Libro de la sabiduría III.
Invocación a Dios y transición (15,1-6)
15,1 Pero tú, Dios nuestro, eres bueno y fiel,
tienes mucha paciencia y gobiernas el universo con misericordia.
2 Aunque pequemos, somos tuyos, reconocemos tu poder;
pero no pecaremos, sabiendo que te pertenecemos.
3 Conocerte a ti es justicia perfecta,
y reconocer tu poder es raíz de la inmortalidad.
4 No nos extraviaron las malas artes inventadas por los hombres,
ni el trabajo estéril de los pintores
-figuras realizadas con manchas polícromas-;
5 su contemplación apasiona a los necios,
que se entusiasman con la imagen sin aliento de un ídolo muerto.
6 Están enamorados del mal y son dignos de tales esperanzas,
tanto los autores como los entusiastas y los adoradores.
15,1-6.
La perícopa ofrece un fortísimo contraste con el contexto precedente;
es como llegar a un oasis vivificante después de caminar por un desierto
desolador. Su unidad se descubre por el análisis interno y por las
referencias externas. Corresponde estructuralmente a 14,10: las dos
perícopas encuadran la parte central de la digresión, a saber,
14,11-31. 15,1-3 y 14,3-6 son las únicas oraciones que se dirigen a
Dios en cc.13-15: "Las dos perícopas terminan con enumeraciones
análogas, condenando una al ídolo y al idólatra, la otra a toda clase de
idólatras".
La perícopa consta de dos partes: Invocación a Dios (v.1-3) y transición (v.4-6).
1-3.
El autor se dirige directamente a Dios en segunda persona (cf. 14,3-6).
A la bondad y misericordiosa fidelidad de Dios corresponde la fidelidad
de Israel, que se reconoce propiedad del Señor. Se especifican también
las relaciones entre Israel: nosotros, y Dios: tú.
1.
De forma repentina, con un apóstrofe, el autor interrumpe el discurso;
la conjunción adversativa de / manifiesta el fuerte contraste entre los
ídolos sin vida e impotentes de los gentiles (cf. 14,29-31) y el Dios
vivo y personal: Tú, entre la situación de condena de los idólatras (cf.
14,30s) y la condición de privilegio del pueblo que Dios se ha escogido
como suyo. La forma dialogal de las oraciones revela también el hondo
sentimiento del orante, el autor, que proclama su fe confiada en el Dios
que ha elegido a su pueblo, del que se siente solidario: Dios nuestro.
El
autor se siente también orgulloso de formar parte de ese pueblo
-nosotros-, que se distingue de los demás por la fe en el Dios único y
verdadero. El vocativo Dios nuestro le era familiar al autor, pues la
misma expresión se repite en oraciones de la Biblia en griego,
especialmente en contextos penitenciales (cf. 2 Esd 9.10; Sal 99,8; Is
26,12s; Jer 3,22; Bar 2,12.15.19.27; 3,6; Dan 9,15).
Siguen
cuatro predicados (tres adjetivos y un participio), que son cuatro
manifestaciones del mismo Dios. El texto fundamental en el que se
inspira nuestro autor es Ex 34,6: "El Señor pasó ante él <Moisés>
proclamando: El Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente,
misericordioso y fiel" y en su contexto, aunque no de una manera servil
ni exclusiva. Eres bueno: atributo divino por excelencia, como
manifiesta su obra, la creación entera (cf. 11,24-26), y demuestra con
largueza la historia real de su pueblo Israel y la de todos los otros
pueblos (cf. 12,15-22). El adjetivo xrhsto /$ no está en Ex 34, 6,
pero, aplicado a Dios y como traducción del hebreo tôb: bueno, es
frecuente en los Salmos, no así fuera de ellos. Fiel: que mantiene su
palabra y cumple perfectamente sus promesas. Dios se ha revelado así
también roca segura en quien se puede confiar; jamás ha faltado a su
palabra (cf. 3,9). Por la fe en la fidelidad divina el pueblo israelita
pudo superar todas las pruebas de su historia. En Ex 34,6 a ~lhqino /$
con el mismo significado (cf. también Núm 14,18 y Sal 86,15).
Que
tiene mucha paciencia, por la misericordia y anchura de corazón (cf.
11,23-12,2; Rom 2,4); también está en Ex 34,6 y en pasajes paralelos e
inspirados en él (cf. Núm 14,18; Neh 9,17; Sal 7,11; 86,15; 103,8;
145,8; Eclo 2,11; 5,4; Joel 2,13, etc.).
Gobiernas el universo
con misericordia: como buen padre de familia, Dios gobierna el mundo. El
aspecto de la misericordia está sin duda inspirado en Ex 34,6. La
fórmula dioikei =n ta % pa /nta ya la ha utilizado el autor en 8,1b, y
pertenece al vocabulario preferido de los estoicos, aunque no es de uso
exclusivo de ellos. Como sabemos, el pensamiento estoico es panteísta y
materialista. El autor de Sab, sin embargo, conserva pura la idea de
Dios personal y trascendente, como en todo el Antiguo Testamento. La
nueva formulación en términos estoicos transmite la doctrina tradicional
en Israel de la omnipresencia divina y de su actividad universal (cf.
Sal 139; Is 6,3; Jer 23,24, etc.), especialmente manifiesta en la
historia del pueblo de su alianza; con misericordia, aspecto que
resalta en Ex 34,6-7 y paralelos.
2. El autor habla
como miembro del pueblo; su voz es eco del pueblo. Israel y cada uno de
sus hijos es posesión especial de Yahvé: somos tuyos, por la alianza que
han contraído (cf. Sal 135,4; Ex 19,5; Jer 3,24; 11,4) y que se
mantiene firme hasta el final de los tiempos (cf. Jer 24,7; 31,33; Ez
34,24).
La infidelidad posible al pacto por parte del
pueblo: aunque pequemos , no le sustrae del dominio de Dios, pues Dios
es el Señor absoluto de toda la tierra y de sus habitantes (Sal 24,1),
aunque lo sea de una forma particular de Israel, porque Dios lo ha
elegido entre los demás pueblos y porque el pueblo ha preferido seguir
al Señor, reconociendo su señorío y poder soberano. Por su poder
omnipotente Dios puede restablecer la gracia y amistad que el hombre
pecador destruye; por su misericordia el Señor de hecho se ha mostrado
perdonador y benevolente.
Que la omnipotencia divina
no sea incompatible con su misericordia, sino todo lo contrario, es
pensamiento familiar al autor (cf. 11,23-12,2). Pero no pecaremos: el
autor parece que quiere corregir la hipotética concesión de v.2a; es más
un firme propósito, un deseo que una certeza, causadas por el
conocimiento fundado en una larga experiencia religiosa de que en
realidad somos algo de Dios, que te pertenecemos o hemos sido contados
por ti como cosa tuya (soi /).
Si en v.2a el autor aludía
veladamente al pecado de idolatría del pueblo en el desierto, en v.2b el
no pecaremos parece que debe interpretarse con relación a la idolatría.
El pueblo judío se siente obligado a dar testimonio de su fe monoteísta
en medio de los paganos que además de politeístas son idólatras.
3.
El verso profundiza más en la misma línea comenzada ya en v.2.
Conocerte: no se trata de un mero conocimiento teórico de Dios, sino de
un conocimiento que expresa la orientación total de la persona con Dios.
El
v.3, construido según la técnica del paralelismo sinonímico, contiene
cuatro términos que, aunque no son totalmente idénticos, se relacionan
íntimamente: conocer a Dios, perfecta justicia, reconocer el poder
soberano de Dios, raíz de inmortalidad.
El justo "posee
el conocimiento de Dios" (2,13a). En efecto, el que conoce a Dios y
vive según las exigencias morales y religiosas de este conocimiento, ése
es el que le agrada y se puede llamar justo (cf. 3,9); mucho más en
medio de un mundo que lo desconoce y que por ello está sumido en un caos
de sangre y de crímenes (cf. 4,10-15; 14,22.25.27). Se corresponden,
pues, conocimiento de Dios y justicia del hombre. Pero según leemos en
1,15: "la justicia es inmortal”, y solamente los justos alcanzarán la
vida que no acaba (5, 15a). Así que también hay correspondencia entre la
justicia del hombre y la inmortalidad.
La
relación entre el conocimiento-reconocimiento del poder soberano de Dios
y la inmortalidad se descubre al releer lo que hemos dicho a propósito
de 15,2. Reconocer la soberanía de Dios es, entre otras cosas, la
aceptación del señorío de Dios en la vida, y su proclamación ante los
demás pueblos es la puesta en práctica de la voluntad expresa del Señor
en sus preceptos y mantener la palabra dada en la alianza. El que esto
hace, vivirá para siempre. Lo que en Dt 30,15-20 era una promesa de
larga vida, se ha convertido en Sab en promesa de eternidad (tesis de la
primera parte de Sab). Así puede decir con razón el autor en v.3b que
reconocer o acatar tu poder soberano es raíz, causa de inmortalidad.
La
relación entre el conocimiento del poder de Dios y la inmortalidad es
quizá más sutil, pero se mueve dentro de las categorías bíblicas. La
muerte es el supremo enemigo del hombre; nadie puede escapar a su poder,
entronizado en el seol o morada de los muertos (cf. Gén 37,35; Sal
55,16; Prov 1,12; Sab 2,1). La muerte personificada tiene también un
poder fatal sobre los vivos (cf. Jer 9,20; Os 13,14, etc.): el poder de
Yahvé, sin embargo, subyuga las potencias de la muerte y libera de su
dominio (cf. Sal 49,16; 139,8; Prov 15,11; Dt 32,39; 1 Sam 2,6),
doctrina expresa en Sab 16,13. La experiencia y certeza de este poder
divino -el conocimiento de su poder-, destructor de las fuerzas
disolventes de la muerte, experimentado en la historia salvadora del
pueblo, hace posible nuestra inmortalidad.
Los dos
esticos aisladamente tienen sentido propio, pero relacionados, como
están aquí, se complementan: conocer el poder de Dios es conocerle, y la
perfecta justicia dice relación directa con la inmortalidad o unión
escatológica del justo con Dios.
4-6. Estos versos
sirven de transición. 15,1-3 trataban de las relaciones entre Dios e
israel; en v.4-6 ya no se habla de Dios, sino de los idólatras (una sola
vez de Israel, cf. nos en v.4a).
"La primera parte
<v.1-3> está dominada por verbos de conocer-reconocer (cuatro) y
se opone a la 'necedad' de la segunda parte <v.4-6>; mientras el
reconocimiento es consciente y sobrio, la necedad es entusiasta e
inconsciente”.
La unión de estos versos con 15,1-3 es manifiesta y
múltiple. La partícula ga /r en v.4a engarza causalmente el v.4a con
lo que precede; el pronombre personal nos (h ?ma =$: v.4a), remite al h
?mw =n de v.1a; por contraste el sin aliento y un ídolo muerto de
v.5b a la inmortalidad de v.3b.
4. Frente a la turba
de adoradores de ídolos los adoradores de Yahvé: nos. ¿Quién son estos
nosotros? El autor se refiere a su tiempo y se identifica con lo que
sería "el resto" aunténtico del Israel histórico, el núcleo
representativo del pueblo elegido, heredero del "pueblo santo" (10,15)
de los tiempos antiguos. Este pueblo no ha claudicado ante el atractivo
de los ídolos, ni lo ha extraviado "la invención malvada de los
hombres”, sus malas artes, que se han concretado en la fabricación de
estatuas-ídolos (cf. 14,12ss), ni las obras de arte de los pintores.
El
autor no puede olvidar los preceptos de la Ley que prohíben la
fabricación de imágenes representativas de lo divino, de lo humano y de
lo infrahumano (cf. Ex 20,4; Dt 4,15-18; Lev 19,4). Ya ha recordado,
además, la malsana intención de muchos artistas (la ambición y el lucro,
la adulación, etc.). Tampoco podía ignorar la corriente, dentro del más
puro helenismo, que despreciaba las artes plásticas. De estas formas de
pensar ambientales, tan acordes con el espíritu judío, aunque no fueran
las más extendidas, se vale el autor en su tratado contra la idolatría.
Las imágenes y dibujos murales generalmente eran policromados (cf.
13,14).
5. El autor se refiere a un tema conocido en
el helenismo. Tenemos abundantes testimonios que confirman las
aberraciones sexuales cometidas con imágenes veneradas.
Imágenes
sin aliento: el elemento helenístico está unido al bíblico (cf. Jer
10,14; 51,17=LXX 28,17; Hab 2,19; Sal 135,17). Un ídolo muerto (cf.
13,10.18). En 1,16 los impíos son cautivados por el amor de la muerte;
aquí los necios, por el amor de una imagen.
6.
Enamorados del mal: porque los ídolos son un mal en sí y porque de la
idolatría provienen tantos males (cf. 14,11-31). Las reminiscencias de
pasajes anteriores, como hemos visto en v.5b, continúan en v.6. Los
enamorados del mal se oponen a los amantes de la Sabiduría en 8,2.
Dignos
de tales esperanzas: el objeto de la esperanza son las imágenes muertas
(cf. v.5). El que ama se identifica con el objeto de su amor; por esto
los idólatras, como los impíos de 1,16b, son dignos de pertenecer a la
muerte (cf. Sal 115,8; 97,7).
El v.6b contiene una
enumeración ascendente de todos los tipos de idólatras, de los que ha
tratado con anterioridad y que ya han sido condenados juntamente con los
ídolos (cf. 14,8-9). Los autores o fabricantes (cf. 14,10: inclusión);
los entusiastas y por último los adoradores, que representan a todos
los veneradores de falsas divinidades o de ídolos, de los que el autor
ha venido tratando desde 13,1.
El v.6 sirve de transición, pues introduce en la siguiente perícopa del alfarero idólatra.
El alfarero y los ídolos de arcilla (15,7-13)
15,7 En efecto, un alfarero se afana amasando la arcilla maleable;
moldea cacharros para nuestro servicio,
pero con el mismo barro modela por igual
vasijas destinadas a menesteres nobles e innobles;
el destino de cada una
lo decide el barrero.
8 Malogrando su trabajo, modela con el mismo barro un dios falso,
el que poco antes nació de la tierra,
para volver en breve allí de donde lo sacaron,
cuando le reclamen la vida prestada.
9 Pero le trae sin cuidado tener que agotarse
y que su vida sea efímera;
compite con orfebres y plateros,
plagia a los escultores en bronce
y tiene a gala modelar réplicas.
10 Su mente es ceniza; su esperanza, más mezquina que la arcilla,
y su vida vale menos que el barro;
11 pues no reconoció a quien lo modeló a él,
le infundió un alma activa
y le sopló aliento vital,
12 sino que consideró la vida como un juego,
la existencia como una feria de negocios;
"hay que sacar partido -decía- de lo que sea, hasta del mal”.
13 Este más que nadie sabe que peca:
el que fabrica con materia terrosa vasijas frágiles y estatuas.
15,7-13.
La estrofa constituye una nueva unidad, una perícopa determinada por el
tema: el alfarero y los ídolos de arcilla, y por dos inclusiones:
tierra - tierra (v.7a y v.13b) y vasijas (v.7d y 13b).
En
la composición estructural del conjunto 13,10-15,13 la unidad 15,7-13
corresponde a la perícopa del carpintero (13,19-19), a la que hace
repetidas alusiones. Se distingue de 13,10-19 principalmente en que el
carpintero fabrica un ídolo de madera para satisfacer su devoción
particular; el alfarero de 15,7-13, en cambio, es cínico y ambicioso,
hace ídolos de barro impulsado no por la devoción personal, sino por el
deseo de ganancias. En el ejemplo de 13,10ss apenas se fijó el autor en
la persona misma del carpintero; su atención principal se centraba en
el ídolo, fabricado con los residuos de la madera, que hacía de
providencia. en el caso del alfarero el centro de la atención se ha
desplazado: es el alfarero mismo que juega a ser demiurgo y, a través de
él, hay que juzgar el fruto de su trabajo, el ídolo de barro.
La
perícopa del alfarero, dentro del tratado sobre la idolatría, tiene,
pues, una significación propia: acentúa magistralmente la inanidad de
los ídolos de arcilla y, sobre todo, la culpabilidad de su hacedor el
hombre.
7-9. Estos tres versos describen la actividad
del alfarero o trabajador en arcilla, actividad útil y laudable en
v.7ab, pero reprensible en v.7c-9.
7. Este verso se
presenta como el inicio de la ilustración o prueba del final del v.6:
los fabricantes de ídolos; de aquí su comienzo: que debe traducirse: y
en efecto.
Se afana amasando: que amasa laboriosamente la tierra
suave, la arcilla. El autor describe en estos dos primeros esticos el
laborioso trabajo del alfarero, sin indicios de crítica alguna.
La
imagen del alfarero que trabaja la arcilla en su taller debió de ser
muy familiar en todos los pueblos desde el descubrimiento de la
cerámica. Aún hoy día llama la atención su destreza en el modelado del
barro bien preparado. Jer 18,2-4 y Eclo 38,29s nos describen al alfarero
en plena acción.
El tema del artesano que de la misma
materia fabrica utensilios u objetos para usos nobles y comunes, santos y
profanos (cf. 13,11-13), es también un tópico helenístico. Horacio
escribe satíricamente: "Era yo en otros tiempos un tronco de higuera, un
leño inútil, cuando un artesano, dudando de si hacer conmigo un
taburete o un Príapo <dios rústico de origen asiático>, prefirió
convertirme en el dios. Dios desde entonces, soy el supremo terror de
ladrones y aves..." . El mismo tópico será explotado por los apologetas
cristianos: "En cuanto a vuestras estatuas o simulacros, yo no veo otra
cosa que materias gemelas de las de los vasos e instrumentos comunes, o
bien materia que proviene de esa misma vajilla y mobiliario, aunque
cambiada de destino por la consagración, merced a la libertad del arte,
que cambia la forma. El alfarero o barrero es el árbitro; de su voluntad
depende que una misma materia sea ennoblecida o no por el uso a que
esté destinado el utensilio (cf. Bar 6,45).
8-9. Los
v.8-9 se relacionan muy estrechamente, llegando a formar una pequeña
unidad, no desligada de v.7. El autor reflexiona sobre el trabajo del
alfarero que modela ídolos de barro y comienza el juicio negativo que
culminará en v.10-13.
8. Comienza el verso con un kai
/ que parece marcar una sucesión temporal: "despues”. kako /moxqo$:
"trabajo malogrado" (!?), utilizado adverbialmente; aparece aquí por
única vez en toda la literatura griega; califica al hacedor de ídolos en
su malvado trabajo, o también, la misma acción del alfarero que modela
un ídolo de barro y, por eso, su esfuerzo es perverso, digno de
reprensión. Probablemente esta palabra ha sido acuñada por el autor a
semejanza de ka-ko /texno$ (15,4a) y hace juego con e ~pi /moxqon
(laboriosamente, afanosamente) de v.7a.
Un dios
falso, vacío, vano (cf. 13,1a), objeto del trabajo malogrado, malvado
del alfarero. Con el mismo barro con el que fabrica las vasijas y
utensilios domésticos (cf. v.7c). La naturaleza del dios de barro no
supera la de los cacharros más modestos de la cocina, por esto es un
dios falso. Dios, sin embargo, es "Dios verdadero" (12,27).
El
lenguaje del autor en v.8bc está tomado de la Biblia. Gén 2,7 y
3,19(LXX) fundamentan la tesis de que todo hombre viene de la tierra y a
ella vuelve (cf. Job 34,15; Ecl 3,20; 12,7; Eclo 41,10). Los autores
sagrados van más allá en la interpretación y se aplican a sí mismos los
textos que Génesis dice de Adán (cf. Job 10,8-9; 33,6; Is 64,7; Sal
103,14), y nuestro autor los aplica al modelador de ídolos, porque está
convencido de que puede aplicarlos a todo hombre. Concepciones parecidas
sobre el origen y destino del hombre pululan en el mundo greco-romano,
aunque los puntos de vista son muy diferentes.
La
imagen del movimiento circular: venimos de la tierra y pronto volveremos
a ella, expresa gráficamente lo efímero de la vida humana (cf. 2,1-2).
Pero el hombre no es sólo este ser, hijo de la tierra y destinado a
disolverse en ella. Por ser, al mismo tiempo que tierra, espíritu, puede
elevarse al ámbito de lo divino y entablar diálogo con Dios. El alma,
principio vital, proviene de Dios (cf. v.11; Gén 2,7), es como un
empréstito de Dios (cf. v.16).
También es frecuente
entre los griegos y romanos la concepción del alma como un préstamo,
como una deuda que se devuelve o se paga al morir: "La vida a nadie se
da en propiedad, a todos en usufructo”. Cuando "el espíritu vuelve a
Dios" (Ecl 12,), el hombre deberá rendir cuentas de su vida.
9.
El autor presenta al alfarero en plena acción, descubriendo las
motivaciones profundas y ocultas de su actividad febril. No le preocupa
que su trabajo sea agotador (cf. v.7a y 8a), ni que su vida, el tiempo
de su vida, sea breve. Lo que motiva al alfarero en su trabajo es el
ridículo afán de competir con artistas que modelan metales nobles.
Rivaliza con orfebres, plateros y escultores en la venta de su
industria. Las imágenes que modela el alfarero son cocidas al fuego y
recubiertas con barniz y pintura (cf. 13,14). No pretende vender
fraudulentamente sus ídolos, pues los compradores, comúnmente pobres, no
pueden pagar imágenes de precio elevado. Sus obras no son originales,
sino copias de estatuas famosas fundidas en bronce. Son, pues, réplicas
de mala ley, falsificaciones (cf. 2,16a), no tanto por representar
falsos dioses, como por pretender aparentar lo que no son.
10-13.
Comienza una nueva estrofa. En v.7-9 se describe la actividad del
alfarero; los verso 10-13 manifiestan el juicio condenatorio del autor y
las razones en que se funda.
10. Estilísticamente el
verso se distingue fácilmente de su contexto anterior y posterior.
Consta de tres sentencias nominales: la segunda y tercera son
comparativas con paralelismo sinonímico.
Ceniza,
arcilla o tierra y barro prácticamente son sinónimos. Su mente es
ceniza: es una cita textual de Is 44,20a, según la versión griega. El
contexto de Isaías es el mismo que el de Sab: se habla del fabricante de
ídolos. El corazón = la mente, en sentido bíblico es la sede de todos
los sentimientos y pensamientos; aquí está en lugar de toda la activiad
humana en cuanto tal, del entendimiento y de la voluntad, por eso guarda
paralelismo con esperanza y vida. La ceniza o residuos del fuego ya
apagado no sirve para nada; la mente o corazón del modelador de ídolos,
absorto en su innoble trabajo, es impotente para concebir ideas más
elevadas.
V.10a y 10b repiten paralelamente la misma
idea: la esperanza del alfarero idólatra es la ganancia, el negocio
lucrativo con medios ilícitos (cf. v.9c-e y 12); es despreciable, más
vil que la arcilla (tierra), entendida en sentido peyorativo (cf.
también 3,11b; 5,14a; 13,10a). De la misma manera negativa se juzga su
actitud ante la vida, digna de desprecio (cf. 3,17b; 4,19a; 5,4c;
12,24b). También aquí al barro se le atribuye una calificación negativa.
11.
Este verso corresponde al v.10 por su construcción trimembre: tres
participios paralelos que describen la acción creadora de Dios con
relación al hombre. Para la formulación de este verso el autor se
inspira libremente en Gén 2,7(LXX), pero se vale también de otros
pasajes de la Escritura y de corrientes de pensamiento helenistas.
Lo
que Gén 2,7 dice del primer hombre, el autor lo aplica al alfarero que
modela ídolos. En este punto ya hemos visto que otros autores sagrados
le han precedido (cf. Is 49,5; Jer 1,5; Job 10.8-9; Sal 119,73; 139,5;
Prov 24,12; Zac 12,1; también Sab 7,1 y 10,1).
La causa
fundamental de la aberración moral del alfarero modelador de ídolos es
el desconocimiento de su Hacedor (cf. 13,1ss). El que por profesión
modela el barro, desconoce que él mismo ha sido modelado y plasmado por
Dios. Dios es el Creador y Señor absoluto de los hombres, como lo es del
universo. El autor está familiarizado con esta verdad de fe, expresada
frecuentemente con la imagen de Dios alfarero del hombre; por esto se
extraña de que el alfarero profesional no reconozca al Señor que lo ha
formado. La misma postura mental se reflejaba en 13,1ss.
En
v.11bc se observa un paralelismo estricto. Los dos participios (a quien
infundió - a quien sopló) expresan la misma acción vivificadora de
Dios; alma activa y aliento vital corresponden a la misma realidad. El
alma activa es el principio que actúa en todas las operaciones vitales
del hombre; aliento vital es una expresión única en LXX, que se asemeja
mucho a la de Gén 2,7: pnoh %n zwh =$ (cf. también Gén 6,17; 7,15; Ez
37,5). Según la forma de pensar del autor, pneu =ma zwtiko /n es el
principio de las actividades superiores del hombre; no se puede
distinguir, al menos adecuadamente, de la yuxh / o alma (cf. v.8 y 16).
C.Larcher lo expresa así: "Una misma realidad sería, pues, designada
por dos términos de evocaciones diferentes...: yuxh / que recuerda el
dominio total del alma en el cuerpo, su influjo director y dinámico:
pneu =ma, que determina la naturaleza de esta alma, dependiente de la
expresión bíblica 'aliento de vida”, comunicado directamente por Dios
este pneu =ma guarda algo divino' salido de Aquel que es la fuente de
la vida y de una vida indefectible, no es sólo viviente y 'vivificante',
sino que es además una llamada a una vida superior, conforme al
verdadero destino del hombre”.
El autor tiene una concepción dicotómica del hombre, no la tricotómica de los platónicos.
12.
Lejos de reconocer el alfarero idólatra su origen superior y el destino
inmortal de la vida, considera a ésta superficialmente como un juego,
como una feria en la que lo que importa es la ganancia.
Debemos
afirmar que nuestra vida y la existencia son términos paralelos, con la
misma significación: nuestra vida humana con sus coordenadas concretas,
especialmente la de su duración.
El autor utiliza en
este verso lugares comunes de la literatura greco-romana. Que la vida
humana, el hombre, es un juego en mano de los dioses, lo afirma Platón:
"Pensemos que cada uno de nosotros, seres vivos, somos marionetas de los
dioses, fabricados ya para juguetes de ellos, ya con algún fin serio”;
"El hombre no es más que un juguete inventado por la divinidad".
Pero
nuestro autor no habla de los dioses, sino del alfarero, para el que la
vida es como un pasatiempo sin trascendencia, como un juego; también
para Suetonio que hace decir a Augusto el último día de su vida: a sus
amigos les preguntó "si les parecía que había representado bien su papel
en la comedia de la vida”.
Es más frecuente el uso de la comparación de la feria para hablar de la vida, y toda feria implica negocios.
El autor pone en boca del alfarero en v.12c la formulación
del principio que rige el proceder cínico de los traficantes sin
conciencia.
Con palabras nítidas, sin metáfora
reprueba el autor la doctrina que en los clásicos constituía el tópico
non olet: el dinero no tiene mal olor, venga de donde venga; "Haz
dinero, dinero, honestamente si puedes, si no de la manera que sea".
Suetonio dice de Vespasiano: "Su hijo Tito le reprochó que se le hubiera
ocurrido establecer un impuesto sobre los orines, pero Vespasiano puso
bajo sus narices el dinero procedente de la primera recaudación y le
preguntó si olía mal y, al contestar éste que no, replicó: 'No obstante
procede de la orina'”. Y Juvenal escribe: "El olor de la ganancia de
cualquier mercancía es siempre bueno”.
13. El
alfarero, vendedor de idolos, conoce muy bien lo que hace y sabe que
puede inducir a los compradores a la idolatría, por esto es más culpable
que todos. Intencionadamente llama el autor al alfarero dhmiourgw =n:
hacedor, fabricador. El alfarero o barrero (v. 7g) trabaja la materia
terrosa y juega a ser demiurgo, creador de seres. Esta palabra la evitó
el autor al hablar de Dios Creador en 13,1-9, para no confundir al
verdadero Dios con las divinidades intermedias o demiurgos de las
mitologías griegas. Ahora la emplea con el propósito de ridiculizar al
fabricante de ídolos sin escrúpulos ni sentido moral.
"Materia
terrosa se opone al orden de la yuxh / y del pneu =ma dado al hombre
solamente en el acto creador. El hombre ha sido sacado de la materia
terrosa, pero Dios le insufló el espiritu de vida. El alfarero,
queriendo imitar al Creador, saca a su vez de esta misma materia terrosa
ídolos y vasos, pero ¿podría él jamás insuflar el espíritu
vivificante?”.
El v.13 cierra perfectamente el tema abierto en v.7 e incluye el juicio definitivo del autor sobre los fabricantes de ídolos.
3) Idolatría universal y zoolatría de los egipcios
(15,14-19)
En
15,14-19 llagamos al término del largo discurso que el autor ha
dedicado al tema de la idolatría. En estos versos se emite un juicio muy
severo contra el pueblo egipcio, los enemigos de tu pueblo (v.14a),
porque no sólo acepta todos los ídolos de los gentiles (v.15a), sino,
sobre todo, porque da culto a animales vivos despreciables (cf.
v.18-19). Este último motivo, la zoolatría, sirve además de marco
literario a las digresiones que se extienden de 11,15 a 15,19.
Efectivamente, 15,18-19, 'como unas pinzas cierran el ciclo de las
digresiones, remitiéndonos al comienzo de ellas, a 11,15-16' y a
12,23-27, la perícopa que tiene la doble función de encuadrar la primera
digresión (11,15-12,27) y servir de puente para la segunda (13.15).
La
referencia a la zoolatría, como culto típico de los egipcios,
precisamente es lo que ha brindado al autor la ocasión para introducir
en este lugar la digresión sobre la idolatría.
15,14 Pero los enemigos que oprimieron a tu pueblo son todos insensatos
y más infelices que el alma de un párvulo,
15 pues tuvieron por dioses a todos los ídolos de los gentiles,
cuyos ojos no les sirven para ver,
ni la nariz para respirar,
ni las orejas para oír,
ni los dedos de las manos para tocar
y sus pies son torpes para andar.
16 Porque los hizo el hombre,
los modeló un ser de aliento prestado,
y ningún hombre puede modelar un dios a su semejanza;
17 siendo mortal, sus manos pecadoras producen un cadáver;
vale más él que los objetos que adora,
pues él tiene vida, los otros jamás.
18 También dan culto a los animales más odiosos,
que, comparados con los demás, son los más brutos;
19 no tienen ninguna belleza que los haga atractivos
-cosa que sucede a la vista de otros animales-,
sino que se quedaron sin la aprobación de Dios y sin
su bendición.
15,14-19.
La presente estrofa, a pesar de su brevedad, constituye la tercera
parte de la digresión sobre la idolatría. Como hicimos notar en la
introducción a cc.13-15, "se observa un ritmo ascendente en el juicio
negativo y condenatorio del autor con relación a las categorías de
hombres que se distinguen por el tipo de religión al cual se adhieren":
Vanos (13,1a), los adoradores de la naturaleza; unos desgraciados
(13,10a), todos los idólatras; los más necios de todos (15,14a), los
egipcios, porque además veneran a los animales vivos. En este sentido
15,14-19 corona el tratado sobre la idolatría; pero también da paso a la
continuación del midrás en 16, 1ss.
La perícopa consta
de una introducción (v.14), y de dos partes bien definidas
estilísticamente; la primera es una nueva reflexión sobre los ídolos, y
la segunda sobre la zoolatría de los egipcios.
14.
El verso introduce las reflexiones que se van a hacer sobre el culto de
los egipcios. Con relación a la perícopa precedente del alfareo
fabricante de ídolos, la transición está bien conseguida: el pa /nte$
empalma con el para % pa /ntas del v.13a, la conjunción adversativa de
/ subraya la oposición y el superlativo absoluto los más insensatos,
anuncia una nueva categoría de idólatras que supera con mucho en necedad
a todos los precedentes.
El adjetivo insensato, necio,
estúpido (cf. 1,3b; 3,2a. 12a; 5,4b; 12,24c; 14,11d; 15,5a) pertenece
al vocabulario de los sapienciales y, en especial, a Proverbios y
Eclesiastés. Generalmente incluye una fuerte censura moral si se dice de
adultos. Los motivos por los cuales se llama los más insensatos a los
enemigos del pueblo los dará el autor en v.15 y 18.
