los elementos.
La voluntad del Señor domina a placer las fuerzas y los elementos de la
naturaleza para realizar su plan de castigo o de salvación.
En
la interpretación detallada de cada frase o palabra es necesario tener
presente los diversos planos mentales del autor. Nieve y hielo: hace
referencia al maná (cf. Ex 16,14; Núm 11,7). Aguantaban el fuego, puesto
que el maná (nieve y hielo) no se derretía al ponerse al fuego de la
cocina (cf. Ex 16,23; Núm 11,8; sin embargo, 16,21). El resto del v.22
vuelve a repetir el contenido de v.19 (cf. Ex 9,24<LXX>).
El
fuego se olvidó de su propia virtud, porque no derretía la nieve y el
hielo, el maná, y así los israelitas se podían alimentar.
Como
antes ha llamado hijos a los israelitas, ahora los llama justos: son los
protegidos del Señor y de los que "el cosmos es paladín" o defensor
(v.17). Los israelitas deben reconocer la acción protectora de Dios, el
único que puede dirigir la actividad destructora (v.22) o benéfica del
fuego.
La creación al servicio del Señor
16,24 Porque la creación, sirviéndote a ti su hacedor,
se tensa para castigar a los malvados
y se distiende para beneficiar a los que confían en tI.
25 Por eso también entonces, tomando todas las formas,
estaba al servicio de tu generosidad, que da alimento a todos,
a voluntad de los necesitados,
26 para que aprendieran tus hijos queridos, Señor,
que no alimenta al hombre la variedad de frutos,
sino que es tu palabra quien mantiene a los que creen en tI.
27 Pues lo que el fuego no devoró,
se derritió simplemente calentado por un fugaz rayo de sol,
28 para que se supiera que es preciso madrugar
más que el sol para darte gracias,
y rezar al clarear el alba;
29 Pues la esperanza de los ingratos se derretirá como
escarcha invernal
e. Plaga de las tinieblas - columna luminosa
(17,1-18,4)
Citamos a continuación el testimonio de L.Alonso Schökel, por el análisis literario que hace de esta perícopa:
"Este
es el capítulo (17,1-18,4) de mayor lucimiento del autor. Sobre la
novena plaga, tinieblas, el Exodo le ofrecía bien poco: 'oscuridad
palpable..., densa...' no se veían unos a otros ni se movieron de su
sitio durante tres días; mientras que todos los israelitas tenían luz en
sus poblados' (Ex 10,22-23). Esta concisión deja más espacio a la
fantasía creadora de nuestro autor, que en el presente capítulo hace
alarde de todos los recursos de su estilo alejandrino.
Un
vocabulario rico y escogido: más de cincuenta palabras son exclusivas de
este capítulo; si algunas son normales, como 'pastor', otras son
difíciles y rebuscadas, otras comunes presentan una variante por
composición con prefijos. Compruébese, por ejemplo, la variedad de
sinónimos para el miedo, la cárcel, la oscuridad.
Siendo el
hebreo una lengua tan pobre en adjetivos, el autor explota la vieja
tradición griega del epíteto, con indudables aciertos: 'tupido velo'
(3), 'el aire inevitable' (10), 'la noche impotente' (14), 'la mazmorra
sin barrotes' (16), 'el sino ineludible' (17), etc. La conversión en
sustantivo de una cualidad: 'el velo del olvido' (3), 'el poder del
fuego' (5), prodigios de espectros' (15), 'el fluir del agua' (18).
En
esos ejemplos y en otros se aprecia ya el salto metafórico, la
conjunción de los físico con lo espiritual, el punto de vista
psicológico: 'la fogata automática' (que ellos no han encendido, 6), 'la
cadena de tinieblas' (18), 'la noche agobiante' (21). El análisis de
reacciones psicológicas o su descripción cobran particular relieve en
este capítulo, como si la oscuridad lo invitase a penetrar en el
interior de sus personajes.
Aparte la oposición constante de
egipcios e israelitas, hay otras que resaltan por la proximidad de los
miembros: 'malvados - nación santa', 'recluidos - prófugos' (3),
'lumbreras fulgurantes - noche siniestra' (5). Así se puede llegar hasta
la paradoja de una 'aparición invisible' (6).
El hipérbaton le sirve
al autor para colocar cuidadosamente palabras importantes, para separar
o juntar palabras creando relieve; véase, por ejemplo, 4c.18c (en
griego).
No falta una serie septenaria (18-19) ni el momento de reflexión generalizando hasta culminar en una definición (11-13).
Añádanse
las onomatopeyas, aliteraciones y otros efectos sonoros, la
repeticiones, las binas simétricas o quiásticas. En resumen: este
capítulo podría servir de texto para un estudio del estilo alejandrino.
Naturalmente, varios de estos procedimientos no se pueden reproducir a
la letra en la traducción.
Pero ese alarde, que llega a cansar al
lector moderno, no es formalismo. El autor pretende analizar y hacer
comprender el sentido de las tinieblas en diversos niveles
significativos, hasta el simbolismo más profundo.
La noche es una
cárcel que iguala redoblando la soledad (2,16-18). La noche es fuente de
miedos y terrores (4.9.15). Por ese miedo la noche se puebla de ruidos
(4.9.18-19) y visiones (4.6.15). La noche es la impunidad (3). La noche
es un sueño común (14), es símbolo de la muerte (14.21) que se adelanta
en el desamparo total e intolerable (21).
Los israelitas no
aparecen hasta el final, pero toda la exposición es de un dramatismo
intenso. El drama de la situación vivida con gran interioridad, con
saltos al pasado que alumbra el fracaso presente, en lucha desigual con
enemigos inventados, aunque muchos están solitarios enviando al enemigo
refuerzos con que se traicionan a sí mismos. Y el drama terminará en
tragedia: encarcelados que saldrán para la ejecución, con vida
suficiente para pregustar el tormento final.
El miedo está
relacionado con la sabiduría (sin el sustantivo): las artes mágicas
(techne) fracasan, la razón desampara al hombre, presa de una fantasía
incontrolada (7-8.11-13). Leve resonancia de uno de los temas centrales
del libro.
Y la presencia obsesiva de los animales que entraron en escena en 11,15 y no quieren marcharse (9.19).
Este
es el único capítulo del libro en que no suena el nombre de Dios o del
Señor; sólo al principio y al final demuestra su presencia en unos
posesivos: 'tus juicios, tus hijos, tu ley', y en tercera persona, 'la
eterna providencia' (2)”.
Después de una breve introducción (v.1)
comienza el quinto díptico o contraste: tinieblas - luz. El autor es
fiel a su método de amplificación midrásica, utilizado en los dípticos
anteriores. el fundamento principal es el relato del Exodo (10,21-23).
El
contraste tinieblas - luz nos recuerda el de la primera parte del
libro: impíos - justos, que constituye el fondo de todo el libro de la
Sabiduría.
La división de este díptico en dos secciones es lógica: 1) Tinieblas para los egipcios (17,1-21) y 2) Luz para Israel (18,1-4).
Tinieblas para los egipcios
17,1 Tus juicios son grandiosos e inexplicables;
por eso las almas indóciles se extravíaron.
2 Pensaban los malvados que controlaban a la nación santa,
mientras yacían ellos prisioneros de las tinieblas, en
el calabozo de una larga noche,
recluidos bajo sus techos, prófugos de la eterna providencia.
3 Creían pasar inadvertidos, con sus pecados encubiertos
bajo el tupido velo del olvido,
pero estaban desperdigados en el colmo del aturdimiento,
sobresaltados por alucinaciones.
4 Pues ni el rincón que los retenía los salvaguardaba del miedo;
retumbaban a su alrededor ruidos aterradores
y se les aparecían tétricos fantasmas de lúgubres rostros.
5 No había fuego bastante para iluminarlos,
ni las lumbreras fulgurantes de los astros
lograban iluminar aquella noche siniestra.
6 Para ellos lucía solamente una fogata espeluznante
que ardía por sí sola,
y despavoridos por aquella aparición que no veían,
les parecía más macabra la visión.
7 Los trucos de la magia habían fracasado
y su alarde de prudencia sufría un descalabro vergonzoso,
8 pues los que se comprometían a expulsar del alma
enferma terrores y sobresaltos
padecían ellos mismos un pánico grotesco.
9 Aunque nada inquietante les metiera miedo,
amedrentados por el paso de alimañas y el silbido de reptiles,
10 sucumbían temblando,
negándose a mirar el aire inevitable.
11 Pues la maldad de por sí es cobarde,
da testimonio condenándose a sí misma;
apurada por la conciencia, se imagina siempre lo peor,
12 porque el miedo no es otra cosa que
el desamparo de los auxilios de la reflexión;
13 cuanto menos esperanza tiene uno por dentro,
más grave se le hace la ignorancia de la causa de la tortura.
14 Ellos, durante aquella noche realmente impotente,
salida de los rincones del impotente abismo,
mientras dormían el mismo sueño,
15 o los perseguían monstruosos espectros,
o, al traicionarles el valor, quedaban paralizados,
pues los invadió un miedo repentino e inesperado.
16 Así, todo el que allí caía, quienquiera que fuese,
quedaba encarcelado, recluido en la mazmorra sin barrotes;
17 fuese labrador o pastor
u obrero que se afana en solitario,
sufría, sorprendido, el sino ineludible;
18 porque a todos amarraba la misma cadena de tinieblas;
el silbido del viento,
el canto melodioso de las aves en la espesura de las ramas,
la cadencia del agua fluyendo impetuosa,
19 el golpe seco de las rocas al precipitarse,
la invisible carrera de los animales retozando,
el rugido de las bestias más feroces,
el eco retumbante de las cavernas de los montes,
los agarrotaba de miedo.
20 El mundo entero, iluminado por una luz radiante,
se entregaba sin trabas a sus tareas;
21 sobre ellos solos se cernía una noche agobiante,
imagen de las tinieblas que iban a acogerlos.
Si bien para sí mismos eran más agobiantesque las tinieblas.
17,1-21.
Las tinieblas adquieren una significación trascendente y son
instrumento de castigo a las órdenes del Señor. Esta primera sección
está limitada por una doble inclusión: tinieblas / noche - noche /
tinieblas (v.2b / v.21a.b).
1. El verso tiene un carácter
doctrinal muy genérico y por esto mismo sirve de transición a un nuevo
tema y de introducción al mismo (cf. la función de 11,15 y de 16,15).
Tus
juicios: los juicios divinos históricos o determinaciones ya realizadas
en favor de su pueblo y en contra de los enemigos, que simbolizan el
mal, especialmente en Egipto y durante el Exodo. Grandiosos e
inexplicables, es decir, trascendentes como Dios mismo, aunque el hombre
puede percibirlos como penumbra (cf. Rom 11,33). Las almas indóciles o
no instruidas: los egipcios, que no aprenden la lección dada por Dios
con las plagas: que no ha sido educado o iniciado en la paidei/a, tan
estimada entre los griegos; en sentido moral peyorativo, el de
costumbres licenciosas, el libertino. En Prov y Eclo designa al necio,
tipo del impío (cf. Prov 5, 23; 15,12.14; 17,21; Eclo 6,20; 20,24;
22,3). Se extraviaron: por los caminos de la impiedad (cf. 2,21; 5,6),
de la idolatría (cf. 11, 15; 12,24; también 13,6; 14,22;15,4).
2.
Ex 10,21-23 es el punto de partida para el nuevo midrás sobre las
tinieblas y la luz. Al escueto contraste relatado en Exodo el sabio
añade sus propias reflexiones, fundadas muy probablemente en
amplificaciones y leyendas rabínicas. Insinúa el autor que en los
egipcios se cumplía el principio de 11,16: al querer ellos controlar y
oprimir al pueblo elegido, fueron privados misteriosamente de su
libertad de movimientos.
Los malvados o sin ley son los egipcios que
se oponen ostensiblemente a la nación santa, los israelitas, objeto de
la bendición divina, que había de constituir el pueblo de Dios por el
pacto del Sinaí (cf. Ex 19,6) con una ley propia. Que controlaban por la
opresión (cf. 2,10 y 15,14): resume la situación de servidumbre en que
vivió el pueblo hebreo en Egipto hasta la víspera de su liberación.
Como
fuerte contraste el autor comienza a describir en v.2b la situación
sicológica de los egipcios: los que se creían libres, están en realidad
privados de libertad, son unos prisioneros.
Las tinieblas
paralizaron por completo la vida en Egipto, según reza Ex 10,23;
metafóricamente estaban cautivos, prisioneros. Una larga noche, porque
se prolongó la plaga de las tinieblas durante tres días.
Recluidos (cf. v.16 y 18,4): las tinieblas espesas les servían de techos
(cf. Ex 10,21). Prófugos de la eterna providencia: la descripción
anterior corresponde a la idea que los semitas tenían del seol o lugar
tenebroso, adonde se encaminaban los muertos (cf. Tob 4,10).
Literalmente el autor convierte en seol el Egipto dominado por las
tinieblas (cf. v.14); los egipcios, al no querer reconocer al verdadero
Dios (cf. 11,15; 12,14), se sustrajeron de su acción benéfica y huyeron
de su protección.
3. Continúa el autor su larga reflexión
alegorizante sobre las tinieblas. Los egipcios, por sus pecados, estaban
privados de la luz moral, habían incurrido en noche tenebrosa; unas
tinieblas siniestras van a servir de medio para poner de manifiesto ante
sus conciencias aterrorizadas y entre ellos mismos sus pecados
encubiertos, alusión velada del autor a los "secretos misterios" de
14,23, donde se cometían toda clase de pecados. Los egipcios quedaron
paralizados (cf. v.15-16); sin embargo, se sentían en soledad y como
desvinculados unos de otros, desperdigados o dispersos. Las
alucinaciones o espectros, las visiones y fantasmas no son
necesariamente apariciones objetivas, sino más bien objetivaciones del
temor subjetivo que el autor plasma gráficamente en un estilo
convencional. Es un ejemplo típico de cómo un autor sagrado trata un
tema histórico (Ex 10, 23).
Es notable la acumulación de verbos,
sustantivos, adjetivos y adverbios sobre el temor y terror a partir de
este verso. El autor hace un análisis, un poco desordenado pero
profundo, de este estado sicológico, cuya causa es de orden moral: la
conciencia acusadora (cf. v.11); culminará con una frase lapidaria en
v.21c: "Para sí mismos eran más agobiantes que las tinieblas”.
4.
Si la causa del temor la lleva el hombre consigo, no se podrá liberar
de él en lugar alguno, por más escondido que esté. El lugar recóndito o
el rincón podían ser las propias casas de los egipcios. Ruidos
aterradores: reales o imaginarios, pero interpretados bajo la impresión
del temor. Lúgubres rostros: un rasgo más de las imaginaciones
nocturnas. Es puramente arbitrario intentar identificarlos con los
rostros de sus probables víctimas.
5. El verso parece ser una
glosa del autor a las densas tinieblas de Ex 10,21-22. Ningún fuego, por
vigoroso que fuera, ni la luz de las lámparas ni la de las estrellas
les podía iluminar. Las tinieblas eran tales que "no se veían unos a
otros" (Ex 10,23). Aquella noche siniestra: el autor aplica a aquella
noche las tinieblas del hades o seol de los semitas (cf. v.14.21; Job
10,21-22).
6. Acumula el autor elementos de fantasía para hacer más
terrorífica aquella noche tenebrosa. Fogata... que ardía por sí sola o
espontáneamente. La imagen está inspirada en una tormenta nocturna, en
la que los resplandores instantáneos de los rayos hacen más profundas
las tinieblas, y los objetos iluminados se convierten es espectros aún
más terroríficos después en la oscuridad, donde ya nada pueden ver y,
por eso mismo, adquieren proporciones desmesuradas las supuestas
visiones.
7-10. El autor dedica estos versos a los magos
egipcios. Tanto los magos del tiempo del Exodo y del tiempo del autor
como sus artes son puestos en ridículo. Repetidas veces nos habla el
Exodo de las actuaciones de los magos a propósito de las plagas. Con
éxito en sus intentos (cf. Ex 7,11.12.22; 8,3) o con fracasos (cf. Ex
8,14; 9,11).
Nuestro autor suple el silencio del Exodo sobre los
magos con relación a la plaga de las tinieblas. Como en la plaga de las
úlceras (Ex 9,11) los magos fueron víctimas de las tinieblas. De nada
les sirve su verdadera o falsa ciencia, las dos fracasan. Con razón
recuerdan los autores el proverbio: "médico, cúrate a ti mismo”.
Del
temor causado por las tinieblas pasa el autor al pánico grotesco o
temor ridículo (v.8), que no tiene causa aparente proporcionada (v.9) y
que llega a extremos increíbles (v.10), como a negarse a mirar el aire.
Ya no se teme a las tinieblas, ni a los monstruos imaginados, sino a la
misma naturaleza en la que vivimos inmersos y de la que no podemos
prescindir. El origen y causa de este temor nos lo va a manifestar el
autor en v.1.
11-13. Los tres versículos componen un esbozo de ensayo filosófico-moral sobre el temor; son un paréntesis entre los v.10 y 14.
11.
Este verso tiene un valor universal. El temor de los magos y el de
todos los egipcios es consecuencia de la mala conciencia.
Cobarde,
o también "algo miserable, despreciable”. katadikazome/nh lo hemos
traducido con sentido reflexivo (condenándose a sí misma), como la
mayoría de los intérpretes. La conciencia (sunei/dhsi$): por primera vez
en el griego bíblico con sentido de conciencia moral; será un término
muy usado en la escuela estoica posterior y en el Nuevo Testamento. El
sentido de culpabilidad, que actúa en la propia conciencia como un peso
insoportable, influye poderosamente en toda la vida íntima del que se
siente culpable, viviendo en contínua zozobra, tensión y miedo. Clima
propicio para que brote el temor y prolifere toda clase de alucinaciones
y visiones atormentadoras.
12. El autor propiamente no define
el miedo o temor en sí mismo, que es un sentimiento primario de angustia
ante algún mal real o imaginario. El nos define el temor por sus
efectos sicológicos. El que está dominado por el miedo se ve
imposibilitado para reflexionar en mayor o menor grado, según sea la
intensidad de su miedo y así abandona los auxilios que le puede prestar
la razón. Al no reflexionar, el hombre no podrá juzgar con objetividad
sobre la situación real en que se encuentra, no podrá distinguir lo
imaginario de lo real, ni dominar los impulsos instintivos, ni excogitar
remedios oportunos.
13. En este estado sicológico en el que el
hombre interiormente se encuentra en el vacío y menos esperanza tiene
uno de los auxilios de la razón, es natural que considere como el mayor
mal ignorar las causas de sus tormentos interiores y de nuevo venga a
suponer lo peor (cf. v.11).
14-15. Después del corto paréntesis
de los v.11-13, el autor vuelve al tema de los v.7-10, como lo
demuestran las referencias en el léxico, y lo confirma el que de nuevo
trate de los espectros y fantasmas (cf. v.15a) y hable del mismo sueño
(v.14c), refiriéndose irónicamente a v.4-6 (cf. Job 3,13; Jer 51,39.57).
Ellos:
son los magos de Egipto. Se llama realmente impotente a aquella noche,
porque participa de la impotencia e inactividad del hades, de donde
parecía proceder por sus tinieblas que encadenaban (cf. v.2) y hacían
imposible toda actividad normal y mágica (cf. v.7). Los guías
espirituales del pueblo, como los demás egipcios, sufren las
consecuencias de la plaga de las tinieblas, son perseguidos por signos
exteriores, en parte reales, en parte imaginarios, y desfallecen en su
interior en virtud de las fuerzas disolventes del temor (cf. v.12-13).
16-17. El autor amplifica y comenta Ex 10,21-23 libremente y por pequeñas unidades yuxtapuestas.
A
partir del v.16 se refiere a todos los egipcios. La noche aquella
tenebrosa (cf. Ex 10,23) es como una inmensa cárcel sin cerrojos, en la
que todos los egipcios estaban irremediablemente prisioneros.
La
enumeración del v.17 es sólo una muestra. Los dueños y señores están
incluidos en el quienquiera que fuese de v.16a o en el todos de v.18a.
Las tinieblas que encadenan a los egipcios no tienen aquí un sentido
espiritual, simplemente están cosificadas, materializadas, como en Ex
10,21-23. El valor de signo de las tinieblas está expreso en v.21 e
implícito en v.18-19.
El sino ineludible: el autor no se refiere a
la Moira o a la Necesidad personificadas de los griegos, ni al Destino o
suerte como ley suprema por encima de dioses y de hombres, aunque juega
con la alusión a ellos, sino a la "necesidad impuesta como castigo por
un Dios personal, dueño del destino”.
18-19. En v.9,
refiriéndose a los magos, había dicho el autor que se aterrorizaban sin
motivo suficiente, aduciendo dos ejemplos: el paso de los animales o el
silbido de los reptiles; ahora la paradoja es mayor. Con una intención
refinada el autor ha escogido siete motivos que espontáneamente invitan
al placer artístico de la naturaleza, pero que increíblemente infundían a
los egipcios un terror paralizante. La causa no puede ser otra que la
conciencia moral acusadora (cf. v.11), simbolizada en las tinieblas, en
las que se suponen que están sumidos los egipcios (cf. v.17 y 21).
No
hay por qué preguntar cómo ni qué pájaros cantan en la oscuridad de la
noche, porque la oscuridad en sentido figurado no les puede afectar a
ellos, como las tinieblas de Ex 10,23 no afectaban a los hijos de Israel
(cf. v.20-21; 18,1).
Esta es una nueva forma o variante para
ilustrar la tesis de 11,5: lo que de suyo debe causar admiración o
placer, a los impíos causa miedo y terror, y así también la naturaleza,
sometida siempre a Dios, aunque sea paradójicamente, es instrumento de
castigo de los injustos (cf. 16,24) y defensora de los justos (cf.
16,17).
20-21. Estos versos comentan también libremente Ex
10,21-23. Por primera vez aparece la oposición luz - tinieblas. Aunque
no se mencionan los israelitas, como se hará explícitamente en 18,1 e
implícitamente en 18,3, están sin duda incluidos entre los que
resplandecía la luz.
El mundo entero son las personas, las mismas
que se entregan al trabajo (v.20b), con exclusión de los egipcios
(v.21a). Las tinieblas que convirtieron los tres días de Ex 10,22 en una
larga noche (v.2), en una noche agobiante, adquieren el trágico valor
simbólico de las tinieblas del hades o ultratumba que iban a acogerlos
en justo castigo por sus malas acciones (cf. v.14).
En el estilo
escatológico-apocalípotico la metáfora de las tinieblas expresaba la
realidad de la definitiva separación de Dios después de la muerte (cf.
Mt 8,12; 22,13; Libro de Henoc 46,6; 63,6; 103,8; 108,14, etc.). Si
bien...: porque su conciencia les remordía implacablemente y era la
causa desconocida de todos sus temores (cf. v.10).
Luz para Israel
18,1 Pero tus santos tenían una luz magnífica;
los otros, que oían sus voces sin ver su figura,
los felicitaban por no haber padecido como ellos;
2 les daban las gracias porque no se desquitaban
de los malos tratos recibidos
y les pedían por favor que se marcharan.
3 En lugar de esto les proporcionaste una columna de fuego
como guía en el viaje desconocido
y como sol inofensivo para sus andanzas gloriosas.
4 Los otros, en verdad, merecían quedarse sin luz,
prisioneros de las tinieblas,
por haber tenido recluidos a tus hijos
que iban a transmitir al mundo la luz incorruptible de tu ley.
18,1-4.
Estos cuatro versículos forman en sí una unidad, cuyo motivo es la luz,
frente al largo discurso sobre las tinieblas de todo el capítulo 1.
Ellos constituyen la segunda cara del díptico quinto, con el que el
autor ilustra la tesis de su instrucción: 11,5.
1. El verso en
su primera parte repite Ex 10,23b: "Todos los israelitas tenían luz en
sus poblados”. Tus santos: son los israelitas, en oposición a los
egipcios (cf. 11,14; 16,2.10.17.20; 17,2). La luz magnífica nos lleva a
la claridad del mediodía y adquiere un valor simbólico, antagónico de
las tinieblas densas de la noche en que estaban aprisionados los
egipcios.
El autor en v.1b-2 comenta libremente por su parte. Se
imagina a los egipcios como ciegos en medio de los israelitas, ya que
las tinieblas afectaban únicamente a los egipcios (cf. Ex 10,23a y Sab
17,20-21). Como ellos, al no ser afectados por las tinieblas y sus
consecuencias.
2. Interpreta ahora el autor las tinieblas de Ex
10,21-23 en sentido material. Los israelitas no se aprovecharon de su
situación favorable para ejercer la venganza.
Sobre las dificultades de la versión, ver la nota filológica.
3.
La verdadera oposición de situaciones, o la segunda hoja del díptico,
la presenta el autor aquí, introducida por la partícula a~nti/, casi
convertida en término técnico para esta función (cf 11,6; 16,2.20): en
lugar de esto. En vez de las tinieblas de Egipto, una columna de fuego.
El autor tiene presentes los pasajes de la Escritura que nos hablan de
la columna o de la nube protectora en el día e iluminadora en la noche.
Sintetiza en pocas palabras las reflexiones teológicas de los autores
del Exodo, Números y Salmos, que ven en la nube o la columna de fuego el
símbolo de la presencia de Dios en medio del pueblo y de su protección
benéfica durante el largo y duro período del desierto. Columna de fuego
o llama de fuego. únicamente Ex 13,21-23 nos habla de "columna de
fuego": "El Señor caminaba delante de ellos, de día en una columna de
nubes, para guiarlos; de noche en una columna de fuego, para
alumbrarles; así podían caminar día y noche. No se apartaba delante de
ellos ni la columna de nubes de día ni la columna de fuego de noche”. De
la "nube de fuego" durante la noche, o de "una especie de fuego”, o
simplemente de "fuego" nos hablan Ex 40,38; Núm 9,15-16; Sal 78,14;
105,39.
Como guía, que los conduciría a través de todo el
desierto de la península del Sinaí, del Négueb, de la Arabá hasta el
desierto de Moab en la parte sodoriental del mar Muerto. Según Ex 13, 21
era el mismno Señor el que iba delante de ellos en la columna de nube
para indicarles el camino, y en Sal 78,14a Dios "los guió de día con la
nube”.
Sol inofensivo: el fuego que les iluminaba pero que no les
abrasaba, como el del desierto. En los textos de la Escritura la nube o
la columna de fuego tenía fución iluminadora únicamente de noche; de
día la nube simplemente mostraba el camino (cf. 10,17).
Andanzas
gloriosas: abarca todo el período de permanencia en el desierto, tierra
extranjera. Gloriosas por los prodigios realizados por parte de Dios, de
los que nos está hablando el autor en toda la tercera parte del libro.
Se pasan por alto todas las infidelidades del pueblo en este período de
prueba; la visión teológica del autor se parece a la de Dt 8,2ss y Jer
2,2-6.
4. El v.4 cierra magníficamente la perícopa abierta en
17,, repite el tema central: luz - tinieblas; enfrenta a los
antagonistas: los otros (los egipcios) - tus hijos. De una nueva manera
se cumple el principio de 11,16: los egipcios, por oprimir a los que
iban a transmitir al mundo la luz, fueron privados de la luz; los que
guardaron en prisiones a los hijos de Dios, fueron hechos prisioneros
por las tinieblas.
En la Escritura Moisés es el mediador entre el
pueblo elegido y Dios; por medio de Moisés recibe Israel la Ley en el
Sinaí (cf. Ex 19,3-24,8; Jn 1,17; Gál 3,19). Esta Ley del Señor es luz
(cf. Sal 119,105; Bar 4,1-2; Sal 19,9), y no solamente para Israel, sino
para todas las naciones (cf. Is 51,4; 2,3; Miq 4,2). A esta tradición
universalista se adhiere nuestro autor. Según su teología de los
israelitas se serviría el Señor, como mediadores, para transmitir al
mundo la luz incorruptible de la Ley. L.Alonso Schökel comenta: "Los
israelitas, como hijos de Dios tienen una misión en el mundo a favor de
la justicia: transmitir la ley de Dios. En 5,6 ha hablado de 'la luz de
la justicia' que 'ilumina 'el camino de la verdad' y que los impíos no
han querido aceptar. Los antiguos egipcios pecaron contra la luz y se
quedaron a oscuras; los contemporáneos pueden repetir el delito y el
error. El autor del libro es consciente de esta misión a la que entrega
su trabajo. Esa luz es 'incorruptible', como 'la justicia es inmortal'
(1,15). Como Moisés mediaba entre Dios y el pueblo, ahora el pueblo
elegido media entre Dios y el resto del mundo”.
Los cristianos
creemos que el cumplimiento perfecto de esta misión se realizó con la
venida de nuestro Señor Jesucristo. El es ya el único mediador entre
Dios y los hombres (cf. 1 Tim 2,5; Heb 8,6; 9,15; 12,24). Él vino "no
para destruir la ley, sino para dar cumplimiento" (Mt 5,17). Del siervo
de Yahvé se dijo que sería "luz de las naciones" (Is 49,6), y de Jesús
se dice que es "luz para iluminación de los gentiles" (Lc 2,32). Jesús,
en efecto, es la luz del mundo (cf. Jn 1,4.9; 3,19; 8,12; 9,5; 12,46).
Su doctrina es la nueva ley de la nueva economía de salvación (cf. Mt
5,21.27-28.33.34.38-39.43.44), y esta doctrina se transmitirá de
generación en generación y por medio de sus discípulos, que son luz del
mundo (cf. Mt 5,14).
f. Muerte de los primogénitos de Egipto - liberación de Israel
(18,5-25)
Comienza el sexto contraste o díptico antitético. Consta de dos partes,
claramente separables por el tema y las inclusiones: a) muerte de los
primogénitos de los egipcios (18,5-19) y b) liberación de los hebreos
(18,20-25).
Muerte de los primogénitos egipcios
18,5 Cuando decidieron matar a los niños de los santos
- y se salvó uno sólo, expósito -,
en castigo les arrebataste sus hijos en masa,
y los eliminaste a todos juntos en las aguas formidables.
6 Aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres,
para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la
promesa de que se fiaban.
7 Tu pueblo esperaba ya
la salvación de los inocentes y la perdición de los enemigos,
8 pues con una misma acción castigabas a los adversarios
y nos honrabas llándonos a tI.
9 Los piadosos herederos de las bendiciones ofrecían
sacrificios a escondidas
y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada:
que los santos serían solidarios
en bienes y en peligros,
y empezaron ya a entonar los himnos de sus padres.
10 Hacían eco los gritos destemplados de los enemigos,
y cundía el clamor quejumbroso del duelo por sus hijos;
11 idéntico castigo sufrían el esclavo y el amo,
el plebeyo y el rey padecían lo mismo;
12 todos sin distinción tenían muertos innumerables,
víctimas de la misma muerte;
los vivos no daban abasto para enterrarlos,
porque en un momento pereció lo mejor de su raza.
13 Aunque la magia los había hecho desconfiar de todo,
cuando el exterminio de los primogénitos confesaron que
el pueblo aquel era hijo de Dios.
14 Un silencio sereno lo envolvía todo,
y al mediar la noche su carrera,
15 tu palabra todopoderosa se abalanzó, como paladín inexorable,
desde el trono real de los cielos al país condenado;
16 llevaba la espada afilada de tu orden terminante;
se detuvo y lo llenó todo de muerte;
pisaba la tierra y tocaba el cielo.
17 Entonces, de repente, los sobresaltaron terribles pesadillas,
los asaltaron temores imprevistos;
18 tirados, medio muertos, cada uno por su lado,
manifestaban la causa de su muerte;
19 pues sus sueños turbulentos los habían prevenido,
para que no perecieran sin conocer el motivo de su
desgracia.
18,5-19.
Decíamos que el tema y una inclusión señalaban los límites en parte. La
sección recuerda los hechos memorables de aquella noche, funesta para
Egipto por la muerte de sus primogénitos, feliz para Israel, porque en
ella fue liberado definitivamente (cf. Ex 11-12).
Después de una
introducción al nuevo tema (v.5), el desarrollo se desdobla en dos
fases: noche de salvación para Israel (v.6-9), noche de exterminio para
los egipcios (v.10-19).
5. El v.5 sirve de introducción a la
sexta comparación y también a la última, pues, al menos en parte. "las
dos se refieren a la muerte de los egipcios, en proceso. Primero los
primogénitos en una noche, después los ejércitos en las aguas. Es pena
de muerte por delito de asesinato”.
Dios sale en defensa de
Israel, su hijo primogénito (cf. Ex 4, 22s), castigando a los egipcios
primeramente con la muerte de los primogénitos; así se cumple de alguna
manera que "con lo que uno peca, con ello es castigado" (11,16). A este
terrible castigo el autor une el de la catástrofe sufrida por los
egipcios en el mar Rojo.
Como se ve, el verso hace referencia a
varios pasajes del libro del Exodo: decisión de matar a los hijos de los
hebreos (cf. Ex 1, 16-22; Sab 11,7); Moisés expuesto junto a las aguas y
salvado (cf. Ex 2,2-10; Sab 11,14; la muerte de los primogénitos que se
narra en Ex 12,29: "A media noche, el Señor hirió de muerte a todos los
primogénitos de Egipto: desde el primogénito del Faraón que se sienta
en el trono hasta el primogénito del preso encerrado en el calabozo, y
los primogénitos de los animales”, y el desastre del mar Rojo, según Ex
14,27-28.
La unión de la catástrofe del mar Rojo con la muerte de
los primogénitos quizás esté motivada por la referencia al niño
expuesto a la muerte en el agua, como hace el Libro de los Jubileos,
48,14: "A todo el pueblo que había salido a perseguir a Israel lo arrojó
el Señor, nuestro Dios, en el mar, en las profundidades del abismo,
bajo los hijos de Israel, al modo como los egipcios habían arrojado a
sus hijos al río". El autor no abandonará ya estos temas hasta el final
del libro.
En este verso introductorio se utiliza el método tan
conocido de los contrastes: a los niños de los santos, los israelitas
(cf. v. 1a), se oponen los hijos de los egipcios; al único que se salvó
(Moisés), el gran número de hijos arrebatados por la muerte. La
mortandad de los primogénitos trae a la memoria la muerte de los
combatientes en las aguas formidables del mar Rojo (cf. Ex 15<LXX>
y Neh 9,11).
6-9. Estos versos describen, "según las
preocupaciones del momento de la comunidad la gran noche de la primera
Pascua en Egipto”. Recuerdos nostálgicos de una noche que simbolizó la
salvación de un pueblo esclavizado: la liberación del pueblo de Israel
de la servidumbre de Egipto, promesa por parte de Dios de todas las
liberaciones históricas de un pueblo siempre perseguido.
6. El
verso comienza enfáticamente: aquella noche. El autor va a revelar un
poco el misterio de aquella noche en los versos siguientes. El tiene
conciencia de que aquella noche fue trascendental para la historia del
pueblo hebreo. Desde entonces comienza Israel a ser un pueblo libre,
pero consagrado a Yahvé. La liturgia pascual la había consagrado, había
hecho de ella el centro de la vida religiosa y cultual.
Nuestros
padres: conforme al modo normal de hablar de los judíos y también de
nuestro autor, son los patriarcas antiguos (cf. v.9.22; 9,1; 12,21). El
autor vería cumplidas en aquella noche las predicciones de Dios a
Abrahán y a Jacob en Gén 15,13-14 y 46,3-4(!), y supondría que Dios les
hizo ver en la lejanía de los tiempos lo que ya les prometía. Pero es
más que probable que el autor con nuestros padres se refiera al pueblo
de Israel, contemporáneo de Moisés (cf. v.7). De hecho en Ex 12,21-23
nos dice cómo Moisés preparó al pueblo para aquella noche,
manifestándoles lo que había de suceder. Para que tuvieran ánimo, pues
iban a emprender la gran aventura de su liberación en contra de los
grandes intereses del pueblo opresor, de Egipto, y ante el futuro
incierto y lleno de peligros de la vida en el desierto.
La promesa o
juramentos: promesas divinas hechas a los padres bajo juramento (cf. Gén
22,16-18; 26,3-4); Moisés las recuerda en Ex 13, 5; 32,13; 33,1,etc.
Otras muchas veces Dios hace promesas sin juramento (cf. Gén 12,2-3;
13,14-17; 28,13-14; 35,11-12).
7. El pueblo estaba ya instruido
por Moisés (cf. Ex 12,21-28). La salvación: liberación de la muerte de
los primogénitos. Israel pueblo era primogénito de Dios (Ex 4,22).
Salvación es también la liberación del yugo de la esclavitud y opresión.
Siempre estuvo viva en la conciencia de Israel la convicción de que
Dios lo había librado del yugo de Egipto.
La perdición: muerte de los primogénitos en la primera noche y, en lo sucesivo, la victoria sobre los enemigos.
La
sentencia de v.7b concentra la doctrina de toda la perícopa y, en
cierto sentido, de toda la tercera parte. La construcción en griego es
concéntrica: a - b - c - c' - b' - a'; a la salvación se opone la
perdición; y a los inocentes, los enemigos.
8. El verso recuerda
el tema homilético de 11,5. La muerte de los primogénitos fue un
terrible castigo para los egipcios, que, por fin, dejaron libre a los
israelitas (Israel) para consagrarse por entero a Yahvé. Yahvé había
elegido a Israel como pueblo peculiar suyo (cf. Ex 6,2-8) y lo llamaba
por medio de Moisés para hacer con él un pacto en el desierto. La cena
pascual (v.9) es un preanuncio del sacrificio y pacto en el desierto.
Por esto Israel es ya virtualmente el pueblo de Dios.
Llamándonos: se
sobreentiende que es para responder a Dios -a ti- afirmativamente y
aceptar el formar parte de su pueblo, cumpliendo sus condiciones (cf. Os
11,1; Dt 7,7-15, etc.). El autor manifiesta personalmente lo que siente
todo miembro del pueblo de Dios: el orgullo legítimo y el honor de
haber sido llamado por el Señor.
9. El autor ve en aquella cena
primera del cordero el modelo de la celebración litúrgica de la pascua
judía. El capítulo 12 del Exodo da motivo para ello, pues en él se
describe con todo detalle el modo de celebrar la pascua.
Herederos de
las bendiciones: es una nueva forma de llamar a los piadosos israelitas
en Sab. Ofrecían sacrificios: la cena pascual se considera verdadero
sacrificio en honor de Yahvé, cuya víctima es el cordero (cf. Ex
12,21.27; 34,25; Dt 16,5). A escondidas o en secreto, dentro de sus
casas (cf. Ex 12,13.22.46). Ley sagrada o divina: al aceptar los hijos
de Israel el mandato del Señor (cf. Ex 12,28.50) lo consideraron como
ley perpetua (cf. Ex 12,14.17.24). La participación en un mismo
sacrificio simbolizaba la unión solidaria de un pueblo en un destino
común, como pronto lo experimentarán a través del desierto. "La frase
podría tener valor de amonestación a los judíos infieles coétaneos del
autor, como recordándoles el compromiso fundamental, que es su fuerza”.
Los himnos de sus padres y por eso mismo tradicionales: parece que el
autor se refiere al conjunto de himnos, fruto de una larga tradición,
que constituían el Hallel: Sal 113-118. Estos salmos se cantaban durante
la cena pascual; el autor supone que los israelitas del tiempo del
Exodo cantaron también himnos en honor de Yahvé, como se solía hacer en
su tiempo en el rito de la cena (cf. Mt 26,30; Mc 14,26).
10-19.
En v.10 comienza la descripción de aquella noche de exterminio para los
egipcios, que el autor desarrolla con recursos retóricos de escuela,
pero con algunos aciertos poéticos, como los de v.14-16.
10-11.
Mientras que los israelitas vigilaban y celebraban alegremente la
pascua, la muerte visitó los hogares de los egipcios sin distinción de
clases ni de categorías. A los himnos de los judíos hacían eco las
lamentaciones de los egipcios por la muerte de sus primogénitos (cf. Ex
11,5-6; 12,29-30).
12. El autor habla hiperbólicamente sobre el
número de muertos. No dice más que Ex 12,30: "Aún de noche, se levantó
el Faraón y su corte y todos los egipcios, y se oyó un clamor inmenso en
todo Egipto, pues no había casa en que no hubiera un muerto”. En un
momento...: Filón dice también de todos los primogénitos de los egipcios
que "en plena salud y en plena fuerza física fueron de repente
arrebatados en la flor de la juventud sin ninguna causa aparente". Los
egipcios, sin embargo, pudieron enterrar a sus muertos, según Núm 33,4;
cf. Sab 19,3.
13. Los egipcios (el faraón y sus consejeros) no
creyeron, ni temieron los avisos y amenazas de Aarón y Moisés, pues con
sus artes mágicas algunas veces conseguían los sabios repetir algunos de
los prodigios realizados por Moisés.
Según el Exodo, los magos
egipcios sólo pudieron competir con Moisés y Aarón en las dos primeras
plagas (cf. Ex 7,11-13.22-23; 8,3); en todas las demás fracasaron (cf.,
por ejemplo, Ex 8,14; 9,11). Sin embargo, sólo después de la muerte de
los primogénitos los egipcios reconocen el poder del Señor, Dios de
Israel, e instan a los israelitas a que salgan de Egipto (cf. Ex
12,31-36). No con palabras, sino con los hechos reconocen que el pueblo
aquel era hijo de Dios (cf. Ex 4,22; Jer 31,20; Os 11,1). De este
reconocimiento forzado de los egipcios dice L.Alonso Schökel: "Esta
confesión es un punto culminante de esta parte, simétrica de la
confesión de 5,5. En efecto, en la primera parte veíamos al 'justo' que
se decía hijo de Dios y por ello era perseguido de los impíos hasta la
muerte; en un juicio escatológico, los impíos tenían que reconocer que
efectivamente el 'justo' se contaba entre los hijos de Dios (véanse
2,13.18 y 5,5). En esta última parte los israelitas eran los justos, los
hijos de Dios (12,7.19.20.21; 16,10.26), perseguidos por los egipcios;
ahora éstos tienen que confesar ese título. Y es la última confesión
antes de morir en contumacia. Confesión histórica que es un aviso para
la generación contemporánea del autor”.
14-16.
Intencionadamente eleva el autor el tono poético del momento: la calma
profunda de la media noche va a ser rasgada por el inesperado rayo de la
muerte. Un silencio sereno...: descripción poética de la noche, como
un manto que todo lo cubre apaciblemente. Tu palabra poderosa: en el
mismo clima poético se describe la acción de la palabra divina,
personificada en un guerrero implacable de medidas cósmicas.
El autor
se basa principalmente en Ex 12,29: "A media noche, el Señor hirió de
muerte a todos los primogénitos de Egipto”; pero ha sabido armonizar las
especulaciones teológicas sobre la sinificación de aquella noche
pascual y del poder omnipotente de la palabra de Yahvé con una expresión
de profundo valor poético. D.Muñoz León escribe: "En 18,14-16 la
Palabra es presentada como un invencible guerrero. Sin duda tenemos un
texto esencialmente poético. Pero son muchos los rasgos que hacen
sospechar un parentesco con la mentalidad targúmica: la media noche,
Dios en el cielo que es su trono real, el descenso de la Palabra, la
descripción de su acción punitiva. Se trata de un testimonio más de la
concepción común en el siglo primero acerca de la actuación salvífica y
punitiva por medio de la Palabra”.
Existe en la Escritura una
larga tradición sobre el poder de la palabra divina, expresión natural
de la voluntad eficaz y creadora. Sab recoge esta misma tradición en
9,1; 12,9; 16,12.26. Pero Sab 18,14-16 es la personificación más
avanzada de la palabra de Dios hacia la hipóstasis del logos en san
Juan.
Se abalanzó: la expresión nos sugiere la imagen del guerrero
que se lanza sobre el adversario o la del ave de rapiña sobre su presa.
Paladín inexorable: metáfora del guerrero aplicada a Dios, inspirada en
1 Crón 21,16: "David alzó los ojos y vio al ángel del Señor erguido
entre tierra y cielo, con la espada desnuda en su mano apuntando a
Jerusalén”. En la Escritura a Dios se le llama guerrero: "El Señor es un
guerrero, su nombre es el Señor" (Ex 15,3; cf. Is 42,13; Sal 24,8.
Desde el trono real: Dios está presente en todo lugar: "Porque el Señor,
vuestro Dios, es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra" (Jos
2,11; cf. Sal 139,8; Jer 23,24), pero convencionalmente se considera el
cielo como su morada (cf. Sal 2,4; 115,3.16); 123,1; Is 66,1; Mt 5,34;
23,22), formas metafóricas de hablar para simbolizar la majestad y
trascendencia divinas.
La orden terminante, irrevocable, del Señor es
la espada afilada de este guerrero, exterminador de los primogénitos de
los egipcios. La imagen del guerrero que se agiganta hasta llegar al
cielo es hiperbólica, pero lo simbolizado: el poder divino, no es
hiperbólico, sino realidad que trasciende toda hipérbole.
17-19.
El autor describe en estos versos la muerte de los primogénitos. Parece
que quiere ser una explicación libre de Ex 12,31-33. Los primogénitos
que van a morir conocen en sus sueños la causa de su muert, y entre los
estertores de la agonía la manifiestan a sus familiares. Así se explica
la prisa del faraón y de sus súbditos por que salgan pronto de Egipto
los hebreos. En la mente del autor, los egipcios no dieron crédito a las
amenazas de Moisés en Ex 11,4-8; cf. Sab 18,13.
Liberación de israel
18,20 También a los justos les alcanzó la prueba de la muerte
y en el desierto tuvo lugar una gran matanza,
pero no duró mucho la ira;
21 porque un varón intachable se lanzó en su defensa,
manejando las armas de su ministerio:
la oración y el incienso expiatorio;
hizo frente a la cólera y puso fin a la catástrofe,
demostrando ser ministro tuyo;
22 venció la indignación no a fuerza de músculos
ni esgrimiendo las armas,
sino que rindió al verdugo con la palabra,
recordándole juramentos y promesas hechos a los padres.
23 Cuando ya se hacinaban los cadáveres, unos encima de otros,
se plantó en medio y atajó el golpe,
cortándole el paso hacia los que aún vivían.
24 Pues en su ropa talar estaba el mundo entero,
y los nombres ilustres de los patriarcas en la
cuádruple hilera de piedras talladas,
y tu majestad, en la diadema de su cabeza.
25 Ante esto, el exterminador retrocedió atemorizado;
una sola prueba de tu ira bastaba.
18,20-25.
El autor relaciona períodos heterogéneos y distantes históricamente,
pero que vienen a ilustrar la tesis de su midrás (11,5) y el principio
teológico de 11,16.
Sab 18,20-25 sale al paso de una dificultad:
Israel, aunque fue probado también con la plaga de la muerte en el
desierto, no lo fue como Egipto. La estrofa no es una contraprueba del
contraste desarrollado en v.5-19. La prueba de la muerte que sufren en
el desierto los hijos de Israel (cf. Núm 17,6-15) es solamente una
prueba de la ira de Dios, que fue aplacado rápidamente por la
intercesión del mediador del mismo pueblo y al recuerdo de los
juramentos y promesas de Dios en favor del pueblo.
Existe un
contraste entre 18,5-19 y 18,20-25, pero es complementario: Israel no
experimenta la muerte en la noche trágica para Egipto de la primera
pascua, sino que es liberado por medio de Moisés después de
cuatrocientos años de esclavitud; Israel experimenta la muerte en el
desierto, pero es liberado de nuevo de la prueba momentáneamente por
medio de Aarón. Una vez más queda patente la misericordia de Dios con su
pueblo, aun en el momento de la prueba (cf. 11,9s; 12,22).
20.
El verso recuerda el azote sufrido por el pueblo (los justos) en el
desierto con ocasión de la sedición de Coré, Datán y Abirón (cf. Núm
17,6-15). Los que murieron fueron 14,700, sin contar los 250 muertos a
causa de Coré (cf. Núm 16,2.35; 17,14). Los justos siguen siendo el
pueblo. El autor no hace mención de la causa de la prueba y de la gran
matanza: las murmuraciones del pueblo contra Moisés y Aarón y el motín
(cf. Núm 17,6-10).
21. La intención del autor es la de aminorar
la significación de la dura prueba. Por esto insiste más en la parte
positiva, en la figura venerable del sacerdote Aarón. El es el varón
intachable, agradable a los ojos de Dios (cf. Núm 16,7;
17,9-10<LXX>, a pesar de Ex 32). Como sacerdote de Yahvé, era el
mediador entre el pueblo ofensor y Dios ofendido. El autor lo presenta
en su acción litúrgica con el incensario humeante en las manos (cf. Núm
17,11-12) y orando por el pueblo. De la oración nada nos dice Núm 17,
pero fácilmente se deduce de Núm 17,8.
La oración y el sacrificio de
Aarón son eficaces y cesa la cólera divina. Coré y su facción había
reclamado para sí también el servicio divino, reservado a la familia
sacerdotal de Aarón (cf. Núm 16, 3.9-11); pero no fueron dignos de ello a
los ojos de Dios; solamente Aarón y sus hijos fueron los ministros
escogidos por él (cf. Núm 16,20-24.31-17,2; también Sab 10,16; Eclo
45,6-7).
22-23. Dios, airado, visita a su pueblo con un azote o
calamidad públicos. El autor personifica este castigo: al verdugo o al
que castigaba, y el exterminador en v.25a. Aarón vence a este enemigo
con la palabra, con la persuasión de la oración (cf. v.21c).
Dios
es fiel cumplidor de su palabra empeñada; por esto el recuerdo de los
juramentos y de los pactos divinos es una palanca potentísima en boca
del orante, para mover a misericordia el corazón de Dios (cf. Ex 32,13s;
Neh 9,7s; Dan 3,35s). La cólera divina, al parecer, se manifestó en una
epidemia (cf. Núm 17,13).
24. En este verso se refleja la
exégesis común rabínica. Justifica el autor el poder de intercesión de
Aarón. Revestido de sus vestiduras sagradas, el sumo sacerdote simboliza
lo más querido de Yahvé: el universo creado para la existencia (cf.
1,14; 11,24) y el pueblo elegido, y actuaba también como representante
de la majestad divina, simbolizada en la diadema. De las vestiduras
sagradas de Aarón, descritas minuciosamente en Ex 28 y Eclo 45,6-12, el
autor hace mención explícita únicamente de la túnica, del pectoral y de
la diadema. Ropa talar o túnica que llegaba hasta los tobillos (cf. Ex
28,39-40). Sobre ésta vestía el manto del efod, vestidura de púrpura
violeta (cf. Ex 28,31-35). Simbólicamente la ropa talar representaba el
mundo entero, quizás por su amplitiud, colores, ornato. Los nombres
ilustres de los patriarcas: los doce nombres de las doce tribus de
Israel estaban grabados en doce piedras talladas, y éstas, engarzadas en
el pectoral en la cuádruple hilera, de a tres cada una. El pectoral,
cuadrado de un palmo de lado, pendía de los hombros y descansaba en el
pecho (cf. Ex 28,15-29). Sujeta a la tiara y sobre la frente llevaba el
gran sacerdote una lámina de oro con la inscripción "consagrado a
Yahvé": representaba la majestad divina, siempre presente y propicia en
los sacrificios que le ofrecía el sacerdote (cf. Ex 28,36-38).
"Aarón
es, pues, en este verso una especie de personaje mesiánico de
dimensiones cósmicas: un mesías sacerdotal con rasgos reales y aureola
divina. Todo él mismo representa y asume el universo, pero lleva sobre
su corazón los nombres de las doce tribus de Israel, sobre su frente el
reflejo del 'Nombre' sagrado, es decir, de la trascendencia y del poder
del Dios único y personal”.
A.Jaubert subraya también los mismos
rasgos en este pasaje de Sabiduría: "En este midrás sobre el episodio de
Números <17,6-15> la figura de Aarón se ha engrandecido. Ante él
retrocede espantado el exterminador, porque ha visto el Nombre santo y
secreto de Dios grabado en la lámina de oro. La poderosa eficacia de
Aarón proviene en primer lugar de la santidad temible del Nombre que él
opone a la cólera de Dios; ante su propio Nombre Dios queda desarmado.
Su fuerza de intercesión proviene también de las 'glorias de los
Padres', es decir, de los nombres ilustres de los patriarcas, que son
una protección siempre actual para su raza y recuerdan a Dios sus
promesas. Mas el sacerdocio de Aarón se ejerce también en nombre del
universo entero: 'en su ropa talar estaba el mundo entero'. Esta última
pequeña frase por sí sola no estaría tan cargada de sentido, a no ser
por las comparaciones halladas en Filón, que serán decisivas: Aarón hace
de sacerdote universal. El sacerdocio de Aarón resume así en sí todo el
poder de intercesión del cosmos; pero este poder de intercesión no se
plasma, si podemos hablar así, más que en los grandes representantes de
Israel, los patriarcas; él se concentra todo entero en la presentación a
Dios del Nombre divino".
25. La oración, el incienso (v.21) y
la presencia del sacerdote con su valor simbólico (v.24) aplacaron la
cólera divina, personificada en el exterminador (cf. Ex 12,23; 1 Crón
21,15-16). La justicia divina da paso a su misericordia y, por esto, la
prueba de la muerte (v.2) fue solamente una prueba de su ira.
g. Juicio del mar contra egipcios - en favor de israelitas
(19,1-9)
19,1 Pero a los impíos los acosó hasta el fin una ira despiadada,
porque Dios ya sabía lo que iban a hacer:
2 que los dejarían marchar
y los urgirían para que se fueran,
pero luego, cambiando de parecer, los perseguirían.
3 En efecto, antes de terminar los funerales,
llorando junto a las tumbas de los muertos,
tramaron otro plan insensato,
y a los que habían expulsado con súplicas, los
perseguían como fugitivos.