El
párvulo es el niño que todavía no ha llegado a la edad de la discreción
(cf. 10,21; 18,5). ¿Por qué compara el autor a los enemigos del pueblo
con los niños y afirma que son más infelices que el alma de un párvulo?
¿Es que se puede decir de un niño, del alma de un niño, que es infeliz o
desafortunado? El autor ya ha dicho de los necios que tienen por dioses
a los animales, que se han dejado engañar "como párvulos sin sentido"
(12,24c), sin dar a párvulos un significado peyorativo, sino el objetivo
y real de carentes del principio de discreción o de la inteligencia
(cf. 12, 25). En 15,14a el contexto es el mismo y de nuevo se relacionan
los idólatras (cf. v15) con los niños, con el alma de un párvulo;
ellos, con ser adultos, tienen menos razón y sentido que el alma de un
bebé, y por esto deben ser considerados unos infelices, unos
desgraciados.
Los enemigos de tu pueblo: según la forma de
hablar del autor en esta tercera parte, los enemigos opresores del
pueblo son los egipcios (cf. 10,19; 11,15; 16,4.8.22; 18,7.10). Se
refiere a los egipcios de los tiempos pasados y a los contemporáneos, de
los que habla el v.18.
15-17. El autor vuelve sobre
el tema de la idolatría, aplicado a los egipcios, como prueba del juicio
tan severo de v.14. Repite descripciones y argumentos anteriores (cf.
13,10-19; 14,4-5; 15,7-8) en un breve resumen, como colofón de todo el
tratado.
15. Explicita la primera razón del juicio
dado en v.14: porque han aceptado el panteón de todos los pueblos. El
sincretismo religioso es nota característica del tiempo helenístico. No
sólo Roma se distinguió por su tolerancia y apertura a todos los cultos
de los pueblos sometidos; también Egipto, el tolemaico primero y el
romano después, compitió con Roma en la asimilación de todas las
corrientes religiosas. A este fenómeno contribuyó el gran intercambio
cultural y comercial a partir de Alejandro Magno entre oriente y
Occidente; en especial en la cuenca mediterránea la pérdida de la fe en
los dioses patrios y el escepticismo general dominante. Los panteones
locales y nacionales incrementaron increíblemente el número de sus
dioses y se identificaron las divinidades indígenas con las de
importación.
En v.15b-f el autor desarrolla el tema de
la impotencia de los ídolos, tema que ya ha tratado en varias ocasiones
(cf. 13,10a.16-19) y que se enraíza en la tradición bíblica
antiidolátrica. De hecho la descripción que el autor hace de los ídolos
en este lugar está inspirada en Sal 115,4-7; 135,15-17; cf. Jer 10,4-5;
Bar 6.
16. La nulidad de los ídolos es patente por sí
misma (v.15); pero lo es aún más si nos paramos a pensar en el hombre
que es su creador-hecedor. El hombre juega a ser creador (cf. 15,13b) al
fabricar sus ídolos. El autor con ironía muy fina ridiculiza esta
pretensión y aduce los argumentos filosífico-teológicos más convincentes
para debelar cualquier teoría que pretenda defender la idolatría.
Deliberadamente aduce Gén 1,27 y 2,7(LXX), los lugares más importantes
de la Escritura sobre la creación del hombre por parte de Dios. A la
acción creadora de Dios se opone el remedo de la acción del hombre con
el uso del mismo vocabulario. Las correspondencias verbales son tan
manifiestas que asombra cómo no lo han observado todos los
comentaristas. El hombre que ha recibido de Dios gratuitamente el don de
su aliento, de su vida, de su existencia (cf. 7,1; 10,1-2; 15,8-9), que
todo lo que tiene le ha sido dado (cf. 1 Cor 4,7), jamás podrá
transmitir su vida o parte de ella a una sola obra de sus manos,
convertir un ídolo en doble de sí mismo; mucho menos podrá superarse a
sí mismo, trascender su propia naturaleza humana y crear un ser de
naturaleza divina.
17. Casi sin interrupción este
verso continúa el discurso del verso anterior y lo confirma. Frente a
los seres sin vida -los ídolos- se yergue la dignidad del hombre, que
no la elimina ni su condición de mortal (cf. 7,1a; 9,14a) ni su actitud
pecadora.
Lo que es mortal por naturaleza no puede producir sino
una obra muerta, un cadáver (cf. 13,10a.18a; 15,5b). Manos pecadoras o
impías, porque es impía la obra realizada, el ídolo o cadáver.
En
la escala de los seres vivos el hombre ocupa el puesto de honor. Muy
grande es la diferencia con los seres inanimados, nos separa una
distancia ilimitada. Lo mismo se debe decir de las obras hechas por el
hombre. Por esto el hombre se degrada al postrarse ante cualquier
objeto; sin embargo, la actitud de adoración ante Dios por parte del
hombre no es un acto de vejación de su dignidad, sino un acto de
reconocimiento de la trascendencia divina que ennoblece al hombre mismo
por ser criatura suya, hecha a su imagen y semejanza.
18-19.
A la reflexión final sobre los ídolos de los versos 15-17 sigue la
última observación del autor sobre el culto de los egipcios a los
animales vivos. Estos dos versos nos remiten a 11,15 y 12,27, realizando
una función estructural, según hemos indicado al comienzo de la
estrofa. Pero al mismo tiempo preparan el paso al díptico segundo sobre
la plaga de los animales y las codornices, en 16,1-4.
18.
Redaccionalmente el v.18 depende del v.15a; el kai / de v.15a continúa
con el kai / de v.18a, que se traduce por también, ya que nos
introduce en el segundo motivo por el que los egipcios son llamados los
más necios y los más infelices (v.14), a saber, porque practicaron la
zoolatría, dan culto a los animales. En Israel estaba prohibido
cualquier culto que no fuera dirigido a Yahvé (cf. Ex 20, 3; Dt 5,7) y
también la representación de la divinidad por medio de imágenes (cf. Dt
4,15). Pero Israel no siempre observó estos preceptos. Lo que jamás se
hizo en Israel fue dar culto a animales vivos, como hicieron los
egipcios.
Los animales más odiosos, como serpientes,
cocodrilos, escarabajos; cf. "reptiles sin razón y viles animales"
(11,15b) y "los animales más viles y repugnantes" (12,24b). Los v.18b y
19 dan la razón de por qué los animales, objeto de culto, son los más
odiosos. Comparados: se refiere a los animales de los que acaba de
hablar en v,18a; los demás son los que no son adorados.
19.
La segunda razón por la que son odiosos los animales adorados (cf.
v.18a) es su falta de belleza. En los adoradores de la naturaleza
encontraba el autor atenuantes, porque habían sido seducidos por la
belleza de las criaturas (cf. 13,1-9); pero no ve forma de excusar a los
adoradores de estúpidos animales, porque ni aun siquiera tienen ellos
la belleza y nobleza de otros animales. Dios ha bendecido toda la
creación (Gén 1,31), y en particualr a los animales (cf. Gén 1,21s.25);
al covertirlos el hombre en objeto de adoración, los animales han
perdido la bendición de Dios y son ya objetos abominables, como el
madero de 14,8. Parece que el autor hace extensiva a los reptiles,
objeto de culto, la maldición a la serpiente de Gén 3,14 (cf. tambiém
Lev 11,41-44).
Este v.19 cierra la digresión sobre la
crítica a la religión de los paganos. La crítica del autor a la
idolatría no es puramente negativa; su finalidad es muy positiva:
preservar de ella a los fieles adoradores del Dios verdadero y,
posiblemente, atraer a la verdadera religión a paganos bien dispuestos.
Los fundamentos de esta crítica son también positivos: la naturaleza
creada de los elementos, de los astros y de la materia empleada en la
fabricación de los ídolos; la dignidad humana sobre todos los seres
creados y, principalmente, la trascendencia del ser divino, cuyo nombre
es incomunicable. La aberración de la idolatría está precisamente en la
subversión de estos valores imperecederos que lleva al hombre a la
degradación de su propia naturaleza y a la suplantación del verdadero
Dios, que dignifica y libera al hombre, por los ídolos ideados por el
hombre a su imagen y semejanza y que lo esclavizan.
c. Mordeduras de las serpientes y plaga de los insectos
(16,5-14)
16,5 Pues incluso cuando les sobrevino la terrible furia de fieras,
y perecían mordidos por serpientes tortuosas,
tu ira no duró hasta el final;
6 para que escarmentaran, se les asustó por poco tiempo,
pero tenían un emblema de salud
como recordatorio del mandato de tu ley;
7 en efecto, el que se volvía hacia él
sanaba no en virtud de lo que veía,
sino gracias a ti, Salvador de todos.
8 Así convenciste a nuestros enemigos
de que eres tú quien libra de todo mal;
9 a ellos los mataron las picaduras de langostas y de moscas
sin que hubiera remedio para sus vidas,
porque tenían merecido este castigo;
10 a tus hijos, en cambio,
ni los dientes de serpientes venenosas les pudieron,
pues acudió a curarlos tu misericordia.
11 Los aguijonazos les recordaban tus oráculos
-y en seguida sanaban-
para que no cayeran en profundo olvido
y se quedaran excluidos de tu acción benéfica.
12 Porque no los curó hierba ni emplasto,
sino tu palabra, Señor, que lo sana todo.
13 Porque tú tienes poder sobre la vida y la muerte,
llevas a las puertas del infierno y haces regresar;
14 el hombre, en cambio, aunque con su maldad dé muerte,
no devuelve el aliento exhalado
ni libera el alma ya prisionera.
16,5-14.
El autor relaciona el relato de las serpientes en el desierto (cf. Núm
21,6-9) con las plagas de las langostas y otros insectos en Egipto (cf.
Ex 8,12s.17-20; 10,12-17) y descubre un nuevo contraste que constituye
el díptico tercero de esta tercera parte: las mordeduras de las
serpientes dan ocasión a Dios para ejercitar con su pueblo la
misericordia (v.5-7.10-12); las picaduras de la langosta y moscas causan
el exterminio en el pueblo egipcio (v.9). Un mismo medio: el ataque de
unos animales, para unos es causa de ruina (v.9), para otros de
salvación (v.10).
Si leemos atentamente los relatos de
Ex 8 y 10 y de Núm 21, advertimos que el autor de Sab no repite
simplemente lo que allí se narra, sino que da una interpretación
teológica de los hechos narrados, inspirada muy probablemente en
tradiciones targúmicas. De esta forma el autor ilustra también el tema
general del midrás, enunciado en 11,5.
El autor
desarrolla de nuevo el principio de 11,16: "con lo que uno peca, con
ello es castigado”, que acaba de recordar en 16,1, aplicado también esta
vez a los israelitas.
La unidad literaria de Sab
16,5-14 está suficientemente marcada por inclusiones: les sobrevino:
v.5ª; (exhalado: v.14b; que tenían: v.6b; (tú tienes: v.1 3a.
5.
El verso empalma sintáctica y estilísticamente los dos dípticos,
distinguiéndolos. Resume el episodio narrado en Num 21,6-9; pero
silencia las causas de la ira de Dios: la murmuración del pueblo en
contra de Yahvé y de Moisés (Cf. Núm 21,5-7).
Las
fieras son las serpientes abrasadoras (TM), mortíferas (LXX). Perecían
mordidos: si tenemos presente Núm 21,6(LXX), "El Señor envió contra el
pueblo serpientes mortíferas y mordían al pueblo”, descubrimos que el
texto de Sab oculta una intención teológica, pues la forma verbal está
en pasiva: eran destruidos (diefqei /ronto: pasivo teológico) por las
mordeduras. Esta interpretación queda confirmada por v.5c, como
veremos. Serpientes tortuosas: la expresión, aunque normal, parece
inspirada en Is 27,1, que describe el monstruo marino como una
"serpiente tortuosa”. Tu ira: la invasión de las serpientes venenosas
del desierto son expresión de la cólera divina suscitada por las
murmuraciones del pueblo contra Dios y contra Moisés (cf. Núm 5,7). Los
autores sagrados interpretan los acontecimientos históricos como
revelación de los sentimientos de Dios (cf. Sal 74,1; 79,5; 89,47). No
hasta el final absoluto o total exterminio del pueblo, como acontece con
los impios en 19,1a; o bien temporalmente: hasta el fin, como se supone
en v.6 (cf. Sal 103,9 y Sab 18,20).
"En términos de individuos, aquel castigo fue final para algunos, en términos de pueblo no fue definitivo”.
6. Se especifica la finalidad de las pruebas del pueblo de Israel en el desierto: para advertencia o apercibimiento (v.6a).
Se
les asustó: pasivo teológico como el de v.5b, que desempeña la misma
función teológica. La doctrina del autor sobre el sentido de estas
pruebas del pueblo israelita es coherente; nunca tienen un carácter
meramente vindicativo, sino que van orientadas a una instrucción y
conversión saludables (cf. 11,10; 16,11). Por la misericordia de Dios y
la fragilidad humana son siempre breves en su duración: por poco tiempo
(cf. v.3d y v.5) y leves en comparación de las de los enemigos (cf. v.4;
12,20-21).
Intencionadamente el autor silencia o, al
menos, le quita importancia al detalle de Núm 21,7: "Y murieron muchos
israelitas”. Pero tenían: el sentido no puede ser que ya contaban de
antemano con..., pues en Núm 21,8 explícitamente ordena Dios a Moisés
después de su oración: "Haz una serpiente..." . Pero el silencio del
autor sobre la actuación mediadora de Moisés, que también es
intencionado, da al texto un sentido equívoco y enigmático, que sólo
será despejado en v.12.
La función mediadora de Moisés
en Núm 21 es central. No podía ser ignorada por el autor de Sab; si no
habla de ella, será por alguna razón muy poderosa. Al evitar
mediaciones, parece que es más manifiesta la acción salvadora de Dios.
No existen más que dos interlocutores: Dios y el pueblo; un tercer
personaje deshace el paralelismo entre Dios y el pueblo, Dios y los
enemigos del pueblo.
Un emblema de salud: la serpiente
de bronce, fabricada por Moisés según el mandato del Señor (cf. Núm
21,8-9). El vocablo su /mbolon, utilizado por el autor, no va más allá
del shmei =on de Núm 21,9: señal, signo precursor; sin contener todavía
el valor del signo sacramental, simbólico y trascendente que adquirirá
con el paso del tiempo (cf. también 2,9b). La salud por el contexto se
refiere a la preservación de la muerte física o biológica que podían
producir las picaduras de las serpientes venenosas y, por tanto, a la
permanencia en la vida (cf. Núm 21,8.9). Como recordatorio: el
emblema o señal de salud debe relacionarse con los preceptos de la ley
de Dios o manifestación de la voluntad divina, ya que la plaga de las
serpientes ha sido enviada por la rebelión en contra de Dios (cf. Núm
21,5-7) y la sanación de las picaduras implicaba una conversión al Señor
(cf. Núm 21,8-9; también Sab 16,11). La construcción como recordatorio
v.6b) corresponde a para que escarmentaran (v.6a): dos formas paralelas
para expresar la intención salvífica de Dios, unas veces probando con
el castigo merecido, otras manifestando su benevolencia con signos que
dan vida.
Existe una tradición targúmica que relaciona
el episodio narrado en Núm 21,6ss con Gén 3,14-15: serpiente con
serpiente, y la sanación con la observancia de la ley, cuyo modelo (¡)
fue la serpiente del paraíso: "En el principio maldije a la serpiente y
le dije: El polvo será tu comida; ahora he hecho subir a mi pueblo del
país de Egipto y he hecho bajar de los cielos para ellos el maná... ¡y
mi pueblo ha vuelto a murmurar delante de mí por cuestión del maná, que
su comida es ligera! ¡Venga, pues, la serpiente que no murmuró por su
alimento y se apoderó del pueblo que ha murmurado por su comida! Por
eso, Yahvé soltó las serpientes abrasadoras contra el pueblo y mordieron
al pueblo y murió mucha gente de Israel”.
7. El verso
intenta solucionar una grave dificultad teológica. Explica cómo la
serpiente de bronce que levantó Moisés en el desierto, el emblema de
salud, no poseía virtud mágica curativa; era simplemente una señal o
signo de la voluntad salvadora de Yahvé (cf. Núm 21,8s), realizada en
todos aquellos que, al volverse hacia la imagen, realmente se volvían
hacia Dios con un sentimiento de confianza y de arrepentimiento (cf. Núm
21,7; Sal 78, 34). Esto no excluye que muchos israelitas creyeran en
una virtud mágica de la serpiente de bronce, y la afirmación del autor
de Sab parece suponerlo. Los israelitas conservaron la serpiente de
Moisés hasta el tiempo de Ezequías, rey de Judá, que mandó destruirla,
porque se había convertido en objeto de culto (cf. 2 Re 18,4).
El
autor es consecuente con la doctrina expuesta en los capítulos 13-15:
los ídolos son seres muertos (cf. 13,10a.18a; 14,19a; 15,5b. 17a); Dios
es el único que puede curar y vivificar (cf. 1,13-14; 11,25-26;
16,12-13), él es el Salvador de todos.
Ya en el texto
de Núm 21,7-8 el pueblo se arrepiente de su pecado y pide a Moisés que
interceda ante el Señor para que aparte de ellos la plaga de las
serpientes. Moisés ruega por el pueblo y Dios manifiesta su voluntad
salvadora al ordenar que se haga una serpiente de bronce. Se afirma,
pues, que Dios es el único que sana y puede sanar. Los Targumim son más
explícitos que el texto hebreo de Números. Así leemos en el PsJon a Núm
21,9 que si la serpiente mordía a uno, "miraba a la serpiente de bronce y
dirigía su corazón al nombre del Verbo de Yahvé y vivía”; el TargFrag:
“... levantaba su rostro en oración hacia su Padre que está en los
cielos y miraba a la serpiente de bronce y vivía". Nuestro autor tiene
presente las tradiciones que reflejan estos Targumim y por esto disipa
cualquier duda sobre la fuente y origen de la curación.
8-9.
Como en 11,13, supone el autor que los egipcios fueron informados de
los acontecimientos del desierto y de su significación trascendente:
Dios interviene en favor de su pueblo como único salvador (cf. Is(LXX),
44,6; 47,4; 48,17; 49,7; 54,5.8). No solamente es salvador de todos
(v.7b), sino también liberador de todo mal (cf. 2 Mac 1,25; 1 Sam
10,19). Contraste con los dioses e ídolos impotentes de los egipcios que
no pueden liberar a los que los invocan; por lo que los egipcios no
encontraron medicina ni remedio para sus vidas en peligro.
En
el v.9 presenta formalmente el autor la primera cara del díptico o
antítesis: a ellos, los egipcios; seguirá en v. 10a la segunda cara: a
tus hijos, en cambio. Intencionadamente contrapone el autor causas y
efectos. Las picaduras de la langosta y de las moscas no son de suyo
mortíferas; pero el autor piensa que las plagas de los insectos,
relatadas en Ex 8 y 10, fueron de tal magnitud que condujeron
necesariamente a la muerte de muchos (cf. en especial Ex 8,13.14.20;
10,15.17), porque habían merecido ser castigados con estos animales,
según el principio formulado en 11,16.
10. El verso
corresponde a v.9a como su antítesis. El autor subraya hiperbólicamente
las diferencias entre los resultados de las picaduras de unas moscas y
las mordeduras de serpientes venenosas. La razón explicativa de esta
increíble paradoja es la misericordia de Dios con su pueblo (cf.
12,18-21), con sus hijos (cf. 9,7; 12,19. 21; 16,26; 18,4.13). Sabemos,
sin embargo, que muchos israelitas murieron en el desierto a
consecuencia de las mordeduras de las serpientes (cf. Núm 21,6); por
otro lado las plagas de los insectos no pudieron causar muchas muertes
de personas en Egipto. El autor interpreta a su modo los acontecimientos
narrados en Exodo y Números, para apoyar su tesis dogmática de que el
Dios de Israel es el único que libera de todo mal (cf. v.8), que salva y
sana a todos por pura misericordia (cf. v.7.12; Sal 107,20; Is
57,18-19).
11. Este verso es una síntesis magnífica de
la teología de las tribulaciones históricas del pueblo de Dios.
Concretamente se refiere a las pruebas del desierto en tiempo del Exodo,
pero la doctrina es válida para cualquier circunstancia histórica. Las
tribulaciones servían de estímulo a los israelitas en los momentos de
desfallecimiento, como la aguijada a los bueyes; pero la prueba ni era
muy prolongada, ni superior al grado de resistencia de los israelitas,
por lo que en seguida sanaban.
El castigo paternal y la
misericordia de Dios tienen una misma finalidad: hacer recordar sus
palabras. Tus oráculos o tus palabras: primariamente son el mandato de
tu ley (v.6b), la expresión inequívoca de la voluntad del Señor que se
ha revelado por medio de acontecimientos y de elegidos en la historia
del pueblo. Esto mismo nos induce a creer que incluyen también las
palabras de consuelo, las promesas, las amenazas anexas a los pactos y
proclamadas por los enviados de Dios, especialmente por Moisés (cf. Ex
19,7; 24,3.4; 35,1; Dt 9,10; 10,4; 12,28; 27,3.26; 28,69; 31,12; Sal
119,11.103. 148.158, etc.).
V.11cd manifiesta la
intención de v.11a, lo que Dios pretendía con los aguijonazos o pruebas:
avivar la memoria del pueblo y evitar la exclusión de los beneficios
divinos. El profundo olvido se refiere, naturalmente, a los lo /gia u
oráculos de v.11a. El sentido de v.11d corresponde a la elección que se
haya hecho, según explicamos en la nota filológica. La acción benéfica
del Señor comprende todas las manifestaciones misericordiosas del Señor
con respecto a su pueblo y que contrastan fuertemente con las
experiencias amargas de sus opresores y enemigos. Sigue, pues, el autor
fiel a la misma enseñanza en todos los dípticos o contrastes
comparativos.
12. Además del relato canónico de Núm
21,5ss el autor cuenta, sin duda, con otras tradiciones o fuentes;
algunas de ellas nos han sido transmitidas por los targumim. Núm
21,8(LXX) dice: "Dijo el Señor a Moisés: Hazte una serpiente y ponla
como señal...; todo el que haya sido mordido, mirándola, vivirá”. Las
versiones targúmicas añaden al texto de Números el elemento subjetivo
del que era mordido por las serpientes: "Levantaba su rostro en oración
hacia su Padre que está en los cielos y miraba a la serpiente y vivía"
(TgFragm); "Miraba a la serpiente de bronce y dirigía su corazón al
nombre del Verbo de Yahvé y vivía" (TgPsJon).
La
serpiente de bronce no tiene ninguna virtud curativa (cf. v.7), ni los
que son mordidos por las serpientes se aplican medicina alguna, ni
hierba, ni emplasto, es decir, ni remedio natural ni artificial; Dios es
el único que los cura. Dios interviene activamente en los procesos
naturales y humanos. Tu palabra...: el autor atribuye a la palabra de
Dios lo que antes dijo de Dios mismo (cf. v.7b.8b) y de su misericordia
(v.10; cf. Ex 15,26). La palabra es, por lo tanto, equivalente a su
voluntad omnipotente, creadora y salvadora; el v.13 confirma esto mismo
(cf. también v.26; 18,15; Sal 197,20).
El querer de
Dios es poder; poder que se realiza por medio de su palabra eficaz (cf.
Gén 1; Sal 33,6.9; 115,3; 135,6; 148,5; Is 55, 11). La causalidad divina
misteriosa, pero real y directa, pertenece al mismo núcleo de la fe
religiosa de Israel, fe que hereda íntegramente la Iglesia de Jesucristo
(cf. Jn 5,17). La causalidad divina siempre será de orden trascendente,
sin que se pueda confundir con un género de causalidad creada, aunque
infinitamente superior. Admitirla no es suplantar la causalidad de las
criaturas, sino afirmar un hecho de orden trascendental que siempre será
requerido para la explicación fundamental del orden de la naturaleza.
El
verso en forma dialogal con Dios, el Señor, prepara magníficamente la
confesión de fe del verso siguiente acerca del poder de Dios sobre la
vida y la muerte.
13. En toda la perícopa campea el
poder misericordioso de Dios, que salva y sana a su pueblo. Su poder es
absoluto; se extiende sobre la vida y la muerte, expresión bipolar que
comprende un valor máximo: la vida y su contrario la muerte.
V.13b repite quiásticamente la misma idea de v.13a.
La
formulación del v.13 nos recuerda casi literalmente a Tob 13, 2; Dt
32,39; 1 Sam 2,6; cf. también Sal 49,16. Ahora vamos a ver si su
contenido es muy diferente a la luz de la tradición bíblica.
Dios
es "la fuente de la vida" (Sal 36,10), tiene poder para prolongar la
vida (cf. Is 38,5; Eclo 48,23) y solamente él puede hacer morir y vivir
(cf. 2 Re 5,7); él envía el exterminio y la muerte sobre los mortales
(cf. Gén 6,7.13.17; 7,4.21-23; Ex 12,12. 23.29, etc.); tiene, pues,
dominio sobre la vida y la muerte. Infierno o hades, cuando no pertenece
al texto original griego, es la traducción más frecuente en LXX del
seol hebreo. La gama de significaciones en la Escritura es grande: la
muerte (cf. Sal 18,6; 116,3; Is 28,15.18, etc.); peligro inminente de
muerte (cf. Sal 30,4 y muy frecuente); lugar o reino de los muertos (cf.
Gén 37,35; Núm 16,33; Dt 32,22; Sal 49,15; 55,16; 89,49; Tob 3,10,
etc.); esta morada de los muertos es concebida como una cárcel, cuyas
puertas se cierran y no se abren más (Is 38,10; cf. también 3 Mac 5,51;
SalSal 16,2); muy cercana a esta expresión: puertas del infierno, es la
de "puertas de la muerte" (Job 38,17; Sal 9,14; 107,18). El elemento
común a todas estas significaciones es la relación con la muerte.
El
contenido del v.13 como afirmación dogmática, considerado en sí mismo,
comparado con la doctrina tradicional de la Escritura, cuyas
formulaciones repite casi literalmente y con el contexto inmediatamente
anterior (v.5ss), que habla de liberación de graves peligros, no parece
que supere la doctrina tradicional veterotestamentaria. No hace, pues,
alusión a la resurrección de los muertos; pero subraya fuertemente el
poder vivificador de Dios que da vida y libera de los peligros contra
ella y del máximo peligro que es la muerte (cf. v.7.8.10.12). Veremos
si, al analizar el v.14, podemos profundizar más en el pensamiento del
autor y descubrir un nuevo horizonte.
14.
Intencionadamente contrapone el autor al poder de Dios (v. 13) el poder
del hombre: Dios tiene "poder sobre la vida y la muerte”; el hombre
solamente tiene el triste poder, por su maldad, de hacer morir, pero,
una vez consumado el hecho, no tiene poder para volver a reunir en un
ser vivo el aliento -el alma- y su cuerpo.
La concepción
antropológica del autor es dicotómica, como decíamos a propósito de
15,11. El aliento o espíritu y alma son aquí casi sinónimos, aunque en
otros contextos pueden tener matices más diferentes (cf. 15,11). El
aliento exhalado: la vivificación del hombre se concibe como una
infusión del aliento vital, del espíritu (cf. Gén 2,7); la muerte a la
inversa, como la salida o el retorno del espíritu a su origen (cf. Ecl
12,7).
Ni libera el alma, que, según la concepción tradicional del
mundo antiguo, después de la muerte es recibida en el hades, cárcel
tenebrosa y lago profundo (cf. Job 38,17; Is 14,15; 38,10.15; Ez 26,20;
Sal 16,10; 49,19, etc.).
El autor se vale de las
concepciones antropológicas de la Biblia y de su tiempo para expresar
esta verdad de valor universal: que el hombre es impotente para hacer
vivir de nuevo al que haya traspasado las barreras de la muerte. Los
comentaristas afirman generalmente que el autor pretende enseñar aquí el
poder que tiene Dios de resucitar a los muertos, o porque lo ven
afirmado excplícitamente en el v.13, o porque al menos lo deducen del
v.14, al confrontarlo con el v.13. Sin negar toda probabilidad a esta
opinión, creemos, sin embargo, que el texto puede interpretarse
llanamente sin necesidad de hacer alusión al poder de resucitar a los
muertos. Ya hemos visto cómo en el v.13 no se habla de resurrección. El
v.14 limita el poder del hombre hasta las fronteras de la muerte; Dios,
sin embargo, tiene poder sobre los vivientes en todas las circunstancias
(v.13), y, además, su poder se extiende hasta donde se extienda la
realidad del ser, por tanto también más allá de las fronteras de la
muerte.
d. Plaga de los elementos atmosféricos - don del cielo
(16,15-29)
La
presente perícopa ocupa un lugar central en la tercera parte. El tema,
que es lo que verdaderamente da unidad a la perícopa, es de gran
envergadura y trascendencia teológica. No es un tema nuevo en el decurso
del libro, más bien es una variación temática que ilustra la tesis
fundamental de 11,5. La novedad está en la aplicación de la ley física
de los contrastes, según los conocimientos de la época, en el desarrollo
del díptico y en la interpretación de datos tradicionales acerca de
algunos hechos fundamentales, narrados en Ex 9; 16 y Núm 11. El autor
utiliza la dialèctica de los contrastes como recurso estilístico:
tierra-cielo; histórico-escatológico; humano-cósmico; agua-fuego; fuego
destructor-fuego benéfico, etc.
Sab 16,15-29, dentro
de la unidad total de carácter midrásico, es un ejemplo típico de midrás
haggádico. No se trata de narrar hechos históricos, sino de interpretar
los datos escriturísticos y de la tradición judía a la luz de la fe y
sobre el tamiz de concepciones cosmológicas del tiempo.
Se
puede constatar una inclusión general: en el agua: v.17a - agua: v.29b.
Dividimos la perícopa en dos estrofas: 16,15-23 o juicio del fuego y
alimento celeste, y 16,24-29: la creación al servicio del Señor.
Juicio del fuego y alimento celeste
16,15 Imposible escapar de tu mano;
16 a los impíos que no querían conocerte
los azotaste con tu brazo vigoroso:
los perseguían lluvias insòlitas, y pedrisco y tormentas implacables,
y el fuego los devoró;
17 y lo más sorprendente: en el agua, que todo lo apaga,
ardía más el fuego,
pues el cosmos es paladín de los justos;
18 una veces se amansaba la llama,
para no quemar a los animales enviados contra los impíos,
para que, viéndolos, comprendieran que el juicio de Dios los perseguía;
19 pero otras veces, aun en medio del agua,
ardía con más fuerza que el fuego,
para destruir la cosecha de una tierra malvada.
20 A tu pueblo, por el contrario, lo alimentaste con manjar de ángeles,
proporcionándoles desde el cielo pan a punto y sin esfuerzo,
de mil sabores, a gusto de todos;
21 este sustento tuyo demostraba a tus hijos tu dulzura,
pues servía al deseo de quien lo tomaba
y se convertía en lo que uno quería.
22 Nieve y hielo aguantaban el fuego sin derretirse,
para que se supiera que el fuego
-ardiendo en medio de la granizada
y centelleando entre chubascos-
aniquilaba los frutos de los enemigos;
23 pero el mismo, en otra ocasión,
se olvidó de su propia virtud,
para que los justos se alimentaran.
16,15-23.
L.Alonso introduce así la perícopa: "Los dos puntos de la oposición
entre egipcios e israelitas son los meteoros fuego y agua y los
alimentos en su relación. A partir de ese eje el autor amplifica libre y
desigualmente algunos aspectos. En el campo egipcio, el fuego vence al
agua, porque no se deja apagar por ella; en el campo israelita, el agua
vence al fuego, porque no se deja derretir. De este modo, el fuego
consume los alimentos de los egipcios y respeta el de los israelitas.
Mientras las cosechas egipcias son mencionadas rápidamente, el alimento
prodigioso de los israelitas, el maná, se presta a un desarrollo rico en
particulares. De donde se desprende una enseñanza central -que
retornará al final del libro-: los elementos cambian de naturaleza al
servicio de Dios, para castigar o favorecer, y en este servicio los
elementos revelan a su amo y señor. También el alimento entra en la
transmutación, cambiando de sabores y revelando el 'sabor' de su Señor".
15.
El verso sirve de transición al nuevo díptico o, con más propiedad, lo
introduce, formando parte de él. El autor se inspira en Tob 13,2b y Dt
32,29s, cuyo influjo ya lo hemos notado en comentario a 16,13.
La
tesis que defiende el autor es: el poder del Señor no tiene límites;
hasta hemos visto que se extiende más allá de la muerte (cf. v.13s).