4 Hasta este extremo los arrastró su merecido sino
y los hizo olvidarse del pasado,
para que remataran con sus torturas el castigo pendiente,
5 y mientras tu pueblo realizaba un viaje sorprendente,
toparan ellos con una muerte insólita.
6 Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes,
cambió radicalmente de naturaleza,
para guardar incólumes a tus hijos
7 Se vio la nube dando sombra al campamento,
la tierra firme emergiendo donde antes había agua,
el mar Rojo convertido en camino practicable
y el violento oleaje hecho una vega verde;
8 por allí pasaron, en formación compacta,
los que iban protegidos por tu mano,
presenciando prodigios asombrosos.
9 Como caballos pacían,
como corderos triscaban,
alabándote a ti, Señor, su libertador.
19,1-9.
Llegamos a la última comparación, al séptimo díptico, el más trágico de
todos. Intencionadamente el autor ha querido reservar para el final de
su discurso en siete comparaciones el más significativo. Los egipcios,
perseguidores de los israelitas, representan una vez más a los malvados,
y los israelitas, perseguidos, a los justos. El mar es el instrumento
del que Dios, supremo juez, se vale para ejecutar la sentencia de este
juicio histórico, elevado a categoría de símbolo y, por eso, con valor
escatológico.
En Sab 19,1-9 se cumple la tesis
propuesta al comienzo de la tercera parte, en 11,5: "con lo que sus
enemigos eran castigados, ellos, en el apuro, eran favorecidos": el mar
sepulta y ahoga a los egipcios (v.1-5), el mar se convierte en camino
expedito para los israelitas (v.6-9).
Descubrimos
cierto paralelismo entre la primera comparación en 11,6-14: agua de la
roca - aguas ensangrentadas del Nilo, y ésta séptima: el agua es el
elemento común, elemento vital que se convierte en instrumento de muerte
y de exterminio: a tal perversión se puede llegar por la insensatez
humana.
1-5. Primera cara del díptico, la
negativa. Los egipcios persiguen a los israelitas hasta el mar Rojo, por
esto se va a manifestar el juicio histórico contra los impíos. El autor
supone conocida la narración de Ex 14 y la interpreta con la misma fe
providencialista con que fue escrita y ahora es leída en su comunidad
judía de Egipto. En un solo hecho se revela en la historia el gran
poderío de Yahvé, que será ira despiadada para los egipcios y salvación
para los israelitas.
1. La nueva estrofa contrasta
con la anterior, como las sombras con la luz. Los impíos son los
egipcios (cf. 10,20; 11,9; 16,16. 18), porque persiguen al pueblo que se
supone inocente, y porque se han opuesto y se oponen con pertinacia a
la voluntad de Dios, manifestada reiteradamente por medio de Moisés.
Los acosó: la metáfora parece tomada de una escena de caza, en la que
la presa acorralada ya no puede escapar de los perseguidores. El autor
ironiza: los egipcios persiguen a los israelitas para darles alcance y
apresarlos; pero son ellos en realidad los perseguidos y acosados.
Hasta el fin o total exterminio (cf. 16,5; Jos 10,20), castigo supremo.
Una ira despiadada: la derrota de los egipcios, en la mentalidad del
autor, fue efecto de la justicia vindicativa de Dios que luchaba en
favor de su pueblo (cf. Ex 14,14.24-31).
Dios ya sabía: la
previsión del futuro por parte de Dios es una verdad fundamental en la
sagrada Escritura; pero es más una convicción implícita en la fe de los
autores sagrados y supuesta en otros dogmas (por ejemplo, en el de la
providencia), que formulada expresamente (cf. Dan 13,42; Sal 129).
Solamente Dios puede saber y predecir lo que ha de suceder y, en este
sentido, se distingue de los falsos dioses, a los que reta el profeta:
"Narradnos vuestras predicciones pasadas y prestaremos atención;
anunciadnos el futuro, y conoceremos el desenlace; narrad los sucesos
futuros, sabremos que sois dioses" (Is 41,22-23). En este saber de
antemano de Dios se fundamenta el valor del testimonio de los verdaderos
profetas, que anuncian en nombre de Dios lo que ha de venir (cf. Dt
18,21-22).
Al tratar de la contumacia humana, como en
este lugar, desde "el punto de vista divino se puede hablar de una
previsión del desenlace final con sus diversos pasos: el castigo
limitado, interrumpido, el castigo pendiente, la falta de consecuencia y
la insensatez humana. Por culpa del hombre, la ira de Dios resulta
despiadada, porque el hombre se resiste a la piedad. El hombre se
resiste a ver venir ese momento final, y con su ceguera lo apresura, él
mismo se mete en las aguas mortales. Es lo que hacían los impíos de los
caps.1-5; también los egipcios llevan aquí el apelativo 'los impíos'“.
2. El que (o.[ti) inicial introduce el verbo principal: los
perseguirían; pero a la acción de perseguir (en futuro) le preceden tres
participios (en aoristo) que describen el proceso de los egipcios en
aquella noche, que terminará con un "plan insensato" (v.3c):
primeramente el faraón y los egipcios, aterrorizados ante el espectáculo
de la muerte de sus primogénitos, permitirían a los israelitas salir de
Egipto (cf. Ex 12,31-32); en segundo lugar el autor se inspira para
v.2b en Ex 12,33: "Los egipcios urgían al pueblo para que saliese cuanto
antes del país". Pero pronto cambiarían de parecer. El motivo para ello
pudo ser de orden socioeconómico: habían perdido una gran cantidad de
mano de obra barata; así parece insinuarlo Ex 14,5: "¿Qué hemos hecho?
Hemos dejado marchar a nuestros esclavos israelitas”. Y por ello
decidieron salir en su persecución (cf. Ex 14,6-9).
3. El verso confirma la previsión divina de v.1b. El autor recoge y
relaciona las tradiciones de Núm 33,4: "Los egipcios estaban todavía
enterrando los primogénitos”, cuando los israelitas comenzaron su
marcha, y de Ex 14,6-8 sobre la persecución de los egipcios. A este plan
imprevisto e improvisado le llama el autor insensato, como lo explica
inmediatamente en v.3d. Es interesante subrayar que el plan o
determinación es totalmente libre; precisamente por eso se le puede
llamar con propiedad insensato, supuesta la historia anterior de las
plagas y la precipitación con que lo han tomado.
4.
El autor considera el desarrollo de la historia de los egipcios como un
flujo ininterrumpido de causas y efectos. Habían llegado al extremo de
la insensatez en aquella persecución que significaría su exterminio.
El sino, destino o necesidad no es una fuerza fatal, independiente de
la libre voluntad humana y muy conocida entre los griegos, sino el hecho
consumado y real al que los egipcios se acercaban con sus propios
pasos, libremente dados (cf. v.3), por lo que se llama justo o merecido.
Este término de las acciones responsables -en la mente del autor ya
realizado- lo considera el autor como el regulador de las acciones
sucesivas de los egipcios. Ellos han decidido libremente perseguir a los
elegidos del Señor y, por lo tanto, completan así la medida de sus
pecados y provocan la justicia vindicativa. Los egipcios, que han
olvidado rápidamente la reciente experiencia de las duras pruebas a que
han sido sometidos, son, por esto, modelo del pecador, que libre y
metódicamente cierra su corazón a los toques de la gracia para la
conversión a Dios.
5. Pero Dios dirige la historia,
por lo que la persecución de los egipcios es un momento más de la
realización de sus planes.
Los dos hemistiquios del v.5
son dos proposiciones finales consecutivas, dependientes de la partícula
i.[na: para que, de v.4c; contienen además la antítesis entre el pueblo
de Dios y el pueblo egipcio. Israel se ve obligado a realizar un viaje
sorprendente, un camino inverosímil (cf. 5,2; 16,17): atravesar a pie el
mar Rojo; los egipcios, que, al parecer, lo tienen todo a su favor, van
a encontrar, sin embargo, una muerte insólita. Juego de contrastes:
sorprendente - insólita. Esta muerte tiene un sentido marcadamente
escatológico, como el término del proceso judicial de un pueblo ante el
tribunal inapelable de Dios.
6-9. P.Beauchamp cree
que el autor sigue a partir de v.6 el esquema de creación de Gén
1,1-2,4a, aunque no con todo rigor. Lo confirma L.Alonso, quien escribe:
"La falsilla del Génesis explica esta sección, sin ella varios versos
son inexplicables. La falsilla se entrevé en algunas repeticiones
verbales (a través de la traducción griega). En esquema (sin olvidar que
se trata de una lectura de las tradiciones del éxodo):
1.Caos-tinieblas-aliento de Dios (Gn 1,2)-la nube (Sab 19,7a)
2. Tierra saliendo del agua (1,9-10)-Mar Rojo (19,7b)
3. Hierba de la tierra (1,11)-"vega verde" (19,7d)
4. Animales de cielo, agua y tierra (1,20-25)-(19,10-12)
<5.Luz y tinieblas (1,3-5.17-18)-ceguera a la puerta del justo (19,17). Esta pieza es bastante dudosa>
- Los elementos (tema griego): tierra, agua, fuego (19,19-21)
6.Alimento de la tierra (1,29)-alimento del cielo (19,21c)
El esquema nos hace ver la síntesis de lo bíblico con lo griego (que
atraviesa todo el libro); no se repite sin más el génesis, sino que se
transmutan sus leyes para una nueva creación”.
19,6-9
constituye la segunda cara del díptico séptimo, la positiva. La nueva
estrofa, ligada a la anterior por ser una fundamentación del v.5 (cf.
ga./r en v.6a), es en realidad una consideración teológica sobre los
episodios extraordinarios del Exodo. Comienza proponiendo un principio
teológico: la nueva creación, y la finalidad pretendida: la salvación de
los israelitas, hijos de Dios (v.6). A continuación prueba el autor sus
afirmaciones; los v.7-9 recuerdan de una forma nueva el paso del mar
Rojo.
6. El autor ha conservado en todo su midrás
11-19 la misma actitud espiritual y teológica (cf. 16,15ss). Él
reinterpreta los acontecimientos del Exodo, fundamentales para
comprender el significado de la historia de Israel, a la luz espiritual
de la fe en Dios protector y salvador. Pero a partir del v.6 pone más de
manifiesto su visión sobrenatural de la historia del Exodo. El v.6
formula nuevamente lo que largamente ha desarrollado el díptico central
(cf. 16,17-25).
La creación entera, criatura de Dios, como
materia moldeable en las manos del artista, está por entero subordinada a
los designios de su voluntad, cumpliendo tus órdenes (cf. 5,17;
16,24s). Los hechos puntuales que componen la narración del Exodo
adquieren una dimensión universal en el espacio y en el tiempo, y el
autor los presenta como figura y tipo de lo escatológico, o de la nueva
forma de ser en el mundo nuevo o la nueva creación, anunciada ya en Is
65,17 y 66,22. La alusión a la primera creación de Gén 1,1ss es
evidente; pero ahora lo que resulta es otra nueva forma de ser y de
actuar de la creación. La nueva configuración de la realidad, aunque
afecta a su propia naturaleza, no destruye la anterior, como se verá en
los sucesos de los v.7ss, y más en particular en v.18 (cf. 16,17-25).
La intención última de esta nueva forma de ser de la creación es la
misma que la de la primera (cf. 5,17), pero con un nuevo horizonte: para
guardar incólumes a tus hijos, expresión magnífica de la consoladora
realidad de la providencia especial de Dios sobre los justos. La
interpretación del autor: la nueva creación va más allá de la
significación literal del Exodo. No se trata de unos sucesos meramente
profanos, son sucesos que en su médula participan del carácter religioso
y sobrenatural de la presencia divina que el autor inspirado, por su
fe, descubre en ellos.
7. El verbo pasivo se vio
(e.~qewrh./qh) tiene en el texto griego cuatro sujetos gramaticales: la
nube (v.7a), la emergencia de la tierra (v.7b), un camino (v.7c), una
llanura (v.7d). Sintetiza el autor temas muy repetidos en los cantos
épicos sobre el paso del mar Rojo, y los completa con rasgos originales.
Como caso extraordinario anota en primer lugar que la nube daba sombra
al campamento. La nube representa la presencia de Dios en medio de su
pueblo. Según las tradiciones de Exodo y Números, la columna de nube o
la nube nunca cubría el campamento. Solamente Núm 10,36(LXX) une los
elementos "nube”, "dar sombra" y "campamento": "La nube les daba sombra
durante el día, cuando partían del campamento”. El autor de Sab traslada
la nube sobre el campamento momentos antes de atravesar el mar Rojo,
porque la potencia divina los cubría con su sombra (cf. Sal 105,39).
Tierra seca o firme, el fondo del mar Rojo (cf. Ex 14,16.22). Parece
clara la alusión a Gén 1,9-10, donde aparece lo seco de entre las
aguas. La vega verde o llanura verdeante es el mismo fondo marino,
camino practicable (cf Is 43,16; 51,10); lo llama vega verde (cf. Is
63,13s) no por las algas marinas, sino probablemente por influjo del
esquema de creación (cf. Gén 1,11-13).
8-9. En
estilo hímnico recuerda el autor el paso glorioso del mar Rojo (cf.
10,18), al que la tradición posterior adornó con hechos maravillosos. Is
63,11-14 está presente en la memoria del autor y le presta las imágenes
apacibles y alegres de los caballos apacentados y del ganado retozón:
"Se acordaron del pasado, del que sacó a su pueblo:
¿Dónde está el que sacó de las aguas al pastor de su rebaño?
¿Dónde el que metió en su pecho su santo espíritu?
¿El que estuvo a la derecha de Moisés
guiándolo con su brazo glorioso?
¿El que los hizo andar por el fondo del mar
como el caballo por la estepa sin tropezar,
y como ganado que baja a la cañada?,
y el espíritu del Señor los llevó al descanso:
así condujiste a tu pueblo ganándote renombre glorioso”.
(Cf.
Sal 114,4.6; Mal 3,20). "La comparación con los caballos, comenta
L.Alonso, puede aludir irónicamente a la caballería del Faraón ahogada
en el mar”.
Los israelitas, al verse libres de sus
perseguidores en la otra orilla del mar Rojo, entonaron himnos en honor
del Señor (cf. Ex 15), su libertador (to.%n r.?uo./menon). Ex 14,30
dice: "Aquel día libró (LXX: e.~rru./sato) el Señor a los israelitas de
los egipcios”. Los relatos sobre los orígenes del pueblo israelita
atribuyen la salvación de aquel núcleo del pueblo a la acción directa y
maravillosa del Señor. El es el Señor de este pueblo, su creado, su
salvador y libertador. Por esto le dedican sus himnos y cantan en su
honor (cf. Salterio; Is 43,21; 42,10-12, etc.).
El canto
de acción de gracias, dirigido directamente a Dios en v.9c, sirve al
autor como recurso estilístico para formar una inclusión con 10,20, "a
la cual se añaden las únicas menciones del mar Rojo en 10,18 y 19,7".
También sirve al autor el v.9b de transición para trasladarse al tiempo
del destierro en Egipto y seguir así el esquema de la creación (cf. Gén
1,20ss).
2.4. Reflexiones finales: 19,10-21
Después
del desarrollo del tema propuesto en 11,5 con las siete comparaciones
(11,6-14 y 16,1-19,9) el autor añade, para terminar, unas reflexiones de
alcance general. La finalidad de tales reflexiones teológicas y su
composición han suscitado opiniones encontradas entre los autores, como
en parte ya hemos visto.
Nosotros hemos adoptado la siguiente
división en tres estrofas: 1. Reminiscencias de Egipto y del desierto
(v.10-12); 2. Egipcios y Sodomitas (v.13-17); 3. Metamorfosis de la
creación (v.18-21). Hay correspondencias entre las estrofas 1a. y 3a; la
estrofa 2a. (v.13-17) debe de tener una función muy especial que habrá
que averiguar, pues su "contenido desconcierta bastante”.
Reminiscencias de Egipto y del desierto (19,10-12)
19,10 Aún tenían en la memoria todo lo del destierro:
cómo la tierra en vez de animales, produjo mosquitos;
y, en vez de especies acuáticas, vomitó el río cantidad de ranas.
11 Más tarde vieron también un nuevo modo de nacer los pájaros,
cuando, acuciados por el apetito, pidieron manjares de capricho;
12 pues, para satisfacerles, salieron codornices del mar.
19,10-12.
El recurso al recuerdo o a la memoria de los israelitas, ya liberados
tras pasar el mar Rojo, le va a servir al autor para confirmar el
principio teológico que atraviesa el libro entero y que formula
magníficamente en 16,24: "La creación, sirviéndote a ti su hacedor, se
tensa para castigar a los malvados y se distiende para beneficiar a los
que confían en ti”. Doble acción de la naturaleza: para castigo, para
beneficio según se aplique a los injustos y malvados o a los fieles al
Señor.
En la presente estrofa, el v.10 recuerda la plaga de los
mosquitos (Ex 8,12-15) y de las ranas (Ex 8,1s) en el país de Egipto.
Así tiene plena aplicación 16,24b; los v.11-12 nos trasladan al
desierto, donde se despliega la acción bienhechora de la naturaleza en
favor de los israelitas; se cumple lo dicho en 16,24c y que había sido
formulado de otra manera en 5,17b: "El cosmos es paladín de los justos”,
aunque sea necesaria una actuación sorprendente de la misma naturaleza,
como ha establecido el autor en 19,6, pues los cambios radicales que se
operan en la naturaleza manifestarán siempre el propósito divino de
proteger a su pueblo.
El tema central de los v.10-12 es el de la
nueva producción o generación de animales; corresponde al quinto y sexto
día de la creación en orden inverso: animales terrestres, acuáticos,
volátiles, en vez de animales acuáticos, volátiles, terrestres de Gén
1,20-25. Según el autor, en tiempos del Exodo tuvo lugar una nueva
creación según el modelo de la primera; no son los animales los que
producen los animales, sino la tierra produce mosquitos (cf. Ex
8,12-15), el agua ranas (cf. Ex 8,1s; Sab 11,15.27; 16,1.3) y más tarde,
ya en el desierto, pasado el mar, codornices (cf. Ex 16,13; Núm
11,31-32; Sab 16,2-3). La interpretación es atrevida, pero está dentro
del estilo midrásico y es una aplicación del principio enunciado en v.6.
Egipcios y Sodomitas (19,13-17)
19,13 Y a los pecadores les sobrevinieron los castigos
no sin el previo aviso de violentos rayos;
justamente sufrían por sus propios delitos,
por haber odiado cruelmente a los extranjeros.
14 Sí, hubo quien negó hospitalidad a unos visitantes desconocidos;
pero éstos esclavizaron a unos emigrantes que les hacían buenos oficios.
15 Más aún: queda otro castigo para ellos
por haber recibido hostilmente a los extranjeros;
16 pero éstos, después de agasajarlos a su llegada,
cuando tenían ya los mismos derechos,
los maltrataron con trabajos inhumanos.
17 Y también los hirió la ceguera,
como a aquéllos que a la puerta del justo,
envueltos en densa oscuridad,
tanteaba cada uno la entrada de su puerta.
19,13-17.
No cabe duda de que los v.13-17 son una unidad dentro del conjunto
19,10-21; introducen un tema nuevo: egipcios-sodomitas. Lo que ya no
está tan claro a primera vista es la función que tiene en el conjunto.
La
estrofa rompe el hilo del tema general: una nueva creación, y
bruscamente aparecen los sodomitas. Una explicación plausible es la
aplicación del esquema de creación. Hemos visto cómo el autor sagrado ha
seguido el orden de Gén 1 (cf. v.7a con Gén 1,2; v.7b con Gén 1,9s;
v.7c con Gén 1,11s; v.10 con Gén 1,20-25). El tema de la luz y de las
tinieblas (Gén 1,3-5.14-19) lo había saltado el autor, pero en v.17
aparecen las tinieblas. Relaciona el autor la ceguera de los habitantes
de Sodoma con la plaga de las tinieblas en Egipto (cf. Ex 10,21-23; Sab
17,1-18,4). Aunque parezca desconcertante el modo de proceder del autor,
es consecuente con el esquema preestablecido, que confirma la tesis de
la nueva creación.
13. El autor continúa aplicando el método de
constrastes; al recuerdo de los beneficios de los israelitas opone el
castigo que los egicpios sufrieron en la catástrofe del mar Rojo. El
tema ya estaba anunciado en v.5 (cf. también v.1).
Ex 14,23ss, que
narra la catástrofe de los egipcios, nada nos dice de una tormenta con
rayos y truenos, como señal precursora de lo que iba a suceder. No se
trata, sin embargo, de una pura invención del autor, pues existía al
menos una tradición, consignada en Sal 77, que hablaba de una gran
tormenta en el momento del paso por el mar Rojo:
"Te vio el mar, oh Dios,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.
Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban;
rodaba el estruendo de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida:
tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas;
mientras guiabas a tu pueblo como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón" (17-21).
Tradiciones
semejantes encontramos en Filón, Flavio Josefo y Targum Neop. El
detalle del previo aviso nos recuerda la doctrina del autor sobre la
pedagogía divina en la aplicación de los castigos a los pecadores (cf.
11,17ss; 12,8ss).
Subraya enfáticamente el autor que estos
castigos los padecían los egipcios justamente, porque se han asemejado a
los sodomitas, modelo estereotipado de los hombres injustos, sin
piedad. La transición a los sodomitas la prepara la palabra clave
misoceni/a: odio al extranjero. Probablemente el autor refleja un
ambiente de polémica de su tiempo (cf. v.16). Es sabido que a los judíos
se les ha acusado de ser enemigos del género humano. El autor pasa a la
ofensiva, devolviendo la acusación.
14. Es fiel el autor a su
método de no utilizar nombres propios. Sí, hubo quien: une el v.14 con
el anterior, al probar lo extremado de la xenofobia de los egipcios;
pero la expresión estructuralmente está orientada a lo que sigue, pues
requiere la fórmula complementaria pero éstos (v.14b). Enfrenta así el
autor, sin nombrarlos, a sodomitas y egipcios; v.14a se refiere a los
habitantes de Sodoma que quisieron abusar de los huéspedes desconocidos,
recibidos por Lot (cf.Gén 19,1-11).
En la sagrada Escritura uno
de los ejemplos típicos de castigo es el de los sodomitas. La causa es
doble: el delito contra la hospitalidad y la perversión sexual como
pecado. El autor prueba que la culpa de los egipcios es mayor que la de
los sodomitas, utilizando solamente como término de comparación el
delito contra la hospitalidad. Pues si es grave no recibir con
hospitalidad a unos desconocidos, mucho más grave es reducir a
esclavitud a unos huéspedes bienhechores. De aquí se desprende que su
castigo deberá ser mayor.
Estos huéspedes emigrantes son los
israelitas, emparentados con José, el gran bienhechor de Egipto, según
Gén 41,37ss; 47,13ss. Ex 1,8ss nos narra cómo los hebreos fueron
convertidos en esclavos de los egipcios.
15. La fijación del
texto es muy difícil en su primer hemistiquio. Preferimos el texto
subyacente a la VL primitiva. Referimos, por tanto, el v.15 a los
sodomitas. Por su pecado contra la hospitalidad no sólo con los
huéspedes de Lot (Gén 19,1-5), con el mismo Lot, extranjero entre ellos
(cf. Gén 19,9), sino con todos los extranjeros, serán castigados aún más
duramente con castigos de carácter ascatológico.
16. El v.16
añade a v.14b la alusión a la recepción festiva que dispensaron los
egipcios a los israelitas (cf. Gén 45,16ss; 47,1ss), que contrasta con
el odio que siguió después (cf. v.13d). La benevolencia primera y una
larga permanencia en Egipto habían conseguido ya para los israelitas el
poder gozar de los derechos civiles propios de una comunidad político
religiosa, legalmente constituida. Sin duda, el autor refleja aquí la
polémica de su tiempo sobre el derecho de ciudadanía de los judíos (cf.
v.14).
17. Aparece, por fin, el tema del esquema de la creación:
las tinieblas, bien introducido en el tema particular del castigo por
la inhospitalidad de los sodomitas y egipcios. La plaga de las tinieblas
que padecieron los egipcios (cf. Ex 10,21-23; Sab 17,2) se compara a la
ceguera de los sodomitas a las puertas del justo Lot (cf. Gén 19,11;
Sab 10,6; 2 Pe 2,7).
La interpretación que el autor hace de la
ceguera está dentro de la línea de la interpretación alegórica. Por
ceguera entiende la carencia absoluta de luz interior, que padecen todos
aquellos (los impíos) que están alejados de la fuente de la luz
verdadera, la Ley (cf. 18,4). O como dice L.Alonso Schökel: "Hay luz en
la casa del justo, había luz en torno, y esos hombres se han cegado
obrando contra los huéspedes que les traen la luz. Así enlazamos con
18,4, concretando el tema de la injusticia: 'justamente sufrían'".
De
éstos se puede decir con verdad que están envueltos en una densa
oscuridad y, por consiguiente, andan por la vida "a tientas”, como unos
ciegos (cf. Hech 17,27).
Metamorfosis de la creación (19,18-21)
19,18 Los elementos de la naturaleza se intercambiaban su propiedades;
lo mismo que en un arpa los sonidos cambian el carácter de la melodía,
siguiendo el tono,
como puede colegirse exactamente a la vista de lo que pasó;
19 pues los seres terrestres se volvían acuáticos,
y los que nadan, se paseaban por la tierra;
20 el fuego acrecentaba su propia virtud en el agua,
y el agua olvidaba su condición de extintor;
21 las llamas, por el contrario, no abrasaban
las carnes de los endebles animales que por allí merodeaban
ni derretían aquella especie de ambrosía, cristalina y soluble.
19,18-21.
Naturaleza nueva en la nueva creación del Exodo. Esta sección es la
última del cap.19 y en ella se alude a temas tratados en los dípticos
cuarto y séptimo. El v.18 propone una especie de principio
filosófico-teológico (cf. v.6); los v.19-20 lo confirman con los sucesos
del mar Rojo (cf. v.7-9) y el v.21 con los agrupados en el díptico
cuarto: 16,15-29 (cf. 19,10-12).
18. El v.18 lógicamente se une
al v.12. El autor se vale de la teoría cosmológica de los elementos y
del concepto de armonía universa, para explicar de forma racional y
asequible los hechos realizados por Dios en tiempos del Exodo. El
vocabulario parece técnico filosófica y musicalmente hablando, pero no
lo es. Con fundamento se puede dudar de que el autor haya pretendido
siquiera utilizarlos en su sentido técnico.
Los elementos son
los elementos constitutivos de la naturaleza o del universo; de ellos
trataban muy sabiamente los filósofos de todas las escuelas. El autor
hablará solamente del agua, de la tierra, del fuego (v.19-20), no del
aire.
Se intercambian: el verbo está en participio
(meqarmozo/mena) y concuerda con los elementos; evoca la imagen musical
pitagórica de la armonía universal. El autor se mueve en el ámbito
musical: arpa (yalth/rion), sonidos (fqo/ggoi), la melodía, tono o
sonoridad. En el uso que el autor hace de la comparación musical se
confunden imagen y realidad. El autor insiste en la permanencia de la
naturaleza singular; pero constata que la totalidad cambia. En la nueva
música los sonidos no son nuevos, sino la melodía y el modo. Lo va a
probar con algunos ejemplos.
El Profesor L.Alonso Schökel,
experto en el arte de la música, ha tenido la deferencia de comunicarme
por escrito su interpretación personal del v.18, que es la siguiente:
"Para explicar la síntesis de fijeza y variedad, las metamorfosis de lo
permanente, el autor recurre a una comparación musical, siguiendo una
vieja tradición griega. Pero no parece ser muy versado en teoría musical
ni parece emplear las palabras con rigor técnico. Nos habla de fqo/ggo$
o sonido en general, del h}xo$, que puede significar resonancia, y del
o{no-ma r?uqmou= o nombre del ?. La palabra griega r?uqmo/$ no coincide
con nuestro término técnico 'ritmo', sino que abarca más cosas
(lenguaje, melodía, movimiento, danza). Creo que se refiere a los
diferentes 'modos' musicales que tenían su nombre cada uno: lidio,
frigio, dórico, etc. En tal caso, el material son los sonidos, permanece
el tono de la cuerda que suena, varía el modo musical o de la melodía.
En otros términos, y a modo de ejemplo, un la nuestro, me/sh en griego,
tendrá función diversa en un modo lidio o en otro frigio. Así en la
creación, los elementos permanecen estables: el fuego sigue siendo
fuego, el agua agua, el aire aire, la tierra tierra; pero en una
prodigiosa metamorfosis, en una armonía salvadora, se cambián sus
propiedades o virtudes o efectos. Esos cambios de función, sin cambiar
naturaleza, no destruyen la armonía, sino que la cambian. Un músico
occidental clásico recurriría quizá al ejemplo de la tonalidad,
modulación, enharmonía, etc.
Aunque el autor de Sabiduría no haya
estado muy feliz en los detalles, tuvo el acierto de recurrir a la
imagen sugestiva de la música para cerrar su libro o su repaso histórico
con un acorde que queda resonando en nuestra imaginación”.
A
esto podemos añadir lo que el mismo L.Alonso Schökel escribe en su
comentario: "La música, por analogía, hace comprender un misterio de la
acción divina: como instrumentista y compositor, Dios sabe crear una
unidad de lo múltiple, sabe establecer leyes y proporciones, sabe
cambiar esas leyes sin destruir la armonía. En vez de música de las
esferas, armonía del cosmos y armonía de la historia como variaciones de
un tema de salvación. Bien mirado, bien escuchado, el éxodo se nos
convierte en un poema sinfónico que hace presentir una nueva creación
para una salvación definitiva”.
El v.18d se refiere a lo narrado
en Ex 7-16, de lo cual se ha hecho ya mención en Sab; el cap.19, en
parte, es un resumen de todo ello.
19. En la
primera parte del verso parece que el autor alude al paso de los
israelitas y sus caballerías por el mar Rojo (cf. Ex 14,16.22); v.19b
muy probablemente hace referencia a la invasión de las ranas, salidas
del Nilo (cf. Ex 8,2-3).
Filón explica así este pasaje: "De nuevo, el
hermano de Moisés recibió una orden; extendiendo su bastón sobre
canales, lagos y estanques, los tocó. Al momento que lo extendió, subió
de las aguas tal cantidad de ranas que no sólo se llenaron de ellas las
plazas y la campiña, sino también los establos, las casas, los
santuarios, todos los lugares privados y públicos, como si la naturaleza
se hubiera propuesto enviar una sola especie de animales acuáticos a
fundar una colonia en la región contraria, pues la tierra firme es
contraria al agua”.
20-21. Sobre la función cósmica de los
elementos fuego y agua al servicio de los justos ya había tratado el
autor en el díptico central de esta tercera parte (cf. 16,17-27). Según
la interpretación que allí se daba de los acontecimientos del Exodo, la
acción de la naturaleza, sometida a su Hacedor, había culminado en la
preparación del maná (cf. 16,20). Ahora, al final de su discurso, vuelve
el autor al tema del alimento sobrenatural, al que llama especie de
ambrosía, porque da la inmortalidad o, al menos, es apto para los seres
inmortales.
No parece que sea pura casualidad que el autor
termine el midrás con las palabras relativas a la ambrosía. También en
el sexto día de la creación Dios termina su obra dando al hombre y a
todos los animales su alimento: "Mirad, os entrego todas las hierbas que
engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles
frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las
fieras de la tierra -a todos ser que respira-, la hierba verde les
servirá de alimento" (Gén 1,29-30). Recordemos también que en la versión
del yahvista el relato del paraíso termina con el "árbol de la vida"
(Gén 3,24).
En la nueva creación, por lo tanto, existe también un
alimento dado por Dios que nos da la posibilidad de la inmortalidad.
Este pensamiento está implícito en el autor, ya que él se refiere
directamente al tiempo del Exodo, pero su finalidad es parenética, por
lo que su pensamiento es aplicable al tiempo presente y futuro.
Conclusión: Himno de alabanza a Dios: 19,22
19,22 Porque en todo, Señor, enalteciste y glorificastea tu pueblo,
y nunca y en ningún lugar dejaste de mirar por él y socorrerlo.
Cierra
el autor su midrás en estilo hímnico y oracional, dialogando con el
Señor. Según su visión optimista y llena de fe, toda la historia pasada
de Israel se puede convertir en un himno de alabanza al Señor, Su Dios.
Todo lo que Israel ha sido y es se lo debe a su Señor; así lo canta en
sus himnos y lo narran sus historias, como ha demostrado magníficamente
la tercera parte del libro.
Con toda razón llama A.Jaubert a este
verso final del libro "Leit-motiv del judaísmo de la diáspora”, ya que
expresa la fe profundamente arraigada de un pueblo desarraigado de su
tierra, pero seguro de ser elegido de Dios y de gozar de su protección
en cualquier tiempo y lugar.
El autor escribe a israelitas en la
diáspora y, quizás, en momentos de prueba. La lección que se desprende
de la historia para el presente y para el futuro es de esperanza. Dios
es fiel a sí mismo; lo que ha hecho en tiempos pasados con el pueblo, lo
seguirá haciendo en el futuro. Esta afirmación de confianza en Dios
salvador vale, pues, para el Israel de todos los tiempos, para todo
pueblo que reconozca la soberanía misericordiosa del Señor y para el
nuevo "Israel de Dios" (Gál 6,16), pues Jesús mismo ha prometido su
asistencia hasta el final de los tiempos: "Mirad que yo estoy con
vosotros cada día, hasta el final del mundo" (Mt 28,20).
Al terminar este Comentario a Sab, permítansenos unas breves reflexiones.
Sab
es una relectura del Antiguo Testamento, hecha por un judío de la
diáspora en los albores de la era cristiana. Lo que en verdad le
interesa al autor no es recordar la historia pasada de su pueblo, porque
es muy bella y porque es historia, sino porque en esa historia descubre
la manera de ser y de actuar de Dios, en el que creía su pueblo y él
también cree. Vista de este modo la historia: en sentido restringido, de
historia del pueblo de Israel, y en sentido amplio, de historia
universal de todos los pueblos, la historia se convierte en maestra de
vida para el que la sabe interpretar.
El creyente descubre la
presencia de Dios en todos sus recovecos, y aprende que Dios le habla a
través de todos los acontecimientos palabras de aliento y de esperanza.
Porque él es Señor de ella, como lo es de la creación.
Dios
promete la victoria final, escatológica, a los individuos (primera
parte) y a los pueblos (tercera parte), aunque unos y otros tengan que
padecer y sufrir derrotas parciales que, a los ojos profanos, parecen
definitivas.
Dios es educador y maestro de los que confían en él,
individuos y pueblos, lo mismo cuando castiga que cuando premia. Los
que se afanan por descubrir su voluntad y por seguirla, obedeciendo sus
leyes, participan de la Sabiduría. Ella los convierte en justos, amigos
de Dios, profetas y reyes (segunda parte).
Los que se olvidan de
Dios y siguen sus propios criterios se hacen a sí mismos norma suprema
de justicia. De esta manera pervierten el orden de los valores humanos y
divinos, se convierten en malvados, impíos, idólatras y, por lo tanto,
en reos de lesa divinidad y humanidad. No importa el nombre que se le dé
a las doctrinas impías o a los ídolos que el hombre se forje, pues cada
tiempo tiene los suyos, también el nuestro.
Dios es el único
salvador del hombre (cf. Sab 16,7); pero lo hace a su manera, no
anulando al hombre, sino devolviéndole su dignidad y haciendo que el
hombre se salve a sí mismo y a los demás (Sab 6, 24).
Como
resumen final valga una palabra de Isaías y otra de Pedro, el apóstol:
"Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay salvador" (Is 43,11); "La
salvación no está en ningún otro (que en Jesús), pues bajo el cielo no
tenemos los hombres otro diferente de él al que debamos invocar para
salvarnos" (Hech 4,12).
APÉNDICE I
Los judíos en Egipto hasta mediado el siglo I d.C.
No sabemos con certeza cuándo fue escrito el libro de la Sabiduría; los
autores discuten sobre este punto sin ponerse de acuerdo. Pero cada vez
se va haciendo más estrecha la franja de tiempo en que se cree fue
escrito Sab. Los argumentos principales nos los proporciona el libro
mismo: probables alusiones a situaciones históricas del tiempo del autor
(¿Sab 19,13-17?), vocabulario, estilo, etc.
Para
facilitar más la comprensión e interpretación del libro mismo y de las
teorías que se discuten a propósito de él, proponemos esta síntesis
histórica de la situación de los judíos en el Egipto del tiempo
helenístico y del primer siglo de la dominación romana.
1. Primeras colonias judías en Egipto
La tierra de Canaán o Palestina y Egipto, por la posición geográfica
que ocupan, están condenados a mantener relaciones permanentes; unas
veces serán de amistad otras de enemistad, pero nunca de indiferencia.
Egipto fue siempre el país rico, Canaán el pobre; por esto los
habitantes del segundo emigraron al primero en tiempos de calamidad,
como nos confirman los testimonios históricos extrabíblicos y la sagrada
Escritura. En los momentos de esplendor y de fuerza del país regado por
el Nilo la franja costera del Mediterráneo oriental fue sometida por
los ejércitos egipcios. Ahora, sin embargo, no nos interesa recordar
todas las alternancias de los tiempos de guerra y de paz; nos
limitaremos a la época helenística, es decir, al tiempo que sigue a la
muerte de Alejandro Magno. En efecto, a partir de 323 a.C. la presencia
judía en Egipto es un hecho relevante y de consecuencias muy
importantes.
Sabemos que existen colonias judías en
Egipto antes del siglo IV a.C. La más antigua y famosa es la de
Elefantine en el alto Egipto, cerca de la actual Assuán, cuyos inicios
se remontan probablemente al reinado de Psamético II (594-589 a.C.), que
luchó contra los etíopes.
Por esta época el reino de
Judá sufre fuertes ataques de los babilonios. Los jóvenes buscan nuevos
horizontes y se alistan en el ejército de Psamético. El año 586 a.C.
caerá definitivamente Jerusalén en manos de Nabucodonosor II, y se
producen nuevas oleadas de inmigrantes en el Egipto acogedor. El profeta
Jeremías será arrebatado también poco más adelante por los que huyen a
Egipto después del asesinato de Godolías y se establecerá en Tafne, en
el Bajo Egipto, delta del Nilo (cf. Jer 43,7). Desde allí, o desde otro
lugar indeterminado de Egipto, dirigirá su palabra de profeta a todos
los judíos que habitaban Egipto, el Alto y el Bajo: "En Migdol, en
Tafne, en Menfis y en tierra de Patros" (Jer 44,1). Probablemente ya
existían en estas ciudades comunidades judías, que acogerían en su seno a
las familias fugitivas del reino destrozado de Judá. De todas formas
todavía no se puede comparar la situación de los judíos en Egipto con la
de los judíos en Babilonia. En Mesopotamia existían verdaderas
comunidades judías que crearon una tradición cultural; en Egipto sólo
unos grupos aquí y allá, que sin duda fueron creciendo poco a poco hasta
que llegamos al tiempo helenístico en que el centro de gravedad de la
diáspora judía pasa del este (Babilonia) al oeste (Egipto).
2. Los judíos en Egipto en tiempo de los Tolomeos
No se puede probar históricamente que con Alejandro Magno tuviera lugar
una emigración de judíos a Egipto, como afirma Flavio Josefo, pues ni
Hecateo ni Aristeas hablan de ello. Sí parece bastante probable que con
Tolomeo I (323-283 a.C.) comenzara un auténtico transvase de judíos de
Palestina a Egipto, sobre todo a partir de 302.
Tolomeo II Filadelfo (283-246 a.C.) aparece en las fuentes judías como
el protector y libertador de los judíos esclavizados. Uno de los
principales defensores de esta opinión es el seudo- Aristeas. En su
carta resalta en primer plano la gran figura del rey Tolomeo, amigo de
las ciencias y de las artes, sin prejuicios raciales ni de religión
(cf. 22-24). Seudo-Aristeas exagera ciertamente; sin embargo, los judíos
comienzan a significar algo en la sociedad de su tiempo; de lo
contrario no se explica que Maneto, sacerdote e historiador egipcio,
prestara tanta atención al pueblo judío en su historia de Egipto,
escribiendo el primer libro antisemítico.
Durante los
reinados de Tolomeo III Evergetes I (246-221 a.C.) de Tolomeo IV
Filópator (221-205 a.C.) y de Tolomeo V Epífanes (205-180 a.C.) no se
registra ningún hecho sobresaliente con relación a las comunidades
judías en Egipto. Estas se van consolidando en sus instituciones sin
contratiempos especiales, sobre todo en Alejandría.
Con Tolomeo VI Filométor (180-145 a.C.) se estrechan las relaciones
amistosas entre los judíos y el rey. La situación interna de Egipto y
las guerras con Antíoco IV en 170 y 168 a.C. ofrecen la ocasión para
ello. Los judíos lucharon siempre a favor de Tolomeo VI en contra de su
hermano, pretendiente al trono y que después reinaría como Tolomeo VIII,
y de Antíoco IV (175-164 a.C.), el gran enemigo de los judíos. La
situación de persecución religiosa en Palestina favorece también la
confianza de Tolomeo VI en sus fieles aliados militares judíos. Bajo su
reinado Onías IV, hijo del que fue Sumo Sacerdote en Jerusalén Onías
III, construyó en Leontópolis, plaza militar judía, un templo para la
comunidad judía de aquel territorio. El templo no significó nada en la
vida religiosa de la comunidad judía en Egipto, pero confirma la
importancia de los judíos en el ámbito militar en tiempo de Tolomeo VI.
Desde 145 a.C., en que muere Tolomeo VI, reina en Egipto como único
soberano Tolomeo VIII Fiscón Evergetes II (145-116 a.C.). No es de
extrañar que Evergetes II odiara a los judíos que habían luchado junto a
su hermano y en contra de él, e intentara vengarse de ellos. La leyenda
de los elefantes ebrios, preparados para aplastar a los judíos
alejandrinos, Flavio Josefo la atribuye a Tolomeo Fiscón, 3 Mac 5 a
Tolomeo IV Filópator (cf. 3 Mac 3,12). Los historiadores están de
acuerdo en que el episodio es puramente legendario. Muchos opinan que
cuadra con el espíritu malvado de Tolomeo Fiscón y no con el benévolo de
Filópator.
La guerra civil por la sucesión al trono cesó
por el momento al morir Tolomeo VI y casarse Cleopatra, su viuda y
hermana, con su otro hermano Tolomeo VIII Fiscón. Una amnistía general
alcanza también a los judíos que se mantuvieron fieles a Cleopatra. Los
judíos por este motivo celebran una fiesta de salvación y, al correr el
tiempo, dedican al menos dos sinagogas al rey Tolomeo VIII Fiscón.
La comunidad judía, ya bien asentada en Egipto, tiene que soportar los
contratiempos de las guerras intestinas de los Tolomeos que no cesan.
Los militares judíos apoyan la causa de la reina Cleopatra, madre de
Tolomeo Soter II Latiro (116-108 y 88-80 a.C.); los griegos se alinean
con Latiro. Cuando vence Latiro, los judíos soportan la presión de los
griegos, especialmente en Alejandría, "pero la tensión, que era
principalmente política, se manifestó sólo en palabras; antisemitismo,
acompañado de violencia, era desconocido en Egipto antes del imperio
romano”. La violencia romana, sin embargo, no aparecerá hasta bien
entrado el siglo I de la era cristiana con Calígula (37-41); antes de
Calígula los romanos se mostraron a su modo respetuosos con la nación
judía, dentro y fuera de Palestina.
3. Los judíos en Egipto en tiempo de la república romana
El año 63 a.C. Pompeyo había conquistado Siria y la había convertido en
Provincia romana. Ese mismo año tomó Jerusalén, puso como Sumo
Sacerdote a Hircano II, que carecía de poder político reservado al
legado romano de Siria. Ministro de Hircano II era Antípater, padre de
Herodes el Grande. Él es el que realmente gobierna en Judea y
políticamente va a protagonizar acciones importantes en favor de los
romanos que redundarán en beneficio propio y también de los judíos.
La primera intervención importante de los romanos en los asuntos de
Egipto, en la que participaron los judíos, tuvo lugar el año 55 a.C.,
cuando Pompeyo ordenó enviar a Egipto al procónsul romano en Siria
A.Gabinio, para volver a poner en el trono a Tolomeo XII Auletes (80-51
a.C.). El control militar de Pelusio estaba en manos judías; la
intervención de Antípater, ministro de Hircano II, hizo que se abrieran
las puertas de Egipto a los romanos que pronto dominaron la situación en
Alejandría, con ayuda también de los judíos.
El año
48 a.C., después de la victoria de César sobre Pompeyo en Farsalia (9 de
agosto), intervienen de nuevo Antípater y los judíos de Egipto en favor
de César. Pompeyo, derrotado, se dirige a Egipto, donde contaba con
aliados. Pero Tolomeo XIII (51-48 a.C.), hijo de Tolomeo XII Auletes, a
la sazón en guerra con su hermana y esposa Cleopatra VII, asesinó a
Pompeyo (28 de septiembre del 48 a.C.), creyendo que hacía un gran
servicio a los romanos. César, que venía en persecución de Pompeyo,
llegó al puerto de Alejandría a comienzos de octubre del 48. Aquí se
encuentra en situación apurada, pues en frente tiene a los partidarios
del rey, a los pompeyanos y a la población de Alejandría. Parece que la
ayuda que prestaron los judíos a César fue decisiva para la victoria de
éste. Cleopatra, reconciliada con Tolomeo, fue repuesta en el trono y
los judíos fueron largamente recompensados políticamente.
4. Los judíos de Egipto a partir de Augusto
En el año 30 a.C. Augusto ya era el único Señor de los romanos; en este
año Egipto se convierte en Provincia romana, lo que afecta muy
directamente a la situación política de los judíos. Según Filón, Augusto
confirmó los derechos de los judíos a mantener una comunidad autónoma,
regida por las leyes de sus padres, conforme a la política conciliadora
del emperador con todos los pueblos sometidos. 71 años después (el 41
d.C.) el emperador Claudio (41-54), en su Carta a los alejandrinos ,
recordará las disposiciones de Augusto e impondrá la paz entre judíos y
alejandrinos.
Entre la muerte de Augusto (el 19 de
agosto del 14 d.C.) hasta la proclamación de Claudio, como Señor del
Imperio (enero del 41), los judíos pasaron por diversas pruebas en Roma y
en Egipto. Ya Tiberio (14-37) en el año 19 expulsó a los judíos de Roma
y los privó de sus privilegios, incitado quizás por su ministro Seyano;
pero el año 31, a la muerte de éste, les restituyó los privilegios
concedidos por César y Augusto. Poco después de la accesión al trono
imperial de C.Calígula (37-41) empiezan los verdaderos problemas para
los judíos de Roma y de Alejandría. C.Calígula exige que se le tributen
honores divinos; los judíos fieles no acceden a ello y son perseguidos.
Especialmente fue dura y encarnizada la persecución de los judíos en
Alejandría, bajo el prefecto romano A.Avilio Flaco, en el año 38. A
Flaco, destituido al final del año 38, le sucedió Vitrasio Polio; pero
la situación no cambia en Alejandría. Por esto el año 40 los
contendientes enviaron a Roma dos delegaciones, para que el Emperador
diera sentencia. Al frente de los judíos iba Filón; Apión era el jefe de
los enviados alejandrinos. La delegación judía tuvo que soportar
durante bastante tiempo las burlas y descortesías del emperador que, al
fin, no dio solución alguna. C.Calígula murió asesinado el 24 de enero
del 41; su sucesor Claudio, poco después de su accesión al trono, puso
fin a los disturbios en Alejandría, llamando seriamente al orden tanto a
alejandrinos como a judíos, y restituyendo a éstos sus antiguos
privilegios. Probablemente influyó en el ánimo del emperador el nieto de
Herodes el Grande, Agripa I, muy amigo de Calígula y de Claudio.
Casualmente estaba en Roma cuando la muerte de Calígula y acompañó a
Claudio en los momentos decisivos de su proclamación como Emperador.
A Claudio sucedió en el Imperio Nerón (54-68); pero su reinado, que
causó grandes tribulaciones a judíos y cristianos, se sale del marco de
nuestro estudio: ámbito histórico en que nace el libro de la Sabiduría.
APENDICE II
Estatuto de los judíos en Alejandría (helenista y romana)
En el Apéndice I hemos tratado de la presencia de los judíos en Egipto,
sin circunscribirnos a un determinado lugar del Alto o del Bajo Egipto.
En este Apéndice II nos limitamos a la ciudad de Alejandría en Egipto,
por la singular importancia que alcanzó este centro urbanístico durante
todo el período helenístico y, en especial, en el primer siglo del
Imperio romano. Ella, en efecto, fue el corazón de la vida política,
social, económica y cultural de los Tolomeos. En cuanto a la aplicación
de las conclusiones a que podamos llegar, hemos de ser muy prudentes,
pues no podremos extenderlas a los demás núcleos de población de Egipto
ni a los judíos en particular, ya que sabemos que la situación legal de
los judíos no es uniforme en todo el Egipto tolemaico y romano.
1. Presencia de los judíos en Alejandría
La corriente inmigratoria de los judíos de Palestina a Egipto es un
hecho normal desde el comienzo de la era helenística, pero la ciudad de
Alejandría se convierte en el polo de atracción más fuerte de toda la
diáspora. G.Rocciotti lo ha constado:
"Si antes de la
cautividad de Babilonia existía una región en la que Israel pensaba
siempre lleno de nostalgia, era precisamente Egipto, la región del
bienestar y de la vida fácil, la cuna de la nación, tanto que -como
vemos- muchos de los de Palestina se trasladaron allí; pero, en general,
con el helenismo, y sobre todo con la fundación de Alejandría (§ 190),
los encantos de Egipto se hicieron cada vez más irresistibles, y en
muchos casos se convirtieron en imperiosas exigencias. Era un estado de
cosas absolutamente nuevo el que se instauraba: el soplo del
internacionalismo se infiltró en la segregada comunidad palestina; las
solicitaciones extranjeras, a través de mil exhibiciones de vida social
concentradas en Alejandría, suscitaron en los ánimos de los rudos
habitantes de Judea primero curiosidad, después interés y finalmente
admiración y amor. Aquellos ánimos conservaron atavismos, apegos
nacionales y religiosos, pero comenzaron a sentir la aplastante
superioridad del mundo helenístico en el arte, la ciencia, la política,
la finura de la vida, la organización comercial; en resumen, en todas
las manifestaciones sociales, salvo en la religión. Esta admiración
incoercible, reforzada por las exigencias de la vida práctica, fue lo
que allanó cada vez más el camino para los judíos palestinos que
emigraban a Egipto: el antiguo país de los recuerdos nostálgicos se
presentaba a la sazón aureolado por un esplendor todavía desconocido.
Por esto la inmigración, con el helenismo, se hizo continua, y en poco
tiempo hizo de Egipto -bajo ciertos aspectos- una segunda Palestina, y
de Alejandría un centro judío -bajo muchos aspectos- superior a la misma
Jerusalén”.
Sin embargo, no sabemos con exactitud
cuándo comenzaron a llegar los judíos a Alejandría. Flavio Josefo afirma
que fue el mismo Alejandro Magno el que permitió a los judíos
establecerse en Alejandría con los mismos derechos civiles que los
griegos, como recompensa de los fieles servicios prestados en su
ejército. V.Tcherikover no da crédito a esta noticia de Josefo, que la
considera una "leyenda alejandrina" con fines apologéticos. El mismo
autor afirma que "inscripciones testifican en favor del establecimiento
de judíos en esta ciudad desde el comienzo del tercer siglo, quizás bajo
Tolomeo I”. Desde este momento la comunidad judía de Alejandría aumenta
de una forma muy regular. Las buenas relaciones que mantienen los
judíos con Tolomeo II Filadelfo (282-246 a.C.) y Tolomeo III Evergetes I
(246-221 a.C.) ayudan al asentamiento y crecimiento pacíficos.
Alejandría "había sido construida sobre una franja de terreno que se
extendía entre el Mediterráneo y el lago Mareótide al sur. La isla de
Faro, situada en el Mediterráneo, frente a esta franja, se había unido a
ella mediante un dique de 1.200 metros, el 'Eptastadio'; de modo que a
ambos lados del dique se habían formado espontáneamente dos puertos:
hacia el este el 'Puerto Grande' y hacia el oeste el puerto 'Eunosto',
los cuales habían sido protegidos a su vez mediante otras
construcciones. Se había hecho un canal para poner en comunicación el
Eunosto con el lago Mareótide, facilitando de este modo el acceso a la
franja desde el interior del país. Dentro del recinto amurallado, que
abarcaba unos 15 km., se concibió el trazado de la ciudad -con arreglo a
nuestros modernos criterios- sobre la base de calles rectilíneas y sus
cruces en ángulo recto también. Se había dividido la ciudad en cinco
barrios, denominados con las cinco primeras letras del alfabeto; sin
embargo, el sector sudoeste había conservado el nombre de Rhakotis, por
el pueblo indígena que persistía allí, y el sector norte, más amplio y
aristocrático, se llamaba 'Ciudad Nueva' (Neápolis): allí se alzaban los
palacios y los demás edificios importantes, prolongándose hacia el
oeste por el barrio de Bruchium. Inmediatamente al sur de los palacios
reales, en el barrio cuarto, denominado por la letra 'Delta' (Guerra
Jud., II 18 <495>), se hallaban los inmigrados israelitas,
distribuidos frente a las murallas orientales hacia la zona del templo
de Nemesis (Nemesion), donde más tarde fue sepultado Pompeyo. Pero
pronto esta zona no fue suficiente, y los judíos se extendieron por
diversos puntos de la ciudad, conservando sin embargo su núcleo más
compacto en el barrio 'Delta' (Filón, Legat. ad Caium, 20 <132.