Ahora va a demostrar que este poder se manfiesta tanto en la naturaleza
como en la historia. Los episodios aquí aludidos y que se narran en
Exodo y Números no son sino una muestra de ello. El sabio repite la
doctrina enseñada desde antiguo por los profetas, especialmente por el
déutero Isaías (cf. Is 43-45), sobre el dominio del Señor sobre los
pueblos y la creación; pero ahora el horizonte no tiene límites, rebasa
las categorías de espacio y tiempo.
16. Formalmente en
v.16 prueba con un acontecimiento la tesis del v.15; el contenido
resume otra de las plagas de Egipto: la terrible plaga del granizo,
narrada en Ex 9,18-35.
Los impíos son los egipcios o el
faraón y sus consejeros, que se oponían al plan de Dios, manifestado
por Moisés. No querían conocerte (cf. 12,27c), pues rechazaban las
propuestas del Señor, después de que hubiera pasado la prueba (cf. Ex
9,34s). Para los autores sagrados, lo mismo que para los pueblos
antiguos, los fenómenos atmosféricos extraordinarios eran como una
manifestación del poder soberano de Dios (cf. Sal 29; 77,12-19). Tu
brazo vigoroso: antropomorfismo con que se expresa la omnipotencia de
Dios en acción, aquí punitiva con la tempestad. Lluvias insólitas: se
puede comparar Ex 9,24.29(LXX).33.34 con Dt 11,10s. El fuego los devoró:
el relato del Exodo nos habla también de fuego (cf. Ex 9,23.24.28), que
en una tormenta no son sino los rayos. Lo que no nos dice Exodo es que
los egipcios fueran alcanzados por los rayos; esto parece que lo deduce
el autor de Ex 9,25: "El granizo hizo destrozos en todo el territorio
egipcio: hirió a todo lo que se encontraba en el campo, hombres y
animales, destrozó la hierba del campo y tronchó los árboles
silvestres”, o, como otros datos a propósito del maná, los encuentra el
autor en tradiciones extrabíblicas.
17. Comienza la especulación del autor sobre los hechos narrados en el v.16, es decir, sobre la tormenta de Ex 9,18ss.
En el relato de Ex 9,18-25 sobre la tempestad, en cuanto fenómeno de la
naturaleza, no aparece nada de orden sobrenatural. El autor de
Sabiduría transforma el relato de la tempestad en algo maravilloso; hace
una nueva lectura de los fenómenos naturales y de sus efectos,
dirigidos por la acción providente de Dios, inspirándose en las teorías
físicas de su tiempo.
Lo que más sorprende a primera
vista, lo más sorprendente, es que dos elementos tan contrarios como el
agua y el fuego no destruyan mutuamente su propia virtud, como sería lo
natural, sino que, para más asombro, el fuego la potencia en el agua
(cf. v.19). La solución al enigma cosmológico la encuentra el autor en
la interpretación teológica de la realidad. La concepción teológica del
autor es cósmicamente unitaria. La actividad del universo y, por lo
tanto, de sus elementos, está subordinada al destino final de la
salvación de los justos: el universo o cosmos es defensor, paladín de
los justos. La naturaleza no es un ser absolutamente autónomo, sino que
está al servicio de su Creador (cf. v.24).
Este principio
teológico fundamental lo ve el autor comprobado de una forma maravillosa
en las paradojas de las narraciones del Exodo y Números, y lo va a
demostrar en los versos siguientes. La coherencia de esta doctrina en
todas las partes del libro es sorprendente (cf. 1,14; 5,17-20; 16,17-25;
19,6.18-21).
18-19. Los dos versos están íntimamente
ligados y forman una unidad. Lo que el autor pretende principalmente con
ellos es probar la afirmación teológica del verso anterior: que los
elementos de la naturaleza (agua y fuego) se alían en contra de los
impíos y en favor de los justos.
Por el carácter midrásico de la
perícopa y por su orientación sistemático-teológica son improcedentes
los intentos de explicación armonizante de los v.18-19 con el Exodo en
todo detalle.
El autor medita libremente sobre las
plagas del Exodo y sin perspectiva histórica; prueba de ello es que las
relaciona directamente con el episodio del maná en el desierto, conexión
puramente subjetiva. Se puede suponer que el autor en v.18 piensa en el
fuego encendido por los egipcios para defenderse de los animales
enviados de las plagas (cf. 11,15; 16,3), y en v.19 en incendios
provocados por los rayos en medio de la tempestad (cf. v.16). En toda
hipótesis, lo que interesa al autor es subrayar el carácter de signo que
tienen estos hechos, para probar que "el cosmos es paladín de los
justos" (v.17) y que los impíos debían comprender que eran castigados
justamente por Dios. Por esto la llama se mitigaba (v.18) o superaba su
propia virtud (v.19) en contra de toda expectación (cf. v.17). La
destrucción de los frutos de la tierra o cosecha, de los que depende la
vida del hombre, es tema permanente en las tradiciones bíblicas y no
bíblicas. Tierra malvada: Egipto. La tierra se considera afectada por
la moralidad de sus habitantes y también por los designios de Dios (cf.
12,3.7).
20. Como en 11,6; 16,2 y 18,3 la partícula a
~nti / introduce la segunda parte del díptico, que nos recuerda el
beneficio de Dios a su pueblo en el desierto: el maná. A las plagas de
origen atmosférico, que han azotado a los egipcios, corresponde la gran
bendición de Dios a su pueblo. Dios envía desde el cielo el castigo a
los egipcios; a los israelitas envía también desde el cielo su
beneficio.
En la mentalidad del autor los bienes y
bendiciones no pueden venir sino de la voluntad benéfica del Señor (cf.
Sant 1,17). El autor prescinde del contenido del Exodo, como lo hizo al
tratar de las codornices (cf. 16,2); se fija únicamente en la
significación del gesto de Dios que misericordiosamente suministra
alimento a su pueblo durante cuarenta años (cf. Ex 16,35) sin fatiga,
sin esfuerzo. Manjar de ángeles llama el autor al maná por influjo de
Sal 78,25, no porque los ángeles tengan un manjar especial (cf. Tob
12,19). Pan... desde el cielo, porque se suponía que bajaba del cielo,
como la lluvia (cf. Ex 16,4; Neh 9,15; Sal 78,24; 105,40; Sab 19,21).
Pan a punto, ya preparado por Dios (cf. Sal 78,19s); pone de relieve el
cuidado providente y paternal de Dios, sin que necesariamente por ello
caiga en contradicción con Ex 16,5.23. De mil sabores: las tradiciones
conservadas en el Pentateuco sobre el maná no conocen la diversidad de
sus sabores. Ex 16,31 dice que "su sabor, como de torta hecha con miel”.
En Núm 11 el maná no aparece como algo sobrenatural (cf. 11,9); los
hijos de Israel, hastiados de comer solamente maná, piden carne (cf. Núm
11,4-6); del maná dice que "su gusto era como el gusto de galletas
amasadas con aceite" (Núm 11,8). Dt 8,3.16 no aporta ninguna información
sobre el sabor del maná. Existían, sin embargo, tradiciones rabínicas
que cantaban las excelencias del maná, su variedad de sabores a gusto de
los que los comían. De estas tradiciones extrabíblicas se vale el autor
con todo derecho en un midrás, para ilustrar la doctrina de que la
naturaleza está al servicio de los justos (v.17).
A
continuación el autor va a deducir las lecciones dogmáticas, fundándose
en el hecho del maná y con la aplicación de los teorías sobre los
elementos de la naturaleza, que no se oponen, sino que obedecen a los
planes de Dios.
21. Dios se revela de una forma
extraordinaria, hablando directamente con el hombre (cf. Ex 3,4ss); o se
da a conocer ordinariamente por medio de la creación (cf. Sab 13,1-9).
Los
dones de Dios manifiestan sus atributos y la creación entera es un don
que Dios ha hecho al hombre (cf. Gén 1,26ss). El maná era aceptado por
los israelitas como un verdadero don de Dios (cf. v.20. 25; Ex 16,4). El
autor deduce del sabor agradable del maná la dulzura o bondad divina
hacia sus hijos. Sustento tuyo o sustancia tuya: no se refiere a la
sustancia o esencia divina, sino al "manjar de ángeles" o "pan del
cielo”, al maná.
V.21b.c desarrolla la última parte
del v.20. Los comentaristas se resisten a admitir que el autor afirme la
transmutación de la sustancia. No sería nada extraño esta afirmación en
un autor que conoce y se vale de la teoría de los elementos (cf. v.25;
19,18).
22-23. Ex 16,14(LXX) dice del maná que era
"como hielo”; Núm 11,7(LXX), que tenía "el aspecto del hielo”, "del
cristal" (cf. Sab 19,21). El poeta inspirado del Salmo 148 invita a toda
la creación a alabar al Creador y en el v.8 interpela al fuego y
granizo, nieve y hielo.
Todo realiza la voluntad del
Señor (cf. v.24). De la metáfora o comparación de Exodo y Números, el
autor pasa a la realidad de los elementos que obedecen al mandato del
Señor. En esta visión teológica, tan enraizada en la tradición del
Antiguo Testamento, se adaptan perfectamente de nuevo las teorías
físicas, principalmente estoicas, de la transformación de los elementos.
La voluntad del Señor domina a placer las fuerzas y los elementos de la
naturaleza para realizar su plan de castigo o de salvación.
En
la interpretación detallada de cada frase o palabra es necesario tener
presente los diversos planos mentales del autor. Nieve y hielo: hace
referencia al maná (cf. Ex 16,14; Núm 11,7). Aguantaban el fuego, puesto
que el maná (nieve y hielo) no se derretía al ponerse al fuego de la
cocina (cf. Ex 16,23; Núm 11,8; sin embargo, 16,21). El resto del v.22
vuelve a repetir el contenido de v.19 (cf. Ex 9,24<LXX>).
El
fuego se olvidó de su propia virtud, porque no derretía la nieve y el
hielo, el maná, y así los israelitas se podían alimentar.
Como
antes ha llamado hijos a los israelitas, ahora los llama justos: son
los protegidos del Señor y de los que "el cosmos es paladín" o defensor
(v.17). Los israelitas deben reconocer la acción protectora de Dios, el
único que puede dirigir la actividad destructora (v.22) o benéfica del
fuego.
La creación al servicio del Señor
16,24 Porque la creación, sirviéndote a ti su hacedor,
se tensa para castigar a los malvados
y se distiende para beneficiar a los que confían en tI.
25 Por eso también entonces, tomando todas las formas,
estaba al servicio de tu generosidad, que da alimento a todos,
a voluntad de los necesitados,
26 para que aprendieran tus hijos queridos, Señor,
que no alimenta al hombre la variedad de frutos,
sino que es tu palabra quien mantiene a los que creen en tI.
27 Pues lo que el fuego no devoró,
se derritió simplemente calentado por un fugaz rayo de sol,
28 para que se supiera que es preciso madrugar
más que el sol para darte gracias,
y rezar al clarear el alba;
29 Pues la esperanza de los ingratos se derretirá como
escarcha invernal
e. Plaga de las tinieblas - columna luminosa
(17,1-18,4)
Citamos a continuación el testimonio de L.Alonso Schökel, por el análisis literario que hace de esta perícopa:
"Este
es el capítulo (17,1-18,4) de mayor lucimiento del autor. Sobre la
novena plaga, tinieblas, el Exodo le ofrecía bien poco: 'oscuridad
palpable..., densa...' no se veían unos a otros ni se movieron de su
sitio durante tres días; mientras que todos los israelitas tenían luz en
sus poblados' (Ex 10,22-23). Esta concisión deja más espacio a la
fantasía creadora de nuestro autor, que en el presente capítulo hace
alarde de todos los recursos de su estilo alejandrino.
Un
vocabulario rico y escogido: más de cincuenta palabras son exclusivas de
este capítulo; si algunas son normales, como 'pastor', otras son
difíciles y rebuscadas, otras comunes presentan una variante por
composición con prefijos. Compruébese, por ejemplo, la variedad de
sinónimos para el miedo, la cárcel, la oscuridad.
Siendo el
hebreo una lengua tan pobre en adjetivos, el autor explota la vieja
tradición griega del epíteto, con indudables aciertos: 'tupido velo'
(3), 'el aire inevitable' (10), 'la noche impotente' (14), 'la mazmorra
sin barrotes' (16), 'el sino ineludible' (17), etc. La conversión en
sustantivo de una cualidad: 'el velo del olvido' (3), 'el poder del
fuego' (5), prodigios de espectros' (15), 'el fluir del agua' (18).
En
esos ejemplos y en otros se aprecia ya el salto metafórico, la
conjunción de los físico con lo espiritual, el punto de vista
psicológico: 'la fogata automática' (que ellos no han encendido, 6), 'la
cadena de tinieblas' (18), 'la noche agobiante' (21). El análisis de
reacciones psicológicas o su descripción cobran particular relieve en
este capítulo, como si la oscuridad lo invitase a penetrar en el
interior de sus personajes.
Aparte la oposición
constante de egipcios e israelitas, hay otras que resaltan por la
proximidad de los miembros: 'malvados - nación santa', 'recluidos -
prófugos' (3), 'lumbreras fulgurantes - noche siniestra' (5). Así se
puede llegar hasta la paradoja de una 'aparición invisible' (6).
El
hipérbaton le sirve al autor para colocar cuidadosamente palabras
importantes, para separar o juntar palabras creando relieve; véase, por
ejemplo, 4c.18c (en griego).
No falta una serie septenaria (18-19) ni el momento de reflexión generalizando hasta culminar en una definición (11-13).
Añádanse
las onomatopeyas, aliteraciones y otros efectos sonoros, la
repeticiones, las binas simétricas o quiásticas. En resumen: este
capítulo podría servir de texto para un estudio del estilo alejandrino.
Naturalmente, varios de estos procedimientos no se pueden reproducir a
la letra en la traducción.
Pero ese alarde, que llega a cansar al
lector moderno, no es formalismo. El autor pretende analizar y hacer
comprender el sentido de las tinieblas en diversos niveles
significativos, hasta el simbolismo más profundo.
La noche es una
cárcel que iguala redoblando la soledad (2,16-18). La noche es fuente de
miedos y terrores (4.9.15). Por ese miedo la noche se puebla de ruidos
(4.9.18-19) y visiones (4.6.15). La noche es la impunidad (3). La noche
es un sueño común (14), es símbolo de la muerte (14.21) que se adelanta
en el desamparo total e intolerable (21).
Los
israelitas no aparecen hasta el final, pero toda la exposición es de un
dramatismo intenso. El drama de la situación vivida con gran
interioridad, con saltos al pasado que alumbra el fracaso presente, en
lucha desigual con enemigos inventados, aunque muchos están solitarios
enviando al enemigo refuerzos con que se traicionan a sí mismos. Y el
drama terminará en tragedia: encarcelados que saldrán para la ejecución,
con vida suficiente para pregustar el tormento final.
El miedo
está relacionado con la sabiduría (sin el sustantivo): las artes mágicas
(techne) fracasan, la razón desampara al hombre, presa de una fantasía
incontrolada (7-8.11-13). Leve resonancia de uno de los temas centrales
del libro.
Y la presencia obsesiva de los animales que entraron en escena en 11,15 y no quieren marcharse (9.19).
Este
es el único capítulo del libro en que no suena el nombre de Dios o del
Señor; sólo al principio y al final demuestra su presencia en unos
posesivos: 'tus juicios, tus hijos, tu ley', y en tercera persona, 'la
eterna providencia' (2)”.
Después de una breve
introducción (v.1) comienza el quinto díptico o contraste: tinieblas -
luz. El autor es fiel a su método de amplificación midrásica, utilizado
en los dípticos anteriores. el fundamento principal es el relato del
Exodo (10,21-23).
El contraste tinieblas - luz nos
recuerda el de la primera parte del libro: impíos - justos, que
constituye el fondo de todo el libro de la Sabiduría.
La división de este díptico en dos secciones es lógica: 1) Tinieblas para los egipcios (17,1-21) y 2) Luz para Israel (18,1-4).
Tinieblas para los egipcios
17,1 Tus juicios son grandiosos e inexplicables;
por eso las almas indóciles se extravíaron.
2 Pensaban los malvados que controlaban a la nación santa,
mientras yacían ellos prisioneros de las tinieblas, en
el calabozo de una larga noche,
recluidos bajo sus techos, prófugos de la eterna providencia.
3 Creían pasar inadvertidos, con sus pecados encubiertos
bajo el tupido velo del olvido,
pero estaban desperdigados en el colmo del aturdimiento,
sobresaltados por alucinaciones.
4 Pues ni el rincón que los retenía los salvaguardaba del miedo;
retumbaban a su alrededor ruidos aterradores
y se les aparecían tétricos fantasmas de lúgubres rostros.
5 No había fuego bastante para iluminarlos,
ni las lumbreras fulgurantes de los astros
lograban iluminar aquella noche siniestra.
6 Para ellos lucía solamente una fogata espeluznante
que ardía por sí sola,
y despavoridos por aquella aparición que no veían,
les parecía más macabra la visión.
7 Los trucos de la magia habían fracasado
y su alarde de prudencia sufría un descalabro vergonzoso,
8 pues los que se comprometían a expulsar del alma
enferma terrores y sobresaltos
padecían ellos mismos un pánico grotesco.
9 Aunque nada inquietante les metiera miedo,
amedrentados por el paso de alimañas y el silbido de reptiles,
10 sucumbían temblando,
negándose a mirar el aire inevitable.
11 Pues la maldad de por sí es cobarde,
da testimonio condenándose a sí misma;
apurada por la conciencia, se imagina siempre lo peor,
12 porque el miedo no es otra cosa que
el desamparo de los auxilios de la reflexión;
13 cuanto menos esperanza tiene uno por dentro,
más grave se le hace la ignorancia de la causa de la tortura.
14 Ellos, durante aquella noche realmente impotente,
salida de los rincones del impotente abismo,
mientras dormían el mismo sueño,
15 o los perseguían monstruosos espectros,
o, al traicionarles el valor, quedaban paralizados,
pues los invadió un miedo repentino e inesperado.
16 Así, todo el que allí caía, quienquiera que fuese,
quedaba encarcelado, recluido en la mazmorra sin barrotes;
17 fuese labrador o pastor
u obrero que se afana en solitario,
sufría, sorprendido, el sino ineludible;
18 porque a todos amarraba la misma cadena de tinieblas;
el silbido del viento,
el canto melodioso de las aves en la espesura de las ramas,
la cadencia del agua fluyendo impetuosa,
19 el golpe seco de las rocas al precipitarse,
la invisible carrera de los animales retozando,
el rugido de las bestias más feroces,
el eco retumbante de las cavernas de los montes,
los agarrotaba de miedo.
20 El mundo entero, iluminado por una luz radiante,
se entregaba sin trabas a sus tareas;
21 sobre ellos solos se cernía una noche agobiante,
imagen de las tinieblas que iban a acogerlos.
Si bien para sí mismos eran más agobiantesque las tinieblas.
17,1-21.
Las tinieblas adquieren una significación trascendente y son
instrumento de castigo a las órdenes del Señor. Esta primera sección
está limitada por una doble inclusión: tinieblas / noche - noche /
tinieblas (v.2b / v.21a.b).
1. El verso tiene un
carácter doctrinal muy genérico y por esto mismo sirve de transición a
un nuevo tema y de introducción al mismo (cf. la función de 11,15 y de
16,15).
Tus juicios: los juicios divinos históricos o
determinaciones ya realizadas en favor de su pueblo y en contra de los
enemigos, que simbolizan el mal, especialmente en Egipto y durante el
Exodo. Grandiosos e inexplicables, es decir, trascendentes como Dios
mismo, aunque el hombre puede percibirlos como penumbra (cf. Rom
11,33). Las almas indóciles o no instruidas: los egipcios, que no
aprenden la lección dada por Dios con las plagas: que no ha sido educado
o iniciado en la paidei /a, tan estimada entre los griegos; en sentido
moral peyorativo, el de costumbres licenciosas, el libertino. En Prov y
Eclo designa al necio, tipo del impío (cf. Prov 5, 23; 15,12.14; 17,21;
Eclo 6,20; 20,24; 22,3). Se extraviaron: por los caminos de la
impiedad (cf. 2,21; 5,6), de la idolatría (cf. 11, 15; 12,24; también
13,6; 14,22;15,4).
2. Ex 10,21-23 es el punto de
partida para el nuevo midrás sobre las tinieblas y la luz. Al escueto
contraste relatado en Exodo el sabio añade sus propias reflexiones,
fundadas muy probablemente en amplificaciones y leyendas rabínicas.
Insinúa el autor que en los egipcios se cumplía el principio de 11,16:
al querer ellos controlar y oprimir al pueblo elegido, fueron privados
misteriosamente de su libertad de movimientos.
Los malvados o sin
ley son los egipcios que se oponen ostensiblemente a la nación santa,
los israelitas, objeto de la bendición divina, que había de constituir
el pueblo de Dios por el pacto del Sinaí (cf. Ex 19,6) con una ley
propia. Que controlaban por la opresión (cf. 2,10 y 15,14): resume la
situación de servidumbre en que vivió el pueblo hebreo en Egipto hasta
la víspera de su liberación.
Como fuerte contraste el
autor comienza a describir en v.2b la situación sicológica de los
egipcios: los que se creían libres, están en realidad privados de
libertad, son unos prisioneros.
Las tinieblas paralizaron
por completo la vida en Egipto, según reza Ex 10,23; metafóricamente
estaban cautivos, prisioneros. Una larga noche, porque se prolongó la
plaga de las tinieblas durante tres días.
Recluidos (cf.
v.16 y 18,4): las tinieblas espesas les servían de techos (cf. Ex
10,21). Prófugos de la eterna providencia: la descripción anterior
corresponde a la idea que los semitas tenían del seol o lugar tenebroso,
adonde se encaminaban los muertos (cf. Tob 4,10). Literalmente el autor
convierte en seol el Egipto dominado por las tinieblas (cf. v.14); los
egipcios, al no querer reconocer al verdadero Dios (cf. 11,15; 12,14),
se sustrajeron de su acción benéfica y huyeron de su protección.
3.
Continúa el autor su larga reflexión alegorizante sobre las tinieblas.
Los egipcios, por sus pecados, estaban privados de la luz moral, habían
incurrido en noche tenebrosa; unas tinieblas siniestras van a servir de
medio para poner de manifiesto ante sus conciencias aterrorizadas y
entre ellos mismos sus pecados encubiertos, alusión velada del autor a
los "secretos misterios" de 14,23, donde se cometían toda clase de
pecados. Los egipcios quedaron paralizados (cf. v.15-16); sin embargo,
se sentían en soledad y como desvinculados unos de otros, desperdigados o
dispersos. Las alucinaciones o espectros, las visiones y fantasmas no
son necesariamente apariciones objetivas, sino más bien objetivaciones
del temor subjetivo que el autor plasma gráficamente en un estilo
convencional. Es un ejemplo típico de cómo un autor sagrado trata un
tema histórico (Ex 10, 23).
Es notable la acumulación
de verbos, sustantivos, adjetivos y adverbios sobre el temor y terror a
partir de este verso. El autor hace un análisis, un poco desordenado
pero profundo, de este estado sicológico, cuya causa es de orden moral:
la conciencia acusadora (cf. v.11); culminará con una frase lapidaria en
v.21c: "Para sí mismos eran más agobiantes que las tinieblas”.
4.
Si la causa del temor la lleva el hombre consigo, no se podrá liberar
de él en lugar alguno, por más escondido que esté. El lugar recóndito o
el rincón podían ser las propias casas de los egipcios. Ruidos
aterradores: reales o imaginarios, pero interpretados bajo la impresión
del temor. Lúgubres rostros: un rasgo más de las imaginaciones
nocturnas. Es puramente arbitrario intentar identificarlos con los
rostros de sus probables víctimas.
5. El verso parece
ser una glosa del autor a las densas tinieblas de Ex 10,21-22. Ningún
fuego, por vigoroso que fuera, ni la luz de las lámparas ni la de las
estrellas les podía iluminar. Las tinieblas eran tales que "no se veían
unos a otros" (Ex 10,23). Aquella noche siniestra: el autor aplica a
aquella noche las tinieblas del hades o seol de los semitas (cf.
v.14.21; Job 10,21-22).
6. Acumula el autor elementos de fantasía
para hacer más terrorífica aquella noche tenebrosa. Fogata... que ardía
por sí sola o espontáneamente. La imagen está inspirada en una tormenta
nocturna, en la que los resplandores instantáneos de los rayos hacen
más profundas las tinieblas, y los objetos iluminados se convierten es
espectros aún más terroríficos después en la oscuridad, donde ya nada
pueden ver y, por eso mismo, adquieren proporciones desmesuradas las
supuestas visiones.
7-10. El autor dedica estos versos
a los magos egipcios. Tanto los magos del tiempo del Exodo y del tiempo
del autor como sus artes son puestos en ridículo. Repetidas veces nos
habla el Exodo de las actuaciones de los magos a propósito de las
plagas. Con éxito en sus intentos (cf. Ex 7,11.12.22; 8,3) o con
fracasos (cf. Ex 8,14; 9,11).
Nuestro autor suple el
silencio del Exodo sobre los magos con relación a la plaga de las
tinieblas. Como en la plaga de las úlceras (Ex 9,11) los magos fueron
víctimas de las tinieblas. De nada les sirve su verdadera o falsa
ciencia, las dos fracasan. Con razón recuerdan los autores el proverbio:
"médico, cúrate a ti mismo”.
Del temor causado por
las tinieblas pasa el autor al pánico grotesco o temor ridículo (v.8),
que no tiene causa aparente proporcionada (v.9) y que llega a extremos
increíbles (v.10), como a negarse a mirar el aire. Ya no se teme a las
tinieblas, ni a los monstruos imaginados, sino a la misma naturaleza en
la que vivimos inmersos y de la que no podemos prescindir. El origen y
causa de este temor nos lo va a manifestar el autor en v.11.
11-13. Los tres versículos componen un esbozo de ensayo filosófico-moral sobre el temor; son un paréntesis entre los v.10 y 14.
11.
Este verso tiene un valor universal. El temor de los magos y el de
todos los egipcios es consecuencia de la mala conciencia.
Cobarde,
o también "algo miserable, despreciable”. katadikazome /nh lo hemos
traducido con sentido reflexivo (condenándose a sí misma), como la
mayoría de los intérpretes. La conciencia (sunei /dhsi$): por primera
vez en el griego bíblico con sentido de conciencia moral; será un
término muy usado en la escuela estoica posterior y en el Nuevo
Testamento. El sentido de culpabilidad, que actúa en la propia
conciencia como un peso insoportable, influye poderosamente en toda la
vida íntima del que se siente culpable, viviendo en contínua zozobra,
tensión y miedo. Clima propicio para que brote el temor y prolifere toda
clase de alucinaciones y visiones atormentadoras.
12.
El autor propiamente no define el miedo o temor en sí mismo, que es un
sentimiento primario de angustia ante algún mal real o imaginario. El
nos define el temor por sus efectos sicológicos. El que está dominado
por el miedo se ve imposibilitado para reflexionar en mayor o menor
grado, según sea la intensidad de su miedo y así abandona los auxilios
que le puede prestar la razón. Al no reflexionar, el hombre no podrá
juzgar con objetividad sobre la situación real en que se encuentra, no
podrá distinguir lo imaginario de lo real, ni dominar los impulsos
instintivos, ni excogitar remedios oportunos.
13. En
este estado sicológico en el que el hombre interiormente se encuentra en
el vacío y menos esperanza tiene uno de los auxilios de la razón, es
natural que considere como el mayor mal ignorar las causas de sus
tormentos interiores y de nuevo venga a suponer lo peor (cf. v.11).
14-15.
Después del corto paréntesis de los v.11-13, el autor vuelve al tema de
los v.7-10, como lo demuestran las referencias en el léxico, y lo
confirma el que de nuevo trate de los espectros y fantasmas (cf. v.15a) y
hable del mismo sueño (v.14c), refiriéndose irónicamente a v.4-6 (cf.
Job 3,13; Jer 51,39.57).
Ellos: son los magos de Egipto. Se llama
realmente impotente a aquella noche, porque participa de la impotencia e
inactividad del hades, de donde parecía proceder por sus tinieblas que
encadenaban (cf. v.2) y hacían imposible toda actividad normal y mágica
(cf. v.7). Los guías espirituales del pueblo, como los demás egipcios,
sufren las consecuencias de la plaga de las tinieblas, son perseguidos
por signos exteriores, en parte reales, en parte imaginarios, y
desfallecen en su interior en virtud de las fuerzas disolventes del
temor (cf. v.12-13).
16-17. El autor amplifica y comenta Ex 10,21-23 libremente y por pequeñas unidades yuxtapuestas.
A
partir del v.16 se refiere a todos los egipcios. La noche aquella
tenebrosa (cf. Ex 10,23) es como una inmensa cárcel sin cerrojos, en la
que todos los egipcios estaban irremediablemente prisioneros.
La
enumeración del v.17 es sólo una muestra. Los dueños y señores están
incluidos en el quienquiera que fuese de v.16a o en el todos de v.18a.
Las tinieblas que encadenan a los egipcios no tienen aquí un sentido
espiritual, simplemente están cosificadas, materializadas, como en Ex
10,21-23. El valor de signo de las tinieblas está expreso en v.21 e
implícito en v.18-19.
El sino ineludible: el autor no
se refiere a la Moira o a la Necesidad personificadas de los griegos, ni
al Destino o suerte como ley suprema por encima de dioses y de hombres,
aunque juega con la alusión a ellos, sino a la "necesidad impuesta como
castigo por un Dios personal, dueño del destino”.
18-19.
En v.9, refiriéndose a los magos, había dicho el autor que se
aterrorizaban sin motivo suficiente, aduciendo dos ejemplos: el paso de
los animales o el silbido de los reptiles; ahora la paradoja es mayor.
Con una intención refinada el autor ha escogido siete motivos que
espontáneamente invitan al placer artístico de la naturaleza, pero que
increíblemente infundían a los egipcios un terror paralizante. La causa
no puede ser otra que la conciencia moral acusadora (cf. v.11),
simbolizada en las tinieblas, en las que se suponen que están sumidos
los egipcios (cf. v.17 y 21).
No hay por qué preguntar
cómo ni qué pájaros cantan en la oscuridad de la noche, porque la
oscuridad en sentido figurado no les puede afectar a ellos, como las
tinieblas de Ex 10,23 no afectaban a los hijos de Israel (cf. v.20-21;
18,1).
Esta es una nueva forma o variante para ilustrar la tesis
de 11,5: lo que de suyo debe causar admiración o placer, a los impíos
causa miedo y terror, y así también la naturaleza, sometida siempre a
Dios, aunque sea paradójicamente, es instrumento de castigo de los
injustos (cf. 16,24) y defensora de los justos (cf. 16,17).
20-21.
Estos versos comentan también libremente Ex 10,21-23. Por primera vez
aparece la oposición luz - tinieblas. Aunque no se mencionan los
israelitas, como se hará explícitamente en 18,1 e implícitamente en
18,3, están sin duda incluidos entre los que resplandecía la luz.
El
mundo entero son las personas, las mismas que se entregan al trabajo
(v.20b), con exclusión de los egipcios (v.21a). Las tinieblas que
convirtieron los tres días de Ex 10,22 en una larga noche (v.2), en una
noche agobiante, adquieren el trágico valor simbólico de las tinieblas
del hades o ultratumba que iban a acogerlos en justo castigo por sus
malas acciones (cf. v.14).
En el estilo
escatológico-apocalípotico la metáfora de las tinieblas expresaba la
realidad de la definitiva separación de Dios después de la muerte (cf.
Mt 8,12; 22,13; Libro de Henoc 46,6; 63,6; 103,8; 108,14, etc.). Si
bien...: porque su conciencia les remordía implacablemente y era la
causa desconocida de todos sus temores (cf. v.10).
Luz para Israel
18,1 Pero tus santos tenían una luz magnífica;
los otros, que oían sus voces sin ver su figura,
los felicitaban por no haber padecido como ellos;
2 les daban las gracias porque no se desquitaban
de los malos tratos recibidos
y les pedían por favor que se marcharan.
3 En lugar de esto les proporcionaste una columna de fuego
como guía en el viaje desconocido
y como sol inofensivo para sus andanzas gloriosas.
4 Los otros, en verdad, merecían quedarse sin luz,
prisioneros de las tinieblas,
por haber tenido recluidos a tus hijos
que iban a transmitir al mundo la luz incorruptible de tu ley.
18,1-4.
Estos cuatro versículos forman en sí una unidad, cuyo motivo es la luz,
frente al largo discurso sobre las tinieblas de todo el capítulo 17.