134>; In Flaccum, 8 <55>)”.
Filón escribe:
"Hay cinco barrios en la ciudad, que se designan por las cinco primeras
letras del alfabeto. Dos de estos barrios se llaman 'barrios judíos' por
el gran número de judíos que allí habitan; pero no son pocos los que
habitan dispersos en los otros barrios”.
Como se
puede advertir, la proporción de judíos en Alejandría era bastante alta;
naturalmente en todo Egipto era más baja. Filón afirma que en su tiempo
había en todo Egipto no menos de un millón de judíos. Según Flavio
Josefo, en el mismo tiempo los habitantes de Egipto, exceptuada
Alejandría, eran unos 7 1/2 millones, número al que también se acerca
Diodoro Sículo que da 7 millones para todo Egipto, y 300.000 habitantes
para Alejandría. V.Tcherikover no pone objecciones a los 7 ó 7 millones y
medio, pero es más excéptico en cuanto al millón de judíos en todo
Egipto. De todas formas admite que el número de judíos en Egipto "era
realmente grande y que su influjo se hacía sentir en los diversos
aspectos de la vida pública del reino. Era posible vivir en paz con los
judíos u oponerse a ellos, pero era imposible no verlos o no tenerlos en
consideración”.
Los judíos vivían inmersos en la
sociedad egipcia, aunque no participaban en los actos religiosos de los
egipcios. A pesar de la concentración de los judíos en dos barrios de
Alejandría, ellos no conocían el fenómeno de los guetos; así lo confirma
el hecho de que vivieran también dispersos en los otros tres barrios,
con sus sinagogas correspondientes.
2. Estatuto jurídico de los judíos en Alejandría
Los judíos viven entre una abigarrada población en Alejandría; sin
embargo, no se confunden con ella, guardan sus signos de identidad.
¿Cuál es la causa de esta singularidad: los rasgos especiales o formas
de vivir de los individuos, o una legislación específica que protege a
la comunidad judía del peligro de ser absorbida por las otras etnias o
comunidades más fuertes que ella?
El presente apartado pretende
recoger los materiales dispersos entre los especialistas acerca de la
situación jurídica de la comunidad judía en Alejandría. Asi podremos
estar en mejores condiciones para dar una respuesta creíble a la
pregunta que acabamos de formular. La respuesta, en todo caso, no puede
ser definitiva, ya que los autores de que nos servimos no se ponen de
acuerdo en la interpretación de los documentos de la época que, además,
no son ni abundantes ni imparciales.
2.1. Situación en las ciudades helenísticas
Las ciudades helenísticas, enormes aglomeraciones urbanas de gentes
venidas de todas partes, reflejaban la situación real de los países en
que estaban enclavadas. En este aspecto no se diferenciaban las ciudades
de Egipto de las de Siria o del este en general. Hablando de Siria y
Fenicia escribe M.Rostovtzeff: "Como en Egipto, la población constaba de
'griegos' y de nativos, laoi./. Los griegos incluían a los oficiales
reales, al ejército de ocupación y tal vez a los soldados asentados en
el país (colonos), a los muchos inmigrantes de países griegos o
helenizados (oi.? katoikou.=nte$ en el documento de Rainer) y
probablemente a la población helenizada de las ciudades sirias y
fenicias”.
Anteriormente hemos recordado que el
número de judíos era muy alto en Egipto, especialmente en Alejandría. A
partir del siglo II a.C. son numerosos los testimonios que poseemos de
la presencia de grupos de judíos en colonias militares y en centros
rurales con sinagogas propias, aunque la mayor parte de estos judíos
pertenecían a la clase no privilegiada de laoi.
Entre
los muchos grupos étnicos o jurídicos que formaban la población
heterogénea del Egipto tolemaico, cuatro eran los principales y a ellos
se pueden reducir fácilmente todos los demás: "Los ciudadanos de las
poleis griegas, otros griegos, los extranjeros y los egipcios nativos.
Los terceros juntamente con los dos primeros podían formar y mantener
sus propios politeumata con fines cúlticos, pero sus reglamentos estaban
sujetos a importantes modificaciones por instrucciones y órdenes
reales. A esta categoría pertenecían las asociaciones judías”.
En
las grandes ciudades era donde mejor se observaba el fenómeno de la
mezcla y convivencia de nacionalidades. Alejandría era el ejemplo más
patente. De todas formas, desde el punto de vista legal, algunos autores
reducen a dos grupos la ingente masa de habitantes de las grandes
ciudades, simplificando quizás demasiado y obligando a matizar después
tal simplificación. Escribe, por ejemplo, V.Tcherikover: "La población
urbana se dividía jurídicamente en dos partes: en ciudadanos y en
habitantes (...). el número de ciudadanos en una ciudad no era
especialmente grande y, cuando leemos en nuestras fuentes sobre la gran
población de Alejandría y de Seleucia en el Tigris, tenemos que recordar
que entre esta gran muchedumbre de gente se contaban también simples
residentes, cuyo número sobrepasaba a veces el de los ciudadanos
libres”.
Gobernar estas inmensas poblaciones y
regiones tan dispares no fue nada fácil. Los reyes helenistas, y más
tarde los romanos, sabían adaptarse a las costumbres y leyes de los
pueblos conquistados, siempre que tales constumbres y leyes no pusieran
en tela de juicio quién era el nuevo Señor y no perjudicaran sus
intereses económicos. "Los Tolomeos, los Seléucidas y los monarcas de
los Estados de Anatolia encontraron en sus respectivos territorios una
ley civil bien establecida, que regulaba la vida social y económica de
la población. No es sorprendente que ellos la aceptaran en su totalidad,
introduciendo, por medio de sus leyes, órdenes y reglamentaciones, sólo
aquellos pequeños cambios que eran requeridos por la nueva
organización de sus reinos. Sabemos que así sucedió en Egipto y en
Babilonia”.
La llegada de extranjeros de muy diversa categoría
social -desde los macedonios y griegos conquistadores hasta los
comerciantes y aventureros- crearon verdaderos problemas jurídicos
nuevos, cuya solución procuraremos describir en los apartados
siguientes.
Con la llegada de los romanos a Egipto no
cambia la organización formal de los súbditos en el campo y en la
ciudad. Sin embargo, "desde el tiempo de Augusto se opera un importante
cambio con relación a la situación de los judíos en Egipto,
principalmente de los judíos de Alejandría; el problema de la ciudadanía
de los judíos en la ciudad griega ya no es un simple asunto de honor,
sino que asume la forma de una cuestión decididamente práctica. Augusto
distinguía claramente entre Griegos y otros habitantes de Egipto. Los
primeros gozaban de privilegios varios, participaban en las
instituciones del gobierno local y eran considerados gente civilizada;
los otros eran clasificados como simples súbditos y el entero peso del
sistema tributario cayó sobre ellos”.
Veamos, pues, a partir de ahora cuál fue la situación específica de los judíos en Alejandría.
2.2. Los habitantes de Alejandría
Si es difícil catalogar los habitantes de una gran ciudad, mucho más lo
es en el caso de Alejandría en Egipto, pues desde su origen está
formada por aluviones sucesivos de inmigrantes de muchas nacionalidades,
además de los nativos egipcios del poblado Racotis, absorbido en la
gran urbe y de otros poblados vecinos, especialmente de Canope.
"Alejandría fue fundada por Alejandro Magno, durante su breve estancia
en Egipto. La ciudadanía, según un pasaje de Polibio citado por
Estrabón, constaba de griegos... de origen mixto. Si Alejandro siguió
aquí su práctica habitual, ellos habrían sido reclutados de entre sus
mercenarios griegos... Los primeros Tolomeos incrementaron el conjunto
ciudadano, destinando a él a muchos de sus mercenarios griegos; un
papiro, que data del tiempo de Tolomeo III Evergetes <246-221
a.C.>, alude a 'personas que sirven en el ejército, que han sido
inscritas en el registro ciudadano de Alejandría'“.
Había también otros muchos no ciudadanos: inmigrantes griegos, egipcios y
bárbaros de todas las razas, "entre las cuales los judíos vinieron a
formar el más grande e importante elemento”.
Así, pues,
"la vasta aglomeración de humanidad" que era Alejandría. estaba formada
por individuos de diferentes nacionalidades: en primer lugar los griegos
(y macedonios) con todos sus privilegios a pesar de no ser los más
numerosos; en último lugar, sin contar a los esclavos, la masa del
pueblo egipcio; en medio, una franja muy amplia de individuos, reunidos
en agrupaciones reconocidas civílmente (politeumata), como los judíos y
otros colectivos, o no inscritos en tales asociaciones, así muchos de
origen griego.
Los alejandrinos en sentido
restringido eran los ciudadanos, es decir, los griegos; los demás
moradores de Alejandría, aunque hubieran nacido en ella, propiamente no
eran alejandrinos, sino de Alejandría, por ejemplo, "los judíos de
Alejandría”. A.Kasher distingue entre el período de los Tolomeos y el de
los romanos; en el segundo los matices legales son más nítidos. Se
puede utilizar el término alejandrino como equivalente a natural de,
procedente de Alejandría, y entonces no manifiesta su estatuto legal. El
de más alta categoría es el alejandrino registrado en el demos (o
distrito) y en su tribu; es el ciudadano de pleno derecho. Si no está
inscrito en la circunscripción demos, puede pertenecer a una comunidad o
políteuma, por ejemplo, los judíos de Alejandría. Estos alejandrinos no
eran ciudadanos con plenos derechos civiles. Por último estaban los
"alejandrinos" sin más especificación, como locución popular. Esta
terminología popular es ambigua y puede referirse a cualquier habitante
de Alejandría.
2.3. Qué es un Políteuma
Varias veces hemos tenido que utilizar el término políteuma, sin que
hayamos definido previamente qué entendemos por él. Por ser un concepto
fundamental en la legislación del tiempo helenístico y porque no siempre
se comprende lo mismo, hemos creído necesario y oportuno dedicar un
párrafo a determinar qué es lo que nosotros entendemos por políteuma,
basándonos en autores de garantía.
Políteuma dice
relación a polis, pero no es lo mismo. Los griegos antes de Alejandro
generalmente distinguían muy bien entre po./li$ (ciudad) y kw./mh
(pueblo, aldea). Aducimos el testimonio autorizado de W.W.Tarn: "Para
que un lugar fuera una ciudad tenía que poseer autogobierno y ciertos
órganos de vida corporativa. Lo mínimo indispensable era una división de
los ciudadanos en tribus, un Concejo escogido de entre estas tribus,
magistrados responsables elegidos o escogidos por suerte, un territorio
propiedad de la ciudad, leyes, hacienda pública. En general, aunque no
necesariamente, había también una muralla en la ciudad, una Asamblea
principal y subdivisiones locales del territorio de la ciudad (cantones o
demos). Un conjunto de casas sin estas notas era una aldea. El tamaño
no importaba; para los griegos Babilonia, Menfis, Jerusalén eran
propiamente hablando, pueblos; aunque hicieron una excepción entre los
bárbaros: reconocieron como ciudades altamente organizadas villas
fenicias, y Aristóteles incluyó entre sus constituciones de ciudades
griegas la de Cartago. Pero después de Alejandro la vieja antítesis 'o
ciudad o aldea' no se aplicó más; una se transformó gradualmente en la
otra; se impusieron formas nuevas e intermedias y se descubrieron nuevas
formas, tales como políteuma (corporación) y katoikía (colonia) para
describir comunidades con una organización cuasi autónoma que no llega a
la de la ciudad”.
Completan esta larga descripción
de lo que se entendía por ciudad -polis- antes de Alejandro las
matizaciones de V.Tcherikover sobre la autonomía y libertad de que
gozaban las verdaderas ciudades-estado.: "La característica más
destacada de las ciudades griegas del período clásico era su
independenncia. Los griegos daban por sentado que no podía existir una
ciudad sin libertad. Dos términos eran el santo y seña de las ciudades
en todas sus mutuas contiendas: 'autonomía' -el derecho de dirigir los
asuntos de la ciudad según sus propias leyes-, y 'libertad' -no
sometimiento a poder alguno ajeno a la ciudad-. La polis griega no era
una ciudad en el sentido de nuestro término, sino un pequeño estado”.
Con las nuevas formas de política y de gobierno, impuestas por
Alejandro, desaparecen del ámbito helénico y helenístico las antiguas
ciudades-estado. Las cortes reales desde ahora centralizarán el poder y
no existirá ciudad propiamente independiente, aunque se llame libre o
mantenga privilegios antiguos.
En este nuevo ambiente
surgen las nuevas formas de vida ciudadana, entre las que destacan las
corporaciones especiales que se llamarán politéumata. Según
E.M.Smallwood "un politeuma era una corporación de extranjeros,
reconocida y formalmente constituida, que disfrutaba del derecho de
domicilio en una ciudad extranjera y formaba una corporación cívica
separada, semiautónoma, una ciudad dentro de la ciudad; tenía su propia
constitución y administraba sus asuntos internos como una unidad étnica
por medio de funcionarios distintos e independientes de la ciudad
huésped”.
En tiempo de Alejandro no parece que los
destacamentos militares formasen organizaciones civiles. Los militares
solían habitar junto a las ciudades para defenderlas, y no formaban
parte de la ciudadanía. Más adelante los veteranos, sobre todo, los
"macedonios”, ciertamente se organizaron por nacionalidades como
politéumata. A.Kasher opina que probablemente el políteuma judío en
Alejandría tuvo como origen una colonia militar. Pero el políteuma como
tal no es militar, sino que se circunscribe a la vida ciudadana o rural
en sus múltiples facetas.
El desarrollo de esta vida
ciudadana, la descripción de los derechos y deberes de los miembros que
la componen y su relación con la comunidad judía en Alejandría será el
objeto del párrafo siguiente.
2.4. Categoría de los politéumata: sus derechos y deberes
Hay una cosa en la que los autores parecen estar de acuerdo: por
doquier en el ámbito helenístico el políteuma griego era el de más alta
estima y el de mayor categoría. "Alejandría era una colección de
politeumata, basada en nacionalidades, siendo el politeuma griego con
mucho el más importante”. Desde el tiempo de Alejandro y de los primeros
Tolomeos, la administración civil y el ejército dependieron de los
extranjeros, y muy especialmente de los griegos. "Aunque a los Tolomeos
no les agradaban las ciudades griegas de Egipto, estaban lejos de
desaprobar la inmigración de los griegos a Egipto. Necesitaban griegos
para organizar y dirigir la complicada máquina burocrática que ellos
estaban creando. Los indígenas egipcios eran, o de todos modos hubieran
tenido que ser, incapaces de realizar esta tarea. La burocracia oficial,
a excepción de los más bajos grados, estaba enteramente provista por
griegos desde Tolomeo II <284-246 a.C.>. Necesitaban tambiém
muchos griegos para el ejército. Tolomeo I <323-284 a.C.> al
inicio de su reinado se sirvió de nativos egipcios como soldados; pero
este experimento fue pronto abandonado y casi durante una centuria el
ejército estuvo compuesto por extranjeros, la mayoría de los cuales eran
macedonios o griegos”.
Aunque las ciudades
helenísticas, como hemos visto, no eran propiamente poleis griegas, la
aspiración de los ciudadanos era asemejarse lo más posible a ellas. "El
politeuma griego de Alejandría... se aproximaba más exactamente al
modelo de polis que cualquier otro actualmente conocido; los griegos
eran llamados 'los ciudadanos', 'los alejandrinos'“. Todos los demás
miembros de los politéumata de Alejandría eran también poli.=tai, pero
no como los griegos; tenían que especificar el políteuma a que
pertenecían. Los poli.=tai por excelencia de Alejandría, o simplemente
los ciudadanos de pleno derecho eran los griegos; los judíos, por el
contrario, eran poli.=tai, ciudadanos "del políteuma judío”. Las razones
últimas son todavía más profundas que las propiamente históricas.
Anteriormente tratamos del radical cambio operado por Alejandro Magno en
el modo de concebir la polis griega y, por tanto, de la vida ciudadana
misma. Lo que antes podían decidir soberanamente los ciudadanos libres
de una polis, ahora no lo pueden hacer, o sólo con el consentimiento del
rey. La autonomía y la libertad, caracteríticas esenciales de una polis
griega, han desaparecido, se han metamorfoseado de tal manera que no
son reconocibles. Jurídicamente la población de una ciudad griega, por
ejemplo Alejandría, se dividía en ciudadanos y en meros habitantes. El
título de "ciudadano”, que comportaba los plenos derechos de ciudadanía,
se poseía o por decreto del rey al fundar una ciudad y pertenecer al
grupo de fundadores, posteriormente por motivos muy especiales; o por un
acuerdo del Concejo de la ciudad y de la Asamblea popular en favor de
un individuo o individuos, bienhechores de la ciudad. Este derecho de
ciudadanía era por lo general hereditario.
Los "meros habitantes" de una ciudad griega eran todos los demás que no
pertenecían jurídicamente al grupo de "ciudadanos”. Estos podían ser
también griegos que no cumplían los requisitos antes mencionados para
ser "ciudadanos”. Este grupo lo constituían gentes de muy variado estado
y condición, no todos con las mismas obligaciones y los mismos
derechos.
¿Cuáles eran los derechos y deberes cívicos
más fundamentales de los verdaderos ciudadanos o poli.=tai como
distintos de los meros habitantes?
Los ciudadanos
fueron siempre muy celosos de sus propios derechos y aun llegaron a
enfrentarse con el poder de los gobernadores reales y del mismo rey por
defenderlos. Ejercían con apasionamiento su participación en la vida
ciudadana. "Los derechos y deberes de un ciudadano eran muchos y
variados: tomar parte en la Asamblea general de la corporación cívica,
participar en los debates, decidir todos los asuntos de la ciudad,
elegir sus Concejos y funcionarios. Si uno era elegido miembro del
Concejo o magistrado, desempeñaba esa función en la ciudad por un año y
tomaba parte activa en la dirección de los asuntos políticos,
financieros, económicos y religiosos. Algunas veces los cargos
ocasionaban gastos; si el ciudadano tenía una renta adecuada, la ciudad
abusaba de su amabilidad por un período estipulado y le imponía el gasto
que suponía la celebración de competiciones atléticas, el
abastecimiento urbano del grano, la dirección de los asuntos del
gimnasio, o cosas semejantes. Estos 'servicios públicos' (liturgiai en
griego) costaban verdaderamente un dineral, pero también otorgaban honor
a la persona que asumía el ser un 'bienhechor' de la ciudad”.
Uno de los puntos más importantes en el capítulo de derechos-deberes
del ciudadano de pleno derecho y que, al parecer, algunos autores
olvidan, es el relacionado con el culto religioso; era una condición
indispensable que había que cumplir y que jamás cambió, al menos en la
legislación de las ciudades helenísticas: había que rendir culto a los
dioses de la ciudad. "Cada ciudad se regía por leyes propias según las
cuales sus funcionarios dirigían la vida pública, tenía su centro
religioso permanente y todos sus ciudadanos tomaban parte en las fiestas
comunes en honor del dios o de la diosa de la ciudad”. Difícilmente
podría un ciudadano eludir estas obligaciones, dada la publicidad de los
actos y de la importancia que los griegos otorgaban a todo lo
religioso. V.Tcherikover nos dice de nuevo: "La religión ocupaba un
lugar importante en la vida de la ciudad griega. Se puede decir, sin
miedo a exagerar, que la entera vida pública giraba dentro del marco de
la religión griega. Cada polis tenía su dios particular, su tutor, y su
culto era el centro de la vida religiosa de la corporación ciudadana. La
participación de los ciudadanos en este culto oficial se daba por
supuesta y, desear abstenerse de él, se habría interpretado por la
ciudad como un insulto a su dignidad y como una ofensa política”.
Esta es la razón de la peculiaridad del políteuma judío, como veremos, y
de que no se pueda decir que sus miembros gozaban, como los griegos, de
todos los derechos civiles, pues no cumplían con un requisito tan
indispensable como el de rendir culto a las divinidades tutelares. Los
judíos fieles que pertenecían al políteuma judío, jurídicamente eran
considerados no como ciudadanos simplemente, sino como residentes o
habitantes de Alejandría. "Solamente los ciudadanos gozaban de todos los
derechos civiles, mientras que los residentes eran considerados como
nativos, extranjeros de nacimiento, aunque ellos pudieran haber nacido
en la ciudad y haberse criado en ella”.
De todas
formas la manera de hablar es confusa, sobre todo en los documentos de
los judíos (Flavio Josefo) y con frecuencia llaman a los judíos
residentes: ciudadanos alejandrinos o judíos alejandrinos.
Una de las instituciones más características y significativas de las
ciudades griegas en tiempo helenístico fue la del Gimnasio.
Prácticamente fue la institución más influyente en la vida social y
cultural de las ciudades y de los pueblos donde estaba establecida, y el
medio más eficaz de difusión e implantación de la cultura helenística y
de la helenización en su sentido más amplio. En efecto, el gimnasio es
una creación griega, llevada por ellos a todo el ámbito helenístico; de
Egipto tenemos muchos testimonios: "Se fundaron gimnasios en todas las
capitales de los nomos -las metrópolis- y aun en las villas donde los
griegos eran numerosos”.
El Gimnasio
Pero ¿qué es un gimnasio? El gimnasio comprende tanto un espacio físico
determinado como las actividades que en él se ejercitan; por esto es muy
aceptable la descripción que del gimnasio clásico griego nos hace
W.Zchietzchmann: "Instalaciones para el ejercicio y la formación de la
juventud griega, que constan 1. del Dromos: un estadio alargado con
pistas abierta y cubierta (Olimpia, Delfos, Elis, Esparta, Cnido); entre
las salas estaba el hypaithron <lugar descubierto>, las grandes
superficies para los ejercicios que requerían amplios espacios
(lanzamientos, carreras, juegos); 2. de la Palestra: generalmente un
salón cuadrado de columnas para las prácticas de salto, de lucha, de
pugilato; además recintos para la cultura física, el juego de pelota y
la instrucción, en parte con biblioteca sacada muy pronto del salón de
los efebos; 3. de especiales lugares para la cultura física,
antiguamente unidos con 1. y 2., posteriormente con termas de varias
secciones; con piscina...”.
En el mundo griego el
gimnasio evoluciona al mismo tiempo que su cultura: "El gimnasio
originariamente es una instalación en la que los griegos practicaban
gimnasia, ejercicios de cultura física, a fin de prepararse para las
competiciones atléticas del estadio. Hacia finales del siglo V a.C. se
añadieron nuevos contenidos que hicieron del gimnasio en tiempo
helenístico una Universidad, un centro político y religioso y motivaron
un notable desarrollo arquitectónico”.
Los griegos,
ciudadanos de las ciudades helenísticas, y los miembros del políteuma
griego, dentro o fuera de las ciudades, procuraban a toda costa
conservar su identidad de origen o su grado social elevado sobre los
demás residentes de las ciudades o nativos. Para esto se servían de los
gimnasios. M.Rostovtzeff lo confirma: "Dentro de estos grupos políticos
<los politéumata y otros en las poleis griegas> la cohesión
nacional y cultural de los griegos se basaba en la educación de la
juventud según el modelo griego. Esta educación estaba organizada en
torno al gimnasio griego”.
La educación comprendía en
su mayor parte todo lo relativo al mantenimiento de la forma física;
para esto la variedad de ejercicios corporales y toda clase de
competiciones atléticas; pero además se completaba con otras actividades
escolares académicas.
El gimnasio, como corporación
autónoma, tenía una organización interna bien establecida, al frente de
la cual había un presidente que se llamaba gimnasiarca y a su lado un
director responsable de la preparación física de los jóvenes
(kosmhth./$); ambos desempeñaban sus cargos durante un año y
probablemente eran elegidos por los socios del gimnasio. Un número
indeterminado de profesores y auxiliares completaba la plantilla que
llevaba adelante la marcha del gimnasio.
"Sobre el origen
de los gimnasios bien poco es lo que conocemos, pero esto poco nos
indica que fueron creados por iniciativa privada, a veces subvencionados
por el gobierno”. "Por lo general los gimnasios eran probablemente
fundados y sostenidos por cuotas públicas”, a lo que el rey ayudaba con
tierras y bienes. "Muchos gimnasios... obtuvieron así del rey o de
bienhechores ricos fundaciones, cuyas rentas en parte cubrían los gastos
de mantenimiento”.
La función y finalidad de los
gimnasios no era exclusivamente la de preparar y formar a los futuros
ciudadanos, sino también la de reunir a todos los que eran o se sentían
griegos y servir de punto de encuentro en todos los acontecimientos
sociales, como dice A.H.M.Jones: "Su función era la de proporcionar a
los residentes griegos los atractivos de la civilización griega, fiestas
atléticas y musicales y la de facilitar una educación griega a los
hijos en la instrucción de los efebos”. Los gimnasios, sobre todo en las
ciudades helenísticas de la diáspora, se parecen mucho a las
asociaciones recreativas y sociales o clubes de nuestro tiempo. Pero
todavía eran algo más. "Los gimnasios eran tan importantes en la vida de
los griegos adultos como en la de sus hijos. Eran el punto de reunión
de todos aquellos que habían recibido una educación griega, oi.? e.~k
tou.= gumnasi./ou <los del gimnasio>“.
Los del
gimnasio formaban una verdadera corporación organizada y reconocida como
tal por las autoridades civiles; y a su vez se dividían en otras
asociaciones más pequeñas, como los alumnos de un año determinado. Los
miembros o socios del gimnasio constituían una categoría especial entre
los ciudadanos griegos. Era motivo de orgullo haber sido alumno del
gimnasio en la adolescencia y juventud, y ser miembro o socio de él ya
de adulto. "La admisión en los gimnasios y en el grupo de los del
gimnasio estaba regulada por las leyes de las distintas corporaciones y
por los decretos de sus 'asambleas populares', probablemente también por
leyes y <decisiones> de las ciudades”. Naturalmente sólo los
hacendados y ricos podían pertenecer a este grupo privilegiado de
ciudadanos.
Como las cargas económicas eran muy
pesadas, "las asociaciones del gimnasio recibieron del rey importantes
privilegios, como la de ser dueñas de propiedades: dinero, edificios,
mobiliario, tierra”. De todas formas, pertenecer a la asociación los del
gimnasio o simplemente haber sido educado en el gimnasio, reportaba
unos beneficios económicos y sociales de una gran trascendencia para la
vida pública en la sociedad helenística y romana. "En realidad la vía
principal para llegar a la ciudadanía en la mayoría de las poleis
griegas, tanto en el período helenístico como en el romano, era la
educación en el gimnasio”. La conexión entre gimnasio y derechos
ciudadanos es cierta en Egipto y lo prueban documentos escritos, el más
reciente para el tiempo que nos interesa es la Carta de Claudio a los
Alejandrinos.