Ellos constituyen la segunda cara del díptico quinto, con el que el
autor ilustra la tesis de su instrucción: 11,5.
1. El
verso en su primera parte repite Ex 10,23b: "Todos los israelitas tenían
luz en sus poblados”. Tus santos: son los israelitas, en oposición a
los egipcios (cf. 11,14; 16,2.10.17.20; 17,2). La luz magnífica nos
lleva a la claridad del mediodía y adquiere un valor simbólico,
antagónico de las tinieblas densas de la noche en que estaban
aprisionados los egipcios.
El autor en v.1b-2 comenta libremente
por su parte. Se imagina a los egipcios como ciegos en medio de los
israelitas, ya que las tinieblas afectaban únicamente a los egipcios
(cf. Ex 10,23a y Sab 17,20-21). Como ellos, al no ser afectados por las
tinieblas y sus consecuencias.
2. Interpreta ahora el
autor las tinieblas de Ex 10,21-23 en sentido material. Los israelitas
no se aprovecharon de su situación favorable para ejercer la venganza.
Sobre las dificultades de la versión, ver la nota filológica.
3.
La verdadera oposición de situaciones, o la segunda hoja del díptico,
la presenta el autor aquí, introducida por la partícula a ~nti /, casi
convertida en término técnico para esta función (cf 11,6; 16,2.20): en
lugar de esto. En vez de las tinieblas de Egipto, una columna de fuego.
El autor tiene presentes los pasajes de la Escritura que nos hablan de
la columna o de la nube protectora en el día e iluminadora en la noche.
Sintetiza en pocas palabras las reflexiones teológicas de los autores
del Exodo, Números y Salmos, que ven en la nube o la columna de fuego el
símbolo de la presencia de Dios en medio del pueblo y de su protección
benéfica durante el largo y duro período del desierto. Columna de fuego
o llama de fuego. únicamente Ex 13,21-23 nos habla de "columna de
fuego": "El Señor caminaba delante de ellos, de día en una columna de
nubes, para guiarlos; de noche en una columna de fuego, para
alumbrarles; así podían caminar día y noche. No se apartaba delante de
ellos ni la columna de nubes de día ni la columna de fuego de noche”. De
la "nube de fuego" durante la noche, o de "una especie de fuego”, o
simplemente de "fuego" nos hablan Ex 40,38; Núm 9,15-16; Sal 78,14;
105,39.
Como guía, que los conduciría a través de todo
el desierto de la península del Sinaí, del Négueb, de la Arabá hasta el
desierto de Moab en la parte sodoriental del mar Muerto. Según Ex 13, 21
era el mismno Señor el que iba delante de ellos en la columna de nube
para indicarles el camino, y en Sal 78,14a Dios "los guió de día con la
nube”.
Sol inofensivo: el fuego que les iluminaba pero
que no les abrasaba, como el del desierto. En los textos de la Escritura
la nube o la columna de fuego tenía fución iluminadora únicamente de
noche; de día la nube simplemente mostraba el camino (cf. 10,17).
Andanzas
gloriosas: abarca todo el período de permanencia en el desierto, tierra
extranjera. Gloriosas por los prodigios realizados por parte de Dios,
de los que nos está hablando el autor en toda la tercera parte del
libro. Se pasan por alto todas las infidelidades del pueblo en este
período de prueba; la visión teológica del autor se parece a la de Dt
8,2ss y Jer 2,2-6.
4. El v.4 cierra magníficamente la
perícopa abierta en 17,1, repite el tema central: luz - tinieblas;
enfrenta a los antagonistas: los otros (los egipcios) - tus hijos. De
una nueva manera se cumple el principio de 11,16: los egipcios, por
oprimir a los que iban a transmitir al mundo la luz, fueron privados de
la luz; los que guardaron en prisiones a los hijos de Dios, fueron
hechos prisioneros por las tinieblas.
En la Escritura
Moisés es el mediador entre el pueblo elegido y Dios; por medio de
Moisés recibe Israel la Ley en el Sinaí (cf. Ex 19,3-24,8; Jn 1,17; Gál
3,19). Esta Ley del Señor es luz (cf. Sal 119,105; Bar 4,1-2; Sal 19,9),
y no solamente para Israel, sino para todas las naciones (cf. Is 51,4;
2,3; Miq 4,2). A esta tradición universalista se adhiere nuestro autor.
Según su teología de los israelitas se serviría el Señor, como
mediadores, para transmitir al mundo la luz incorruptible de la Ley.
L.Alonso Schökel comenta: "Los israelitas, como hijos de Dios tienen una
misión en el mundo a favor de la justicia: transmitir la ley de Dios.
En 5,6 ha hablado de 'la luz de la justicia' que 'ilumina 'el camino de
la verdad' y que los impíos no han querido aceptar. Los antiguos
egipcios pecaron contra la luz y se quedaron a oscuras; los
contemporáneos pueden repetir el delito y el error. El autor del libro
es consciente de esta misión a la que entrega su trabajo. Esa luz es
'incorruptible', como 'la justicia es inmortal' (1,15). Como Moisés
mediaba entre Dios y el pueblo, ahora el pueblo elegido media entre Dios
y el resto del mundo”.
Los cristianos creemos que el
cumplimiento perfecto de esta misión se realizó con la venida de nuestro
Señor Jesucristo. El es ya el único mediador entre Dios y los hombres
(cf. 1 Tim 2,5; Heb 8,6; 9,15; 12,24). Él vino "no para destruir la ley,
sino para dar cumplimiento" (Mt 5,17). Del siervo de Yahvé se dijo que
sería "luz de las naciones" (Is 49,6), y de Jesús se dice que es "luz
para iluminación de los gentiles" (Lc 2,32). Jesús, en efecto, es la luz
del mundo (cf. Jn 1,4.9; 3,19; 8,12; 9,5; 12,46). Su doctrina es la
nueva ley de la nueva economía de salvación (cf. Mt
5,21.27-28.33.34.38-39.43.44), y esta doctrina se transmitirá de
generación en generación y por medio de sus discípulos, que son luz del
mundo (cf. Mt 5,14).
f. Muerte de los primogénitos de Egipto - liberación de Israel
(18,5-25)
Comienza el sexto contraste o díptico antitético. Consta de dos partes,
claramente separables por el tema y las inclusiones: a) muerte de los
primogénitos de los egipcios (18,5-19) y b) liberación de los hebreos
(18,20-25).
Muerte de los primogénitos egipcios
18,5 Cuando decidieron matar a los niños de los santos
- y se salvó uno sólo, expósito -,
en castigo les arrebataste sus hijos en masa,
y los eliminaste a todos juntos en las aguas formidables.
6 Aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres,
para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la
promesa de que se fiaban.
7 Tu pueblo esperaba ya
la salvación de los inocentes y la perdición de los enemigos,
8 pues con una misma acción castigabas a los adversarios
y nos honrabas llándonos a tI.
9 Los piadosos herederos de las bendiciones ofrecían
sacrificios a escondidas
y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada:
que los santos serían solidarios
en bienes y en peligros,
y empezaron ya a entonar los himnos de sus padres.
10 Hacían eco los gritos destemplados de los enemigos,
y cundía el clamor quejumbroso del duelo por sus hijos;
11 idéntico castigo sufrían el esclavo y el amo,
el plebeyo y el rey padecían lo mismo;
12 todos sin distinción tenían muertos innumerables,
víctimas de la misma muerte;
los vivos no daban abasto para enterrarlos,
porque en un momento pereció lo mejor de su raza.
13 Aunque la magia los había hecho desconfiar de todo,
cuando el exterminio de los primogénitos confesaron que
el pueblo aquel era hijo de Dios.
14 Un silencio sereno lo envolvía todo,
y al mediar la noche su carrera,
15 tu palabra todopoderosa se abalanzó, como paladín inexorable,
desde el trono real de los cielos al país condenado;
16 llevaba la espada afilada de tu orden terminante;
se detuvo y lo llenó todo de muerte;
pisaba la tierra y tocaba el cielo.
17 Entonces, de repente, los sobresaltaron terribles pesadillas,
los asaltaron temores imprevistos;
18 tirados, medio muertos, cada uno por su lado,
manifestaban la causa de su muerte;
19 pues sus sueños turbulentos los habían prevenido,
para que no perecieran sin conocer el motivo de su
desgracia.
18,5-19.
Decíamos que el tema y una inclusión señalaban los límites en parte. La
sección recuerda los hechos memorables de aquella noche, funesta para
Egipto por la muerte de sus primogénitos, feliz para Israel, porque en
ella fue liberado definitivamente (cf. Ex 11-12).
Después de una
introducción al nuevo tema (v.5), el desarrollo se desdobla en dos
fases: noche de salvación para Israel (v.6-9), noche de exterminio para
los egipcios (v.10-19).
5. El v.5 sirve de
introducción a la sexta comparación y también a la última, pues, al
menos en parte. "las dos se refieren a la muerte de los egipcios, en
proceso. Primero los primogénitos en una noche, después los ejércitos en
las aguas. Es pena de muerte por delito de asesinato”.
Dios
sale en defensa de Israel, su hijo primogénito (cf. Ex 4, 22s),
castigando a los egipcios primeramente con la muerte de los
primogénitos; así se cumple de alguna manera que "con lo que uno peca,
con ello es castigado" (11,16). A este terrible castigo el autor une el
de la catástrofe sufrida por los egipcios en el mar Rojo.
Como
se ve, el verso hace referencia a varios pasajes del libro del Exodo:
decisión de matar a los hijos de los hebreos (cf. Ex 1, 16-22; Sab
11,7); Moisés expuesto junto a las aguas y salvado (cf. Ex 2,2-10; Sab
11,14); la muerte de los primogénitos que se narra en Ex 12,29: "A media
noche, el Señor hirió de muerte a todos los primogénitos de Egipto:
desde el primogénito del Faraón que se sienta en el trono hasta el
primogénito del preso encerrado en el calabozo, y los primogénitos de
los animales”, y el desastre del mar Rojo, según Ex 14,27-28.
La
unión de la catástrofe del mar Rojo con la muerte de los primogénitos
quizás esté motivada por la referencia al niño expuesto a la muerte en
el agua, como hace el Libro de los Jubileos, 48,14: "A todo el pueblo
que había salido a perseguir a Israel lo arrojó el Señor, nuestro Dios,
en el mar, en las profundidades del abismo, bajo los hijos de Israel, al
modo como los egipcios habían arrojado a sus hijos al río" . El autor
no abandonará ya estos temas hasta el final del libro.
En
este verso introductorio se utiliza el método tan conocido de los
contrastes: a los niños de los santos, los israelitas (cf. v. 1a), se
oponen los hijos de los egipcios; al único que se salvó (Moisés), el
gran número de hijos arrebatados por la muerte. La mortandad de los
primogénitos trae a la memoria la muerte de los combatientes en las
aguas formidables del mar Rojo (cf. Ex 15<LXX> y Neh 9,11).
6-9.
Estos versos describen, "según las preocupaciones del momento de la
comunidad la gran noche de la primera Pascua en Egipto”. Recuerdos
nostálgicos de una noche que simbolizó la salvación de un pueblo
esclavizado: la liberación del pueblo de Israel de la servidumbre de
Egipto, promesa por parte de Dios de todas las liberaciones históricas
de un pueblo siempre perseguido.
6. El verso comienza
enfáticamente: aquella noche. El autor va a revelar un poco el misterio
de aquella noche en los versos siguientes. El tiene conciencia de que
aquella noche fue trascendental para la historia del pueblo hebreo.
Desde entonces comienza Israel a ser un pueblo libre, pero consagrado a
Yahvé. La liturgia pascual la había consagrado, había hecho de ella el
centro de la vida religiosa y cultual.
Nuestros padres: conforme
al modo normal de hablar de los judíos y también de nuestro autor, son
los patriarcas antiguos (cf. v.9.22; 9,1; 12,21). El autor vería
cumplidas en aquella noche las predicciones de Dios a Abrahán y a Jacob
en Gén 15,13-14 y 46,3-4(!), y supondría que Dios les hizo ver en la
lejanía de los tiempos lo que ya les prometía. Pero es más que probable
que el autor con nuestros padres se refiera al pueblo de Israel,
contemporáneo de Moisés (cf. v.7). De hecho en Ex 12,21-23 nos dice cómo
Moisés preparó al pueblo para aquella noche, manifestándoles lo que
había de suceder. Para que tuvieran ánimo, pues iban a emprender la gran
aventura de su liberación en contra de los grandes intereses del pueblo
opresor, de Egipto, y ante el futuro incierto y lleno de peligros de la
vida en el desierto.
La promesa o juramentos: promesas divinas
hechas a los padres bajo juramento (cf. Gén 22,16-18; 26,3-4); Moisés
las recuerda en Ex 13, 5; 32,13; 33,1,etc. Otras muchas veces Dios hace
promesas sin juramento (cf. Gén 12,2-3; 13,14-17; 28,13-14; 35,11-12).
7.
El pueblo estaba ya instruido por Moisés (cf. Ex 12,21-28). La
salvación: liberación de la muerte de los primogénitos. Israel pueblo
era primogénito de Dios (Ex 4,22). Salvación es también la liberación
del yugo de la esclavitud y opresión. Siempre estuvo viva en la
conciencia de Israel la convicción de que Dios lo había librado del yugo
de Egipto.
La perdición: muerte de los primogénitos en la primera noche y, en lo sucesivo, la victoria sobre los enemigos.
La
sentencia de v.7b concentra la doctrina de toda la perícopa y, en
cierto sentido, de toda la tercera parte. La construcción en griego es
concéntrica: a - b - c - c' - b' - a'; a la salvación se opone la
perdición; y a los inocentes, los enemigos.
8. El
verso recuerda el tema homilético de 11,5. La muerte de los primogénitos
fue un terrible castigo para los egipcios, que, por fin, dejaron libre a
los israelitas (Israel) para consagrarse por entero a Yahvé. Yahvé
había elegido a Israel como pueblo peculiar suyo (cf. Ex 6,2-8) y lo
llamaba por medio de Moisés para hacer con él un pacto en el desierto.
La cena pascual (v.9) es un preanuncio del sacrificio y pacto en el
desierto. Por esto Israel es ya virtualmente el pueblo de Dios.
Llamándonos:
se sobreentiende que es para responder a Dios -a ti- afirmativamente y
aceptar el formar parte de su pueblo, cumpliendo sus condiciones (cf. Os
11,1; Dt 7,7-15, etc.). El autor manifiesta personalmente lo que siente
todo miembro del pueblo de Dios: el orgullo legítimo y el honor de
haber sido llamado por el Señor.
9. El autor ve en
aquella cena primera del cordero el modelo de la celebración litúrgica
de la pascua judía. El capítulo 12 del Exodo da motivo para ello, pues
en él se describe con todo detalle el modo de celebrar la pascua.
Herederos
de las bendiciones: es una nueva forma de llamar a los piadosos
israelitas en Sab. Ofrecían sacrificios: la cena pascual se considera
verdadero sacrificio en honor de Yahvé, cuya víctima es el cordero (cf.
Ex 12,21.27; 34,25; Dt 16,5). A escondidas o en secreto, dentro de sus
casas (cf. Ex 12,13.22.46). Ley sagrada o divina: al aceptar los hijos
de Israel el mandato del Señor (cf. Ex 12,28.50) lo consideraron como
ley perpetua (cf. Ex 12,14.17.24). La participación en un mismo
sacrificio simbolizaba la unión solidaria de un pueblo en un destino
común, como pronto lo experimentarán a través del desierto. "La frase
podría tener valor de amonestación a los judíos infieles coétaneos del
autor, como recordándoles el compromiso fundamental, que es su fuerza”.
Los himnos de sus padres y por eso mismo tradicionales: parece que el
autor se refiere al conjunto de himnos, fruto de una larga tradición,
que constituían el Hallel: Sal 113-118. Estos salmos se cantaban durante
la cena pascual; el autor supone que los israelitas del tiempo del
Exodo cantaron también himnos en honor de Yahvé, como se solía hacer en
su tiempo en el rito de la cena (cf. Mt 26,30; Mc 14,26).
10-19.
En v.10 comienza la descripción de aquella noche de exterminio para los
egipcios, que el autor desarrolla con recursos retóricos de escuela,
pero con algunos aciertos poéticos, como los de v.14-16.
10-11.
Mientras que los israelitas vigilaban y celebraban alegremente la
pascua, la muerte visitó los hogares de los egipcios sin distinción de
clases ni de categorías. A los himnos de los judíos hacían eco las
lamentaciones de los egipcios por la muerte de sus primogénitos (cf. Ex
11,5-6; 12,29-30).
12. El autor habla hiperbólicamente
sobre el número de muertos. No dice más que Ex 12,30: "Aún de noche, se
levantó el Faraón y su corte y todos los egipcios, y se oyó un clamor
inmenso en todo Egipto, pues no había casa en que no hubiera un muerto”.
En un momento...: Filón dice también de todos los primogénitos de los
egipcios que "en plena salud y en plena fuerza física fueron de repente
arrebatados en la flor de la juventud sin ninguna causa aparente" . Los
egipcios, sin embargo, pudieron enterrar a sus muertos, según Núm 33,4;
cf. Sab 19,3.
13. Los egipcios (el faraón y sus
consejeros) no creyeron, ni temieron los avisos y amenazas de Aarón y
Moisés, pues con sus artes mágicas algunas veces conseguían los sabios
repetir algunos de los prodigios realizados por Moisés.
Según el
Exodo, los magos egipcios sólo pudieron competir con Moisés y Aarón en
las dos primeras plagas (cf. Ex 7,11-13.22-23; 8,3); en todas las demás
fracasaron (cf., por ejemplo, Ex 8,14; 9,11). Sin embargo, sólo después
de la muerte de los primogénitos los egipcios reconocen el poder del
Señor, Dios de Israel, e instan a los israelitas a que salgan de Egipto
(cf. Ex 12,31-36). No con palabras, sino con los hechos reconocen que el
pueblo aquel era hijo de Dios (cf. Ex 4,22; Jer 31,20; Os 11,1). De
este reconocimiento forzado de los egipcios dice L.Alonso Schökel: "Esta
confesión es un punto culminante de esta parte, simétrica de la
confesión de 5,5. En efecto, en la primera parte veíamos al 'justo' que
se decía hijo de Dios y por ello era perseguido de los impíos hasta la
muerte; en un juicio escatológico, los impíos tenían que reconocer que
efectivamente el 'justo' se contaba entre los hijos de Dios (véanse
2,13.18 y 5,5). En esta última parte los israelitas eran los justos, los
hijos de Dios (12,7.19.20.21; 16,10.26), perseguidos por los egipcios;
ahora éstos tienen que confesar ese título. Y es la última confesión
antes de morir en contumacia. Confesión histórica que es un aviso para
la generación contemporánea del autor”.
14-16.
Intencionadamente eleva el autor el tono poético del momento: la calma
profunda de la media noche va a ser rasgada por el inesperado rayo de la
muerte. Un silencio sereno...: descripción poética de la noche, como
un manto que todo lo cubre apaciblemente. Tu palabra poderosa: en el
mismo clima poético se describe la acción de la palabra divina,
personificada en un guerrero implacable de medidas cósmicas.
El
autor se basa principalmente en Ex 12,29: "A media noche, el Señor hirió
de muerte a todos los primogénitos de Egipto”; pero ha sabido armonizar
las especulaciones teológicas sobre la sinificación de aquella noche
pascual y del poder omnipotente de la palabra de Yahvé con una expresión
de profundo valor poético. D.Muñoz León escribe: "En 18,14-16 la
Palabra es presentada como un invencible guerrero. Sin duda tenemos un
texto esencialmente poético. Pero son muchos los rasgos que hacen
sospechar un parentesco con la mentalidad targúmica: la media noche,
Dios en el cielo que es su trono real, el descenso de la Palabra, la
descripción de su acción punitiva. Se trata de un testimonio más de la
concepción común en el siglo primero acerca de la actuación salvífica y
punitiva por medio de la Palabra”.
Existe en la
Escritura una larga tradición sobre el poder de la palabra divina,
expresión natural de la voluntad eficaz y creadora . Sab recoge esta
misma tradición en 9,1; 12,9; 16,12.26 . Pero Sab 18,14-16 es la
personificación más avanzada de la palabra de Dios hacia la hipóstasis
del logos en san Juan.
Se abalanzó: la expresión nos sugiere la
imagen del guerrero que se lanza sobre el adversario o la del ave de
rapiña sobre su presa. Paladín inexorable: metáfora del guerrero
aplicada a Dios, inspirada en 1 Crón 21,16: "David alzó los ojos y vio
al ángel del Señor erguido entre tierra y cielo, con la espada desnuda
en su mano apuntando a Jerusalén”. En la Escritura a Dios se le llama
guerrero: "El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor" (Ex 15,3; cf.
Is 42,13; Sal 24,8. Desde el trono real: Dios está presente en todo
lugar: "Porque el Señor, vuestro Dios, es Dios arriba en el cielo y
abajo en la tierra" (Jos 2,11; cf. Sal 139,8; Jer 23,24), pero
convencionalmente se considera el cielo como su morada (cf. Sal 2,4;
115,3.16); 123,1; Is 66,1; Mt 5,34; 23,22), formas metafóricas de hablar
para simbolizar la majestad y trascendencia divinas.
La orden
terminante, irrevocable, del Señor es la espada afilada de este
guerrero, exterminador de los primogénitos de los egipcios. La imagen
del guerrero que se agiganta hasta llegar al cielo es hiperbólica, pero
lo simbolizado: el poder divino, no es hiperbólico, sino realidad que
trasciende toda hipérbole.
17-19. El autor describe en
estos versos la muerte de los primogénitos. Parece que quiere ser una
explicación libre de Ex 12,31-33. Los primogénitos que van a morir
conocen en sus sueños la causa de su muerte, y entre los estertores de
la agonía la manifiestan a sus familiares. Así se explica la prisa del
faraón y de sus súbditos por que salgan pronto de Egipto los hebreos. En
la mente del autor, los egipcios no dieron crédito a las amenazas de
Moisés en Ex 11,4-8; cf. Sab 18,13.
Liberación de israel
18,20 También a los justos les alcanzó la prueba de la muerte
y en el desierto tuvo lugar una gran matanza,
pero no duró mucho la ira;
21 porque un varón intachable se lanzó en su defensa,
manejando las armas de su ministerio:
la oración y el incienso expiatorio;
hizo frente a la cólera y puso fin a la catástrofe,
demostrando ser ministro tuyo;
22 venció la indignación no a fuerza de músculos
ni esgrimiendo las armas,
sino que rindió al verdugo con la palabra,
recordándole juramentos y promesas hechos a los padres.
23 Cuando ya se hacinaban los cadáveres, unos encima de otros,
se plantó en medio y atajó el golpe,
cortándole el paso hacia los que aún vivían.
24 Pues en su ropa talar estaba el mundo entero,
y los nombres ilustres de los patriarcas en la
cuádruple hilera de piedras talladas,
y tu majestad, en la diadema de su cabeza.
25 Ante esto, el exterminador retrocedió atemorizado;
una sola prueba de tu ira bastaba.
18,20-25.
El autor relaciona períodos heterogéneos y distantes históricamente,
pero que vienen a ilustrar la tesis de su midrás (11,5) y el principio
teológico de 11,16.
Sab 18,20-25 sale al paso de una
dificultad: Israel, aunque fue probado también con la plaga de la muerte
en el desierto, no lo fue como Egipto. La estrofa no es una
contraprueba del contraste desarrollado en v.5-19. La prueba de la
muerte que sufren en el desierto los hijos de Israel (cf. Núm 17,6-15)
es solamente una prueba de la ira de Dios, que fue aplacado rápidamente
por la intercesión del mediador del mismo pueblo y al recuerdo de los
juramentos y promesas de Dios en favor del pueblo.
Existe
un contraste entre 18,5-19 y 18,20-25, pero es complementario: Israel
no experimenta la muerte en la noche trágica para Egipto de la primera
pascua, sino que es liberado por medio de Moisés después de
cuatrocientos años de esclavitud; Israel experimenta la muerte en el
desierto, pero es liberado de nuevo de la prueba momentáneamente por
medio de Aarón. Una vez más queda patente la misericordia de Dios con su
pueblo, aun en el momento de la prueba (cf. 11,9s; 12,22).
20.
El verso recuerda el azote sufrido por el pueblo (los justos) en el
desierto con ocasión de la sedición de Coré, Datán y Abirón (cf. Núm
17,6-15). Los que murieron fueron 14,700, sin contar los 250 muertos a
causa de Coré (cf. Núm 16,2.35; 17,14). Los justos siguen siendo el
pueblo. El autor no hace mención de la causa de la prueba y de la gran
matanza: las murmuraciones del pueblo contra Moisés y Aarón y el motín
(cf. Núm 17,6-10).
21. La intención del autor es la de
aminorar la significación de la dura prueba. Por esto insiste más en la
parte positiva, en la figura venerable del sacerdote Aarón. El es el
varón intachable, agradable a los ojos de Dios (cf. Núm 16,7;
17,9-10<LXX>, a pesar de Ex 32). Como sacerdote de Yahvé, era el
mediador entre el pueblo ofensor y Dios ofendido. El autor lo presenta
en su acción litúrgica con el incensario humeante en las manos (cf. Núm
17,11-12) y orando por el pueblo. De la oración nada nos dice Núm 17,
pero fácilmente se deduce de Núm 17,8.
La oración y el sacrificio
de Aarón son eficaces y cesa la cólera divina. Coré y su facción había
reclamado para sí también el servicio divino, reservado a la familia
sacerdotal de Aarón (cf. Núm 16, 3.9-11); pero no fueron dignos de ello a
los ojos de Dios; solamente Aarón y sus hijos fueron los ministros
escogidos por él (cf. Núm 16,20-24.31-17,2; también Sab 10,16; Eclo
45,6-7).
22-23. Dios, airado, visita a su pueblo con
un azote o calamidad públicos. El autor personifica este castigo: al
verdugo o al que castigaba, y el exterminador en v.25a. Aarón vence a
este enemigo con la palabra, con la persuasión de la oración (cf.
v.21c).
Dios es fiel cumplidor de su palabra empeñada;
por esto el recuerdo de los juramentos y de los pactos divinos es una
palanca potentísima en boca del orante, para mover a misericordia el
corazón de Dios (cf. Ex 32,13s; Neh 9,7s; Dan 3,35s). La cólera divina,
al parecer, se manifestó en una epidemia (cf. Núm 17,13).
24.
En este verso se refleja la exégesis común rabínica. Justifica el autor
el poder de intercesión de Aarón. Revestido de sus vestiduras sagradas,
el sumo sacerdote simboliza lo más querido de Yahvé: el universo creado
para la existencia (cf. 1,14; 11,24) y el pueblo elegido, y actuaba
también como representante de la majestad divina, simbolizada en la
diadema. De las vestiduras sagradas de Aarón, descritas minuciosamente
en Ex 28 y Eclo 45,6-12, el autor hace mención explícita únicamente de
la túnica, del pectoral y de la diadema. Ropa talar o túnica que llegaba
hasta los tobillos (cf. Ex 28,39-40). Sobre ésta vestía el manto del
efod, vestidura de púrpura violeta (cf. Ex 28,31-35). Simbólicamente la
ropa talar representaba el mundo entero, quizás por su amplitiud,
colores, ornato. Los nombres ilustres de los patriarcas: los doce
nombres de las doce tribus de Israel estaban grabados en doce piedras
talladas, y éstas, engarzadas en el pectoral en la cuádruple hilera, de a
tres cada una. El pectoral, cuadrado de un palmo de lado, pendía de los
hombros y descansaba en el pecho (cf. Ex 28,15-29). Sujeta a la tiara y
sobre la frente llevaba el gran sacerdote una lámina de oro con la
inscripción "consagrado a Yahvé": representaba la majestad divina,
siempre presente y propicia en los sacrificios que le ofrecía el
sacerdote (cf. Ex 28,36-38).
"Aarón es, pues, en este verso una
especie de personaje mesiánico de dimensiones cósmicas: un mesías
sacerdotal con rasgos reales y aureola divina. Todo él mismo representa y
asume el universo, pero lleva sobre su corazón los nombres de las doce
tribus de Israel, sobre su frente el reflejo del 'Nombre' sagrado, es
decir, de la trascendencia y del poder del Dios único y personal”.
A.Jaubert
subraya también los mismos rasgos en este pasaje de Sabiduría: "En este
midrás sobre el episodio de Números <17,6-15> la figura de Aarón
se ha engrandecido. Ante él retrocede espantado el exterminador, porque
ha visto el Nombre santo y secreto de Dios grabado en la lámina de oro.
La poderosa eficacia de Aarón proviene en primer lugar de la santidad
temible del Nombre que él opone a la cólera de Dios; ante su propio
Nombre Dios queda desarmado. Su fuerza de intercesión proviene también
de las 'glorias de los Padres', es decir, de los nombres ilustres de los
patriarcas, que son una protección siempre actual para su raza y
recuerdan a Dios sus promesas. Mas el sacerdocio de Aarón se ejerce
también en nombre del universo entero: 'en su ropa talar estaba el mundo
entero'. Esta última pequeña frase por sí sola no estaría tan cargada
de sentido, a no ser por las comparaciones halladas en Filón, que serán
decisivas: Aarón hace de sacerdote universal. El sacerdocio de Aarón
resume así en sí todo el poder de intercesión del cosmos; pero este
poder de intercesión no se plasma, si podemos hablar así, más que en los
grandes representantes de Israel, los patriarcas; él se concentra todo
entero en la presentación a Dios del Nombre divino" .
25.
La oración, el incienso (v.21) y la presencia del sacerdote con su
valor simbólico (v.24) aplacaron la cólera divina, personificada en el
exterminador (cf. Ex 12,23; 1 Crón 21,15-16). La justicia divina da paso
a su misericordia y, por esto, la prueba de la muerte (v.2) fue
solamente una prueba de su ira.
g. Juicio del mar contra egipcios - en favor de israelitas
(19,1-9)
19,1 Pero a los impíos los acosó hasta el fin una ira despiadada,
porque Dios ya sabía lo que iban a hacer:
2 que los dejarían marchar
y los urgirían para que se fueran,
pero luego, cambiando de parecer, los perseguirían.
3 En efecto, antes de terminar los funerales,
llorando junto a las tumbas de los muertos,
tramaron otro plan insensato,
y a los que habían expulsado con súplicas, los
perseguían como fugitivos.
4 Hasta este extremo los arrastró su merecido sino
y los hizo olvidarse del pasado,
para que remataran con sus torturas el castigo pendiente,
5 y mientras tu pueblo realizaba un viaje sorprendente,
toparan ellos con una muerte insólita.
6 Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes,
cambió radicalmente de naturaleza,
para guardar incólumes a tus hijos
7 Se vio la nube dando sombra al campamento,
la tierra firme emergiendo donde antes había agua,
el mar Rojo convertido en camino practicable
y el violento oleaje hecho una vega verde;
8 por allí pasaron, en formación compacta,
los que iban protegidos por tu mano,
presenciando prodigios asombrosos.
9 Como caballos pacían,
como corderos triscaban,
alabándote a ti, Señor, su libertador.
19,1-9.
Llegamos a la última comparación, al séptimo díptico, el más trágico de
todos. Intencionadamente el autor ha querido reservar para el final de
su discurso en siete comparaciones el más significativo. Los egipcios,
perseguidores de los israelitas, representan una vez más a los malvados,
y los israelitas, perseguidos, a los justos. El mar es el instrumento
del que Dios, supremo juez, se vale para ejecutar la sentencia de este
juicio histórico, elevado a categoría de símbolo y, por eso, con valor
escatológico.
En Sab 19,1-9 se cumple la
tesis propuesta al comienzo de la tercera parte, en 11,5: "con lo que
sus enemigos eran castigados, ellos, en el apuro, eran favorecidos": el
mar sepulta y ahoga a los egipcios (v.1-5), el mar se convierte en
camino expedito para los israelitas (v.6-9).
Descubrimos cierto paralelismo entre la primera comparación en
11,6-14: agua de la roca - aguas ensangrentadas del Nilo, y ésta
séptima: el agua es el elemento común, elemento vital que se convierte
en instrumento de muerte y de exterminio: a tal perversión se puede
llegar por la insensatez humana.
1-5. Primera cara del díptico, la negativa. Los egipcios persiguen a
los israelitas hasta el mar Rojo, por esto se va a manifestar el juicio
histórico contra los impíos. El autor supone conocida la narración de Ex
14 y la interpreta con la misma fe providencialista con que fue escrita
y ahora es leída en su comunidad judía de Egipto. En un solo hecho se
revela en la historia el gran poderío de Yahvé, que será ira despiadada
para los egipcios y salvación para los israelitas.
1. La nueva estrofa contrasta con la anterior, como las sombras
con la luz. Los impíos son los egipcios (cf. 10,20; 11,9; 16,16. 18),
porque persiguen al pueblo que se supone inocente, y porque se han
opuesto y se oponen con pertinacia a la voluntad de Dios, manifestada
reiteradamente por medio de Moisés.
Los acosó:
la metáfora parece tomada de una escena de caza, en la que la presa
acorralada ya no puede escapar de los perseguidores. El autor ironiza:
los egipcios persiguen a los israelitas para darles alcance y
apresarlos; pero son ellos en realidad los perseguidos y acosados.
Hasta el fin o total exterminio (cf. 16,5; Jos 10,20), castigo supremo.
Una ira despiadada: la derrota de los egipcios, en la mentalidad del
autor, fue efecto de la justicia vindicativa de Dios que luchaba en
favor de su pueblo (cf. Ex 14,14.24-31).
Dios ya
sabía: la previsión del futuro por parte de Dios es una verdad
fundamental en la sagrada Escritura; pero es más una convicción
implícita en la fe de los autores sagrados y supuesta en otros dogmas
(por ejemplo, en el de la providencia), que formulada expresamente (cf.
Dan 13,42; Sal 129). Solamente Dios puede saber y predecir lo que ha de
suceder y, en este sentido, se distingue de los falsos dioses, a los que
reta el profeta: "Narradnos vuestras predicciones pasadas y prestaremos
atención; anunciadnos el futuro, y conoceremos el desenlace; narrad los
sucesos futuros, sabremos que sois dioses" (Is 41,22-23). En este saber
de antemano de Dios se fundamenta el valor del testimonio de los
verdaderos profetas, que anuncian en nombre de Dios lo que ha de venir
(cf. Dt 18,21-22).
Al tratar de la contumacia humana,
como en este lugar, desde "el punto de vista divino se puede hablar de
una previsión del desenlace final con sus diversos pasos: el castigo
limitado, interrumpido, el castigo pendiente, la falta de consecuencia y
la insensatez humana. Por culpa del hombre, la ira de Dios resulta
despiadada, porque el hombre se resiste a la piedad. El hombre se
resiste a ver venir ese momento final, y con su ceguera lo apresura, él
mismo se mete en las aguas mortales. Es lo que hacían los impíos de los
caps.1-5; también los egipcios llevan aquí el apelativo 'los impíos'“.
2. El que (o . [ti) inicial introduce el verbo principal: los
perseguirían; pero a la acción de perseguir (en futuro) le preceden tres
participios (en aoristo) que describen el proceso de los egipcios en
aquella noche, que terminará con un "plan insensato" (v.3c):
primeramente el faraón y los egipcios, aterrorizados ante el espectáculo
de la muerte de sus primogénitos, permitirían a los israelitas salir de
Egipto (cf. Ex 12,31-32); en segundo lugar el autor se inspira para
v.2b en Ex 12,33: "Los egipcios urgían al pueblo para que saliese cuanto
antes del país" . Pero pronto cambiarían de parecer. El motivo para
ello pudo ser de orden socioeconómico: habían perdido una gran cantidad
de mano de obra barata; así parece insinuarlo Ex 14,5: "¿Qué hemos
hecho? Hemos dejado marchar a nuestros esclavos israelitas”. Y por ello
decidieron salir en su persecución (cf. Ex 14,6-9).
3. El verso confirma la previsión divina de v.1b. El autor
recoge y relaciona las tradiciones de Núm 33,4: "Los egipcios estaban
todavía enterrando los primogénitos”, cuando los israelitas comenzaron
su marcha, y de Ex 14,6-8 sobre la persecución de los egipcios. A este
plan imprevisto e improvisado le llama el autor insensato, como lo
explica inmediatamente en v.3d. Es interesante subrayar que el plan o
determinación es totalmente libre; precisamente por eso se le puede
llamar con propiedad insensato, supuesta la historia anterior de las
plagas y la precipitación con que lo han tomado.
4. El autor considera el desarrollo de la historia de los
egipcios como un flujo ininterrumpido de causas y efectos. Habían
llegado al extremo de la insensatez en aquella persecución que
significaría su exterminio.
El sino, destino o
necesidad no es una fuerza fatal, independiente de la libre voluntad
humana y muy conocida entre los griegos, sino el hecho consumado y real
al que los egipcios se acercaban con sus propios pasos, libremente dados
(cf. v.3), por lo que se llama justo o merecido.
Este
término de las acciones responsables -en la mente del autor ya
realizado- lo considera el autor como el regulador de las acciones
sucesivas de los egipcios. Ellos han decidido libremente perseguir a los
elegidos del Señor y, por lo tanto, completan así la medida de sus
pecados y provocan la justicia vindicativa. Los egipcios, que han
olvidado rápidamente la reciente experiencia de las duras pruebas a que
han sido sometidos, son, por esto, modelo del pecador, que libre y
metódicamente cierra su corazón a los toques de la gracia para la
conversión a Dios.
5. Pero Dios dirige la
historia, por lo que la persecución de los egipcios es un momento más de
la realización de sus planes.
Los dos
hemistiquios del v.5 son dos proposiciones finales consecutivas,
dependientes de la partícula i . [na: para que, de v.4c; contienen
además la antítesis entre el pueblo de Dios y el pueblo egipcio. Israel
se ve obligado a realizar un viaje sorprendente, un camino inverosímil
(cf. 5,2; 16,17): atravesar a pie el mar Rojo; los egipcios, que, al
parecer, lo tienen todo a su favor, van a encontrar, sin embargo, una
muerte insólita. Juego de contrastes: sorprendente - insólita. Esta
muerte tiene un sentido marcadamente escatológico, como el término del
proceso judicial de un pueblo ante el tribunal inapelable de Dios.
6-9. P.Beauchamp cree que el autor sigue a partir de v.6 el
esquema de creación de Gén 1,1-2,4a, aunque no con todo rigor. Lo
confirma L.Alonso, quien escribe: "La falsilla del Génesis explica esta
sección, sin ella varios versos son inexplicables. La falsilla se
entrevé en algunas repeticiones verbales (a través de la traducción
griega). En esquema (sin olvidar que se trata de una lectura de las
tradiciones del éxodo):
1.Caos-tinieblas-aliento de Dios (Gn 1,2)-la nube (Sab 19,7a)
2. Tierra saliendo del agua (1,9-10)-Mar Rojo (19,7b)
3. Hierba de la tierra (1,11)-"vega verde" (19,7d)
4. Animales de cielo, agua y tierra (1,20-25)-(19,10-12)
<5.Luz y tinieblas (1,3-5.17-18)-ceguera a la puerta del justo (19,17). Esta pieza es bastante dudosa>
- Los elementos (tema griego): tierra, agua, fuego (19,19-21)
6.Alimento de la tierra (1,29)-alimento del cielo (19,21c)
El esquema nos hace ver la síntesis de lo bíblico con lo griego
(que atraviesa todo el libro); no se repite sin más el génesis, sino
que se transmutan sus leyes para una nueva creación”.
19,6-9 constituye la segunda cara del díptico séptimo, la
positiva. La nueva estrofa, ligada a la anterior por ser una
fundamentación del v.5 (cf. ga . /r en v.6a), es en realidad una
consideración teológica sobre los episodios extraordinarios del Exodo.
Comienza proponiendo un principio teológico: la nueva creación, y la
finalidad pretendida: la salvación de los israelitas, hijos de Dios
(v.6). A continuación prueba el autor sus afirmaciones; los v.7-9
recuerdan de una forma nueva el paso del mar Rojo.
6. El autor ha conservado en todo su midrás 11-19 la misma
actitud espiritual y teológica (cf. 16,15ss). Él reinterpreta los
acontecimientos del Exodo, fundamentales para comprender el significado
de la historia de Israel, a la luz espiritual de la fe en Dios protector
y salvador. Pero a partir del v.6 pone más de manifiesto su visión
sobrenatural de la historia del Exodo. El v.6 formula nuevamente lo que
largamente ha desarrollado el díptico central (cf. 16,17-25).
La creación entera, criatura de Dios, como materia moldeable en las
manos del artista, está por entero subordinada a los designios de su
voluntad, cumpliendo tus órdenes (cf. 5,17; 16,24s). Los hechos
puntuales que componen la narración del Exodo adquieren una dimensión
universal en el espacio y en el tiempo, y el autor los presenta como
figura y tipo de lo escatológico, o de la nueva forma de ser en el mundo
nuevo o la nueva creación, anunciada ya en Is 65,17 y 66,22. La alusión
a la primera creación de Gén 1,1ss es evidente; pero ahora lo que
resulta es otra nueva forma de ser y de actuar de la creación. La nueva
configuración de la realidad, aunque afecta a su propia naturaleza, no
destruye la anterior, como se verá en los sucesos de los v.7ss, y más en
particular en v.18 (cf. 16,17-25).
La intención
última de esta nueva forma de ser de la creación es la misma que la de
la primera (cf. 5,17), pero con un nuevo horizonte: para guardar
incólumes a tus hijos, expresión magnífica de la consoladora realidad de
la providencia especial de Dios sobre los justos. La interpretación del
autor: la nueva creación va más allá de la significación literal del
Exodo. No se trata de unos sucesos meramente profanos, son sucesos que
en su médula participan del carácter religioso y sobrenatural de la
presencia divina que el autor inspirado, por su fe, descubre en ellos.
7. El verbo pasivo se vio (e . ~qewrh . /qh) tiene en el texto
griego cuatro sujetos gramaticales: la nube (v.7a), la emergencia de la
tierra (v.7b), un camino (v.7c), una llanura (v.7d). Sintetiza el autor
temas muy repetidos en los cantos épicos sobre el paso del mar Rojo, y
los completa con rasgos originales.
Como caso
extraordinario anota en primer lugar que la nube daba sombra al
campamento. La nube representa la presencia de Dios en medio de su
pueblo. Según las tradiciones de Exodo y Números, la columna de nube o
la nube nunca cubría el campamento. Solamente Núm 10,36(LXX) une los
elementos "nube”, "dar sombra" y "campamento": "La nube les daba sombra
durante el día, cuando partían del campamento”. El autor de Sab traslada
la nube sobre el campamento momentos antes de atravesar el mar Rojo,
porque la potencia divina los cubría con su sombra (cf. Sal 105,39).
Tierra seca o firme, el fondo del mar Rojo (cf. Ex 14,16.22). Parece
clara la alusión a Gén 1,9-10, donde aparece lo seco de entre las
aguas. La vega verde o llanura verdeante es el mismo fondo marino,
camino practicable (cf Is 43,16; 51,10); lo llama vega verde (cf. Is
63,13s) no por las algas marinas, sino probablemente por influjo del
esquema de creación (cf. Gén 1,11-13).
8-9. En estilo hímnico recuerda el autor el paso glorioso del mar Rojo
(cf. 10,18), al que la tradición posterior adornó con hechos
maravillosos. Is 63,11-14 está presente en la memoria del autor y le
presta las imágenes apacibles y alegres de los caballos apacentados y
del ganado retozón:
"Se acordaron del pasado, del que sacó a su pueblo:
¿Dónde está el que sacó de las aguas al pastor de su rebaño?
¿Dónde el que metió en su pecho su santo espíritu?
¿El que estuvo a la derecha de Moisés
guiándolo con su brazo glorioso?
¿El que los hizo andar por el fondo del mar
como el caballo por la estepa sin tropezar,
y como ganado que baja a la cañada?,
y el espíritu del Señor los llevó al descanso:
así condujiste a tu pueblo ganándote renombre glorioso”.
(Cf.
Sal 114,4.6; Mal 3,20). "La comparación con los caballos, comenta
L.Alonso, puede aludir irónicamente a la caballería del Faraón ahogada
en el mar”.
Los israelitas, al verse libres
de sus perseguidores en la otra orilla del mar Rojo, entonaron himnos
en honor del Señor (cf. Ex 15), su libertador (to . %n r . ?uo .
/menon). Ex 14,30 dice: "Aquel día libró (LXX: e . ~rru . /sato) el
Señor a los israelitas de los egipcios”. Los relatos sobre los orígenes
del pueblo israelita atribuyen la salvación de aquel núcleo del pueblo a
la acción directa y maravillosa del Señor. El es el Señor de este
pueblo, su creador, su salvador y libertador. Por esto le dedican sus
himnos y cantan en su honor (cf. Salterio; Is 43,21; 42,10-12, etc.).
El canto de acción de gracias, dirigido directamente a Dios en
v.9c, sirve al autor como recurso estilístico para formar una inclusión
con 10,20, "a la cual se añaden las únicas menciones del mar Rojo en
10,18 y 19,7" . También sirve al autor el v.9b de transición para
trasladarse al tiempo del destierro en Egipto y seguir así el esquema de
la creación (cf. Gén 1,20ss).
2.4. Reflexiones finales: 19,10-21
Después
del desarrollo del tema propuesto en 11,5 con las siete comparaciones
(11,6-14 y 16,1-19,9) el autor añade, para terminar, unas reflexiones de
alcance general. La finalidad de tales reflexiones teológicas y su
composición han suscitado opiniones encontradas entre los autores, como
en parte ya hemos visto.
Nosotros hemos adoptado la
siguiente división en tres estrofas: 1. Reminiscencias de Egipto y del
desierto (v.10-12); 2. Egipcios y Sodomitas (v.13-17); 3. Metamorfosis
de la creación (v.18-21). Hay correspondencias entre las estrofas 1a. y
3a; la estrofa 2a. (v.13-17) debe de tener una función muy especial que
habrá que averiguar, pues su "contenido desconcierta bastante”.
Reminiscencias de Egipto y del desierto (19,10-12)
19,10 Aún tenían en la memoria todo lo del destierro:
cómo la tierra en vez de animales, produjo mosquitos;
y, en vez de especies acuáticas, vomitó el río cantidad de ranas.
11 Más tarde vieron también un nuevo modo de nacer los pájaros,
cuando, acuciados por el apetito, pidieron manjares de capricho;
12 pues, para satisfacerles, salieron codornices del mar.
19,10-12.
El recurso al recuerdo o a la memoria de los israelitas, ya liberados
tras pasar el mar Rojo, le va a servir al autor para confirmar el
principio teológico que atraviesa el libro entero y que formula
magníficamente en 16,24: "La creación, sirviéndote a ti su hacedor, se
tensa para castigar a los malvados y se distiende para beneficiar a los
que confían en ti”. Doble acción de la naturaleza: para castigo, para
beneficio según se aplique a los injustos y malvados o a los fieles al
Señor.
En la presente estrofa, el v.10 recuerda la
plaga de los mosquitos (Ex 8,12-15) y de las ranas (Ex 8,1s) en el país
de Egipto. Así tiene plena aplicación 16,24b; los v.11-12 nos trasladan
al desierto, donde se despliega la acción bienhechora de la naturaleza
en favor de los israelitas; se cumple lo dicho en 16,24c y que había
sido formulado de otra manera en 5,17b: "El cosmos es paladín de los
justos”, aunque sea necesaria una actuación sorprendente de la misma
naturaleza, como ha establecido el autor en 19,6, pues los cambios
radicales que se operan en la naturaleza manifestarán siempre el
propósito divino de proteger a su pueblo.
El tema
central de los v.10-12 es el de la nueva producción o generación de
animales; corresponde al quinto y sexto día de la creación en orden
inverso: animales terrestres, acuáticos, volátiles, en vez de animales
acuáticos, volátiles, terrestres de Gén 1,20-25. Según el autor, en
tiempos del Exodo tuvo lugar una nueva creación según el modelo de la
primera; no son los animales los que producen los animales, sino la
tierra produce mosquitos (cf. Ex 8,12-15), el agua ranas (cf. Ex 8,1s;
Sab 11,15.27; 16,1.3) y más tarde, ya en el desierto, pasado el mar,
codornices (cf. Ex 16,13; Núm 11,31-32; Sab 16,2-3). La interpretación
es atrevida, pero está dentro del estilo midrásico y es una aplicación
del principio enunciado en v.6.
Egipcios y Sodomitas (19,13-17)
19,13 Y a los pecadores les sobrevinieron los castigos
no sin el previo aviso de violentos rayos;
justamente sufrían por sus propios delitos,
por haber odiado cruelmente a los extranjeros.
14 Sí, hubo quien negó hospitalidad a unos visitantes desconocidos;
pero éstos esclavizaron a unos emigrantes que les hacían buenos oficios.
15 Más aún: queda otro castigo para ellos
por haber recibido hostilmente a los extranjeros;
16 pero éstos, después de agasajarlos a su llegada,
cuando tenían ya los mismos derechos,
los maltrataron con trabajos inhumanos.
17 Y también los hirió la ceguera,
como a aquéllos que a la puerta del justo,
envueltos en densa oscuridad,
tanteaba cada uno la entrada de su puerta.
19,13-17.
No cabe duda de que los v.13-17 son una unidad dentro del conjunto
19,10-21; introducen un tema nuevo: egipcios-sodomitas. Lo que ya no
está tan claro a primera vista es la función que tiene en el conjunto.
La
estrofa rompe el hilo del tema general: una nueva creación, y
bruscamente aparecen los sodomitas. Una explicación plausible es la
aplicación del esquema de creación. Hemos visto cómo el autor sagrado ha
seguido el orden de Gén 1 (cf. v.7a con Gén 1,2; v.7b con Gén 1,9s;
v.7c con Gén 1,11s; v.10 con Gén 1,20-25). El tema de la luz y de las
tinieblas (Gén 1,3-5.14-19) lo había saltado el autor, pero en v.17
aparecen las tinieblas. Relaciona el autor la ceguera de los habitantes
de Sodoma con la plaga de las tinieblas en Egipto (cf. Ex 10,21-23; Sab
17,1-18,4). Aunque parezca desconcertante el modo de proceder del autor,
es consecuente con el esquema preestablecido, que confirma la tesis de
la nueva creación.
13. El autor continúa aplicando el
método de constrastes; al recuerdo de los beneficios de los israelitas
opone el castigo que los egicpios sufrieron en la catástrofe del mar
Rojo. El tema ya estaba anunciado en v.5 (cf. también v.1).
Ex
14,23ss, que narra la catástrofe de los egipcios, nada nos dice de una
tormenta con rayos y truenos, como señal precursora de lo que iba a
suceder. No se trata, sin embargo, de una pura invención del autor, pues
existía al menos una tradición, consignada en Sal 77, que hablaba de
una gran tormenta en el momento del paso por el mar Rojo:
"Te vio el mar, oh Dios,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.
Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban;
rodaba el estruendo de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida:
tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas;
mientras guiabas a tu pueblo como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón" (17-21).
Tradiciones
semejantes encontramos en Filón, Flavio Josefo y Targum Neoph. El
detalle del previo aviso nos recuerda la doctrina del autor sobre la
pedagogía divina en la aplicación de los castigos a los pecadores (cf.
11,17ss; 12,8ss).
Subraya enfáticamente el autor que
estos castigos los padecían los egipcios justamente, porque se han
asemejado a los sodomitas, modelo estereotipado de los hombres injustos,
sin piedad. La transición a los sodomitas la prepara la palabra clave
misoceni /a: odio al extranjero. Probablemente el autor refleja un
ambiente de polémica de su tiempo (cf. v.16). Es sabido que a los judíos
se les ha acusado de ser enemigos del género humano. El autor pasa a la
ofensiva, devolviendo la acusación.
14. Es fiel el
autor a su método de no utilizar nombres propios. Sí, hubo quien: une el
v.14 con el anterior, al probar lo extremado de la xenofobia de los
egipcios; pero la expresión estructuralmente está orientada a lo que
sigue, pues requiere la fórmula complementaria pero éstos (v.14b).
Enfrenta así el autor, sin nombrarlos, a sodomitas y egipcios; v.14a se
refiere a los habitantes de Sodoma que quisieron abusar de los huéspedes
desconocidos, recibidos por Lot (cf.Gén 19,1-11).
En
la sagrada Escritura uno de los ejemplos típicos de castigo es el de los
sodomitas. La causa es doble: el delito contra la hospitalidad y la
perversión sexual como pecado. El autor prueba que la culpa de los
egipcios es mayor que la de los sodomitas, utilizando solamente como
término de comparación el delito contra la hospitalidad. Pues si es
grave no recibir con hospitalidad a unos desconocidos, mucho más grave
es reducir a esclavitud a unos huéspedes bienhechores. De aquí se
desprende que su castigo deberá ser mayor.
Estos huéspedes
emigrantes son los israelitas, emparentados con José, el gran bienhechor
de Egipto, según Gén 41,37ss; 47,13ss. Ex 1,8ss nos narra cómo los
hebreos fueron convertidos en esclavos de los egipcios.
15.
La fijación del texto es muy difícil en su primer hemistiquio.
Preferimos el texto subyacente a la VL primitiva. Referimos, por tanto,
el v.15 a los sodomitas. Por su pecado contra la hospitalidad no sólo
con los huéspedes de Lot (Gén 19,1-5), con el mismo Lot, extranjero
entre ellos (cf. Gén 19,9), sino con todos los extranjeros, serán
castigados aún más duramente con castigos de carácter ascatológico.
16.
El v.16 añade a v.14b la alusión a la recepción festiva que dispensaron
los egipcios a los israelitas (cf. Gén 45,16ss; 47,1ss), que contrasta
con el odio que siguió después (cf. v.13d). La benevolencia primera y
una larga permanencia en Egipto habían conseguido ya para los israelitas
el poder gozar de los derechos civiles propios de una comunidad
político religiosa, legalmente constituida. Sin duda, el autor refleja
aquí la polémica de su tiempo sobre el derecho de ciudadanía de los
judíos (cf. v.14).
17. Aparece, por fin, el tema del
esquema de la creación: las tinieblas, bien introducido en el tema
particular del castigo por la inhospitalidad de los sodomitas y
egipcios. La plaga de las tinieblas que padecieron los egipcios (cf. Ex
10,21-23; Sab 17,2) se compara a la ceguera de los sodomitas a las
puertas del justo Lot (cf. Gén 19,11; Sab 10,6; 2 Pe 2,7).
La
interpretación que el autor hace de la ceguera está dentro de la línea
de la interpretación alegórica. Por ceguera entiende la carencia
absoluta de luz interior, que padecen todos aquellos (los impíos) que
están alejados de la fuente de la luz verdadera, la Ley (cf. 18,4). O
como dice L.Alonso Schökel: "Hay luz en la casa del justo, había luz en
torno, y esos hombres se han cegado obrando contra los huéspedes que les
traen la luz. Así enlazamos con 18,4, concretando el tema de la
injusticia: 'justamente sufrían'" .
De éstos se puede decir con
verdad que están envueltos en una densa oscuridad y, por consiguiente,
andan por la vida "a tientas”, como unos ciegos (cf. Hech 17,27).
Metamorfosis de la creación (19,18-21)
19,18 Los elementos de la naturaleza se intercambiaban su propiedades;
lo mismo que en un arpa los sonidos cambian el carácter de la melodía,
siguiendo el tono,
como puede colegirse exactamente a la vista de lo que pasó;
19 pues los seres terrestres se volvían acuáticos,
y los que nadan, se paseaban por la tierra;
20 el fuego acrecentaba su propia virtud en el agua,
y el agua olvidaba su condición de extintor;
21 las llamas, por el contrario, no abrasaban
las carnes de los endebles animales que por allí merodeaban
ni derretían aquella especie de ambrosía, cristalina y soluble.
19,18-21.
Naturaleza nueva en la nueva creación del Exodo. Esta sección es la
última del cap.19 y en ella se alude a temas tratados en los dípticos
cuarto y séptimo. El v.18 propone una especie de principio
filosófico-teológico (cf. v.6); los v.19-20 lo confirman con los sucesos
del mar Rojo (cf. v.7-9) y el v.21 con los agrupados en el díptico
cuarto: 16,15-29 (cf. 19,10-12).
18. El v.18
lógicamente se une al v.12. El autor se vale de la teoría cosmológica de
los elementos y del concepto de armonía universal, para explicar de
forma racional y asequible los hechos realizados por Dios en tiempos del
Exodo. El vocabulario parece técnico filosófica y musicalmente
hablando, pero no lo es. Con fundamento se puede dudar de que el autor
haya pretendido siquiera utilizarlos en su sentido técnico.
Los
elementos son los elementos constitutivos de la naturaleza o del
universo; de ellos trataban muy sabiamente los filósofos de todas las
escuelas. El autor hablará solamente del agua, de la tierra, del fuego
(v.19-20), no del aire.
Se intercambian: el verbo está
en participio (meqarmozo /mena) y concuerda con los elementos; evoca la
imagen musical pitagórica de la armonía universal. El autor se mueve en
el ámbito musical: arpa (yalth /rion), sonidos (fqo /ggoi), la
melodía, tono o sonoridad. En el uso que el autor hace de la comparación
musical se confunden imagen y realidad. El autor insiste en la
permanencia de la naturaleza singular; pero constata que la totalidad
cambia. En la nueva música los sonidos no son nuevos, sino la melodía y
el modo. Lo va a probar con algunos ejemplos.
El
Profesor L.Alonso Schökel, experto en el arte de la música, ha tenido la
deferencia de comunicarme por escrito su interpretación personal del
v.18, que es la siguiente: "Para explicar la síntesis de fijeza y
variedad, las metamorfosis de lo permanente, el autor recurre a una
comparación musical, siguiendo una vieja tradición griega. Pero no
parece ser muy versado en teoría musical ni parece emplear las palabras
con rigor técnico. Nos habla de fqo /ggo$ o sonido en general, del h
}xo$, que puede significar resonancia, y del o {no-ma r ?uqmou = o
nombre del ?. La palabra griega r ?uqmo /$ no coincide con nuestro
término técnico 'ritmo', sino que abarca más cosas (lenguaje, melodía,
movimiento, danza). Creo que se refiere a los diferentes 'modos'
musicales que tenían su nombre cada uno: lidio, frigio, dórico, etc. En
tal caso, el material son los sonidos, permanece el tono de la cuerda
que suena, varía el modo musical o de la melodía. En otros términos, y a
modo de ejemplo, un la nuestro, me /sh en griego, tendrá función
diversa en un modo lidio o en otro frigio. Así en la creación, los
elementos permanecen estables: el fuego sigue siendo fuego, el agua
agua, el aire aire, la tierra tierra; pero en una prodigiosa
metamorfosis, en una armonía salvadora, se cambián sus propiedades o
virtudes o efectos. Esos cambios de función, sin cambiar naturaleza, no
destruyen la armonía, sino que la cambian. Un músico occidental clásico
recurriría quizá al ejemplo de la tonalidad, modulación, enharmonía,
etc.
Aunque el autor de Sabiduría no haya estado muy feliz en los
detalles, tuvo el acierto de recurrir a la imagen sugestiva de la
música para cerrar su libro o su repaso histórico con un acorde que
queda resonando en nuestra imaginación”.
A esto
podemos añadir lo que el mismo L.Alonso Schökel escribe en su
comentario: "La música, por analogía, hace comprender un misterio de la
acción divina: como instrumentista y compositor, Dios sabe crear una
unidad de lo múltiple, sabe establecer leyes y proporciones, sabe
cambiar esas leyes sin destruir la armonía. En vez de música de las
esferas, armonía del cosmos y armonía de la historia como variaciones de
un tema de salvación. Bien mirado, bien escuchado, el éxodo se nos
convierte en un poema sinfónico que hace presentir una nueva creación
para una salvación definitiva”.
El v.18d se refiere a
lo narrado en Ex 7-16, de lo cual se ha hecho ya mención en Sab; el
cap.19, en parte, es un resumen de todo ello.
19. En la primera parte del verso parece que el autor alude al paso
de los israelitas y sus caballerías por el mar Rojo (cf. Ex 14,16.22);
v.19b muy probablemente hace referencia a la invasión de las ranas,
salidas del Nilo (cf. Ex 8,2-3).
Filón explica así este pasaje:
"De nuevo, el hermano de Moisés recibió una orden; extendiendo su bastón
sobre canales, lagos y estanques, los tocó. Al momento que lo extendió,
subió de las aguas tal cantidad de ranas que no sólo se llenaron de
ellas las plazas y la campiña, sino también los establos, las casas, los
santuarios, todos los lugares privados y públicos, como si la
naturaleza se hubiera propuesto enviar una sola especie de animales
acuáticos a fundar una colonia en la región contraria, pues la tierra
firme es contraria al agua”.
20-21. Sobre la función
cósmica de los elementos fuego y agua al servicio de los justos ya había
tratado el autor en el díptico central de esta tercera parte (cf.
16,17-27). Según la interpretación que allí se daba de los
acontecimientos del Exodo, la acción de la naturaleza, sometida a su
Hacedor, había culminado en la preparación del maná (cf. 16,20). Ahora,
al final de su discurso, vuelve el autor al tema del alimento
sobrenatural, al que llama especie de ambrosía, porque da la
inmortalidad o, al menos, es apto para los seres inmortales.
No
parece que sea pura casualidad que el autor termine el midrás con las
palabras relativas a la ambrosía. También en el sexto día de la creación
Dios termina su obra dando al hombre y a todos los animales su
alimento: "Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla
sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran
semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra -a
todos ser que respira-, la hierba verde les servirá de alimento" (Gén
1,29-30). Recordemos también que en la versión del yahvista el relato
del paraíso termina con el "árbol de la vida" (Gén 3,24).
En la
nueva creación, por lo tanto, existe también un alimento dado por Dios
que nos da la posibilidad de la inmortalidad. Este pensamiento está
implícito en el autor, ya que él se refiere directamente al tiempo del
Exodo, pero su finalidad es parenética, por lo que su pensamiento es
aplicable al tiempo presente y futuro.
Conclusión: Himno de alabanza a Dios: 19,22
19,22 Porque en todo, Señor, enalteciste y glorificastea tu pueblo,
y nunca y en ningún lugar dejaste de mirar por él y socorrerlo.
Cierra
el autor su midrás en estilo hímnico y oracional, dialogando con el
Señor. Según su visión optimista y llena de fe, toda la historia pasada
de Israel se puede convertir en un himno de alabanza al Señor, Su Dios.
Todo lo que Israel ha sido y es se lo debe a su Señor; así lo canta en
sus himnos y lo narran sus historias, como ha demostrado magníficamente
la tercera parte del libro.
Con toda razón llama
A.Jaubert a este verso final del libro "Leit-motiv del judaísmo de la
diáspora”, ya que expresa la fe profundamente arraigada de un pueblo
desarraigado de su tierra, pero seguro de ser elegido de Dios y de gozar
de su protección en cualquier tiempo y lugar.
El autor
escribe a israelitas en la diáspora y, quizás, en momentos de prueba.
La lección que se desprende de la historia para el presente y para el
futuro es de esperanza. Dios es fiel a sí mismo; lo que ha hecho en
tiempos pasados con el pueblo, lo seguirá haciendo en el futuro. Esta
afirmación de confianza en Dios salvador vale, pues, para el Israel de
todos los tiempos, para todo pueblo que reconozca la soberanía
misericordiosa del Señor y para el nuevo "Israel de Dios" (Gál 6,16),
pues Jesús mismo ha prometido su asistencia hasta el final de los
tiempos: "Mirad que yo estoy con vosotros cada día, hasta el final del
mundo" (Mt 28,20).
Al terminar este Comentario a Sab, permítansenos unas breves reflexiones.
Sab
es una relectura del Antiguo Testamento, hecha por un judío de la
diáspora en los albores de la era cristiana. Lo que en verdad le
interesa al autor no es recordar la historia pasada de su pueblo, porque
es muy bella y porque es historia, sino porque en esa historia descubre
la manera de ser y de actuar de Dios, en el que creía su pueblo y él
también cree. Vista de este modo la historia: en sentido restringido, de
historia del pueblo de Israel, y en sentido amplio, de historia
universal de todos los pueblos, la historia se convierte en maestra de
vida para el que la sabe interpretar.
El creyente
descubre la presencia de Dios en todos sus recovecos, y aprende que Dios
le habla a través de todos los acontecimientos palabras de aliento y de
esperanza. Porque él es Señor de ella, como lo es de la creación.
Dios
promete la victoria final, escatológica, a los individuos (primera
parte) y a los pueblos (tercera parte), aunque unos y otros tengan que
padecer y sufrir derrotas parciales que, a los ojos profanos, parecen
definitivas.