Los judíos y el gimnasio
¿Qué relación mantuvieron los judíos con la institución el gimnasio? No
nos puede causar sorpresa alguna el que descubramos que "desde tiempos
antiguos la actitud en el judaísmo hacia los gimnasios y efebías era
naturalmente desfavorable”. Las razones son obvias, unas de orden moral y
otras de orden estrictamente religioso. En cuanto a las primeras, los
mismos romanos estaban escandalizados; la desnudez de los jóvenes en el
gimnasio hería el sentimiento de pudor de los romanos, y más que esto,
la práctica permitida de la homosexualidad y, más en concreto, de la
pederastia. Y no era para menos, pues en los gimnasios se practicaba
abiertamente el amor libre entre los varones con el consentimiento y
aplauso de lo más selecto de la ciudad, es decir, de los del gimnasio.
Sin embargo, las razones de orden estrictamente religioso eran las de
más peso para todo judío que se quisiera mantener fiel a su fe
monoteísta. "El gimnasio no era un lugar profano. Cada gimnasio estaba
bajo la protección de una divinidad, la mayoría de las veces era Hermes
<Mercurio>... Pero también otros como Hércules, Apolo, los
Dióscuros, Eros, las Musas y Teseo... Los gimnasios estaban íntimamente
unidos al culto de la comunidad de la polis, por esto se veneraba en el
gimnasio a los dioses de la ciudad. Como todas las fiestas, también las
del gimnasio estaban marcadas por lo religioso. Los miembros del
gimnasio tomaban parte en el culto público”. Para los judíos estas
prácticas suponían una verdadera amenaza para su fe. Algunos, sin duda,
apostataron; pero otros muchos se mantuvieron fieles, aunque por esto
mismo no pudieran ser considerados como ciudadanos de pleno derecho: "La
educación en el gimnasio... estaba íntimamente ligada con las prácticas
religiosas griegas. Así judíos observantes temerosos de Dios, no podían
participar en la vida de esta institución y, consiguientemente, no
podían alcanzar la ciudadanía de la polis".
Esto nos
hace creer que la comunidad judía, tan floreciente y numerosa en
Alejandría, pensara en la creación de sus propias instituciones
educativas conforme a sus tradiciones y a su modo de ser. Así opina muy
razonablemente A.Kasher, fundándose en los tes timonios de Filón
principalmente: "La existencia de instituciones educativas
independientes de la polis. Las autoridades de Alejandría nunca
mantuvieron instituciones educativas generales para toda la población.
Durante el período tolemaico todas las instituciones educativas,
incluidos los gimnasios, eran de propiedad privada. En el período romano
los gimnasios se convirtieron en instituciones públicas, bajo la
supervisión del gobierno, pero los otros medios, en particular las
escuelas (didaskalei.=a), continuaron siendo privados. Así, muy
probablemente, los judíos mantuvieron sus propias instituciones
educativas”. El párrafo siguiente nos va a proporcioar los datos de
orden jurídico que apoyan esta hipótesis y otras más acerca de la
singularidad de los judíos en Alejandría.
2.5. Políteuma judío en Alejandría, sus características
La existencia de los individuos y de las familias en el Egipto
tolemaico no era fácil para nadie, pero mucho menos para los que no eran
griegos. Por esto surgieron las asociaciones, generalmente de origen
étnico o religioso, al amparo de las leyes tolerantes del estado
centralista; dentro de estas asociaciones el individuo se sentía más
seguro.
No existía un único sistema legal. La lengua
en que se redactaban los documentos (el griego o el egipcio) decidía la
mayoría de las veces cuál era el sistema al que había que atenerse.
Aunque tampoco la lengua era una garantía absoluta, sobre todo para los
más indefensos, los naturales del país. A este respecto era de gran
importancia el lugar de residencia: la ciudad o el campo. En la ciudad
el individuo podía ser ciudadano de pleno derecho (los griegos) o
miembro de un políteuma, el caso de los judíos. Unos y otros estaban
protegidos mejor o peor por órdenes jurídicos reconocidos. Para los
habitantes de las zonas rurales no existía distinción alguna ante la
ley; teóricamente todos eran iguales: griegos y no griegos, no tenían
vigor los privilegios. Cl.Préaux lo afirma con la precisión que la
caracteriza: "Yo creo que en Alejandría se encontraba uno bajo el
régimen de la ciudad griega clásica, donde el derecho de la ciudad y el
recurso a los tribunales estaban reservados a los ciudadanos y se les
negaba a los extranjeros, y que por tanto los judíos, que no eran
ciudadanos, aunque se haya dicho otra cosa <En nota 4: 'Sobre la
reivindicación por los judíos de la ciudadanía alejandrina ved
V.TCHERIKOVER - A.FUKS, Corp.Pap. Jud. I, pp.41-43 (época tolemaica) y
61ss. (época romana). Ved también P.M.FRASER, Ptolemaic Alexandria
(Oxford 1972), I. pp.54-58 y notas'>, debían organizarse en politeuma
y establecer sus propios tribunales. Por el contrario, en la campiña
egipcia el privilegio del ciudadano no sirve ni para el judío ni para el
griego. Así, a medida que desaparece el uso escrito del arameo,
desaparece también el derecho hebraico, ligado a esta lengua utilizada
por los judíos. Desde entonces los judíos se dirigen a notarios griegos y
sus litigios, a propósito de contratos griegos, dependen de tribunales
griegos. Los judíos en la campiña están, pues, asimilados a los griegos
de fuera de la ciudad y sus contratos, redactados en griego, pueden,
como los de los griegos, revestir formas variadas según el origen de los
formularios que utilicen sus notarios”.
Políteuma judío
Ya vimos anteriormente cómo los judíos, de hecho, estaban organizados
como políteuma en Alejandría. El derecho más fundamental de cualquier
políteuma es el de "poder vivir según las leyes y costumbres propias,
heredadas de los antepasados”, lo cual hace que cada políteuma sea una
corporación semiautónoma dentro de la gran ciudad o polis. En todo el
período tolemaico generalmente se man tiene el equilibrio entre los
diferentes politéumata de Alejan dría; pero con la dominación romana
este equilibrio inestable se rompe y surgen conflictos tras conflictos
entre la comunidad judía alejandrina o políteuma judío y los
alejandrinos o miembros del políteuma griego. La razón de este
enfrentamiento reside en las notas propias por las que se distingue el
políteuma judío en Alejandría de todos los demás. ¿Cuáles son estas
características? Vamos a intentar sintetizar lo que ha sido objeto de
estudios especializados.
La primera y principal de
todas las notas específicas del políteuma judío en Alejandría es lo que
en absoluto distingue al pueblo judío de todos los demás, su ley o Torá,
la Ley de Moisés en su más amplio sentido: la ley escrita y la ley
oral. V.Tcherikover escribe: "Hemos visto anteriormente que el derecho
de los judíos 'a vivir según sus leyes heredadas' en Judea se
identificaba con la concepción de la Ley de Moisés en el sentido amplio
del término: no sólo la ley escrita, sino también las nuevas decisiones y
observancias introducidas entre los judíos por la tradición oral (cf.
p. 83s). Nuestra exposición sobre los judíos de Palestina se refiere
igualmente a los judíos de la Diáspora. La autorización para vivir según
sus leyes heredadas significaba la autonomía interna de la comunidad
judía organizada en la diáspora. Es evidente, por supuesto, que las
mismas restricciones que afectaban a la ciudad griega, afectaban también
a la comunidad judía; su autonomía no era política, sino solamente
religiosa y social”. La autonomía religiosa de los judíos en su
políteuma estaba garantizada por el respeto que manifestaron siempre las
autoridades, tanto egipcias como romanas de la primera época en esta
materia.
La comunidad judía o políteuma en la ciudad a
este respecto era una organización sui generis. Nos lo confirma
V.Tcherikover: "En efecto, no todos los problemas relacionados con la
existencia de las comunidades judías pueden resolverse de forma normal.
El punto más importante es que la religión judía no podía existir en el
mundo greco-romano sin ciertos privilegios. La primera y más importante
condición para un judío era el no estar obligado a tomar parte en el
culto a los dioses. Es cierto que el mundo antiguo ignoraba las
persecuciones religiosas y que a ninguno le importaba la divinidad que
reinaba en la casa de su vecino. Pero la religión era parte orgánica del
sistema político de la ciudad griega, y... los griegos no tenían idea
del moderno principio de la separación entre Iglesia y Estado.
Cualquiera podía introducir (con el consentimiento de los ciudadanos)
nuevas divinidades en la ciudad, pero estaba prohibido desdeñar los
viejos dioses, especialmente el primero de ellos que era el guardián de
la comunidad urbana”.
La comunidad judía para subsistir
como tal necesitaba, por tanto, gozar de ciertas exenciones o
privilegios, que, por otro lado, se podían considerar derechos, ya que
la legislación general les autorizaba a vivir "según sus leyes y
costumbres" dentro del ámbito interno de su políteuma. Acabamos de
mencionar el primer privilegio: no estar obligados a tributar culto a
los dioses de la ciudad.
Otro privilegio relacionado
con la observancia de las leyes y costumbres judías era la dispensa del
servicio militar, no compatible con la obligación del descanso sabático.
A éstos se añadía la posibilidad de construir sinagogas y la de
recaudar donativos en dinero y enviarlos a Jerusalén.
A los privilegios, relacionados directa o indirectamente con la
concepción religiosa, se unían otros que configuraban su peculiar modo
de vida comunitaria y social, dentro del ámbito general del gobierno de
la ciudad y en armonía con él. Con palabras de V.Tcherikover: "El
derecho 'a vivir según las leyes de sus padres' significaba el derecho a
construir sinagogas, a mantener tribunales de justicia independientes, a
educar a la juventud según el espíritu de la Torá, a establecer
instituciones comunales y elegir funcionarios, etc.”.
Del modo cómo estaba organizada la comunidad judía de Alejandría del
período tolemaico y del comienzo del romano, tenemos algunos
testimonios. Al frente de las comunidades judías desde tiempos remotos
estaba normalmente la gerusía o asamblea de ancianos. En cambio, los
autores están de acuerdo en admitir que al final de la época tolemaica
un etnarca dirigía los asuntos del políteuma judío en Alejandría. Lo que
no podemos determinar con exactitud es cuándo fue sustituida la gerusía
por el etnarca, y si en algún tiempo coexistieron. En opinión de
Cl.Préaux, "el régimen del etnarca se remonta a la época helenística,
puesto que una carta de Claudio, si se da crédito a Josefo (Ant. XIX
5,2<283>), recuerda que Augusto ha autorizado la renovación del
etnarca 'deseando que cada uno permanezca fiel a sus costumbres y que
nadie sea obligado a transgredir la religión de sus padres'“.
Un resumen de las funciones del etnarca nos lo ofrece Estrabón, citado
por Fl.Josefo: en Alejandría de Egipto "tienen al frente un etnarca que
administra al pueblo. Es juez de los litigios, se ocupa de los contratos
y de las ordenanzas, como si él fuera el jefe de un estado soberano”.
Cl.Préaux analiza este testimonio y lo completa con algunas precisiones
interesantes: "Sin duda, elegido por la comunidad, el etnarca era
reconocido verosímilmente por el rey: Augusto a este respecto no había
hecho más que mantener la institución tolemaica. Sus funciones, que
expresa el verbo dioikein (administrar), son sin duda administrativas
más que políticas. El verbo diaitan, que designa sus poderes judiciales,
indica la jurisdicción de un árbitro. Sus sentencias ¿eran firmes sin
necesidad de una aprobación por una instancia de la ciudad o del rey, o
bien la ejecución era asumida por algún órgano de la comunidad? No se
sabe. Ignoramos también si el etnarca era reque rido para todos los
procesos o solamente para aquellos en los que la ley judía difería del
derecho griego, a saber, principalmente el derecho de familia que regula
la religión... El cuidado de los contratos, que Estrabón atribuye al
etnarca, hace pensar en un nota riado judío y en negociado especial que
conserva y autentifica los contratos, lo cual está atestiguado en
Alejandría en la época de Augusto (BGU 1151). Las ordenanzas que
promulga el etnarca po drían llevar, como rescriptos, interpretación de
la ley religio sa”.
Derechos civiles de los judíos alejandrinos
Tenemos, pues, la comunidad judía de Alejandría, el políteuma judío,
regida por una gerusía o asamblea de ancianos y/o por un etnarca. El
gobierno del políteuma judío no es verdaderamente independiente o
autónomo, pues depende del gobierno central -el rey o el prefecto
romano-. Los judíos alejandrinos se llamaban politai o ciudadanos, pero
con las matizaciones que hemos hecho en 2.2 y 2.4. En estos apartados
hemos adelantado ya algo del debate sobre los derechos cívicos de los
judíos alejandrinos. Ahora planteamos directamente este problema, ya que
la perícopa Sab 19,13-17 alude a ellos y entre los autores reina una
gran confusión. El origen de esta confusión hay que buscarlo en las
fuentes de que disponemos, la mayoría de las cuales no son imparciales:
Filón, Flavio Josefo, algunos papiros, inscripciones y libros apócrifos
de finales del período tolemaico y comienzos del romano.
V.Tcherikover nos introduce en el tema: "El asunto de los derechos
cívicos de los judíos en las ciudades griegas ha llamado especial
atención entre los eruditos y ha causado una prolongada controversia en
la literatura especializada. Mientras que unos -Schürer, Juster,
Klausner, De Sanctis y Momigliano- creen que los judíos en las ciudades
griegas gozaban de igualdad de derechos, otros <Willrich, Fuchs,
Schubart, Wilcken, Engers, Jouget, Bell> rechazan totalmente esta
hipótesis o la aceptan con algunas limitaciones”.
E.Schürer ha admitido en sentido técnico y riguroso jurídico las
opiniones de Filón y de Josefo sobre los derechos ciudadanos de los
judíos. Muchos autores, posteriores a Schürer, han repetido sus
argumentos, sin criticar suficientemente el valor histórico de los
testimonios aducidos por él. Para su crítica remitimos a los autores
citados en la nota anterior.
Sin embargo, cada día se
impone más la opinión contraria, es decir, los judíos no gozaban de la
igualdad de derechos cívicos, al menos para el final de la época
tolemaica y comienzos de la romana. V.Tcherikover, después de analizar
todos los argumentos literarios e históricos que se conocían en su
tiempo (1959) sobre el asunto que nos ocupa, hace el siguiente resumen:
"Tres conclusiones se pueden sacar de todo este material histórico: 1.
La condición cívica de los judíos de la diáspora no era uniforme y la
extensión de sus derechos dependía de cuándo, cómo y por qué objeto los
judíos llegaron a una región determinada fuera de Palestina. 2. La
comunidad judía organizada como un todo se mantuvo jurídicamente fuera
de la ciudad griega, y los judíos que vivían en ella no gozaban de
derechos cívicos. 3. Judíos aislados podían adquirir individualmente
derechos cívicos. Todas las demás suposiciones -en particular las de
Josefo- que afirman que los judíos compartían los mismos derechos que
los griegos solamente pueden obscurecer los resultados. De las fuentes
aprendemos otra cosa importante: el centro de la vida judía en la
diáspora no eran los derechos cívicos en las ciudades griegas, sino los
privilegios de las comunidades judías. Estos privilegios eran en
realidad muy grandes y ellos despertaron con frecuencia la envidia y el
odio de los griegos”.
Totalmente de acuerdo se manifiesta
S.Applebaum, que llega a afirmar rotundamente: "No hemos descubierto en
el curso de nuestra investigación pruebas de que en alguna ciudad griega
durante el período helenístico o en el romano antiguo los judíos
poseyeran la ciudadanía como un cuerpo”. Y la razón fundamental de este
hecho singular radica en la fe religiosa del pueblo judío en cuanto tal,
como también lo testifica W.W.Tarn: "Muchos eruditos han creído,
siguiendo a Josefo, que los judíos en su conjunto eran ciudadanos de
pleno derecho en Alejandría, Antioquía y en las ciudades jónicas. Esto
era siempre imposible, porque la plena ciudadanía, es decir, la
participación en el gobierno y en la administración jurídica, suponía
adoración de los dioses de la ciudad, lo cual significaba apostasía para
un judío; y aunque algunos individuos pudieron postrarse en el templo
de Rimmón, como Nicetas de Jerusalén..., los judíos, helenizados o no,
se mantuvieron normalmente firmes en su religión”.
Sabemos por los documentos de la época que el año 30 a.C., con la
llegada de Augusto al poder, supuso para Egipto un cambio radical que
influyó directamente en la comunidad judía de Alejandría. El estatuto
jurídico de los ciudadanos cambia: en primer lugar los ciudadanos
romanos, en segundo los ciudadanos griegos, por último todos los demás.
La repercusión en la vida ciudadana de Alejandría por esta nueva
situación va a ser inmediata y, de una manera especial, en la comunidad
judía por los efectos violentos en el ámbito económico. Todos los
ciudadanos de los reinos helenísticos estaban obligados a pagar
impuestos generales indirectos a las administraciones centrales y
urbanas; pero con los romanos llega uno nuevo: el impuesto personal o
laografía, que gravaba solamente sobre las clases sociales ínfimas,
también sobre los judíos. Esto significó para los judíos no tanto una
nueva carga económica como una gran humillación, al igualarlos con los
nativos de ínfima categoría social, sobre todo para los de posición
cultural y social elevada. Desde este momento se recrudece la lucha de
los judíos alejandrinos por la recuperación de los privilegios perdidos y
la guerra abierta entre los ciudadanos griegos alejandrinos y los
judíos de Alejandría. En tiempos del emperador Calígula la persecución
contra los judíos va a ser cruenta. A esta situación pondrá fin el
emperador Claudio con su célebre Carta a los Alejandrinos (41 d.C.), es
decir, a la persecución de los judíos y a la aspiración de éstos por la
ciudadanía alejandrina con todas las consecuencias culturales, sociales y
económicas: "Claudio puso fin a la pretensión judía de la ciudadanía de
Alejandría con su decisión del año 41 d.C.”.
3. Conclusión
Después de esta larga exposición creo que podemos concluir diciendo: 1.
Los judíos habitaron en Alejandría desde muy antiguo, al menos desde el
siglo III a.C.; 2. Pronto se constituyeron en organización autorizada o
políteuma con fines religiosos, sociales y culturales; 3. Este
políteuma era independiente del políteuma griego que hacía de sus
miembros verdaderos ciudadanos alejandrinos con plenos derechos
cívicos; 4. Los judíos no eran propiamente ciudadanos alejandrinos,
sino miembros o ciudadanos (politai) del políteuma judío en Alejandría;
5. Los judíos de Alejandría lucharon siempre por mantener o recuperar
los privilegios que concedieron reyes helenísticos o emperadores romanos
a su políteuma; 6. Por esto sufrieron persecución sangrienta en
tiempos de Calígula; 7. Por fin el emperador Claudio (año 41 d.C.)
disipó las dificultades de orden jurídico, separando a los judíos de la
participación en el gobierno de la ciudad y legitimando los derechos y
privilegios de su políteuma.
APÉNDICE III
Literatura judeo helenista alejandrina
Si queremos conocer más a fondo la vida de la comunidad judía
alejandrina del tiempo helenístico, donde creemos que nace el libro de
la Sabiduría, tendremos que analizar unos pocos testimonios
inapreciables que han llegado hasta nosotros y que constituyen el cuerpo
literario judeo helenista alejandrino.
Conviene
distinguir bien este Apéndice del cap.IX de la Introducción general
sobre Sabiduría y helenismo; los dos se relacionan íntimamente, pero no
tratan de lo mismo. El presente Apéndice es más amplio que el capitulo
sobre Sabiduría y helenismo, ya que Sab es una obra literaria que
pertenece al conjunto de las obras de las que aquí vamos a hablar.
En este momento centramos la atención principalmente en el ámbito
judío, en el medio cultural y literario de la diáspora judía en
Alejandría y en su producción literaria. En el capítulo Sabiduría y
helenismo intentamos descubrir los influjos del medio ambiente en una
obra concreta: los autores, las escuelas, las corrientes de pensamiento
del mundo helenístico, para ver que Sab no era fruto del azar o
totalmente independiente del medio cultural que le rodeaba. Este
Apéndice se podría considerar como preparación remota del cap. IX
aludido.
1. Los judíos ante el fenómeno del helenismo
Por helenismo entendemos genéricamente un modo de vivir al estilo
griego que se difundió por los territorios conquistados por Alejandro
Magno. Pero podemos matizar aún más. En el sentido más restringido por
helenismo se comprende el espíritu y las ideas filosóficas, religiosas,
morales, sociales, culturales que se extienden de Oriente a Occidente
como un aire innovador desde la muerte de Alejandro Magno en 323 a.C.
hasta el advenimiento de Augusto en el año 30 a.C. En un sentido más
amplio el helenismo se identifica con el movimiento colonizador de los
griegos ya sea en el ámbito económico y político, como en el social y
cultural desde el s.VIII a C. hasta el siglo II de la era cristiana.
Las comunidades del pueblo judío se vieron envueltas en el torbellino
de las nuevas corrientes, aunque más violentamente fuera de Palestina
que dentro. Como los aires nuevos abarcaban los aspectos más radicales
de la vida: la religión, la política, la economía, la cultura, el
influjo fue muy grande y las reacciones también muy diferentes.
El fenómeno de la helenización no fue, sin embargo, uniforme en todo el
ámbito greco-romano. En unos casos se redujo a la introducción más o
menos extensa de la lengua, del griego; en otros fue más intenso y
profundo, llegando incluso hasta el cambio de costumbres y del modo de
pensar. A este propósito escribe S. Sandmel: "Hubo judíos esparcidos por
todo el mundo greco-romano que perdieron su lengua materna y
absorbieron el griego; por lo menos con respecto a esto podemos hablar
de helenización como un proceso. Por otro lado, desde el tiempo de
Alejandro Magno la lengua griega llegó a hablarse en la misma Judea y un
buen número de palabras griegas se introdujeron en el arameo nativo. Si
por helenización entendemos solamente el fenómeno de la adopción de la
lengua, bien en su totalidad, como parece haber sido el caso de los
judíos en Alejandría, bien parcialmente, como en el caso de ciertas
palabras comunes en Judea, por muy evidente que sea tal helenización,
era, sin embargo, de muy poca importancia”.
En cuanto
a la helenización más profunda de los judíos, conviene tener en cuenta
la distinción que hace S.Sandmel entre adaptación y apostasía. Para la
apostasía se requiere el abandono consciente de la fe y de la tradición
religiosa y la elección de otra; en la adaptación se pueden dar muchos
grados, desde el uso de la lengua griega hasta la aceptación de usos,
costumbres y modos de pensar griegos, sin llegar al extremo de abandonar
la fe religiosa propia.
Del judaísmo en general se
puede decir que superó la prueba de la presión de una brillantísima
cultura y de una forma de vida muy tentadora, opuestas por completo a
las normas y costumbres de los judíos, heredadas de sus antepasados y
según constaba en sus libros canónicos y en la tradición oral.
Especialmente esto es válido para la diáspora, como nos lo recuerda
V.Tcherikover: "A pesar del gran influjo del helenismo en los judíos de
la diáspora la tradición judía no cedió el paso a la cultura griega y
fue capaz de defenderse a sí misma. Las costumbres ancestrales han
arraigado profundamente en el alma judía y no se han podido abolir por
el influjo de pueblos, cuyo espíritu les era ajeno”. El mismo autor nos
da la razón de ello a continuación: "La razón principal de la existencia
de una cultura de la diáspora judía fue la fuerza vital de las
comunidades judías. Lo mismo que la organización cívica de los griegos
en las ciudades griegas aseguraba la conservación de la cultura griega
fuera de la Hélade, así también la organización de los judíos en
comunidades independientes defendía la tradición judía. Los griegos
instalados en el campo perdían muy pronto sus características nacionales
y se fusionaban con los nativos, mientras que los griegos de las
ciudades seguían siendo ciudadanos de cultura griega por generaciones.
Los judíos también, cuando aparecían como individuos aislados no podían
vencer el influjo de su ambiente o conservar los elementos de la cultura
judía; esto lo prueba el destino de la judería egipcia después del año
117 d.C.”.
En Palestina convivieron pacíficamente el
judaísmo tradicional y el helenismo durante la dominación de los
Tolomeos. En realidad la presencia del helenismo en Palestina era casi
imperceptible. Pero con la victoria de los ejércitos de Antíoco III
(223-187 a.C.) sobre los de Tolomeo V (205-180 a.C.) en Panion (año 198
a.C.) Palestina pasa al dominio de los Seléucidas. Entonces empieza a
soplar un vendaval sobre la tierra de los judíos: el espíritu del
helenismo invade violentamente Palestina. Con Antíoco IV Epífanes
(175-164/3 a.C.) la presión llega a su máxima expresión. Elementos de
las clases altas y acomodadas se adaptaron con facilidad a las nuevas
formas de vida y las impusieron por la fuerza en el corazón mismo del
judaísmo, en Jerusalén: "Por entonces hubo unos israelitas apóstatas que
convencieron a muchos: ¡Vamos a hacer un pacto con las naciones
vecinas, pues desde que nos hemos aislado nos han venido muchas
desgracias! Gustó la propuesta, y algunos del pueblo se decidieron a ir
al rey. El rey los autorizó a adoptar las costumbres paganas, y
entonces, acomodándose a los usos paganos, construyeron un gimnasio en
Jerusalén, disimularon la circuncisión, apostataron de la alianza santa,
emparentaron con los paganos y se vendieron para hacer el mal" (1 Mac
1,11-15).
De fuera de Palestina tenemos también
algunos testimonios que nos informan de judíos particulares que
apostatan de la fe de sus mayores y que se helenizan en grado sumo,
aceptando por completo el modo de vivir de los griegos con todas sus
consecuencias.
2. Literatura judeo helenista
Hemos visto en el párrafo anterior que el helenismo influyó realmente
en el judaísmo, es decir, que el espíritu del helenismo penetró en la
vida de las comunidades judías y en la de los individuos, aunque no
siempre de la misma manera. Uno de los frutos de este influjo, de esta
convivencia o simbiosis fue la literatura judeo helenista. Gran parte de
la producción literaria de los judíos del tiempo helenista se ha
perdido; pero por fortuna han llegado hasta nosotros unos pocos
fragmentos aislados y algunas obras íntegras de un valor extraordinario.
2.1. Tradición literaria multisecular del pueblo judío
Ya sabemos que las comunidades judías de la diáspora estaban bien
organizadas y que en las grandes ciudades, especialmente en Alejandría
de Egipto, contaban con todos los medios culturales que la civilización
helenística había conseguido. Pero los judíos helenistas de la diáspora,
que se consideraban tan judíos como los de Jerusalén, no partían de
cero en cuanto a la cultura propia de su pueblo. Ellos contaban con una
historia milenaria detrás de sí y, en el ámbito literario, con una
tradición gloriosa, comparable a la de los grandes imperios y culturas.
Algunas de sus escrituras sagradas se remontan al siglo X a.C. con una
tradición oral y en parte escrita anterior en varios siglos. En plena
época helenística (ca. 132 a.C.) el nieto de Jesús Ben Sira, en el
prólogo a la traducción que él mismo hace de la obra de su abuelo,
manifiesta que conoce el cuerpo casi completo de lo que llamamos Antiguo
Testamento, y que él divide en tres bloques: la Ley o Pentateuco, los
Profetas (libros históricos o profetas anteriores y escritos proféticos
propiamente dichos) y los restantes libros paternos, "por los que Israel
merece alabanza de sabio o instruido”.
El pueblo
judío tiene unas raíces muy profundas en la historia y en la tierra de
Palestina. La diáspora judía jamás se sintió un pueblo desarraigado: su
historia es la historia común del pueblo elegido; su tierra es la tierra
prometida a los padres, Palestina; adoran al mismo Dios; su Ley, sus
Escrituras son las mismas; el centro de culto es único: el Templo en
Jerusalén, a donde van cuando pueden en peregrinación (cf. Hech 2,5-11) y
al que envían desde todos los rincones de la ecumene el tributo
sagrado. En todo el tiempo helenístico existen relaciones amistosas
entre la comunidad judía palestinense y las comunidades judías de la
diáspora; especialmente intensas en todos los órdenes son las que se dan
entre Egipto y Palestina por razones históricas y de cercanía. Pero en
el ámbito literario el influjo va en ambas direcciones. Son conocidas
las corrientes sapienciales antiguas de Egipto a Palestina y en nuestra
época helenística son muy elocuentes entre otros, dos ejemplos
preclaros: la Carta de Aristeas y el mencionado libro del Eclesiástico,
traducido del hebreo al griego en Egipto y para la comunidad judía de
lengua griega.
2.2. Actividad literaria judía en tiempo helenístico
La época helenística es fecunda en todas las áreas de la creación
artística y literaria. Las circunstancias especiales sociales, políticas
y culturales convierten el helenismo en fermento activo para la
sociedad pagana y también para la judía que está en contacto con él. La
judía es la que nos interesa por ahora. "Las noticias que tenemos de los
antiguos escritores judeo-helenísticos evidencian los esfuerzos del
judaísmo por desarrollarse dentro de la cultura helenística. Se adoptan
las formas literarias helenísticas, como el relato histórico según el
modelo griego, el epos y el drama, el poema sibilino, los tratados
filosóficos, pero se ponen al servicio del robustecimiento del judaísmo
dentro del mundo cultural helenístico”.
Las
circunstancias son muy heterogéneas y cambiantes para los judíos tanto
en las diversas regiones, como en una misma comarca. En Egipto
primeramente la prosperidad económica y después la lucha constante por
defender la propia identidad y los derechos civiles sirven de estímulo
para la producción literaria; en Palestina el ritmo histórico es
parecido, pero la lucha adquiere caracteres dramáticos. A poco más de un
siglo de dominio pacífico de los Lágidas egipcios le sigue un período
de avasallamiento despótico de los Seléucidas, que se hace cada día más
intolerable. Renace con mucha fuerza el espíritu nacionalista judío, que
explota con la rebelión de los Macabeos. Estas circunstancias
históricas dispares van a marcar el signo de los movimientos sociales y
culturales en Palestina y en Egipto.
No podemos
olvidar que la comunidad judía palestinense en líneas generales se
mantuvo más cerrada en sí misma y por esto más desconfiada con lo que
provenía de fuera; por el contrario, los judíos de la diáspora, en
especial los de Egipto, se distinguieron por su espíritu abierto y
receptivo. La presión del ambiente es decisiva en este aspecto, como
hemos visto en el apartado 1 (los judíos ante el fenómno del helenismo);
la literatura, como expre sión del sentir y del pensar de un pueblo, lo
confirma.
En Palestina. Los escritos palestinenses, anteriores
al advenimiento de Antíoco IV Epífanes, se distinguen muy bien de los
surgidos durante o después de la guerra de los macabeos. Entre los
canónicos, Ecl y Eclo pertenecen al período anterior, Dan y 1 Mac al
posterior. El carácter apocalíptico es nota principal de la literatura
no canónica. "Un factor desencadenante esencial para el desarrollo del
pensamiento apocalíptico fue la gran crisis religiosa bajo Antíoco IV
Epífanes, a la que corresponde el apocalipsis de Daniel”.
En
Egipto. Casi no se conocen los escritos apocalípticos entre los
escritores judíos de la diáspora en Egipto. En general predomina entre
ellos una orientación propagandística y apologética, sin que esto quiera
decir que su producción literaria vaya dirigida únicamente a los
lectores griegos y no también a los judíos que necesitaban ser
instruidos en su fe, confirmados en sus tradiciones y defendidos de los
ataques furibundos de los griegos antisemitas. Precisamente el fenómeno
del antisemitismo era terreno abonado para una literatura de defensa, de
propaganda y apologética: "La situación de los judíos de la diáspora,
en concreto en Alejandría ante un medio ambiente hostil, provocó muy
pronto toda una literatura de propaganda de cara al mundo
helenístico”. Aunque a veces no surtiera el efecto pretendido, sino todo lo contrario: la desconfianza y el rechazo.
De toda esta literatura helenística judía nos interesa estudiar la
típicamente alejandrina, para acercarnos lo más posible al medio en que
nace el libro de la Sabiduría.
3. Literatura judeo helenista alejandrina
Hemos distinguido entre Palestina y la diáspora o territorio fuera de
Palestina. Suele hacerse la misma distinción en la producción literaria
de los judíos. Pero la diáspora comprende todo el Oriente y el
Occidente, y su literatura es amplísima. Dos son, sin embargo, los
centros dignos de especial mención: uno en Babilonia y otro en
Alejandría.
Al dedicar este apartado a la literatura
judeo-helenista alejandrina, no queremos defender a toda costa que toda
la literatura de los judíos de Egipto se produjera en Alejandría. Es muy
posible que alguna procediera de otros núcleos urbanos egipcios; pero,
al no tener constancia de ello y al ser Alejandría durante el tiempo
que nos ocupa el centro capital de Egipto en todos los órdenes, la
literatura de este tiempo helenístico lleva con razón su nombre.
3.1. Alejandría, capital cultural de primer orden
En el Apéndice II hemos tratado de las excelencias de Alejandría como
ciudad. Desde su fundación los Tolomeos hicieron de Alejandría su ciudad
y por esto a ella trajeron de todos los rincones de Egipto sus inmensas
riquezas, a las cuales se sumaron las de sus conquistas por los reinos
vecinos. Los reyes se convirtieron en protectores de todas las ciencias y
las artes, e hicieron venir de todo el mundo griego a los sabios más
renombrados en todas las ramas del saber. Con razón puede decir
W.W.Tarn: "Aunque Atenas conservó la filosofía, Alejandría la eclipsó
como el centro mundial de la ciencia y de la literatura”.
Dos instituciones sobre todas las demás hicieron de Alejandría la
ciudad más famosa e importante de su tiempo en el ámbito de las ciencias
y las artes: El Museo y la Biblioteca. La barbarie de los hombres y el
tiempo, implacable destructor de lo efímero, han hecho que de estos dos
grandes centros de la inteligencia helenística no lleguen a nosotros ni
las cenizas. Una superficie rocosa es lo único que el visitante actual
puede admirar.
El Museo era una institución del rey,
dedicada a las Musas (de ahí su nombre). al frente del Museo había un
sacerdote que lo nombraba el rey. El Museo era residencia de sabios,
invitados y mantenidos por el rey. "Poco es lo que sabemos del museo:
una asociación de hombres sabios, al frente de los cuales había un
sacerdote de las Musas, que vivían y trabajaban en el edificio a
expensas de Tolomeo, liberados por él de todas las preocupaciones
mundanas”.
La Biblioteca probablemente estaba cerca
del Museo y también fue fundada por Tolomeo I, por consejo de Demetrio
de Falerón, político y filósofo peripatético ateniense. El bibliotecario
mayor dependía en todo del rey, pero era independiente del Museo.
Esta Biblioteca llegó a ser la más famosa de la antigüedad y, junto con
el Museo, el centro del helenismo. Los Bibliotecarios fueron escogidos
por los reyes entre los sabios más famosos de su tiempo. El primero de
ellos fue Zenódoto de Efeso (283-ca.260 a.C.), especialista en Homero.
Según se cuenta, él fue el que adquirió la biblioteca privada de
Aristóteles. A Zenódoto le siguió probablemente Calímaco el poeta
(ca.260-ca.240 a.C.). Eratóstenes de Alejandría, nacido en Cirene
(276-195/4 a.C.) fue el tercer bibliotecario y el más famoso de todos
(ca.230-195 a.C.). Compró para la Biblioteca los manuscritos de Esquilo,
Sófocles y Eurípides, y dedicó parte de ella a Homero: al estudio y
edición de sus obras. Esta misma dirección siguieron Aristófanes de
Bizancio (195-180 a.C.), Apolonio el Clasificador (180-ca.160 a.C.) y
Aristarco de Samotracia (ca.160-131 a.C.). "Una de las principales
realizaciones de la Biblioteca de Alejandría en los primeros cien años
de su existencia fue coleccionar, cotejar, preparar ediciones, corregir y
así preservar para la posteridad las obras de Homero”.
Los que trabajaban en la Biblioteca no se limitaron sólo a Homero, sino
que abarcaron también toda la literatura clásica griega. Florecieron
admirablemente los estudios filológico.
Al mismo tiempo
que fomentaron los estudios literarios, los sabios alejandrinos se
dedicaron con ahínco y fortuna al fomento y desarrollo de las ciencias,
con aplicaciones en la vida real. Así llegaron a cimas insospechadas los
estudios de matemáticas, de geografía, de astronomía, con los que
empalmaron los científicos de la era moderna, así como los de física,
medicina, botánica, ciencias naturales y todo aquello que podía atraer
la curiosidad humana.
En lo que no se distinguieron los sabios alejandrinos del Museo y de la Biblioteca fue en el ámbito filosófico.
La actividad creadora intelectual de Alejandría decayó al ser ocupada
la ciudad por los romanos, coincidiendo con una nueva orientación en los
estudios; de las ciencias positivas se pasó a las especulaciones
seudofilosóficas, alimentadas por las corrientes de pensamiento que
venían de oriente.
La escuela alejandrina cristiana
va a ser la heredera de la gloriosa tradición multisecular del Museo y
de la Biblioteca de Alejandría.
3.2. Alejandría, centro de la cultura helenística judía
Alejandría fue, sin duda, la ciudad que albergó dentro de sus muros la
comunidad judía más numerosa de toda la Diáspora y la más activa en
todos los ámbitos, desde el religioso hasta el político y social
(Apéndice II). Ya conocemos las aspiraciones de estos judíos.
Ciertamente no eran ni podían ser ajenos a los movimientos culturales
que tenían lugar en la ciudad más brillante del período helenístico. Por
eso aquí va a florecer, como en ninguna otra parte, la literatura
helenística propiamente judía, aunque sin exclusividad. En Alejandría se
dan las condiciones más favorables posibles para que así sea y, de
hecho, como vamos a ver, así fue.
Testimonios literarios de los judíos de Alejandria
Contamos ciertamente con algunos testimonios literarios judíos de esta
época, pero hemos de lamentar la pérdida tan considerable de lo que en
realidad se produjo. "Por desgracia, de algunos representantes de esta
literatura judía tan sólo poseemos muy escasos restos. En el siglo I
a.C. un historiador pagano, Alejandro Polihístor, reunió una serie de
extractos de escritores, algunos de ellos judíos, y dicha colección la
insertó parcialmente Eusebio en su Praeparatio evangelica.
Anteriormente, Clemente Alejandrino había hecho ya un amplio uso de
Alejandro. De no ser así, se hubieran perdido incluso las escasas
huellas que se conservan”.
No vamos a hacer un elenco
exhaustivo de todos los testimonios que poseemos, ni mucho menos
analizarlos uno a uno; de esto ya existen estudios especializados a los
que nos remitimos. Sí diremos unas palabras sobre la versión de los LXX,
la Carta de Aristeas y, muy genéricamente, sobre los demás escritos y
su significación.
La Septuaginta (LXX) o versión griega de la Biblia.
El hecho de que el libro más sagrado de los judíos, escrito en hebreo:
la Torá o Ley, fuera traducido a la lengua que hablaban vulgarmente los
griegos de Egipto y también los judíos allí radicados desde antiguo, fue
tan trascendental que no mucho tiempo después ya era contado como una
leyenda que rondaba lo prodigioso y sobrenatural. El autor de la Carta
de Aristeas se deleita en narrarnos el hecho con muchos detalles (Arist
301ss). A.Kasher no exagera al escribir que la versión de los LXX "fue
una de las creaciones espirituales más importantes para la judería
helenística, sobre todo porque ella sirvió de inspiración a una serie
entera de escritores y filósofos de lengua griega en las siguientes
generaciones. E.Schürer escribe: "Sin ella el judaísmo helenístico es
tan impensable como la Iglesia evangélica de Alemania sin la traducción
alemana de la Biblia de Lutero” G.Ricciotti dice también: "En estas
'sinagogas' egipcias, y para su servicio del culto, tuvo lugar el acto
más audaz dentro de la órbita del yahvismo oficial, y uno de los más
decisivos en la historia de la espiritualidad humana: la traducción al
griego de las escrituras sagradas hebreas”. W.W. Tarn afirma
solemnemente: "El gran monumento del helenismo de la dispersión judía es
la Septuaginta o Libro de los Setenta, la traducción del A.T. al
griego, la Biblia de Pablo y de Filón”. Esta versión griega fue la
Biblia del cristianismo naciente.
La versión griega
de la Biblia no sólo sirvió para inspirar a escritores y filósofos, sino
que principalmente fue el alimento espiritual que sustentó a las
comunidades judías primero de Egipto y después de toda la diáspora donde
se hablaba el griego. Porque según la opinión más común entre los
autores, los judíos de la diáspora en el tiempo helenístico no podían
leer la Escritura en su lengua original; sólo los rabinos y maestros de
la Ley conocían el hebreo y arameo; el pueblo en general fuera de
Palestina hablaba el griego común (la koiné) o la lengua del lugar en
que habitaba. En Alejandría y aledaños la lengua vulgar era el griego.
La versión al griego de la sagrada Escritura respondía a una necesidad
interna de la comunidad judía alejandrina y no a la iniciativa del
Bibliotecario real, según Arist 10s.30s, o a una intención
propagandística: dar a conocer a los paganos, especialmente a los
enemigos de los judíos, la antigüedad de sus orígenes, la grandeza de
sus antepasados, las excelencias de sus creencias, etc. Así piensa la
mayoría de los autores, que datan las primeras versiones del Pentateuco
en el siglo III a.C. en Alejandría. P.Wendland escribe: "La Torá fue
traducida al griego ya bajo Tolomeo Filadelfo, y desde entonces han
trabajado sabios judíos en la versión de los escritos sagrados. En dos
generaciones desde el asentamiento de los judíos en Alejandría ha
progresado tanto la helenización lingüística que se han debido acomodar
en la Sinagoga al uso de la traducción en lugar del texto sagrado. Pues
parece seguro que la traducción ha surgido por necesidad del servicio
divino y no con intención propagandística”.
Como
representante de los autores más recientes, podemos citar a N.Fernández
Marcos: "Para los judíos de la diáspora, una vez que habían abandonado
la lengua de los padres, la única forma de conservar el legado religioso
de sus antepasados era traducirlo a la lengua extranjera. El peligro de
perder esta herencia cultural se hizo sentir antes en las comunidades
del judaísmo helenístico que en las de Palestina; ... Esto explica que
la traducción de LXX esté hecha por judíos y para judíos, es decir, que
sean orientales bilingües y no griegos los que la emprendan. Nace por
tanto de las necesidades religiosas de los judíos de Alejandría;
necesidades litúrgicas por un lado y pedagógicas por otro, debido a la
peculiar posición del judaísmo en el mundo griego con una proporción de
judíos grecoparlantes que desconocían la lengua original de sus propias
Escrituras. Por tanto la imagen que presenta la carta de Aristeas acerca
de las circunstancias que rodearon la traducción de LXX en la corte del
rey Ptolomeo es engañosa”.
Ultimamente A.Kasher ha
defendido la historicidad del núcleo principal del relato del
seudo-Aristeas: "Es más probable que la iniciativa para la versión del
Pentateuco al griego viniera realmente de los círculos intelectuales de
la corte tolemaica y no que procediera de una necesidad interna de los
judíos”.
E.Schürer considera "una mera posibilidad que la
traducción de los Setenta del Pentateuco deba su existencia a los
esfuerzos de Tolomeo Filadelfo. Es más probable que se llevara a cabo
por causa de las propias necesidades de los judíos”.
Por lo que ya sabemos de la vida interna de las comunidades judías en
Egipto y más en concreto de la alejandrina, es muy natural que desearan
poner al alcance de todos las sagradas Escrituras, cuyas lecturas y
explicaciones se hacían en griego. El trabajo de traducción debió de ser
muy lento y, con mucha probablidad, muy variado. "Más que de una
traducción en LXX hay que hablar de una colección de traducciones según
los libros y aún dentro de un mismo libro según se perciban distintas
unidades literarias reflejadas en diferentes técnicas de traducción. Los
estudios de estas técnicas hacen suponer más de un traductor por cada
libro, aunque en conjunto no sumarían el número de setenta / setenta y
dos de que habla la legendaria carta de Aristeas”.
Comúnmente se admite que el Pentateuco, al que únicamente se refiere la
Carta de Aristeas, fue traducido hacia la mitad del siglo III a.C. y
posteriormente los otros escritos en hebreo, según las necesidades de la
liturgia de las Sinagogas: Jeremías e Isaías hacia comienzos del siglo
II a.C., después los Salmos, el resto de los Profetas y por último los
Hagiógrafos. Hacia el 130 a.C. ya estaba traducido todo el cuerpo
hebreo, pues el traductor del Eclo conoce la traducción al griego de
toda la Escritura hebrea, como lo dice en su prólogo: "Te ruego, pues,
que leas con atención y benevolencia y que seas indulgente si, a pesar
de mi esfuerzo, no he acertado con la traducción de algunas frases. Pues
lo que se expresó originalmente en hebreo no conserva el mismo sentido,
traducido a otra lengua. Y no sólo este libro, sino también la Ley y
los Profetas y los restantes libros son muy distintos en su lengua
original”.
La traducción al griego de la Biblia
respondía, pues, a una necesidad interna del judaísmo helenístico y no
sólo de Egipto, sino de toda la diáspora y hasta de Palestina: "La
traducción de la Biblia es la mejor prueba de que el hebreo era ya en
esta época una lengua desconocida por una gran parte del pueblo judío.
Pues se sabe que la traducción de los Setenta estaba difundida no sólo
en la diáspora judía, sino también en Palestina”. Son muchos y nada
sospechosos los testimonios que apoyan esta afirmación: "El uso de LXX
por el Anónimo y por Eupólemo, así como el hallazgo de fragmentos de LXX
en Qumrán y en las grutas de la sublevación de Bar Kokba muestran que
la versión griega del A.T. fue tenida en gran estima también en la
Palestina judía desde el siglo II a.C. hasta el siglo II d.C., en
contraste con la crítica severa de los rabinos posteriores”.
Los judíos alejandrinos celebraban cada año una fiesta en la isla de
Faros, para dar gracias a Dios "por el antiguo beneficio siempre
renovado”. Para ellos la LXX era tan sagrada como el texto hebreo para
los palestinos; sólo desde el siglo II de la era cristiana la LXX fue
rechazada por los judíos de Palestina por la controversia con los
cristianos, que habían aceptado la versión de los LXX como propia.
Carta de Aristeas.
Varias veces hemos citado ya la Carta de Aristeas a propósito de la
versión de los LXX y es que se relacionan indisolublemente. Le dedicamos
ahora un apartado íntegro, porque es el escrito judeo helenístico
alejandrino más antiguo que ha llegado hasta nosotros íntegramente.
El documento se presenta en forma de Carta que Aristeas escribe a su
hermano Filócrates (cf. 7 y 120). Pero de carta solamente tiene la
introducción, el epílogo y algunos vocativos más a lo largo de la obra;
todo lo cual "no hace de ella una carta más que la célebre Epístola a
los Pisones de Horacio o que el Evangelio de Lucas”. El marco es
ficticio, lo que quiere decir que estamos ante un escrito
seudoepigráfico o, como dice A.Díez Macho, ante "una obra narrativa
griega de forma epistolar y contenido ficticio”. El verdadero autor de
la obra se presenta bajo el nombre de Aristeas, privado del rey
(14-19.40.43) y pagano, adorador de Zeus (16), porque así conviene mejor
a la finalidad de su escrito.
Sobre la intención o
finalidad de la Carta de Aristeas los autores discrepan, aunque la
diversidad de opiniones en este caso hace que conozcamos mejor los
matices de este singular documento. Los autores estarán de acuerdo en
admitir que se trata de un documento de propaganda. S.Jellicoe lo dice
categóricamente: "Que la carta esencialmente es una obra de propaganda
(o apologética), se ha estado de acuerdo en todo tiempo y lugar”.
Lo que ya es más difícil es determinar en favor de qué hace propaganda
la Carta de Aristeas y ante quiénes. Durante muchos siglos no se ha
suscitado la duda de si la Carta de Aristeas era un documento histórico o
no, y se admitía con toda naturalidad que lo que Aristeas pretendía con
su Carta era simplemente informar sobre el origen histórico de la
versión al griego del Pentateuco o Ley judía. Como recuerdan los
autores, fue Luis Vives (1492-1540) el primero en dudar de la
historicidad de la Carta de Aristeas en este aspecto. Ya es opinión
común admitir el carácter ficticio de la Carta, lo cual no quiere decir
que el autor verdadero no tenga una intención real que responda a una
situación histórica.
Los que a pesar de todo opinan
que la Carta de Aristeas pretende defender la versión griega del
Pentatueco, ofrecen un abanico de interpretaciones. P.Kahle defiende que
la Carta es "el refrendo a la versión oficial unificada impuesta por
las autoridades del judaísmo en la época misma en que se escribe el
documento, tras un largo período en el que circularían múltiples
versiones griegas a la manera de los Targumes”. Esta opinión ha tenido
poco eco entre los especialistas y hoy generalmente se descarta.
Una sentencia muy particular ha sido expuesta por A. F. J. Klijn: la
Carta de Aristeas sería "un escrito de propaganda en favor de la LXX
originaria contra una revisión de la misma que tendría lugar ca.140 a.C.
en la colonia judía de Leontópolis que competiría con la de
Alejandría”. Aunque con el tiempo se hicieron diferentes versiones del
Pentateuco al griego y de todo el Antiguo Testamento, es muy poco lo que
todavía sabemos de ello y menos aún de la comunidad judía de
Leontópolis y de su actividad literaria e influjos en la comunidad total
de Egipto, como para aventurar una hipótesis como la de Klijn con
garantías de éxito.
Queda en pie, por tanto, la
pregunta inicial: en favor de qué hace propaganda la Carta de Aristeas y
ante quiénes. Si nos centramos ahora en la segunda parte de la
pregunta: ante quiénes hace propaganda el seudo-Aristeas, o a quién se
dirige, vamos a encontrar también muchas respuestas, entre las cuales
elegiremos la que nos parece más aceptable.
El autor
de la Carta se puede dirigir o a los griegos paganos de Alejandría en
Egipto, o a los judíos alejandrinos, o a ambos grupos
indiscriminadamente. Los autores se dividen en sus preferencias,
analizan con lupa las palabras de Aristeas y cada uno cree haber
descubierto la íntima intención del autor.
Entre los
que defienden que son los griegos paganos los destinatarios de la Carta
de Aristeas, hemos de señalar en primer lugar a E.Schürer que afirma que
"toda ella es verdaderamente un panegírico de la Ley judía, de su
Sabiduría y de su Nombre en boca de un pagano”; "toda ella está pensada
en primer lugar para lectores paganos”. V.Tcherikover nos da una lista
de autores que se adhieren a la misma sentencia de E.SchÜrer. C.Larcher
se alinea también entre estos autores, pero con una particularidad: "La
Carta es una verdadera apología del judaísmo, más concretamente del
judaísmo palestino”, y aduce el testimonio de M.J.Lagrange: "Su
intención evidente es la de adular a los Lágidas y la de inspirarles el
aprecio de los judíos de Jerusalén”. Continúa Larcher: "Ella se propone
además llevar a los helenos a reconocer la superioridad de la religión y
de la sabiduría judías y de facilitarles la aceptación de las
observancias”.
Sin embargo, modernamente no son pocos
los que afirman que el seudo Aristeas se dirige a los judíos.
Probablemente ningún autor ha defendido con más fuerza esta tesis que
V.Tcherikover en su artículo de 1958; en él dice, por ejemplo: "Llevar a
los judíos más cerca de los griegos y de su cultura - éste era el
propósito de Aristeas-" (pág.69); "la carta entera no es otra cosa que
un encomio del judaísmo" (pág.63). "Los especialistas han advertido
acertadamente que la carta contiene alguna especie de propaganda, pero
se han equivocado al pensar que esta propaganda iba dirigida a los
gentiles; ella iba dirigida a los judíos" (pág.83). V.Tcherikover
propone casi desde el principio los argumentos en favor de su tesis:
Aristeas no pretende inclinar al hipotético lector griego en favor de
los judíos, sino ayudar a los judíos a reconciliarse con la cultura
griega. Naturalmente a favor de esta tesis están todos aquellos que
opinan que el centro de la Carta lo ocupa la preocupación por defender
la versión al griego de la Ley judía, sea en concurrencia con una nueva
revisión, sea en absoluto.
Creemos, sin embargo, que
la intención del seudo-Aristeas, al escibir esta Carta, no era la de
dirigirse a un grupo con exclusión del otro: o a los paganos o a los
judíos. Su indeterminación es argumento en favor de que los quiere
incluir a ambos. Tanto la seudonimia, como el recurso de que un pagano
defienda y alabe las instituciones y el modo de vivir de los judíos
abogan en favor de la tesis de que el seudo-Aristeas se dirige tanto a
judíos como a gentiles. A.Pelletier escribe en su presentación de la
Carta: "Yo creo que nuestro autor ante todo es propagandista de la
traducción griega de la Ley ante los griegos; pero mata dos pájaros de
un tiro. Porque todas las garantías que atribuye a la versión griega
valen tanto entre los judíos como entre los griegos. Pues si las
disposiciones para asegurar la inmutablidad del texto pueden interesar a
los griegos cultos, amantes de textos fieles, en un ambiente judío
ellas responden a una exigencia más radical, fundada en el patrimonio de
las tradiciones relativas a los orígenes mismos de la Ley”.
Pocos son los autores que se definen por esta intención globalizante
del autor, aunque muchos reconocen que la Carta tiene pasajes que
favorecen más a una opinión que a otra. Además de A.Pelletier podemos
citar a nuestro A.Díez Macho que afirma: "La finalidad de la carta no es
tanto mostrar el origen de la versión griega de la Torá (al trabajo de
la versión se dedican sólo los párrafos 301-316) cuanto defender y
exaltar la ley de los judíos frente a los paganos y, sobre todo, ante
los mismos judíos helenizados que podían llegar a despreciarla; acaso
lleva también el interés de avalar esta versión griega frente a otras
menos fieles. La exaltación de la Torá es tanta que se la llega a
considerar la fuente única de la ciencia: fuera de ella no hay verdadera
ciencia”.