Dios es educador y maestro de los que
confían en él, individuos y pueblos, lo mismo cuando castiga que cuando
premia. Los que se afanan por descubrir su voluntad y por seguirla,
obedeciendo sus leyes, participan de la Sabiduría. Ella los convierte en
justos, amigos de Dios, profetas y reyes (segunda parte).
Los
que se olvidan de Dios y siguen sus propios criterios se hacen a sí
mismos norma suprema de justicia. De esta manera pervierten el orden de
los valores humanos y divinos, se convierten en malvados, impíos,
idólatras y, por lo tanto, en reos de lesa divinidad y humanidad. No
importa el nombre que se le dé a las doctrinas impías o a los ídolos que
el hombre se forje, pues cada tiempo tiene los suyos, también el
nuestro.
Dios es el único salvador del hombre (cf. Sab
16,7); pero lo hace a su manera, no anulando al hombre, sino
devolviéndole su dignidad y haciendo que el hombre se salve a sí mismo y
a los demás (Sab 6, 24).
Como resumen final valga una
palabra de Isaías y otra de Pedro, el apóstol: "Yo, yo soy el Señor,
fuera de mí no hay salvador" (Is 43,11); "La salvación no está en ningún
otro (que en Jesús), pues bajo el cielo no tenemos los hombres otro
diferente de él al que debamos invocar para salvarnos" (Hech 4,12).
APÉNDICE I
Los judíos en Egipto hasta mediado el siglo I d.C.
No sabemos con certeza cuándo fue escrito el libro de la
Sabiduría; los autores discuten sobre este punto sin ponerse de acuerdo.
Pero cada vez se va haciendo más estrecha la franja de tiempo en que se
cree fue escrito Sab. Los argumentos principales nos los proporciona el
libro mismo: probables alusiones a situaciones históricas del tiempo
del autor (¿Sab 19,13-17?), vocabulario, estilo, etc.
Para facilitar más la comprensión e interpretación del libro
mismo y de las teorías que se discuten a propósito de él, proponemos
esta síntesis histórica de la situación de los judíos en el Egipto del
tiempo helenístico y del primer siglo de la dominación romana.
1. Primeras colonias judías en Egipto
La tierra de Canaán o Palestina y Egipto, por la posición
geográfica que ocupan, están condenados a mantener relaciones
permanentes; unas veces serán de amistad otras de enemistad, pero nunca
de indiferencia. Egipto fue siempre el país rico, Canaán el pobre; por
esto los habitantes del segundo emigraron al primero en tiempos de
calamidad, como nos confirman los testimonios históricos extrabíblicos y
la sagrada Escritura. En los momentos de esplendor y de fuerza del país
regado por el Nilo la franja costera del Mediterráneo oriental fue
sometida por los ejércitos egipcios. Ahora, sin embargo, no nos
interesa recordar todas las alternancias de los tiempos de guerra y de
paz; nos limitaremos a la época helenística, es decir, al tiempo que
sigue a la muerte de Alejandro Magno. En efecto, a partir de 323 a.C. la
presencia judía en Egipto es un hecho relevante y de consecuencias muy
importantes.
Sabemos que existen colonias
judías en Egipto antes del siglo IV a.C. La más antigua y famosa es la
de Elefantine en el alto Egipto, cerca de la actual Assuán, cuyos
inicios se remontan probablemente al reinado de Psamético II (594-589
a.C.), que luchó contra los etíopes.
Por esta
época el reino de Judá sufre fuertes ataques de los babilonios. Los
jóvenes buscan nuevos horizontes y se alistan en el ejército de
Psamético. El año 586 a.C. caerá definitivamente Jerusalén en manos de
Nabucodonosor II, y se producen nuevas oleadas de inmigrantes en el
Egipto acogedor. El profeta Jeremías será arrebatado también poco más
adelante por los que huyen a Egipto después del asesinato de Godolías y
se establecerá en Tafne, en el Bajo Egipto, delta del Nilo (cf. Jer
43,7). Desde allí, o desde otro lugar indeterminado de Egipto, dirigirá
su palabra de profeta a todos los judíos que habitaban Egipto, el Alto y
el Bajo: "En Migdol, en Tafne, en Menfis y en tierra de Patros" (Jer
44,1). Probablemente ya existían en estas ciudades comunidades judías,
que acogerían en su seno a las familias fugitivas del reino destrozado
de Judá. De todas formas todavía no se puede comparar la situación de
los judíos en Egipto con la de los judíos en Babilonia. En Mesopotamia
existían verdaderas comunidades judías que crearon una tradición
cultural; en Egipto sólo unos grupos aquí y allá, que sin duda fueron
creciendo poco a poco hasta que llegamos al tiempo helenístico en que el
centro de gravedad de la diáspora judía pasa del este (Babilonia) al
oeste (Egipto).
2. Los judíos en Egipto en tiempo de los Tolomeos
No se puede probar históricamente que con Alejandro Magno
tuviera lugar una emigración de judíos a Egipto, como afirma Flavio
Josefo, pues ni Hecateo ni Aristeas hablan de ello. Sí parece bastante
probable que con Tolomeo I (323-283 a.C.) comenzara un auténtico
transvase de judíos de Palestina a Egipto, sobre todo a partir de 302.
Tolomeo II Filadelfo (283-246 a.C.) aparece en las fuentes
judías como el protector y libertador de los judíos esclavizados. Uno de
los principales defensores de esta opinión es el seudo- Aristeas. En
su carta resalta en primer plano la gran figura del rey Tolomeo, amigo
de las ciencias y de las artes, sin prejuicios raciales ni de religión
(cf. 22-24). Seudo-Aristeas exagera ciertamente; sin embargo, los
judíos comienzan a significar algo en la sociedad de su tiempo; de lo
contrario no se explica que Maneto, sacerdote e historiador egipcio,
prestara tanta atención al pueblo judío en su historia de Egipto,
escribiendo el primer libro antisemítico.
Durante los reinados de Tolomeo III Evergetes I (246-221 a.C.) de
Tolomeo IV Filópator (221-205 a.C.) y de Tolomeo V Epífanes (205-180
a.C.) no se registra ningún hecho sobresaliente con relación a las
comunidades judías en Egipto. Estas se van consolidando en sus
instituciones sin contratiempos especiales, sobre todo en Alejandría.
Con Tolomeo VI Filométor (180-145 a.C.) se estrechan las
relaciones amistosas entre los judíos y el rey. La situación interna de
Egipto y las guerras con Antíoco IV en 170 y 168 a.C. ofrecen la ocasión
para ello. Los judíos lucharon siempre a favor de Tolomeo VI en contra
de su hermano, pretendiente al trono y que después reinaría como Tolomeo
VIII, y de Antíoco IV (175-164 a.C.), el gran enemigo de los judíos. La
situación de persecución religiosa en Palestina favorece también la
confianza de Tolomeo VI en sus fieles aliados militares judíos. Bajo su
reinado Onías IV, hijo del que fue Sumo Sacerdote en Jerusalén Onías
III, construyó en Leontópolis, plaza militar judía, un templo para la
comunidad judía de aquel territorio. El templo no significó nada en la
vida religiosa de la comunidad judía en Egipto, pero confirma la
importancia de los judíos en el ámbito militar en tiempo de Tolomeo VI.
Desde 145 a.C., en que muere Tolomeo VI, reina en Egipto como
único soberano Tolomeo VIII Fiscón Evergetes II (145-116 a.C.). No es de
extrañar que Evergetes II odiara a los judíos que habían luchado junto a
su hermano y en contra de él, e intentara vengarse de ellos. La leyenda
de los elefantes ebrios, preparados para aplastar a los judíos
alejandrinos, Flavio Josefo la atribuye a Tolomeo Fiscón, 3 Mac 5 a
Tolomeo IV Filópator (cf. 3 Mac 3,12). Los historiadores están de
acuerdo en que el episodio es puramente legendario. Muchos opinan que
cuadra con el espíritu malvado de Tolomeo Fiscón y no con el benévolo de
Filópator.
La guerra civil por la sucesión al
trono cesó por el momento al morir Tolomeo VI y casarse Cleopatra, su
viuda y hermana, con su otro hermano Tolomeo VIII Fiscón. Una amnistía
general alcanza también a los judíos que se mantuvieron fieles a
Cleopatra. Los judíos por este motivo celebran una fiesta de salvación
y, al correr el tiempo, dedican al menos dos sinagogas al rey Tolomeo
VIII Fiscón.
La comunidad judía, ya bien
asentada en Egipto, tiene que soportar los contratiempos de las guerras
intestinas de los Tolomeos que no cesan. Los militares judíos apoyan la
causa de la reina Cleopatra, madre de Tolomeo Soter II Latiro (116-108 y
88-80 a.C.); los griegos se alinean con Latiro. Cuando vence Latiro,
los judíos soportan la presión de los griegos, especialmente en
Alejandría, "pero la tensión, que era principalmente política, se
manifestó sólo en palabras; antisemitismo, acompañado de violencia, era
desconocido en Egipto antes del imperio romano”. La violencia romana,
sin embargo, no aparecerá hasta bien entrado el siglo I de la era
cristiana con Calígula (37-41); antes de Calígula los romanos se
mostraron a su modo respetuosos con la nación judía, dentro y fuera de
Palestina.
3. Los judíos en Egipto en tiempo de la república romana
El año 63 a.C. Pompeyo había conquistado Siria y la había
convertido en Provincia romana. Ese mismo año tomó Jerusalén, puso como
Sumo Sacerdote a Hircano II, que carecía de poder político reservado al
legado romano de Siria. Ministro de Hircano II era Antípater, padre de
Herodes el Grande. Él es el que realmente gobierna en Judea y
políticamente va a protagonizar acciones importantes en favor de los
romanos que redundarán en beneficio propio y también de los judíos.
La primera intervención importante de los romanos en los
asuntos de Egipto, en la que participaron los judíos, tuvo lugar el año
55 a.C., cuando Pompeyo ordenó enviar a Egipto al procónsul romano en
Siria A.Gabinio, para volver a poner en el trono a Tolomeo XII Auletes
(80-51 a.C.). El control militar de Pelusio estaba en manos judías; la
intervención de Antípater, ministro de Hircano II, hizo que se abrieran
las puertas de Egipto a los romanos que pronto dominaron la situación en
Alejandría, con ayuda también de los judíos.
El año 48 a.C., después de la victoria de César sobre Pompeyo en
Farsalia (9 de agosto), intervienen de nuevo Antípater y los judíos de
Egipto en favor de César. Pompeyo, derrotado, se dirige a Egipto, donde
contaba con aliados. Pero Tolomeo XIII (51-48 a.C.), hijo de Tolomeo XII
Auletes, a la sazón en guerra con su hermana y esposa Cleopatra VII,
asesinó a Pompeyo (28 de septiembre del 48 a.C.), creyendo que hacía un
gran servicio a los romanos. César, que venía en persecución de Pompeyo,
llegó al puerto de Alejandría a comienzos de octubre del 48. Aquí se
encuentra en situación apurada, pues en frente tiene a los partidarios
del rey, a los pompeyanos y a la población de Alejandría. Parece que la
ayuda que prestaron los judíos a César fue decisiva para la victoria de
éste. Cleopatra, reconciliada con Tolomeo, fue repuesta en el trono y
los judíos fueron largamente recompensados políticamente.
4. Los judíos de Egipto a partir de Augusto
En el año 30 a.C. Augusto ya era el único Señor de los romanos;
en este año Egipto se convierte en Provincia romana, lo que afecta muy
directamente a la situación política de los judíos. Según Filón, Augusto
confirmó los derechos de los judíos a mantener una comunidad autónoma,
regida por las leyes de sus padres, conforme a la política conciliadora
del emperador con todos los pueblos sometidos. 71 años después (el 41
d.C.) el emperador Claudio (41-54), en su Carta a los alejandrinos ,
recordará las disposiciones de Augusto e impondrá la paz entre judíos y
alejandrinos.
Entre la muerte de Augusto
(el 19 de agosto del 14 d.C.) hasta la proclamación de Claudio, como
Señor del Imperio (enero del 41), los judíos pasaron por diversas
pruebas en Roma y en Egipto. Ya Tiberio (14-37) en el año 19 expulsó a
los judíos de Roma y los privó de sus privilegios, incitado quizás por
su ministro Seyano; pero el año 31, a la muerte de éste, les restituyó
los privilegios concedidos por César y Augusto. Poco después de la
accesión al trono imperial de C.Calígula (37-41) empiezan los verdaderos
problemas para los judíos de Roma y de Alejandría. C.Calígula exige que
se le tributen honores divinos; los judíos fieles no acceden a ello y
son perseguidos. Especialmente fue dura y encarnizada la persecución de
los judíos en Alejandría, bajo el prefecto romano A.Avilio Flaco, en el
año 38. A Flaco, destituido al final del año 38, le sucedió Vitrasio
Polio; pero la situación no cambia en Alejandría. Por esto el año 40 los
contendientes enviaron a Roma dos delegaciones, para que el Emperador
diera sentencia. Al frente de los judíos iba Filón; Apión era el jefe de
los enviados alejandrinos. La delegación judía tuvo que soportar
durante bastante tiempo las burlas y descortesías del emperador que, al
fin, no dio solución alguna. C.Calígula murió asesinado el 24 de enero
del 41; su sucesor Claudio, poco después de su accesión al trono, puso
fin a los disturbios en Alejandría, llamando seriamente al orden tanto a
alejandrinos como a judíos, y restituyendo a éstos sus antiguos
privilegios. Probablemente influyó en el ánimo del emperador el nieto de
Herodes el Grande, Agripa I, muy amigo de Calígula y de Claudio.
Casualmente estaba en Roma cuando la muerte de Calígula y acompañó a
Claudio en los momentos decisivos de su proclamación como Emperador.
A Claudio sucedió en el Imperio Nerón (54-68); pero su reinado,
que causó grandes tribulaciones a judíos y cristianos, se sale del
marco de nuestro estudio: ámbito histórico en que nace el libro de la
Sabiduría.
APENDICE II
Estatuto de los judíos en Alejandría (helenista y romana)
En el Apéndice I hemos tratado de la presencia de los judíos en
Egipto, sin circunscribirnos a un determinado lugar del Alto o del Bajo
Egipto. En este Apéndice II nos limitamos a la ciudad de Alejandría en
Egipto, por la singular importancia que alcanzó este centro urbanístico
durante todo el período helenístico y, en especial, en el primer siglo
del Imperio romano. Ella, en efecto, fue el corazón de la vida política,
social, económica y cultural de los Tolomeos. En cuanto a la aplicación
de las conclusiones a que podamos llegar, hemos de ser muy prudentes,
pues no podremos extenderlas a los demás núcleos de población de Egipto
ni a los judíos en particular, ya que sabemos que la situación legal de
los judíos no es uniforme en todo el Egipto tolemaico y romano.
1. Presencia de los judíos en Alejandría
La corriente inmigratoria de los judíos de Palestina a Egipto
es un hecho normal desde el comienzo de la era helenística, pero la
ciudad de Alejandría se convierte en el polo de atracción más fuerte de
toda la diáspora. G.Rocciotti lo ha constado:
"Si antes de la cautividad de Babilonia existía una región en la que
Israel pensaba siempre lleno de nostalgia, era precisamente Egipto, la
región del bienestar y de la vida fácil, la cuna de la nación, tanto que
-como vemos- muchos de los de Palestina se trasladaron allí; pero, en
general, con el helenismo, y sobre todo con la fundación de Alejandría
(§ 190), los encantos de Egipto se hicieron cada vez más irresistibles, y
en muchos casos se convirtieron en imperiosas exigencias. Era un estado
de cosas absolutamente nuevo el que se instauraba: el soplo del
internacionalismo se infiltró en la segregada comunidad palestina; las
solicitaciones extranjeras, a través de mil exhibiciones de vida social
concentradas en Alejandría, suscitaron en los ánimos de los rudos
habitantes de Judea primero curiosidad, después interés y finalmente
admiración y amor. Aquellos ánimos conservaron atavismos, apegos
nacionales y religiosos, pero comenzaron a sentir la aplastante
superioridad del mundo helenístico en el arte, la ciencia, la política,
la finura de la vida, la organización comercial; en resumen, en todas
las manifestaciones sociales, salvo en la religión. Esta admiración
incoercible, reforzada por las exigencias de la vida práctica, fue lo
que allanó cada vez más el camino para los judíos palestinos que
emigraban a Egipto: el antiguo país de los recuerdos nostálgicos se
presentaba a la sazón aureolado por un esplendor todavía desconocido.
Por esto la inmigración, con el helenismo, se hizo continua, y en poco
tiempo hizo de Egipto -bajo ciertos aspectos- una segunda Palestina, y
de Alejandría un centro judío -bajo muchos aspectos- superior a la misma
Jerusalén”.
Sin embargo, no sabemos con
exactitud cuándo comenzaron a llegar los judíos a Alejandría. Flavio
Josefo afirma que fue el mismo Alejandro Magno el que permitió a los
judíos establecerse en Alejandría con los mismos derechos civiles que
los griegos, como recompensa de los fieles servicios prestados en su
ejército. V.Tcherikover no da crédito a esta noticia de Josefo, que la
considera una "leyenda alejandrina" con fines apologéticos. El mismo
autor afirma que "inscripciones testifican en favor del establecimiento
de judíos en esta ciudad desde el comienzo del tercer siglo, quizás bajo
Tolomeo I”. Desde este momento la comunidad judía de Alejandría aumenta
de una forma muy regular. Las buenas relaciones que mantienen los
judíos con Tolomeo II Filadelfo (282-246 a.C.) y Tolomeo III Evergetes I
(246-221 a.C.) ayudan al asentamiento y crecimiento pacíficos.
Alejandría "había sido construida sobre una franja de terreno
que se extendía entre el Mediterráneo y el lago Mareótide al sur. La
isla de Faro, situada en el Mediterráneo, frente a esta franja, se había
unido a ella mediante un dique de 1.200 metros, el 'Eptastadio'; de
modo que a ambos lados del dique se habían formado espontáneamente dos
puertos: hacia el este el 'Puerto Grande' y hacia el oeste el puerto
'Eunosto', los cuales habían sido protegidos a su vez mediante otras
construcciones. Se había hecho un canal para poner en comunicación el
Eunosto con el lago Mareótide, facilitando de este modo el acceso a la
franja desde el interior del país. Dentro del recinto amurallado, que
abarcaba unos 15 km., se concibió el trazado de la ciudad -con arreglo a
nuestros modernos criterios- sobre la base de calles rectilíneas y sus
cruces en ángulo recto también. Se había dividido la ciudad en cinco
barrios, denominados con las cinco primeras letras del alfabeto; sin
embargo, el sector sudoeste había conservado el nombre de Rhakotis, por
el pueblo indígena que persistía allí, y el sector norte, más amplio y
aristocrático, se llamaba 'Ciudad Nueva' (Neápolis): allí se alzaban los
palacios y los demás edificios importantes, prolongándose hacia el
oeste por el barrio de Bruchium. Inmediatamente al sur de los palacios
reales, en el barrio cuarto, denominado por la letra 'Delta' (Guerra
Jud., II 18 <495>), se hallaban los inmigrados israelitas,
distribuidos frente a las murallas orientales hacia la zona del templo
de Nemesis (Nemesion), donde más tarde fue sepultado Pompeyo. Pero
pronto esta zona no fue suficiente, y los judíos se extendieron por
diversos puntos de la ciudad, conservando sin embargo su núcleo más
compacto en el barrio 'Delta' (Filón, Legat. ad Caium, 20 <132.
134>; In Flaccum, 8 <55>)”.
Filón
escribe: "Hay cinco barrios en la ciudad, que se designan por las cinco
primeras letras del alfabeto. Dos de estos barrios se llaman 'barrios
judíos' por el gran número de judíos que allí habitan; pero no son pocos
los que habitan dispersos en los otros barrios”.
Como se puede advertir, la proporción de judíos en Alejandría
era bastante alta; naturalmente en todo Egipto era más baja. Filón
afirma que en su tiempo había en todo Egipto no menos de un millón de
judíos. Según Flavio Josefo, en el mismo tiempo los habitantes de
Egipto, exceptuada Alejandría, eran unos 7 1/2 millones, número al que
también se acerca Diodoro Sículo que da 7 millones para todo Egipto, y
300.000 habitantes para Alejandría. V.Tcherikover no pone objecciones a
los 7 ó 7 millones y medio, pero es más excéptico en cuanto al millón de
judíos en todo Egipto. De todas formas admite que el número de judíos
en Egipto "era realmente grande y que su influjo se hacía sentir en los
diversos aspectos de la vida pública del reino. Era posible vivir en paz
con los judíos u oponerse a ellos, pero era imposible no verlos o no
tenerlos en consideración”.
Los judíos
vivían inmersos en la sociedad egipcia, aunque no participaban en los
actos religiosos de los egipcios. A pesar de la concentración de los
judíos en dos barrios de Alejandría, ellos no conocían el fenómeno de
los guetos; así lo confirma el hecho de que vivieran también dispersos
en los otros tres barrios, con sus sinagogas correspondientes.
2. Estatuto jurídico de los judíos en Alejandría
Los judíos viven entre una abigarrada población en Alejandría;
sin embargo, no se confunden con ella, guardan sus signos de identidad.
¿Cuál es la causa de esta singularidad: los rasgos especiales o formas
de vivir de los individuos, o una legislación específica que protege a
la comunidad judía del peligro de ser absorbida por las otras etnias o
comunidades más fuertes que ella?
El presente apartado pretende
recoger los materiales dispersos entre los especialistas acerca de la
situación jurídica de la comunidad judía en Alejandría. Asi podremos
estar en mejores condiciones para dar una respuesta creíble a la
pregunta que acabamos de formular. La respuesta, en todo caso, no puede
ser definitiva, ya que los autores de que nos servimos no se ponen de
acuerdo en la interpretación de los documentos de la época que, además,
no son ni abundantes ni imparciales.
2.1. Situación en las ciudades helenísticas
Las ciudades helenísticas, enormes aglomeraciones urbanas de
gentes venidas de todas partes, reflejaban la situación real de los
países en que estaban enclavadas. En este aspecto no se diferenciaban
las ciudades de Egipto de las de Siria o del este en general. Hablando
de Siria y Fenicia escribe M.Rostovtzeff: "Como en Egipto, la población
constaba de 'griegos' y de nativos, laoi . /. Los griegos incluían a los
oficiales reales, al ejército de ocupación y tal vez a los soldados
asentados en el país (colonos), a los muchos inmigrantes de países
griegos o helenizados (oi . ? katoikou . =nte$ en el documento de
Rainer) y probablemente a la población helenizada de las ciudades sirias
y fenicias”.
Anteriormente hemos recordado
que el número de judíos era muy alto en Egipto, especialmente en
Alejandría. A partir del siglo II a.C. son numerosos los testimonios que
poseemos de la presencia de grupos de judíos en colonias militares y en
centros rurales con sinagogas propias, aunque la mayor parte de estos
judíos pertenecían a la clase no privilegiada de laoi .
Entre los muchos grupos étnicos o jurídicos que formaban la
población heterogénea del Egipto tolemaico, cuatro eran los principales y
a ellos se pueden reducir fácilmente todos los demás: "Los ciudadanos
de las poleis griegas, otros griegos, los extranjeros y los egipcios
nativos. Los terceros juntamente con los dos primeros podían formar y
mantener sus propios politeumata con fines cúlticos, pero sus
reglamentos estaban sujetos a importantes modificaciones por
instrucciones y órdenes reales. A esta categoría pertenecían las
asociaciones judías”.
En las grandes ciudades era
donde mejor se observaba el fenómeno de la mezcla y convivencia de
nacionalidades. Alejandría era el ejemplo más patente. De todas formas,
desde el punto de vista legal, algunos autores reducen a dos grupos la
ingente masa de habitantes de las grandes ciudades, simplificando quizás
demasiado y obligando a matizar después tal simplificación. Escribe,
por ejemplo, V.Tcherikover: "La población urbana se dividía
jurídicamente en dos partes: en ciudadanos y en habitantes (...). el
número de ciudadanos en una ciudad no era especialmente grande y, cuando
leemos en nuestras fuentes sobre la gran población de Alejandría y de
Seleucia en el Tigris, tenemos que recordar que entre esta gran
muchedumbre de gente se contaban también simples residentes, cuyo número
sobrepasaba a veces el de los ciudadanos libres”.
Gobernar estas inmensas poblaciones y regiones tan dispares no
fue nada fácil. Los reyes helenistas, y más tarde los romanos, sabían
adaptarse a las costumbres y leyes de los pueblos conquistados, siempre
que tales constumbres y leyes no pusieran en tela de juicio quién era el
nuevo Señor y no perjudicaran sus intereses económicos. "Los Tolomeos,
los Seléucidas y los monarcas de los Estados de Anatolia encontraron en
sus respectivos territorios una ley civil bien establecida, que regulaba
la vida social y económica de la población. No es sorprendente que
ellos la aceptaran en su totalidad, introduciendo, por medio de sus
leyes, órdenes y reglamentaciones, sólo aquellos pequeños cambios que
eran requeridos por la nueva organización de sus reinos. Sabemos que
así sucedió en Egipto y en Babilonia”.
La llegada de
extranjeros de muy diversa categoría social -desde los macedonios y
griegos conquistadores hasta los comerciantes y aventureros- crearon
verdaderos problemas jurídicos nuevos, cuya solución procuraremos
describir en los apartados siguientes.
Con la
llegada de los romanos a Egipto no cambia la organización formal de los
súbditos en el campo y en la ciudad. Sin embargo, "desde el tiempo de
Augusto se opera un importante cambio con relación a la situación de los
judíos en Egipto, principalmente de los judíos de Alejandría; el
problema de la ciudadanía de los judíos en la ciudad griega ya no es un
simple asunto de honor, sino que asume la forma de una cuestión
decididamente práctica. Augusto distinguía claramente entre Griegos y
otros habitantes de Egipto. Los primeros gozaban de privilegios varios,
participaban en las instituciones del gobierno local y eran considerados
gente civilizada; los otros eran clasificados como simples súbditos y
el entero peso del sistema tributario cayó sobre ellos”.
Veamos, pues, a partir de ahora cuál fue la situación específica de los judíos en Alejandría.
2.2. Los habitantes de Alejandría
Si es difícil catalogar los habitantes de una gran ciudad,
mucho más lo es en el caso de Alejandría en Egipto, pues desde su origen
está formada por aluviones sucesivos de inmigrantes de muchas
nacionalidades, además de los nativos egipcios del poblado Racotis,
absorbido en la gran urbe y de otros poblados vecinos, especialmente de
Canope.
"Alejandría fue fundada por Alejandro
Magno, durante su breve estancia en Egipto. La ciudadanía, según un
pasaje de Polibio citado por Estrabón, constaba de griegos... de origen
mixto. Si Alejandro siguió aquí su práctica habitual, ellos habrían sido
reclutados de entre sus mercenarios griegos... Los primeros Tolomeos
incrementaron el conjunto ciudadano, destinando a él a muchos de sus
mercenarios griegos; un papiro, que data del tiempo de Tolomeo III
Evergetes <246-221 a.C.>, alude a 'personas que sirven en el
ejército, que han sido inscritas en el registro ciudadano de
Alejandría'“.
Había también otros muchos no
ciudadanos: inmigrantes griegos, egipcios y bárbaros de todas las
razas, "entre las cuales los judíos vinieron a formar el más grande e
importante elemento”.
Así, pues, "la vasta
aglomeración de humanidad" que era Alejandría. estaba formada por
individuos de diferentes nacionalidades: en primer lugar los griegos (y
macedonios) con todos sus privilegios a pesar de no ser los más
numerosos; en último lugar, sin contar a los esclavos, la masa del
pueblo egipcio; en medio, una franja muy amplia de individuos, reunidos
en agrupaciones reconocidas civílmente (politeumata), como los judíos y
otros colectivos, o no inscritos en tales asociaciones, así muchos de
origen griego.
Los alejandrinos en
sentido restringido eran los ciudadanos, es decir, los griegos; los
demás moradores de Alejandría, aunque hubieran nacido en ella,
propiamente no eran alejandrinos, sino de Alejandría, por ejemplo, "los
judíos de Alejandría”. A.Kasher distingue entre el período de los
Tolomeos y el de los romanos; en el segundo los matices legales son más
nítidos. Se puede utilizar el término alejandrino como equivalente a
natural de, procedente de Alejandría, y entonces no manifiesta su
estatuto legal. El de más alta categoría es el alejandrino registrado en
el demos (o distrito) y en su tribu; es el ciudadano de pleno derecho.
Si no está inscrito en la circunscripción demos, puede pertenecer a una
comunidad o políteuma, por ejemplo, los judíos de Alejandría. Estos
alejandrinos no eran ciudadanos con plenos derechos civiles. Por último
estaban los "alejandrinos" sin más especificación, como locución
popular. Esta terminología popular es ambigua y puede referirse a
cualquier habitante de Alejandría.
2.3. Qué es un Políteuma
Varias veces hemos tenido que utilizar el término políteuma,
sin que hayamos definido previamente qué entendemos por él. Por ser un
concepto fundamental en la legislación del tiempo helenístico y porque
no siempre se comprende lo mismo, hemos creído necesario y oportuno
dedicar un párrafo a determinar qué es lo que nosotros entendemos por
políteuma, basándonos en autores de garantía.
Políteuma dice relación a polis, pero no es lo mismo. Los griegos
antes de Alejandro generalmente distinguían muy bien entre po . /li$
(ciudad) y kw . /mh (pueblo, aldea). Aducimos el testimonio autorizado
de W.W.Tarn: "Para que un lugar fuera una ciudad tenía que poseer
autogobierno y ciertos órganos de vida corporativa. Lo mínimo
indispensable era una división de los ciudadanos en tribus, un Concejo
escogido de entre estas tribus, magistrados responsables elegidos o
escogidos por suerte, un territorio propiedad de la ciudad, leyes,
hacienda pública. En general, aunque no necesariamente, había también
una muralla en la ciudad, una Asamblea principal y subdivisiones locales
del territorio de la ciudad (cantones o demos). Un conjunto de casas
sin estas notas era una aldea. El tamaño no importaba; para los griegos
Babilonia, Menfis, Jerusalén eran propiamente hablando, pueblos; aunque
hicieron una excepción entre los bárbaros: reconocieron como ciudades
altamente organizadas villas fenicias, y Aristóteles incluyó entre sus
constituciones de ciudades griegas la de Cartago. Pero después de
Alejandro la vieja antítesis 'o ciudad o aldea' no se aplicó más; una se
transformó gradualmente en la otra; se impusieron formas nuevas e
intermedias y se descubrieron nuevas formas, tales como políteuma
(corporación) y katoikía (colonia) para describir comunidades con una
organización cuasi autónoma que no llega a la de la ciudad”.
Completan esta larga descripción de lo que se entendía por
ciudad -polis- antes de Alejandro las matizaciones de V.Tcherikover
sobre la autonomía y libertad de que gozaban las verdaderas
ciudades-estado.: "La característica más destacada de las ciudades
griegas del período clásico era su independenncia. Los griegos daban por
sentado que no podía existir una ciudad sin libertad. Dos términos eran
el santo y seña de las ciudades en todas sus mutuas contiendas:
'autonomía' -el derecho de dirigir los asuntos de la ciudad según sus
propias leyes-, y 'libertad' -no sometimiento a poder alguno ajeno a la
ciudad-. La polis griega no era una ciudad en el sentido de nuestro
término, sino un pequeño estado”.
Con las
nuevas formas de política y de gobierno, impuestas por Alejandro,
desaparecen del ámbito helénico y helenístico las antiguas
ciudades-estado. Las cortes reales desde ahora centralizarán el poder y
no existirá ciudad propiamente independiente, aunque se llame libre o
mantenga privilegios antiguos.
En este
nuevo ambiente surgen las nuevas formas de vida ciudadana, entre las que
destacan las corporaciones especiales que se llamarán politéumata.
Según E.M.Smallwood "un politeuma era una corporación de extranjeros,
reconocida y formalmente constituida, que disfrutaba del derecho de
domicilio en una ciudad extranjera y formaba una corporación cívica
separada, semiautónoma, una ciudad dentro de la ciudad; tenía su propia
constitución y administraba sus asuntos internos como una unidad étnica
por medio de funcionarios distintos e independientes de la ciudad
huésped”.
En tiempo de Alejandro no parece que
los destacamentos militares formasen organizaciones civiles. Los
militares solían habitar junto a las ciudades para defenderlas, y no
formaban parte de la ciudadanía. Más adelante los veteranos, sobre todo,
los "macedonios”, ciertamente se organizaron por nacionalidades como
politéumata . A.Kasher opina que probablemente el políteuma judío en
Alejandría tuvo como origen una colonia militar. Pero el políteuma como
tal no es militar, sino que se circunscribe a la vida ciudadana o rural
en sus múltiples facetas.
El desarrollo de
esta vida ciudadana, la descripción de los derechos y deberes de los
miembros que la componen y su relación con la comunidad judía en
Alejandría será el objeto del párrafo siguiente.
2.4. Categoría de los politéumata: sus derechos y deberes
Hay una cosa en la que los autores parecen estar de acuerdo:
por doquier en el ámbito helenístico el políteuma griego era el de más
alta estima y el de mayor categoría. "Alejandría era una colección de
politeumata, basada en nacionalidades, siendo el politeuma griego con
mucho el más importante”. Desde el tiempo de Alejandro y de los primeros
Tolomeos, la administración civil y el ejército dependieron de los
extranjeros, y muy especialmente de los griegos. "Aunque a los Tolomeos
no les agradaban las ciudades griegas de Egipto, estaban lejos de
desaprobar la inmigración de los griegos a Egipto. Necesitaban griegos
para organizar y dirigir la complicada máquina burocrática que ellos
estaban creando. Los indígenas egipcios eran, o de todos modos hubieran
tenido que ser, incapaces de realizar esta tarea. La burocracia oficial,
a excepción de los más bajos grados, estaba enteramente provista por
griegos desde Tolomeo II <284-246 a.C.>. Necesitaban tambiém
muchos griegos para el ejército. Tolomeo I <323-284 a.C.> al
inicio de su reinado se sirvió de nativos egipcios como soldados; pero
este experimento fue pronto abandonado y casi durante una centuria el
ejército estuvo compuesto por extranjeros, la mayoría de los cuales eran
macedonios o griegos”.
Aunque las ciudades
helenísticas, como hemos visto, no eran propiamente poleis griegas, la
aspiración de los ciudadanos era asemejarse lo más posible a ellas. "El
politeuma griego de Alejandría... se aproximaba más exactamente al
modelo de polis que cualquier otro actualmente conocido; los griegos
eran llamados 'los ciudadanos', 'los alejandrinos'“. Todos los demás
miembros de los politéumata de Alejandría eran también poli . =tai, pero
no como los griegos; tenían que especificar el políteuma a que
pertenecían. Los poli . =tai por excelencia de Alejandría, o simplemente
los ciudadanos de pleno derecho eran los griegos; los judíos, por el
contrario, eran poli . =tai, ciudadanos "del políteuma judío”. Las
razones últimas son todavía más profundas que las propiamente
históricas. Anteriormente tratamos del radical cambio operado por
Alejandro Magno en el modo de concebir la polis griega y, por tanto, de
la vida ciudadana misma. Lo que antes podían decidir soberanamente los
ciudadanos libres de una polis, ahora no lo pueden hacer, o sólo con el
consentimiento del rey. La autonomía y la libertad, caracteríticas
esenciales de una polis griega, han desaparecido, se han metamorfoseado
de tal manera que no son reconocibles. Jurídicamente la población de una
ciudad griega, por ejemplo Alejandría, se dividía en ciudadanos y en
meros habitantes. El título de "ciudadano”, que comportaba los plenos
derechos de ciudadanía, se poseía o por decreto del rey al fundar una
ciudad y pertenecer al grupo de fundadores, posteriormente por motivos
muy especiales; o por un acuerdo del Concejo de la ciudad y de la
Asamblea popular en favor de un individuo o individuos, bienhechores de
la ciudad. Este derecho de ciudadanía era por lo general hereditario.
Los "meros habitantes" de una ciudad
griega eran todos los demás que no pertenecían jurídicamente al grupo de
"ciudadanos”. Estos podían ser también griegos que no cumplían los
requisitos antes mencionados para ser "ciudadanos”. Este grupo lo
constituían gentes de muy variado estado y condición, no todos con las
mismas obligaciones y los mismos derechos.
¿Cuáles eran los derechos y deberes cívicos más fundamentales de los
verdaderos ciudadanos o poli . =tai como distintos de los meros
habitantes?
Los ciudadanos fueron siempre
muy celosos de sus propios derechos y aun llegaron a enfrentarse con el
poder de los gobernadores reales y del mismo rey por defenderlos.
Ejercían con apasionamiento su participación en la vida ciudadana. "Los
derechos y deberes de un ciudadano eran muchos y variados: tomar parte
en la Asamblea general de la corporación cívica, participar en los
debates, decidir todos los asuntos de la ciudad, elegir sus Concejos y
funcionarios. Si uno era elegido miembro del Concejo o magistrado,
desempeñaba esa función en la ciudad por un año y tomaba parte activa en
la dirección de los asuntos políticos, financieros, económicos y
religiosos. Algunas veces los cargos ocasionaban gastos; si el ciudadano
tenía una renta adecuada, la ciudad abusaba de su amabilidad por un
período estipulado y le imponía el gasto que suponía la celebración de
competiciones atléticas, el abastecimiento urbano del grano, la
dirección de los asuntos del gimnasio, o cosas semejantes. Estos
'servicios públicos' (liturgiai en griego) costaban verdaderamente un
dineral, pero también otorgaban honor a la persona que asumía el ser un
'bienhechor' de la ciudad”.
Uno de los
puntos más importantes en el capítulo de derechos-deberes del ciudadano
de pleno derecho y que, al parecer, algunos autores olvidan, es el
relacionado con el culto religioso; era una condición indispensable que
había que cumplir y que jamás cambió, al menos en la legislación de las
ciudades helenísticas: había que rendir culto a los dioses de la ciudad.
"Cada ciudad se regía por leyes propias según las cuales sus
funcionarios dirigían la vida pública, tenía su centro religioso
permanente y todos sus ciudadanos tomaban parte en las fiestas comunes
en honor del dios o de la diosa de la ciudad”. Difícilmente podría un
ciudadano eludir estas obligaciones, dada la publicidad de los actos y
de la importancia que los griegos otorgaban a todo lo religioso.
V.Tcherikover nos dice de nuevo: "La religión ocupaba un lugar
importante en la vida de la ciudad griega. Se puede decir, sin miedo a
exagerar, que la entera vida pública giraba dentro del marco de la
religión griega. Cada polis tenía su dios particular, su tutor, y su
culto era el centro de la vida religiosa de la corporación ciudadana. La
participación de los ciudadanos en este culto oficial se daba por
supuesta y, desear abstenerse de él, se habría interpretado por la
ciudad como un insulto a su dignidad y como una ofensa política”.
Esta es la razón de la peculiaridad del políteuma judío, como
veremos, y de que no se pueda decir que sus miembros gozaban, como los
griegos, de todos los derechos civiles, pues no cumplían con un
requisito tan indispensable como el de rendir culto a las divinidades
tutelares. Los judíos fieles que pertenecían al políteuma judío,
jurídicamente eran considerados no como ciudadanos simplemente, sino
como residentes o habitantes de Alejandría. "Solamente los ciudadanos
gozaban de todos los derechos civiles, mientras que los residentes eran
considerados como nativos, extranjeros de nacimiento, aunque ellos
pudieran haber nacido en la ciudad y haberse criado en ella”.
De todas formas la manera de hablar es confusa, sobre todo en
los documentos de los judíos (Flavio Josefo) y con frecuencia llaman a
los judíos residentes: ciudadanos alejandrinos o judíos alejandrinos.
Una de las instituciones más características y significativas
de las ciudades griegas en tiempo helenístico fue la del Gimnasio .
Prácticamente fue la institución más influyente en la vida social y
cultural de las ciudades y de los pueblos donde estaba establecida, y el
medio más eficaz de difusión e implantación de la cultura helenística y
de la helenización en su sentido más amplio. En efecto, el gimnasio es
una creación griega, llevada por ellos a todo el ámbito helenístico; de
Egipto tenemos muchos testimonios: "Se fundaron gimnasios en todas las
capitales de los nomos -las metrópolis- y aun en las villas donde los
griegos eran numerosos”.
El Gimnasio
Pero ¿qué es un gimnasio? El gimnasio comprende tanto un
espacio físico determinado como las actividades que en él se ejercitan;
por esto es muy aceptable la descripción que del gimnasio clásico griego
nos hace W.Zchietzchmann: "Instalaciones para el ejercicio y la
formación de la juventud griega, que constan 1. del Dromos: un estadio
alargado con pistas abierta y cubierta (Olimpia, Delfos, Elis, Esparta,
Cnido); entre las salas estaba el hypaithron <lugar descubierto>,
las grandes superficies para los ejercicios que requerían amplios
espacios (lanzamientos, carreras, juegos); 2. de la Palestra:
generalmente un salón cuadrado de columnas para las prácticas de salto,
de lucha, de pugilato; además recintos para la cultura física, el juego
de pelota y la instrucción, en parte con biblioteca sacada muy pronto
del salón de los efebos; 3. de especiales lugares para la cultura
física, antiguamente unidos con 1. y 2., posteriormente con termas de
varias secciones; con piscina...”.
En el
mundo griego el gimnasio evoluciona al mismo tiempo que su cultura: "El
gimnasio originariamente es una instalación en la que los griegos
practicaban gimnasia, ejercicios de cultura física, a fin de prepararse
para las competiciones atléticas del estadio. Hacia finales del siglo V
a.C. se añadieron nuevos contenidos que hicieron del gimnasio en tiempo
helenístico una Universidad, un centro político y religioso y motivaron
un notable desarrollo arquitectónico”.
Los
griegos, ciudadanos de las ciudades helenísticas, y los miembros del
políteuma griego, dentro o fuera de las ciudades, procuraban a toda
costa conservar su identidad de origen o su grado social elevado sobre
los demás residentes de las ciudades o nativos. Para esto se servían de
los gimnasios. M.Rostovtzeff lo confirma: "Dentro de estos grupos
políticos <los politéumata y otros en las poleis griegas> la
cohesión nacional y cultural de los griegos se basaba en la educación de
la juventud según el modelo griego. Esta educación estaba organizada en
torno al gimnasio griego”.
La educación
comprendía en su mayor parte todo lo relativo al mantenimiento de la
forma física; para esto la variedad de ejercicios corporales y toda
clase de competiciones atléticas; pero además se completaba con otras
actividades escolares académicas.
El
gimnasio, como corporación autónoma, tenía una organización interna bien
establecida, al frente de la cual había un presidente que se llamaba
gimnasiarca y a su lado un director responsable de la preparación física
de los jóvenes (kosmhth . /$); ambos desempeñaban sus cargos durante un
año y probablemente eran elegidos por los socios del gimnasio. Un
número indeterminado de profesores y auxiliares completaba la plantilla
que llevaba adelante la marcha del gimnasio.
"Sobre el origen de los gimnasios bien poco es lo que conocemos, pero
esto poco nos indica que fueron creados por iniciativa privada, a veces
subvencionados por el gobierno”. "Por lo general los gimnasios eran
probablemente fundados y sostenidos por cuotas públicas”, a lo que el
rey ayudaba con tierras y bienes. "Muchos gimnasios... obtuvieron así
del rey o de bienhechores ricos fundaciones, cuyas rentas en parte
cubrían los gastos de mantenimiento”.
La
función y finalidad de los gimnasios no era exclusivamente la de
preparar y formar a los futuros ciudadanos, sino también la de reunir a
todos los que eran o se sentían griegos y servir de punto de encuentro
en todos los acontecimientos sociales, como dice A.H.M.Jones: "Su
función era la de proporcionar a los residentes griegos los atractivos
de la civilización griega, fiestas atléticas y musicales y la de
facilitar una educación griega a los hijos en la instrucción de los
efebos”. Los gimnasios, sobre todo en las ciudades helenísticas de la
diáspora, se parecen mucho a las asociaciones recreativas y sociales o
clubes de nuestro tiempo. Pero todavía eran algo más. "Los gimnasios
eran tan importantes en la vida de los griegos adultos como en la de sus
hijos. Eran el punto de reunión de todos aquellos que habían recibido
una educación griega, oi . ? e . ~k tou . = gumnasi . /ou <los del
gimnasio>“.
Los del gimnasio formaban
una verdadera corporación organizada y reconocida como tal por las
autoridades civiles; y a su vez se dividían en otras asociaciones más
pequeñas, como los alumnos de un año determinado. Los miembros o socios
del gimnasio constituían una categoría especial entre los ciudadanos
griegos. Era motivo de orgullo haber sido alumno del gimnasio en la
adolescencia y juventud, y ser miembro o socio de él ya de adulto. "La
admisión en los gimnasios y en el grupo de los del gimnasio estaba
regulada por las leyes de las distintas corporaciones y por los decretos
de sus 'asambleas populares', probablemente también por leyes y
<decisiones> de las ciudades”. Naturalmente sólo los hacendados y
ricos podían pertenecer a este grupo privilegiado de ciudadanos.
Como las cargas económicas eran muy pesadas, "las asociaciones
del gimnasio recibieron del rey importantes privilegios, como la de ser
dueñas de propiedades: dinero, edificios, mobiliario, tierra”. De todas
formas, pertenecer a la asociación los del gimnasio o simplemente haber
sido educado en el gimnasio, reportaba unos beneficios económicos y
sociales de una gran trascendencia para la vida pública en la sociedad
helenística y romana. "En realidad la vía principal para llegar a la
ciudadanía en la mayoría de las poleis griegas, tanto en el período
helenístico como en el romano, era la educación en el gimnasio”. La
conexión entre gimnasio y derechos ciudadanos es cierta en Egipto y lo
prueban documentos escritos, el más reciente para el tiempo que nos
interesa es la Carta de Claudio a los Alejandrinos.
Los judíos y el gimnasio
¿Qué relación mantuvieron los judíos con la institución el
gimnasio? No nos puede causar sorpresa alguna el que descubramos que
"desde tiempos antiguos la actitud en el judaísmo hacia los gimnasios y
efebías era naturalmente desfavorable”. Las razones son obvias, unas de
orden moral y otras de orden estrictamente religioso. En cuanto a las
primeras, los mismos romanos estaban escandalizados; la desnudez de los
jóvenes en el gimnasio hería el sentimiento de pudor de los romanos, y
más que esto, la práctica permitida de la homosexualidad y, más en
concreto, de la pederastia. Y no era para menos, pues en los gimnasios
se practicaba abiertamente el amor libre entre los varones con el
consentimiento y aplauso de lo más selecto de la ciudad, es decir, de
los del gimnasio.
Sin embargo, las razones
de orden estrictamente religioso eran las de más peso para todo judío
que se quisiera mantener fiel a su fe monoteísta. "El gimnasio no era un
lugar profano. Cada gimnasio estaba bajo la protección de una
divinidad, la mayoría de las veces era Hermes <Mercurio>... Pero
también otros como Hércules, Apolo, los Dióscuros, Eros, las Musas y
Teseo... Los gimnasios estaban íntimamente unidos al culto de la
comunidad de la polis, por esto se veneraba en el gimnasio a los dioses
de la ciudad. Como todas las fiestas, también las del gimnasio estaban
marcadas por lo religioso. Los miembros del gimnasio tomaban parte en el
culto público”. Para los judíos estas prácticas suponían una verdadera
amenaza para su fe. Algunos, sin duda, apostataron; pero otros muchos se
mantuvieron fieles, aunque por esto mismo no pudieran ser considerados
como ciudadanos de pleno derecho: "La educación en el gimnasio... estaba
íntimamente ligada con las prácticas religiosas griegas. Así judíos
observantes temerosos de Dios, no podían participar en la vida de esta
institución y, consiguientemente, no podían alcanzar la ciudadanía de la
polis" .
Esto nos hace creer que la
comunidad judía, tan floreciente y numerosa en Alejandría, pensara en la
creación de sus propias instituciones educativas conforme a sus
tradiciones y a su modo de ser. Así opina muy razonablemente A.Kasher,
fundándose en los tes timonios de Filón principalmente: "La existencia
de instituciones educativas independientes de la polis. Las autoridades
de Alejandría nunca mantuvieron instituciones educativas generales para
toda la población. Durante el período tolemaico todas las instituciones
educativas, incluidos los gimnasios, eran de propiedad privada. En el
período romano los gimnasios se convirtieron en instituciones públicas,
bajo la supervisión del gobierno, pero los otros medios, en particular
las escuelas (didaskalei . =a), continuaron siendo privados. Así, muy
probablemente, los judíos mantuvieron sus propias instituciones
educativas”. El párrafo siguiente nos va a proporcioar los datos de
orden jurídico que apoyan esta hipótesis y otras más acerca de la
singularidad de los judíos en Alejandría.
2.5. Políteuma judío en Alejandría, sus características
La existencia de los individuos y de las familias en el Egipto
tolemaico no era fácil para nadie, pero mucho menos para los que no eran
griegos. Por esto surgieron las asociaciones, generalmente de origen
étnico o religioso, al amparo de las leyes tolerantes del estado
centralista; dentro de estas asociaciones el individuo se sentía más
seguro.
No existía un único sistema legal.
La lengua en que se redactaban los documentos (el griego o el egipcio)
decidía la mayoría de las veces cuál era el sistema al que había que
atenerse. Aunque tampoco la lengua era una garantía absoluta, sobre todo
para los más indefensos, los naturales del país. A este respecto era de
gran importancia el lugar de residencia: la ciudad o el campo. En la
ciudad el individuo podía ser ciudadano de pleno derecho (los griegos) o
miembro de un políteuma, el caso de los judíos. Unos y otros estaban
protegidos mejor o peor por órdenes jurídicos reconocidos. Para los
habitantes de las zonas rurales no existía distinción alguna ante la
ley; teóricamente todos eran iguales: griegos y no griegos, no tenían
vigor los privilegios. Cl.Préaux lo afirma con la precisión que la
caracteriza: "Yo creo que en Alejandría se encontraba uno bajo el
régimen de la ciudad griega clásica, donde el derecho de la ciudad y el
recurso a los tribunales estaban reservados a los ciudadanos y se les
negaba a los extranjeros, y que por tanto los judíos, que no eran
ciudadanos, aunque se haya dicho otra cosa <En nota 4: 'Sobre la
reivindicación por los judíos de la ciudadanía alejandrina ved
V.TCHERIKOVER - A.FUKS, Corp.Pap. Jud. I, pp.41-43 (época tolemaica) y
61ss. (época romana). Ved también P.M.FRASER, Ptolemaic Alexandria
(Oxford 1972), I. pp.54-58 y notas'>, debían organizarse en politeuma
y establecer sus propios tribunales. Por el contrario, en la campiña
egipcia el privilegio del ciudadano no sirve ni para el judío ni para el
griego. Así, a medida que desaparece el uso escrito del arameo,
desaparece también el derecho hebraico, ligado a esta lengua utilizada
por los judíos. Desde entonces los judíos se dirigen a notarios griegos y
sus litigios, a propósito de contratos griegos, dependen de tribunales
griegos. Los judíos en la campiña están, pues, asimilados a los griegos
de fuera de la ciudad y sus contratos, redactados en griego, pueden,
como los de los griegos, revestir formas variadas según el origen de los
formularios que utilicen sus notarios”.
Políteuma judío
Ya vimos anteriormente cómo los judíos, de hecho, estaban
organizados como políteuma en Alejandría. El derecho más fundamental de
cualquier políteuma es el de "poder vivir según las leyes y costumbres
propias, heredadas de los antepasados”, lo cual hace que cada políteuma
sea una corporación semiautónoma dentro de la gran ciudad o polis. En
todo el período tolemaico generalmente se man tiene el equilibrio entre
los diferentes politéumata de Alejan dría; pero con la dominación romana
este equilibrio inestable se rompe y surgen conflictos tras conflictos
entre la comunidad judía alejandrina o políteuma judío y los
alejandrinos o miembros del políteuma griego. La razón de este
enfrentamiento reside en las notas propias por las que se distingue el
políteuma judío en Alejandría de todos los demás. ¿Cuáles son estas
características? Vamos a intentar sintetizar lo que ha sido objeto de
estudios especializados.
La primera y
principal de todas las notas específicas del políteuma judío en
Alejandría es lo que en absoluto distingue al pueblo judío de todos los
demás, su ley o Torá, la Ley de Moisés en su más amplio sentido: la ley
escrita y la ley oral. V.Tcherikover escribe: "Hemos visto anteriormente
que el derecho de los judíos 'a vivir según sus leyes heredadas' en
Judea se identificaba con la concepción de la Ley de Moisés en el
sentido amplio del término: no sólo la ley escrita, sino también las
nuevas decisiones y observancias introducidas entre los judíos por la
tradición oral (cf. p. 83s). Nuestra exposición sobre los judíos de
Palestina se refiere igualmente a los judíos de la Diáspora. La
autorización para vivir según sus leyes heredadas significaba la
autonomía interna de la comunidad judía organizada en la diáspora. Es
evidente, por supuesto, que las mismas restricciones que afectaban a la
ciudad griega, afectaban también a la comunidad judía; su autonomía no
era política, sino solamente religiosa y social”. La autonomía religiosa
de los judíos en su políteuma estaba garantizada por el respeto que
manifestaron siempre las autoridades, tanto egipcias como romanas de la
primera época en esta materia.
La
comunidad judía o políteuma en la ciudad a este respecto era una
organización sui generis. Nos lo confirma V.Tcherikover: "En efecto, no
todos los problemas relacionados con la existencia de las comunidades
judías pueden resolverse de forma normal. El punto más importante es que
la religión judía no podía existir en el mundo greco-romano sin ciertos
privilegios. La primera y más importante condición para un judío era el
no estar obligado a tomar parte en el culto a los dioses. Es cierto que
el mundo antiguo ignoraba las persecuciones religiosas y que a ninguno
le importaba la divinidad que reinaba en la casa de su vecino. Pero la
religión era parte orgánica del sistema político de la ciudad griega,
y... los griegos no tenían idea del moderno principio de la separación
entre Iglesia y Estado. Cualquiera podía introducir (con el
consentimiento de los ciudadanos) nuevas divinidades en la ciudad, pero
estaba prohibido desdeñar los viejos dioses, especialmente el primero de
ellos que era el guardián de la comunidad urbana”.
La comunidad judía para subsistir como tal necesitaba, por tanto,
gozar de ciertas exenciones o privilegios, que, por otro lado, se podían
considerar derechos, ya que la legislación general les autorizaba a
vivir "según sus leyes y costumbres" dentro del ámbito interno de su
políteuma . Acabamos de mencionar el primer privilegio: no estar
obligados a tributar culto a los dioses de la ciudad.
Otro privilegio relacionado con la observancia de las leyes y
costumbres judías era la dispensa del servicio militar, no compatible
con la obligación del descanso sabático. A éstos se añadía la
posibilidad de construir sinagogas y la de recaudar donativos en dinero y
enviarlos a Jerusalén.
A los privilegios,
relacionados directa o indirectamente con la concepción religiosa, se
unían otros que configuraban su peculiar modo de vida comunitaria y
social, dentro del ámbito general del gobierno de la ciudad y en armonía
con él. Con palabras de V.Tcherikover: "El derecho 'a vivir según las
leyes de sus padres' significaba el derecho a construir sinagogas, a
mantener tribunales de justicia independientes, a educar a la juventud
según el espíritu de la Torá, a establecer instituciones comunales y
elegir funcionarios, etc.”.
Del modo cómo
estaba organizada la comunidad judía de Alejandría del período tolemaico
y del comienzo del romano, tenemos algunos testimonios. Al frente de
las comunidades judías desde tiempos remotos estaba normalmente la
gerusía o asamblea de ancianos. En cambio, los autores están de acuerdo
en admitir que al final de la época tolemaica un etnarca dirigía los
asuntos del políteuma judío en Alejandría. Lo que no podemos determinar
con exactitud es cuándo fue sustituida la gerusía por el etnarca, y si
en algún tiempo coexistieron. En opinión de Cl.Préaux, "el régimen del
etnarca se remonta a la época helenística, puesto que una carta de
Claudio, si se da crédito a Josefo (Ant. XIX 5,2<283>), recuerda
que Augusto ha autorizado la renovación del etnarca 'deseando que cada
uno permanezca fiel a sus costumbres y que nadie sea obligado a
transgredir la religión de sus padres'“.
Un
resumen de las funciones del etnarca nos lo ofrece Estrabón, citado por
Fl.Josefo: en Alejandría de Egipto "tienen al frente un etnarca que
administra al pueblo. Es juez de los litigios, se ocupa de los contratos
y de las ordenanzas, como si él fuera el jefe de un estado soberano”.
Cl.Préaux analiza este testimonio y lo completa con algunas precisiones
interesantes: "Sin duda, elegido por la comunidad, el etnarca era
reconocido verosímilmente por el rey: Augusto a este respecto no había
hecho más que mantener la institución tolemaica. Sus funciones, que
expresa el verbo dioikein (administrar), son sin duda administrativas
más que políticas. El verbo diaitan, que designa sus poderes judiciales,
indica la jurisdicción de un árbitro. Sus sentencias ¿eran firmes sin
necesidad de una aprobación por una instancia de la ciudad o del rey, o
bien la ejecución era asumida por algún órgano de la comunidad? No se
sabe. Ignoramos también si el etnarca era reque rido para todos los
procesos o solamente para aquellos en los que la ley judía difería del
derecho griego, a saber, principalmente el derecho de familia que regula
la religión... El cuidado de los contratos, que Estrabón atribuye al
etnarca, hace pensar en un nota riado judío y en negociado especial que
conserva y autentifica los contratos, lo cual está atestiguado en
Alejandría en la época de Augusto (BGU 1151). Las ordenanzas que
promulga el etnarca po drían llevar, como rescriptos, interpretación de
la ley religio sa”.
Derechos civiles de los judíos alejandrinos
Tenemos, pues, la comunidad judía de Alejandría, el políteuma
judío, regida por una gerusía o asamblea de ancianos y/o por un etnarca.
El gobierno del políteuma judío no es verdaderamente independiente o
autónomo, pues depende del gobierno central -el rey o el prefecto
romano-. Los judíos alejandrinos se llamaban politai o ciudadanos, pero
con las matizaciones que hemos hecho en 2.2 y 2.4. En estos apartados
hemos adelantado ya algo del debate sobre los derechos cívicos de los
judíos alejandrinos. Ahora planteamos directamente este problema, ya que
la perícopa Sab 19,13-17 alude a ellos y entre los autores reina una
gran confusión. El origen de esta confusión hay que buscarlo en las
fuentes de que disponemos, la mayoría de las cuales no son imparciales:
Filón, Flavio Josefo, algunos papiros, inscripciones y libros apócrifos
de finales del período tolemaico y comienzos del romano.
V.Tcherikover nos introduce en el tema: "El asunto de los derechos
cívicos de los judíos en las ciudades griegas ha llamado especial
atención entre los eruditos y ha causado una prolongada controversia en
la literatura especializada. Mientras que unos -Schürer, Juster,
Klausner, De Sanctis y Momigliano- creen que los judíos en las ciudades
griegas gozaban de igualdad de derechos, otros <Willrich, Fuchs,
Schubart, Wilcken, Engers, Jouget, Bell> rechazan totalmente esta
hipótesis o la aceptan con algunas limitaciones”.
E.Schürer ha admitido en sentido técnico y riguroso jurídico las
opiniones de Filón y de Josefo sobre los derechos ciudadanos de los
judíos. Muchos autores, posteriores a Schürer, han repetido sus
argumentos, sin criticar suficientemente el valor histórico de los
testimonios aducidos por él. Para su crítica remitimos a los autores
citados en la nota anterior.
Sin embargo,
cada día se impone más la opinión contraria, es decir, los judíos no
gozaban de la igualdad de derechos cívicos, al menos para el final de la
época tolemaica y comienzos de la romana. V.Tcherikover, después de
analizar todos los argumentos literarios e históricos que se conocían en
su tiempo (1959) sobre el asunto que nos ocupa, hace el siguiente
resumen: "Tres conclusiones se pueden sacar de todo este material
histórico: 1. La condición cívica de los judíos de la diáspora no era
uniforme y la extensión de sus derechos dependía de cuándo, cómo y por
qué objeto los judíos llegaron a una región determinada fuera de
Palestina. 2. La comunidad judía organizada como un todo se mantuvo
jurídicamente fuera de la ciudad griega, y los judíos que vivían en ella
no gozaban de derechos cívicos. 3. Judíos aislados podían adquirir
individualmente derechos cívicos. Todas las demás suposiciones -en
particular las de Josefo- que afirman que los judíos compartían los
mismos derechos que los griegos solamente pueden obscurecer los
resultados. De las fuentes aprendemos otra cosa importante: el centro de
la vida judía en la diáspora no eran los derechos cívicos en las
ciudades griegas, sino los privilegios de las comunidades judías. Estos
privilegios eran en realidad muy grandes y ellos despertaron con
frecuencia la envidia y el odio de los griegos”.
Totalmente de
acuerdo se manifiesta S.Applebaum, que llega a afirmar rotundamente:
"No hemos descubierto en el curso de nuestra investigación pruebas de
que en alguna ciudad griega durante el período helenístico o en el
romano antiguo los judíos poseyeran la ciudadanía como un cuerpo”. Y la
razón fundamental de este hecho singular radica en la fe religiosa del
pueblo judío en cuanto tal, como también lo testifica W.W.Tarn: "Muchos
eruditos han creído, siguiendo a Josefo, que los judíos en su conjunto
eran ciudadanos de pleno derecho en Alejandría, Antioquía y en las
ciudades jónicas. Esto era siempre imposible, porque la plena
ciudadanía, es decir, la participación en el gobierno y en la
administración jurídica, suponía adoración de los dioses de la ciudad,
lo cual significaba apostasía para un judío; y aunque algunos individuos
pudieron postrarse en el templo de Rimmón, como Nicetas de
Jerusalén..., los judíos, helenizados o no, se mantuvieron normalmente
firmes en su religión”.
Sabemos por los
documentos de la época que el año 30 a.C., con la llegada de Augusto al
poder, supuso para Egipto un cambio radical que influyó directamente en
la comunidad judía de Alejandría. El estatuto jurídico de los ciudadanos
cambia: en primer lugar los ciudadanos romanos, en segundo los
ciudadanos griegos, por último todos los demás.
La repercusión en la vida ciudadana de Alejandría por esta nueva
situación va a ser inmediata y, de una manera especial, en la comunidad
judía por los efectos violentos en el ámbito económico. Todos los
ciudadanos de los reinos helenísticos estaban obligados a pagar
impuestos generales indirectos a las administraciones centrales y
urbanas; pero con los romanos llega uno nuevo: el impuesto personal o
laografía, que gravaba solamente sobre las clases sociales ínfimas,
también sobre los judíos. Esto significó para los judíos no tanto una
nueva carga económica como una gran humillación, al igualarlos con los
nativos de ínfima categoría social, sobre todo para los de posición
cultural y social elevada. Desde este momento se recrudece la lucha de
los judíos alejandrinos por la recuperación de los privilegios perdidos y
la guerra abierta entre los ciudadanos griegos alejandrinos y los
judíos de Alejandría. En tiempos del emperador Calígula la persecución
contra los judíos va a ser cruenta. A esta situación pondrá fin el
emperador Claudio con su célebre Carta a los Alejandrinos (41 d.C.), es
decir, a la persecución de los judíos y a la aspiración de éstos por la
ciudadanía alejandrina con todas las consecuencias culturales, sociales y
económicas: "Claudio puso fin a la pretensión judía de la ciudadanía de
Alejandría con su decisión del año 41 d.C.”.
3. Conclusión
Después de esta larga exposición creo que podemos concluir
diciendo: 1. Los judíos habitaron en Alejandría desde muy antiguo, al
menos desde el siglo III a.C.; 2. Pronto se constituyeron en
organización autorizada o políteuma con fines religiosos, sociales y
culturales; 3. Este políteuma era independiente del políteuma griego
que hacía de sus miembros verdaderos ciudadanos alejandrinos con plenos
derechos cívicos; 4. Los judíos no eran propiamente ciudadanos
alejandrinos, sino miembros o ciudadanos (politai) del políteuma judío
en Alejandría; 5. Los judíos de Alejandría lucharon siempre por
mantener o recuperar los privilegios que concedieron reyes helenísticos o
emperadores romanos a su políteuma; 6. Por esto sufrieron persecución
sangrienta en tiempos de Calígula; 7. Por fin el emperador Claudio (año
41 d.C.) disipó las dificultades de orden jurídico, separando a los
judíos de la participación en el gobierno de la ciudad y legitimando los
derechos y privilegios de su políteuma .
APÉNDICE III
Literatura judeo helenista alejandrina
Si queremos conocer más a fondo la vida de la comunidad judía
alejandrina del tiempo helenístico, donde creemos que nace el libro de
la Sabiduría, tendremos que analizar unos pocos testimonios
inapreciables que han llegado hasta nosotros y que constituyen el cuerpo
literario judeo helenista alejandrino.