Autor de la Carta. El autor es un judío egipcio; los
autores lo repiten como un estribillo. Su presentación como si fuera un
pagano, personaje de la corte, adorador de Zeus (16), no es más que un
disfraz fácilmente detectable: "Nadie se engaña: Aristeas es un judío.
Es inútil repetir las fáciles pruebas de Meecham, Tramontano, Moses
Hadas; bastará constatar la importancia que atribuye a los juramentos, a
las abluciones, su gran admiración por el templo, por el sumo sacerdote
y su celo por la causa de los judíos en general”. En cuanto a la
personalidad de Aristeas bien poco podemos decir, si no es por lo que se
deduce de su Carta. V.Tcherikover ha intentado adentrarse en el
personaje y nos ha hecho este retrato: "Es difícil clasificar a Aristeas
entre los nacionalistas judíos; su judaísmo es pálido y sin color,
imbuido de influjos extraños; no tiene el calor íntimo de un genuino
sentimiento nacional. Aún menos pertenece Aristeas a los helenos. Sus
aspiraciones a ser como los griegos sólo subraya la gran distancia entre
él y los kaloi.% ka.~gaqoi./ de la verdadera inteligentsia griega”.
Fecha
de composición. Más difícil es determinar la datación de la Carta.
N.Fernández Marcos dice que "la datación de la carta constituye un
problema casi insoluble, ya que las opiniones de los estudiosos se
dividen en un abanico que va desde el final del s.III a.C. hasta cerca
del s.II d.C.”. Así E.Schürer, R.Tramontano, L.H.Vincent y A.Pelletier
la ponen alrededor del año 200 a.C.; C.Larcher y A.Díez Macho en el
siglo II a.C.; S.Jellicoe poco antes del 170 a.C.; V.Tcherikover en la
segunda mitad del siglo II a.C.; E.Bickermann ca. 145 hasta ca.100 a.C.,
y afinando aún más, entre 145 y 127 a.C.; M.Hadas poco después de 132
a.C.; N.Fernández Marcos como N.Meisner en la década entre 127 y el 118
a.C. P.Wendland y H.St.J.Thackeray poco antes de 96 a.C.
Aceptamos como más probable la fecha dada por N.Fernández Marcos, pues
según su argumentación: "Destaca la exaltación del ideal helenístico de
un rey filantrópico y la advertencia contra el abuso del poder; en la
esfera religiosa sobresale el énfasis que se da a Jerusalén, la
descripción idealizada del culto, los estrechos vículos entre la
comunidad de Jerusalén y la de Alejandría, así como el silencio absoluto
ante el importante culto de Leontópolis. Todo ello pone de manifiesto
que el autor de la carta quiere distanciar a la comunidad alejandrina de
los judíos de Onías, de modo que la década entre el 127 y el 118 a.C.
parece el momento más adecuado para situar el origen de la carta.
Género
literario. En cuanto al género literario no podemos hablar en singular,
ya que la así llamada Carta contiene una gran variedad de ellos, siendo
quizás el género epistolar el menos adecuado. Si tuviéramos que
clasificarla en un género literario, habría que apelar al género
panegírico o encomio, ya que, al parecer, es el que mejor se adapta al
conjunto de ella. E.SchÜrer la llama "un panegírico de la Ley judía, de
su Sabiduría y de su Nombre”; V.Tcherikover, por su parte, dice que "la
Carta es un ardiente panegírico del judaísmo" y que "la entera Carta no
es otra cosa que un encomio (Eulogy) del judaísmo”. C.Larcher por su
parte escribe que "la Carta es una verdadera apología del judaísmo”.
Sin embargo, los autores no dudan en afirmar una pluralidad de géneros
literarios, que a su vez corresponden a las fuentes en que se inspira
el seudo-Aristeas. Las fuentes, en concreto, son irreconocibles, aunque
todas ellas pertenecen al mundo de la cultura griega y helenística. El
influjo helenístico es evidente en la forma literaria de la composición
de la Carta.
Fácilmente se descubren en ella tópicos
helenísticos, que constituyen géneros literarios conocidísimos. La
enumeración del contenido de la Carta prueba la diversidad de géneros y
subgéneros literarios. No pretendemos juzgar en absoluto sobre la
autoría de cada uno, aunque es evidente que es una sola mano la que
imprime el sello personal final, dando unidad.
Comienza la carta con un prólogo bien cuidado (1-8); siguen un documento
de manumisión de esclavos (22-25); un informe o memorándum (28-32),
todo según los modelos del tiempo; dos cartas entre el rey y el sumo
sacerdote Eleazar (35-46); una lista de nombres (47-50); una larguísima
relación de regalos (51-82); relatos de viajes (83-120);
interpretaciones alegóricas de la Escritura (128-170); descripción de
una recepción solemne en la corte (172-181); un banquete o simposio
(182-294): es la parte principal de la Carta. Imita el autor en ella los
tratados filosóficos del tiempo, según el estilo impuesto por Platón.
Quizás en el fondo haya un tratado sobre la realeza o el rey (peri.%
basilei.=a$) sobre el modo de gobernar dignamente a los pueblos. Sigue
un relato sobre la traducción de la Ley judía al griego, en el que se da
cuenta del método de trabajo y del orden de cada día (301-307), reflejo
de la labor científica de los sabios del Museo; aprobación y aceptación
de la traducción (308-316); despedida para un viaje de vuelta (317-321)
y, finalmente, un epílogo, que corresponde al prólogo (322).
La multiplicidad de géneros menores no pulveriza la Carta, sino que
refleja un tipo de cultura literaria que se parece a un mosaico. Esta
manera de hacer literatura es típica del tiempo helenístico y nos la
volvemos a encontrar en el libro de la Sabiduría, no sólo por la
repetición de temas filosóficos y teológicos, sino también por los
aspectos meramente formales, como son los géneros y subgéneros
literarios.
Otros aspectos de la Carta. Terminamos este apartado,
subrayando algunos aspectos que creemos son muy importantes para el
mejor conocimiento del ambiente literario de la comunidad judía de
Alejandría.
La Carta de Aristeas, en primer lugar,
refleja un ambiente literario entre los judíos muy en armonía con la
actividad literaria de la Alejandría del Museo y de la Biblioteca del
siglo II a.C. El seudo-Aristeas es un judío muy culto que, muy
probablemente, se educó en el gimnasio griego, a no ser que los judíos
fueran ya autónomos totalmente o en parte en el sistema educativo, para
poder conocer y estudiar a fondo la Ley propia y la tradición de los
mayores. Dice V.Tcherikover: "Los judíos cultos leen a Platón y a Homero
y probablemente envían a sus hijos al gimnasio; si surge un escritor
entre los judíos, ciertamente escribirá sus libros en griego”. A esta
altura había llegado ya la comunidad judía, de manera que "en el s.II
a.C. la judería alejandrina había conseguido un grado suficiente de
helenización como para crear literatura judía en griego”.
El ambiente que refleja la Carta es de comprensión mutua entre judíos y
no judíos. Por esto el autor judío se ha disfrazado de cortesano
egipcio (cf. 16), que hace propaganda en favor de la Ley judía y del
modo de vivir de los judíos. "Por otra parte, también el rey y sus
consejeros reciben un tratamiento muy digno y honorable. Es, sin duda,
el escrito apócrifo más favorable a los griegos y a su cultura. Las
diferencias entre griegos y judíos son aminoradas apuntando a un
objetivo: judíos y griegos pueden convivir tranquilamente con mutuo
beneficio”.
Independientemente del problema de si
Aristeas se dirige a griegos o judíos, la Carta es un alegato en favor
de la concordia. Con toda razón puede escribir V.Tcherikover:
"Especialmente interesante... fue el intento del autor de la Carta de
Aristeas de tender un puente sobre la sima que separaba a judíos de
griegos. Aristeas concibe el judaísmo idéntico en su mayor parte a la
filosofía griega, con la adición de la fe en un solo Dios. Desde este
punto de vista no había interno antagonismo entre judaísmo y helenismo;
todos tienen un solo Dios, conocido por los diferentes pueblos por
diferentes nombres y por los griegos como Zeus. Los judíos deben
adquirir una educación griega y abandonar los básbaros rasgos de su
carácter, pero al mismo tiempo deben adherirse con todo su corazón a la
Ley de Moisés (con el ropaje griego de los LXX), que contiene nobles
elementos filosóficos. En la vida diaria también los dos pueblos deben
acercarse más el uno al otro. Las ideas expresadas por primera vez por
Aristeas en el siglo II a.C. fueron repetidas al comienzo del período
romano con especial énfasis y con argumentos mucho más profundos por el
más grande de los filósofos judíos, por Filón. Él también comprendió que
su principal tarea era la de tender un puente entre el Helenismo y el
Judaísmo y también consideró el Judaísmo como una alta filosofía que
podía avenirse con el Helenismo sin dificultad”.
El judaísmo alejandrino siguió avanzando en esta dirección y más
adelante dará frutos espléndidos como el Libro de la Sabiduría y la obra
de Filón. De otros autores sólo nos han llegado fragmentos fragmentos
insignificantes de sus obras. Del estudio de estas reliquias del pasado
literario judeo-alejandrino nos vamos a ocupar en el apartado siguiente.
Otros autores judíos alejandrinos.
Hemos lamentado más de una vez que se hayan conservado tan pocos
testimonios de literatura judeo-helenista de esta época tan floreciente
de Alejandría. Además del grandioso monumento de la Carta de Aristeas,
que acabamos de estudiar, y del Libro de la Sabiduría, contamos con
otros esporádicos testimonios. V.Tcherikover decía que "Aristeas quería
escribir historia, pero de hecho describe su propio tiempo”. Lo mismo se
puede y se debe decir de todos los escritores y, en su parte
proporcional, de los escrito res judeo-helenistas alejandrinos que
conocemos parcialmente por los fragmentos de sus escritos. Como escribe
J.Leipoldt: "Dichos escritos revelan... las múltiples facetas de la vida
y de los esfuerzos culturales judeo-helenistas, precisamente por el
hecho mismo de no haberse conservado de los mismos sino exiguos restos”.
Después de la época tranquila y favorable que refleja la Carta de
Aristeas los judíos de Alejandría van a tener que superar continuamente
pruebas de acoso y hasta de persecución. Desde que el historiador y
sacerdote egipcio Manetón escribió su historia de Egipto (ca. 270-250
a.C.), en la que denigraba al pueblo judío, se creó una corriente de
falsas acusaciones y calumnias: "Presentaban al pueblo judío como un
pueblo sin el mérito de una gran antigüedad, sin logros culturales, sin
culto a la divinidad, sin un verdadero amor a los hombres, como enemigo
de la sociedad humana y seguidor de usos ridículos”. Los escritores
judíos de Egipto tuvieron que responder a tales acusaciones e infundios
no siempre con serenidad ni con la simplicidad de los hechos. Seguían
también en esto las costumbres de la época, aunque no con la elegancia
de los escritores helenos y helenistas, como vamos a ver por la breve
presentación de los principales testimonios judeo-alejandrinos que
poseemos. Seguimos, en parte, la divisipon y el orden de E.Schürer.
a. Literatura histórica.
Los judíos cultos de Alejandría seguían atentamente los gustos
literarios y culturales de la época. A este gusto y talente del tiempo
helenístico pertenece el aprecio por el sentido histórico. "Pertenece a
la cultura del tiempo que uno conozca la historia del pasado. Y un
pueblo sólo puede pretender ser contado entre los pueblos cultos, si
puede ostentar una historia antigua y respetable”. Por esto se afanarán
los judíos por mostrar las raíces profundas de su historia y la gloria
sin par de sus antepasados; donde no lleguen los documentos escritos de
sus libros sagrados o la memoria siempre renovada de sus tradiciones,
suplirá con creces una fantasía desmedida.
En este apartado hay que reseñar los autores siguientes
--
Demetrio, es el primer exégeta y cronógrafo judío alejandrino,
contemporáneo de Tolomeo IV Filópator (221-205 a.C.) y el primer testigo
de una nueva forma de interpretar la sagrada Escritura
-dificultades y respuestas-, y del midrás helenístico que tanto va a
prosperar entre los judíos helenistas. De él dice J.Leipoldt "que
trabajó sobre la historia bíblica con concisión y sobriedad, de un modo
cronográfico”. Si lo comparamos con autores que le seguirán, vemos que
"es un espíritu exigente”, nada exagerado.
-- Artápano. Muy
diferente del anterior es el juicio que debemos hacer de Artápano.
Probablemente vivió en Alejandría alrededor del año 100 a.C. Según el
testiomonio de Alejandro Polihístor, que nos ha transmitido los
fragmentos, escribió un libro: Judaica (Fragm.I) o Sobre los judíos
(Fragm. II y III).
N.Walter lo considera más un novelista que un
historiador. Moisés (en Fragm.III) no es para él el legislador de los
judíos, sino el héroe de su pueblo. A Artápano no le preocupa lo más
mínimo el sentido literal de la Escritura. Abrahán enseña al rey de
Egipto la astrología (Fragm.I); José ordena la división y el reparto de
las tierras de Egipto; pero Moisés es su héroe para gloria de su pueblo,
Artápano lo equipara con el dios Tot-Hermes. También lo hace maestro de
Orfeo (Musaios) y de todo el pueblo de Egipto, ya que le enseña las
artes de la guerra y de la paz: la navegación, el cultivo de la tierra,
la escritura, la administración, etC.; introduce además el culto a las
divinidades egipcias, aun las más despreciables. La fantasía de Artápano
no tiene fronteras.
Sin embargo, no deja de ser judío de
corazón, aunque en su religión sea sincretista: "Aristeas habla del Zeus
griego como de la una y única divinidad, idéntica al Dios de Israel. El
autor judío Artápano fue aún más lejos que Aristeas, al hacer de Jacob y
de sus hijos constructores de templos y a Moisés el fundador del culto a
los animales sagrados en Egipto”.
--Jasón de Cirene y 2 Mac.
Sabemos por 2 Mac 2,23 que un tal Jasón de Cirene escribió una obra en
cinco libros, que trataba de la sublevación de los Macabeos hasta la
purificación del templo de Jerusalén. La tarea que se impone el autor de
2 Mac es la de resumir en un solo volumen los cinco libros de Jasón. La
obra de Jasón era estrictamente histórica, como lo da a entender el
autor de 2 Mac, al comparar su trabajo con el de Jasón: "Para quienes
hemos emprendido la penosa tarea de hacer este resumen no ha sido un
trabajo fácil, sino de sudores y vigilias... Soportaremos con gusto esta
fatiga; y dejando al historiador aquilatar cada detalle, nos
esforzaremos por seguir las normas de un resumen" (2 Mac 2,26-28). "Al
historiador principal le toca meterse a fondo en los sucesos, explayarse
en ellos, estudiar críticamente todos sus pormenores; en cambio, al que
hace una adaptación se le permite una exposición concisa, renunciando a
hacer una obra exhaustiva" (2 Mac 2,30s).
La intención del autor de 2
Mac es, sin duda, teológica, seleccionando, readaptando y reelaborando
los materiales de Jasón de Cirene; algo así como la del Cronista en los
libros de las Crónicas con relación a los libros históricos precedentes,
especialmente de 2 Sam y 1-2 Reyes. Consigue su propósito ofreciendo
"entretenimiento a los que se contentan con una simple lectura" (2 Mac
2,25). Los gusto cambian, pues mientras el autor piensa que ha escrito
"una obra literaria, donde el estilo variado es un placer para el oído
del lector" (2 Mac 15,39), a nosotros nos parece que ha recargado la
historia con relatos inverosímiles y tediosos.
Según el
parecer de los especialistas, tanto 2 Mac como su fuente Jasón de Cirene
escriben en griego, y lo más probable para los judíos alejandrinos poco
antes del año 100 a.C.
-- 3 Macabeos. A pesar de llevar su
nombre, este libro no se relaciona con los Macabeos. Su composición "se
data en el último tercio del siglo I a.C.; procede de Egipto, del
judaísmo helenístico -incluso en el estilo- y con ribetes apologéticos.
El género literario es el llamado historia patética, escrita en griego
retórico”.
El ambiente que refleja el libro es de persecución
antijudía y por esto su tono es apologético. "Podemos afirmar que 3 Mac
pertenece a la literatura apologética que se origina en el siglo II a.C.
en el ámbito helenístico, y dentro de él, a las obras escritas en
Alejandría, como la historia de Jasón de Cirene compendiada en 2 Mac,
Arist, la obra -perdida casi por entero- de Aristóbulo o, dentro ya de
la tradición bíblica, los libros 2 y 4 Mac y algunas partes de Dn, Est, 3
Esd, Sab y OrMan. Sin embargo, 3 Mac se integra también en una
tradición historiográfica que encuentra sus antecedentes en el Antiguo
Testamento, en aquellos libros que relatan las guerras de Israel y
muestran la acción de Dios y su protección sobre el pueblo elegido.
Desde este punto de vista, 3 Mac está en la misma línea que 1 y 2 Mac,
salvando la notable diferencia de que aquí se trata de una persecución y
no de una guerra. Todo ello hace que su inclusión entre los libros de
los Macabeos no resulte demasiado extraña, sin necesidad de recurrir a
la hipótesis de que 3 Mac sea la introducción a una historia general de
los macabeos”.
La tradición judeo-alejandrina en la literatura histórica tendrá un excelente continuador en Filón.
b. Literatura exegético-filosófica.
Es difícil, y a veces no corresponde a la realidad, clasificar a los
autores judeo-alejandrinos o en el apartado de la literatura histórica o
en el de la exégesis, de la filosofía o de la sabiduría. Porque pueden
pertenecer a todos estos géneros literarios y formas de expresión. Nos
fijamos , sin embargo, en sus notas más características. Con todo, lo de
menos es la etiqueta puramente exterior. Por esto continuamos la
enumeración de autores sin necesidad de más explicaciones.
--
Aristóbulo, judío alejandrino, es "un filósofo helenístico en sentido
propio”, que "conoce y cita explícitamente a los filósofos griegos
Pitágoras, Sócrates, Platón y está familiarizado con sus concepciones
como un especialista”. Si es verdad que Aristóbulo filosofa, no se
puede adscribir a una corriente o escuela filosófica definida, más bien
es un ecléctico y sincretista.
Temporalmente hablando
Aristóbulo es el primer filósofo judío helenista, porque el mayor de
todos es Filón; aunque algunos lo han puesto en duda. Aristóbulo es
anterior a Filón, como ahora se opina generalmente: "En realidad, no
presupone Aristóbulo el antecedente de Filón en modo alguno, y en el
caso de la carta Pseudo-Aristeas, la relación de dependencia es
precisamente la inversa. Aristóbulo denota, sobre todo en la alegoresis,
un estadio claramente anterior al de Filón e incluso al de la carta del
Pseudo-Aristeas: Aristóbulo no emplea todavía términos fijos, desconoce
la generalización del segundo sentido de la Escritura y no presupone,
como Filón, ninguna tradición exegética de alegoresis culta”.
Así,
pues, Aristóbulo vivió y escribió alrededor de 170-150 a.C. o, como dice
N.Walter, "hacia la mitad del s.II a.C. durante el final del reinado de
Tolomeo VI Filométor <180-145>“.
Es una
preocupación constante de los autores judeo-helenistas intentar
demostrar la antigüedad de la sabiduría de su pueblo, de tal manera que
con frecuencia llegan a afirmar que los más antiguos poetas y filósofos
griegos se han inspirado en Moisés, o que el origen de toda la cultura y
la ciencia está en los patriarcas del pueblo judío. Los autores
generalmente creen que Aristóbulo también está preocupado en transmitir a
sus lectores griegos esta tradición inventada por el afán apologético y
propagandístico. N.Walter va contra corriente al afirmar que no es ésta
la verdadera intención de Aristóbulo, sino que ella se debe a una
interpretación errada de Clemente de Alejandría, propagada después por
Eusebio, del que la han tomado los modernos.
Aristobulo fundamentalmente es un intérprete del Pentatueco o Ley judía,
un exégeta. Por esto él comprende que su tarea es la de interpretar la
Ley mosaica de una manera adecuada a los lectores griegos cultos, sin
olvidar a sus hermanos en la fe, los judíos helenizados. No duda en
aplicar en su labor exegética los métodos que los filólogos y filósofos
griegos empleaban en las escuelas de Alejandría para explicar a Homero y
a otros antiguos poetas: los métodos alegóricos, especialmente al
tratar los antropomorfismos bíblicos. "Se puede pensar muy bien que fue
Aristóbulo quien introdujo la alegoresis en la interpretación de la
Torá”.
Aristóbulo es un magnífico testimonio de los
escritores judeo alejandrinos que lucharon noblemente por hacer
compatibles helenismo y judaísmo, sin necesidad de renunciar a lo
central del pueblo judío, su Ley. De él a Filón hay que recorrer un
largo camino, en el cual encontramos hitos tan importantes como la Carta
de Aristeas y el Libro de la Sabiduría. Así, de nuevo, encontramos a
nuestro libro en nuestro recorrido a través de los escritores
judeo-helenistas alejandrinos.
-- Escritos sibilinos: son un
conjunto de escritos, producidos durante al menos seis siglos (desde
siglo II a.C. hasta el IV d.C.), que se atribuían a diferentes Sibilas o
mujeres que pronunciaban oráculos en estado de éxtasis sobre sucesos
futuros. Todos ellos fueron escritos en hexámetros griegos, por lo que
es evidente el influjo de la cultura griega.
El
género literario es el oracular o profético. "Evidentemente no estamos
ante un género literio puro, sino ante una recopilación de profecías (ex
eventu) que, como elemento unificador... no tiene más que la forma de
su versificación, aparte de algunos rasgos de estilo y la orientación
apocalíptica, así como de su atribución a la sibila”.
El origen y punto de partida de esta literatura es pagano.
"Probablemente nació en Irán y se desarrolló entre los griegos, al
parecer en la época que va de Hesíodo a Heráclito”. "La importancia de
las sibilas creció desde el siglo II a.C., particularmente en Egipto.
Primero los judíos y después los cristianos adoptaron este género de
literatura pagana para fines propagandísticos de su respectiva
religión”; pero los judíos abandonaron esta literatura y lo que habían
recopilado de ella en mano de los cristianos, al utilizarla éstos en su
propaganda religiosa.
Al principio se conocía sólo una
sibila; con el paso del tiempo se contaron hasta 30. Aunque las Sibilas y
los escritos sibilinos pululaban en Oriente y en Occidente, "hoy día
existe unanimidad en situar el punto de partida de esta recopilacion de
oráculos en la comunidad judía de Alejandría, que, como es sabido,
constituye un núcleo cultural floreciente en la época helenística”.
La colección de los libros sibilinos consta de XIV libros numerados,
pero en realidad son XII, pues faltan el IX y el X. Para nuestro
propósito sólo interesa el libro III, que, por otro lado, es el más
largo (829 versos) y el más importante en cuanto al contenido. "Hasta el
v.96 se extiende la parte más reciente; el resto pertenece al siglo II
a.C. El libro procede del judaísmo egipcio, probablemente del reinado de
Tolomeo VI. Pero el espíritu de muchos de sus hexámetros es el del
judaísmo palestinense: sus amenazas contra las naciones se parecen en
acritud a las amenazas de juicio de los profetas y a las que encontramos
en los apócrifos palestinenses; no destaca precisamente en este libro
el espíritu afable hacia los extranjeros propio de los escritos judíos
helenísticos”. G.W.E.Nickelsburg escribe: "El libro III manifiesta una
notable franqueza con los gentiles y muy bien puede haber sido escrito
para que fuera leído por ellos. Emplea formas literarias griegas y se
inspira en motivos de la mitología griega”.
Si
prescindimos de las interpolaciones seguras o probables de época muy
posterior (cf. vv.350-355.464-469.776), el libro III fue compilado por
un judío alejandrino alrededor del año 140 a.C.
Así,
pues, con los escritos sibilinos, y en especial con el libro III, se nos
manifiesta esa "fermentación intelectual del judaísmo helenizado a lo
largo de los siglos II y I antes de nuestra era”.
Manifestaciones de la "fermentación intelectual del judaísmo helenizado"
se encuentran en todas partes donde existen comunidades judías bien
organizadas y arraigadas. Así debió de suceder especialmente en el
ámbito asiático. De manera indirecta el estudio de esta literatura
judeo-helenista podría también servirnos para nuestro propósito, dado el
gran intercambio intelectual que mantuvo Alejandría con todo el ámbito
helenístico. Pero renunciamos a él deliberadamente.
El
libro IV Mac no lo presentamos como obra alejandrina, aceptando el común
sentir de los autores, aunque tenga puntos de contacto con el libro de
la Sabiduría, siendo muy dudosa la fecha de su composición (entre 70
a.C. y 118 d.C.).
Lo que sí queremos subrayar al
final de este Apéndice III es que las tendencias que hemos descubierto
en los escritos judeo-alejandrinos estudiados llegaron a su culminación
en obras subsiguientes y que afortunadamente poseemos; éstas son el
libro de la Sabiduría y la inmensa y polifacética obra de Filón.
Como colofón de todo lo que hemos dicho, porque resume muy bien el
ambiente de la comunidad judía de Alejandría en el perído del cambio de
era, aducimos las palabras de C.Larcher a propósito de Filón: "Filón
depende de una tradición exegética bastante compleja y se encuentra en
la confluencia de diferentes corrientes. Antes de él y de su tiempo, los
judíos cultos de Alejandría se esforzaban de múltiples maneras por
hacer viva y actual la Ley. En las sinagogas se leían sucesivamente las
secciones del Pentateuco y se comentaban con ayuda de una tradición
oral. El género homilético también se practicaba, imitando quizá los
discursos moralizantes de los oradores o de los filósofos ambulantes. El
estudio del texto sagrado continuaba en las escuelas judías, que
enseñaban al mismo tiempo las disciplinas griegas elementales. En fin,
las relaciones entre Alejandría y Judea eran constantes y los doctores
palestinos (sobre todo los fariseos) se esforzaban por ganar más y más
para sus ideas a los judíos de la Diáspora: en consecuencia se hacía
sentir más y más la presión de una exégesis que se constituía
progresivamente y se diversificaba en halaká y haggadá. Un midrás
helenístico se había formado poco a poco por analogía con el midrás
palestino y dependiendo de él; pero había evolucionado de manera
original, porque buscaba hacer accesible la Biblia a los espíritus
impresionados o formados por la cultura griega”.
La
tradición judía no se perdió, sin embargo, a partir del siglo II de
nuestra era; íntegramente fue heredada y asumida por la escuela
cristiana de Alejandría, el foco más potente del pensamiento cristiano
en los primeros siglos del cristianismo.
Francisco Javier Cervigon Ruckauer
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