Conviene distinguir bien este Apéndice del cap.IX de la Introducción
general sobre Sabiduría y helenismo; los dos se relacionan íntimamente,
pero no tratan de lo mismo. El presente Apéndice es más amplio que el
capitulo sobre Sabiduría y helenismo, ya que Sab es una obra literaria
que pertenece al conjunto de las obras de las que aquí vamos a hablar.
En este momento centramos la atención principalmente en el
ámbito judío, en el medio cultural y literario de la diáspora judía en
Alejandría y en su producción literaria. En el capítulo Sabiduría y
helenismo intentamos descubrir los influjos del medio ambiente en una
obra concreta: los autores, las escuelas, las corrientes de pensamiento
del mundo helenístico, para ver que Sab no era fruto del azar o
totalmente independiente del medio cultural que le rodeaba. Este
Apéndice se podría considerar como preparación remota del cap. IX
aludido.
1. Los judíos ante el fenómeno del helenismo
Por helenismo entendemos genéricamente un modo de vivir al
estilo griego que se difundió por los territorios conquistados por
Alejandro Magno. Pero podemos matizar aún más. En el sentido más
restringido por helenismo se comprende el espíritu y las ideas
filosóficas, religiosas, morales, sociales, culturales que se extienden
de Oriente a Occidente como un aire innovador desde la muerte de
Alejandro Magno en 323 a.C. hasta el advenimiento de Augusto en el año
30 a.C. En un sentido más amplio el helenismo se identifica con el
movimiento colonizador de los griegos ya sea en el ámbito económico y
político, como en el social y cultural desde el s.VIII a C. hasta el
siglo II de la era cristiana.
Las
comunidades del pueblo judío se vieron envueltas en el torbellino de las
nuevas corrientes, aunque más violentamente fuera de Palestina que
dentro. Como los aires nuevos abarcaban los aspectos más radicales de la
vida: la religión, la política, la economía, la cultura, el influjo fue
muy grande y las reacciones también muy diferentes.
El fenómeno de la helenización no fue, sin embargo, uniforme en
todo el ámbito greco-romano. En unos casos se redujo a la introducción
más o menos extensa de la lengua, del griego; en otros fue más intenso y
profundo, llegando incluso hasta el cambio de costumbres y del modo de
pensar. A este propósito escribe S. Sandmel: "Hubo judíos esparcidos por
todo el mundo greco-romano que perdieron su lengua materna y
absorbieron el griego; por lo menos con respecto a esto podemos hablar
de helenización como un proceso. Por otro lado, desde el tiempo de
Alejandro Magno la lengua griega llegó a hablarse en la misma Judea y un
buen número de palabras griegas se introdujeron en el arameo nativo. Si
por helenización entendemos solamente el fenómeno de la adopción de la
lengua, bien en su totalidad, como parece haber sido el caso de los
judíos en Alejandría, bien parcialmente, como en el caso de ciertas
palabras comunes en Judea, por muy evidente que sea tal helenización,
era, sin embargo, de muy poca importancia”.
En cuanto a la helenización más profunda de los judíos, conviene tener
en cuenta la distinción que hace S.Sandmel entre adaptación y apostasía .
Para la apostasía se requiere el abandono consciente de la fe y de la
tradición religiosa y la elección de otra; en la adaptación se pueden
dar muchos grados, desde el uso de la lengua griega hasta la aceptación
de usos, costumbres y modos de pensar griegos, sin llegar al extremo de
abandonar la fe religiosa propia.
Del
judaísmo en general se puede decir que superó la prueba de la presión de
una brillantísima cultura y de una forma de vida muy tentadora,
opuestas por completo a las normas y costumbres de los judíos, heredadas
de sus antepasados y según constaba en sus libros canónicos y en la
tradición oral. Especialmente esto es válido para la diáspora, como nos
lo recuerda V.Tcherikover: "A pesar del gran influjo del helenismo en
los judíos de la diáspora la tradición judía no cedió el paso a la
cultura griega y fue capaz de defenderse a sí misma. Las costumbres
ancestrales han arraigado profundamente en el alma judía y no se han
podido abolir por el influjo de pueblos, cuyo espíritu les era ajeno”.
El mismo autor nos da la razón de ello a continuación: "La razón
principal de la existencia de una cultura de la diáspora judía fue la
fuerza vital de las comunidades judías. Lo mismo que la organización
cívica de los griegos en las ciudades griegas aseguraba la conservación
de la cultura griega fuera de la Hélade, así también la organización de
los judíos en comunidades independientes defendía la tradición judía.
Los griegos instalados en el campo perdían muy pronto sus
características nacionales y se fusionaban con los nativos, mientras que
los griegos de las ciudades seguían siendo ciudadanos de cultura griega
por generaciones. Los judíos también, cuando aparecían como individuos
aislados no podían vencer el influjo de su ambiente o conservar los
elementos de la cultura judía; esto lo prueba el destino de la judería
egipcia después del año 117 d.C.”.
En
Palestina convivieron pacíficamente el judaísmo tradicional y el
helenismo durante la dominación de los Tolomeos. En realidad la
presencia del helenismo en Palestina era casi imperceptible. Pero con la
victoria de los ejércitos de Antíoco III (223-187 a.C.) sobre los de
Tolomeo V (205-180 a.C.) en Panion (año 198 a.C.) Palestina pasa al
dominio de los Seléucidas. Entonces empieza a soplar un vendaval sobre
la tierra de los judíos: el espíritu del helenismo invade violentamente
Palestina. Con Antíoco IV Epífanes (175-164/3 a.C.) la presión llega a
su máxima expresión. Elementos de las clases altas y acomodadas se
adaptaron con facilidad a las nuevas formas de vida y las impusieron por
la fuerza en el corazón mismo del judaísmo, en Jerusalén: "Por entonces
hubo unos israelitas apóstatas que convencieron a muchos: ¡Vamos a
hacer un pacto con las naciones vecinas, pues desde que nos hemos
aislado nos han venido muchas desgracias! Gustó la propuesta, y algunos
del pueblo se decidieron a ir al rey. El rey los autorizó a adoptar las
costumbres paganas, y entonces, acomodándose a los usos paganos,
construyeron un gimnasio en Jerusalén, disimularon la circuncisión,
apostataron de la alianza santa, emparentaron con los paganos y se
vendieron para hacer el mal" (1 Mac 1,11-15).
De fuera de Palestina tenemos también algunos testimonios que nos
informan de judíos particulares que apostatan de la fe de sus mayores y
que se helenizan en grado sumo, aceptando por completo el modo de vivir
de los griegos con todas sus consecuencias.
2. Literatura judeo helenista
Hemos visto en el párrafo anterior que el helenismo influyó
realmente en el judaísmo, es decir, que el espíritu del helenismo
penetró en la vida de las comunidades judías y en la de los individuos,
aunque no siempre de la misma manera. Uno de los frutos de este influjo,
de esta convivencia o simbiosis fue la literatura judeo helenista. Gran
parte de la producción literaria de los judíos del tiempo helenista se
ha perdido; pero por fortuna han llegado hasta nosotros unos pocos
fragmentos aislados y algunas obras íntegras de un valor extraordinario.
2.1. Tradición literaria multisecular del pueblo judío
Ya sabemos que las comunidades judías de la diáspora estaban
bien organizadas y que en las grandes ciudades, especialmente en
Alejandría de Egipto, contaban con todos los medios culturales que la
civilización helenística había conseguido. Pero los judíos helenistas de
la diáspora, que se consideraban tan judíos como los de Jerusalén, no
partían de cero en cuanto a la cultura propia de su pueblo. Ellos
contaban con una historia milenaria detrás de sí y, en el ámbito
literario, con una tradición gloriosa, comparable a la de los grandes
imperios y culturas.
Algunas de sus
escrituras sagradas se remontan al siglo X a.C. con una tradición oral y
en parte escrita anterior en varios siglos. En plena época helenística
(ca. 132 a.C.) el nieto de Jesús Ben Sira, en el prólogo a la traducción
que él mismo hace de la obra de su abuelo, manifiesta que conoce el
cuerpo casi completo de lo que llamamos Antiguo Testamento, y que él
divide en tres bloques: la Ley o Pentateuco, los Profetas (libros
históricos o profetas anteriores y escritos proféticos propiamente
dichos) y los restantes libros paternos, "por los que Israel merece
alabanza de sabio o instruido”.
El pueblo
judío tiene unas raíces muy profundas en la historia y en la tierra de
Palestina. La diáspora judía jamás se sintió un pueblo desarraigado: su
historia es la historia común del pueblo elegido; su tierra es la tierra
prometida a los padres, Palestina; adoran al mismo Dios; su Ley, sus
Escrituras son las mismas; el centro de culto es único: el Templo en
Jerusalén, a donde van cuando pueden en peregrinación (cf. Hech 2,5-11) y
al que envían desde todos los rincones de la ecumene el tributo
sagrado. En todo el tiempo helenístico existen relaciones amistosas
entre la comunidad judía palestinense y las comunidades judías de la
diáspora; especialmente intensas en todos los órdenes son las que se dan
entre Egipto y Palestina por razones históricas y de cercanía. Pero en
el ámbito literario el influjo va en ambas direcciones. Son conocidas
las corrientes sapienciales antiguas de Egipto a Palestina y en nuestra
época helenística son muy elocuentes entre otros, dos ejemplos
preclaros: la Carta de Aristeas y el mencionado libro del Eclesiástico,
traducido del hebreo al griego en Egipto y para la comunidad judía de
lengua griega.
2.2. Actividad literaria judía en tiempo helenístico
La época helenística es fecunda en todas las áreas de la
creación artística y literaria. Las circunstancias especiales sociales,
políticas y culturales convierten el helenismo en fermento activo para
la sociedad pagana y también para la judía que está en contacto con él.
La judía es la que nos interesa por ahora. "Las noticias que tenemos de
los antiguos escritores judeo-helenísticos evidencian los esfuerzos del
judaísmo por desarrollarse dentro de la cultura helenística. Se adoptan
las formas literarias helenísticas, como el relato histórico según el
modelo griego, el epos y el drama, el poema sibilino, los tratados
filosóficos, pero se ponen al servicio del robustecimiento del judaísmo
dentro del mundo cultural helenístico”.
Las
circunstancias son muy heterogéneas y cambiantes para los judíos tanto
en las diversas regiones, como en una misma comarca. En Egipto
primeramente la prosperidad económica y después la lucha constante por
defender la propia identidad y los derechos civiles sirven de estímulo
para la producción literaria; en Palestina el ritmo histórico es
parecido, pero la lucha adquiere caracteres dramáticos. A poco más de un
siglo de dominio pacífico de los Lágidas egipcios le sigue un período
de avasallamiento despótico de los Seléucidas, que se hace cada día más
intolerable. Renace con mucha fuerza el espíritu nacionalista judío, que
explota con la rebelión de los Macabeos. Estas circunstancias
históricas dispares van a marcar el signo de los movimientos sociales y
culturales en Palestina y en Egipto.
No
podemos olvidar que la comunidad judía palestinense en líneas generales
se mantuvo más cerrada en sí misma y por esto más desconfiada con lo que
provenía de fuera; por el contrario, los judíos de la diáspora, en
especial los de Egipto, se distinguieron por su espíritu abierto y
receptivo. La presión del ambiente es decisiva en este aspecto, como
hemos visto en el apartado 1 (los judíos ante el fenómno del helenismo);
la literatura, como expre sión del sentir y del pensar de un pueblo, lo
confirma.
En Palestina. Los escritos palestinenses,
anteriores al advenimiento de Antíoco IV Epífanes, se distinguen muy
bien de los surgidos durante o después de la guerra de los macabeos.
Entre los canónicos, Ecl y Eclo pertenecen al período anterior, Dan y 1
Mac al posterior. El carácter apocalíptico es nota principal de la
literatura no canónica. "Un factor desencadenante esencial para el
desarrollo del pensamiento apocalíptico fue la gran crisis religiosa
bajo Antíoco IV Epífanes, a la que corresponde el apocalipsis de
Daniel”.
En Egipto. Casi no se conocen los escritos
apocalípticos entre los escritores judíos de la diáspora en Egipto. En
general predomina entre ellos una orientación propagandística y
apologética, sin que esto quiera decir que su producción literaria vaya
dirigida únicamente a los lectores griegos y no también a los judíos que
necesitaban ser instruidos en su fe, confirmados en sus tradiciones y
defendidos de los ataques furibundos de los griegos antisemitas.
Precisamente el fenómeno del antisemitismo era terreno abonado para una
literatura de defensa, de propaganda y apologética: "La situación de los
judíos de la diáspora, en concreto en Alejandría ante un medio ambiente
hostil, provocó muy pronto toda una literatura de propaganda de cara al
mundo
helenístico”. Aunque a veces no surtiera el efecto pretendido, sino todo lo contrario: la desconfianza y el rechazo.
De toda esta literatura helenística judía nos interesa estudiar
la típicamente alejandrina, para acercarnos lo más posible al medio en
que nace el libro de la Sabiduría.
3. Literatura judeo helenista alejandrina
Hemos distinguido entre Palestina y la diáspora o territorio
fuera de Palestina. Suele hacerse la misma distinción en la producción
literaria de los judíos. Pero la diáspora comprende todo el Oriente y el
Occidente, y su literatura es amplísima. Dos son, sin embargo, los
centros dignos de especial mención: uno en Babilonia y otro en
Alejandría.
Al dedicar este apartado a la
literatura judeo-helenista alejandrina, no queremos defender a toda
costa que toda la literatura de los judíos de Egipto se produjera en
Alejandría. Es muy posible que alguna procediera de otros núcleos
urbanos egipcios; pero, al no tener constancia de ello y al ser
Alejandría durante el tiempo que nos ocupa el centro capital de Egipto
en todos los órdenes, la literatura de este tiempo helenístico lleva con
razón su nombre.
3.1. Alejandría, capital cultural de primer orden
En el Apéndice II hemos tratado de las excelencias de
Alejandría como ciudad. Desde su fundación los Tolomeos hicieron de
Alejandría su ciudad y por esto a ella trajeron de todos los rincones de
Egipto sus inmensas riquezas, a las cuales se sumaron las de sus
conquistas por los reinos vecinos. Los reyes se convirtieron en
protectores de todas las ciencias y las artes, e hicieron venir de todo
el mundo griego a los sabios más renombrados en todas las ramas del
saber. Con razón puede decir W.W.Tarn: "Aunque Atenas conservó la
filosofía, Alejandría la eclipsó como el centro mundial de la ciencia y
de la literatura”.
Dos instituciones sobre
todas las demás hicieron de Alejandría la ciudad más famosa e importante
de su tiempo en el ámbito de las ciencias y las artes: El Museo y la
Biblioteca. La barbarie de los hombres y el tiempo, implacable
destructor de lo efímero, han hecho que de estos dos grandes centros de
la inteligencia helenística no lleguen a nosotros ni las cenizas. Una
superficie rocosa es lo único que el visitante actual puede admirar.
El Museo era una institución del rey, dedicada a las Musas (de
ahí su nombre). al frente del Museo había un sacerdote que lo nombraba
el rey. El Museo era residencia de sabios, invitados y mantenidos por el
rey. "Poco es lo que sabemos del museo: una asociación de hombres
sabios, al frente de los cuales había un sacerdote de las Musas, que
vivían y trabajaban en el edificio a expensas de Tolomeo, liberados por
él de todas las preocupaciones mundanas”.
La Biblioteca probablemente estaba cerca del Museo y también fue fundada
por Tolomeo I, por consejo de Demetrio de Falerón, político y filósofo
peripatético ateniense. El bibliotecario mayor dependía en todo del rey,
pero era independiente del Museo.
Esta
Biblioteca llegó a ser la más famosa de la antigüedad y, junto con el
Museo, el centro del helenismo. Los Bibliotecarios fueron escogidos por
los reyes entre los sabios más famosos de su tiempo. El primero de ellos
fue Zenódoto de Efeso (283-ca.260 a.C.), especialista en Homero. Según
se cuenta, él fue el que adquirió la biblioteca privada de Aristóteles. A
Zenódoto le siguió probablemente Calímaco el poeta (ca.260-ca.240
a.C.). Eratóstenes de Alejandría, nacido en Cirene (276-195/4 a.C.) fue
el tercer bibliotecario y el más famoso de todos (ca.230-195 a.C.).
Compró para la Biblioteca los manuscritos de Esquilo, Sófocles y
Eurípides, y dedicó parte de ella a Homero: al estudio y edición de sus
obras. Esta misma dirección siguieron Aristófanes de Bizancio (195-180
a.C.), Apolonio el Clasificador (180-ca.160 a.C.) y Aristarco de
Samotracia (ca.160-131 a.C.). "Una de las principales realizaciones de
la Biblioteca de Alejandría en los primeros cien años de su existencia
fue coleccionar, cotejar, preparar ediciones, corregir y así preservar
para la posteridad las obras de Homero”.
Los que trabajaban en la Biblioteca no se limitaron sólo a Homero, sino
que abarcaron también toda la literatura clásica griega. Florecieron
admirablemente los estudios filológico.
Al mismo
tiempo que fomentaron los estudios literarios, los sabios alejandrinos
se dedicaron con ahínco y fortuna al fomento y desarrollo de las
ciencias, con aplicaciones en la vida real. Así llegaron a cimas
insospechadas los estudios de matemáticas, de geografía, de astronomía,
con los que empalmaron los científicos de la era moderna, así como los
de física, medicina, botánica, ciencias naturales y todo aquello que
podía atraer la curiosidad humana.
En lo que no se distinguieron los sabios alejandrinos del Museo y de la Biblioteca fue en el ámbito filosófico.
La actividad creadora intelectual de Alejandría decayó al ser
ocupada la ciudad por los romanos, coincidiendo con una nueva
orientación en los estudios; de las ciencias positivas se pasó a las
especulaciones seudofilosóficas, alimentadas por las corrientes de
pensamiento que venían de oriente.
La
escuela alejandrina cristiana va a ser la heredera de la gloriosa
tradición multisecular del Museo y de la Biblioteca de Alejandría.
3.2. Alejandría, centro de la cultura helenística judía
Alejandría fue, sin duda, la ciudad que albergó dentro de sus
muros la comunidad judía más numerosa de toda la Diáspora y la más
activa en todos los ámbitos, desde el religioso hasta el político y
social (Apéndice II). Ya conocemos las aspiraciones de estos judíos.
Ciertamente no eran ni podían ser ajenos a los movimientos culturales
que tenían lugar en la ciudad más brillante del período helenístico. Por
eso aquí va a florecer, como en ninguna otra parte, la literatura
helenística propiamente judía, aunque sin exclusividad. En Alejandría se
dan las condiciones más favorables posibles para que así sea y, de
hecho, como vamos a ver, así fue.
Testimonios literarios de los judíos de Alejandria
Contamos ciertamente con algunos testimonios literarios judíos
de esta época, pero hemos de lamentar la pérdida tan considerable de lo
que en realidad se produjo. "Por desgracia, de algunos representantes de
esta literatura judía tan sólo poseemos muy escasos restos. En el siglo
I a.C. un historiador pagano, Alejandro Polihístor, reunió una serie de
extractos de escritores, algunos de ellos judíos, y dicha colección la
insertó parcialmente Eusebio en su Praeparatio evangelica.
Anteriormente, Clemente Alejandrino había hecho ya un amplio uso de
Alejandro. De no ser así, se hubieran perdido incluso las escasas
huellas que se conservan”.
No vamos a hacer
un elenco exhaustivo de todos los testimonios que poseemos, ni mucho
menos analizarlos uno a uno; de esto ya existen estudios especializados a
los que nos remitimos. Sí diremos unas palabras sobre la versión de los
LXX, la Carta de Aristeas y, muy genéricamente, sobre los demás
escritos y su significación.
La Septuaginta (LXX) o versión griega de la Biblia.
El hecho de que el libro más sagrado de los judíos, escrito en
hebreo: la Torá o Ley, fuera traducido a la lengua que hablaban
vulgarmente los griegos de Egipto y también los judíos allí radicados
desde antiguo, fue tan trascendental que no mucho tiempo después ya era
contado como una leyenda que rondaba lo prodigioso y sobrenatural. El
autor de la Carta de Aristeas se deleita en narrarnos el hecho con
muchos detalles (Arist 301ss). A.Kasher no exagera al escribir que la
versión de los LXX "fue una de las creaciones espirituales más
importantes para la judería helenística, sobre todo porque ella sirvió
de inspiración a una serie entera de escritores y filósofos de lengua
griega en las siguientes generaciones. E.Schürer escribe: "Sin ella el
judaísmo helenístico es tan impensable como la Iglesia evangélica de
Alemania sin la traducción alemana de la Biblia de Lutero” G.Ricciotti
dice también: "En estas 'sinagogas' egipcias, y para su servicio del
culto, tuvo lugar el acto más audaz dentro de la órbita del yahvismo
oficial, y uno de los más decisivos en la historia de la espiritualidad
humana: la traducción al griego de las escrituras sagradas hebreas”.
W.W. Tarn afirma solemnemente: "El gran monumento del helenismo de la
dispersión judía es la Septuaginta o Libro de los Setenta, la traducción
del A.T. al griego, la Biblia de Pablo y de Filón”. Esta versión griega
fue la Biblia del cristianismo naciente.
La versión griega de la Biblia no sólo sirvió para inspirar a escritores
y filósofos, sino que principalmente fue el alimento espiritual que
sustentó a las comunidades judías primero de Egipto y después de toda la
diáspora donde se hablaba el griego. Porque según la opinión más común
entre los autores, los judíos de la diáspora en el tiempo helenístico no
podían leer la Escritura en su lengua original; sólo los rabinos y
maestros de la Ley conocían el hebreo y arameo; el pueblo en general
fuera de Palestina hablaba el griego común (la koiné) o la lengua del
lugar en que habitaba. En Alejandría y aledaños la lengua vulgar era el
griego.
La versión al griego de la sagrada
Escritura respondía a una necesidad interna de la comunidad judía
alejandrina y no a la iniciativa del Bibliotecario real, según Arist
10s.30s, o a una intención propagandística: dar a conocer a los paganos,
especialmente a los enemigos de los judíos, la antigüedad de sus
orígenes, la grandeza de sus antepasados, las excelencias de sus
creencias, etc. Así piensa la mayoría de los autores, que datan las
primeras versiones del Pentateuco en el siglo III a.C. en Alejandría.
P.Wendland escribe: "La Torá fue traducida al griego ya bajo Tolomeo
Filadelfo, y desde entonces han trabajado sabios judíos en la versión de
los escritos sagrados. En dos generaciones desde el asentamiento de los
judíos en Alejandría ha progresado tanto la helenización lingüística
que se han debido acomodar en la Sinagoga al uso de la traducción en
lugar del texto sagrado. Pues parece seguro que la traducción ha surgido
por necesidad del servicio divino y no con intención propagandística”.
Como representante de los autores más recientes, podemos citar a
N.Fernández Marcos: "Para los judíos de la diáspora, una vez que habían
abandonado la lengua de los padres, la única forma de conservar el
legado religioso de sus antepasados era traducirlo a la lengua
extranjera. El peligro de perder esta herencia cultural se hizo sentir
antes en las comunidades del judaísmo helenístico que en las de
Palestina; ... Esto explica que la traducción de LXX esté hecha por
judíos y para judíos, es decir, que sean orientales bilingües y no
griegos los que la emprendan. Nace por tanto de las necesidades
religiosas de los judíos de Alejandría; necesidades litúrgicas por un
lado y pedagógicas por otro, debido a la peculiar posición del judaísmo
en el mundo griego con una proporción de judíos grecoparlantes que
desconocían la lengua original de sus propias Escrituras. Por tanto la
imagen que presenta la carta de Aristeas acerca de las circunstancias
que rodearon la traducción de LXX en la corte del rey Ptolomeo es
engañosa”.
Ultimamente A.Kasher ha
defendido la historicidad del núcleo principal del relato del
seudo-Aristeas: "Es más probable que la iniciativa para la versión del
Pentateuco al griego viniera realmente de los círculos intelectuales de
la corte tolemaica y no que procediera de una necesidad interna de los
judíos”.
E.Schürer considera "una mera posibilidad que
la traducción de los Setenta del Pentateuco deba su existencia a los
esfuerzos de Tolomeo Filadelfo. Es más probable que se llevara a cabo
por causa de las propias necesidades de los judíos”.
Por lo que ya sabemos de la vida interna de las comunidades
judías en Egipto y más en concreto de la alejandrina, es muy natural que
desearan poner al alcance de todos las sagradas Escrituras, cuyas
lecturas y explicaciones se hacían en griego. El trabajo de traducción
debió de ser muy lento y, con mucha probablidad, muy variado. "Más que
de una traducción en LXX hay que hablar de una colección de traducciones
según los libros y aún dentro de un mismo libro según se perciban
distintas unidades literarias reflejadas en diferentes técnicas de
traducción. Los estudios de estas técnicas hacen suponer más de un
traductor por cada libro, aunque en conjunto no sumarían el número de
setenta / setenta y dos de que habla la legendaria carta de Aristeas”.
Comúnmente se admite que el Pentateuco, al que únicamente se
refiere la Carta de Aristeas, fue traducido hacia la mitad del siglo III
a.C. y posteriormente los otros escritos en hebreo, según las
necesidades de la liturgia de las Sinagogas: Jeremías e Isaías hacia
comienzos del siglo II a.C., después los Salmos, el resto de los
Profetas y por último los Hagiógrafos. Hacia el 130 a.C. ya estaba
traducido todo el cuerpo hebreo, pues el traductor del Eclo conoce la
traducción al griego de toda la Escritura hebrea, como lo dice en su
prólogo: "Te ruego, pues, que leas con atención y benevolencia y que
seas indulgente si, a pesar de mi esfuerzo, no he acertado con la
traducción de algunas frases. Pues lo que se expresó originalmente en
hebreo no conserva el mismo sentido, traducido a otra lengua. Y no sólo
este libro, sino también la Ley y los Profetas y los restantes libros
son muy distintos en su lengua original”.
La traducción al griego de la Biblia respondía, pues, a una necesidad
interna del judaísmo helenístico y no sólo de Egipto, sino de toda la
diáspora y hasta de Palestina: "La traducción de la Biblia es la mejor
prueba de que el hebreo era ya en esta época una lengua desconocida por
una gran parte del pueblo judío. Pues se sabe que la traducción de los
Setenta estaba difundida no sólo en la diáspora judía, sino también en
Palestina”. Son muchos y nada sospechosos los testimonios que apoyan
esta afirmación: "El uso de LXX por el Anónimo y por Eupólemo, así como
el hallazgo de fragmentos de LXX en Qumrán y en las grutas de la
sublevación de Bar Kokba muestran que la versión griega del A.T. fue
tenida en gran estima también en la Palestina judía desde el siglo II
a.C. hasta el siglo II d.C., en contraste con la crítica severa de los
rabinos posteriores”.
Los judíos
alejandrinos celebraban cada año una fiesta en la isla de Faros, para
dar gracias a Dios "por el antiguo beneficio siempre renovado”. Para
ellos la LXX era tan sagrada como el texto hebreo para los palestinos;
sólo desde el siglo II de la era cristiana la LXX fue rechazada por los
judíos de Palestina por la controversia con los cristianos, que habían
aceptado la versión de los LXX como propia.
Carta de Aristeas.
Varias veces hemos citado ya la Carta de Aristeas a propósito
de la versión de los LXX y es que se relacionan indisolublemente. Le
dedicamos ahora un apartado íntegro, porque es el escrito judeo
helenístico alejandrino más antiguo que ha llegado hasta nosotros
íntegramente.
El documento se presenta en
forma de Carta que Aristeas escribe a su hermano Filócrates (cf. 7 y
120). Pero de carta solamente tiene la introducción, el epílogo y
algunos vocativos más a lo largo de la obra; todo lo cual "no hace de
ella una carta más que la célebre Epístola a los Pisones de Horacio o
que el Evangelio de Lucas”. El marco es ficticio, lo que quiere decir
que estamos ante un escrito seudoepigráfico o, como dice A.Díez Macho,
ante "una obra narrativa griega de forma epistolar y contenido
ficticio”. El verdadero autor de la obra se presenta bajo el nombre de
Aristeas, privado del rey (14-19.40.43) y pagano, adorador de Zeus (16),
porque así conviene mejor a la finalidad de su escrito.
Sobre la intención o finalidad de la Carta de Aristeas los autores
discrepan, aunque la diversidad de opiniones en este caso hace que
conozcamos mejor los matices de este singular documento. Los autores
estarán de acuerdo en admitir que se trata de un documento de
propaganda. S.Jellicoe lo dice categóricamente: "Que la carta
esencialmente es una obra de propaganda (o apologética), se ha estado de
acuerdo en todo tiempo y lugar”.
Lo que ya
es más difícil es determinar en favor de qué hace propaganda la Carta
de Aristeas y ante quiénes. Durante muchos siglos no se ha suscitado la
duda de si la Carta de Aristeas era un documento histórico o no, y se
admitía con toda naturalidad que lo que Aristeas pretendía con su Carta
era simplemente informar sobre el origen histórico de la versión al
griego del Pentateuco o Ley judía. Como recuerdan los autores, fue Luis
Vives (1492-1540) el primero en dudar de la historicidad de la Carta de
Aristeas en este aspecto. Ya es opinión común admitir el carácter
ficticio de la Carta, lo cual no quiere decir que el autor verdadero no
tenga una intención real que responda a una situación histórica.
Los que a pesar de todo opinan que la Carta de Aristeas
pretende defender la versión griega del Pentatueco, ofrecen un abanico
de interpretaciones. P.Kahle defiende que la Carta es "el refrendo a la
versión oficial unificada impuesta por las autoridades del judaísmo en
la época misma en que se escribe el documento, tras un largo período en
el que circularían múltiples versiones griegas a la manera de los
Targumes”. Esta opinión ha tenido poco eco entre los especialistas y hoy
generalmente se descarta.
Una sentencia
muy particular ha sido expuesta por A. F. J. Klijn: la Carta de Aristeas
sería "un escrito de propaganda en favor de la LXX originaria contra
una revisión de la misma que tendría lugar ca.140 a.C. en la colonia
judía de Leontópolis que competiría con la de Alejandría”. Aunque con el
tiempo se hicieron diferentes versiones del Pentateuco al griego y de
todo el Antiguo Testamento, es muy poco lo que todavía sabemos de ello y
menos aún de la comunidad judía de Leontópolis y de su actividad
literaria e influjos en la comunidad total de Egipto, como para
aventurar una hipótesis como la de Klijn con garantías de éxito.
Queda en pie, por tanto, la pregunta inicial: en favor de qué
hace propaganda la Carta de Aristeas y ante quiénes. Si nos centramos
ahora en la segunda parte de la pregunta: ante quiénes hace propaganda
el seudo-Aristeas, o a quién se dirige, vamos a encontrar también muchas
respuestas, entre las cuales elegiremos la que nos parece más
aceptable.
El autor de la Carta se puede
dirigir o a los griegos paganos de Alejandría en Egipto, o a los judíos
alejandrinos, o a ambos grupos indiscriminadamente. Los autores se
dividen en sus preferencias, analizan con lupa las palabras de Aristeas y
cada uno cree haber descubierto la íntima intención del autor.
Entre los que defienden que son los griegos paganos los
destinatarios de la Carta de Aristeas, hemos de señalar en primer lugar a
E.Schürer que afirma que "toda ella es verdaderamente un panegírico de
la Ley judía, de su Sabiduría y de su Nombre en boca de un pagano”;
"toda ella está pensada en primer lugar para lectores paganos”.
V.Tcherikover nos da una lista de autores que se adhieren a la misma
sentencia de E.SchÜrer. C.Larcher se alinea también entre estos autores,
pero con una particularidad: "La Carta es una verdadera apología del
judaísmo, más concretamente del judaísmo palestino”, y aduce el
testimonio de M.J.Lagrange: "Su intención evidente es la de adular a los
Lágidas y la de inspirarles el aprecio de los judíos de Jerusalén”.
Continúa Larcher: "Ella se propone además llevar a los helenos a
reconocer la superioridad de la religión y de la sabiduría judías y de
facilitarles la aceptación de las observancias”.
Sin embargo, modernamente no son pocos los que afirman que el
seudo Aristeas se dirige a los judíos. Probablemente ningún autor ha
defendido con más fuerza esta tesis que V.Tcherikover en su artículo de
1958; en él dice, por ejemplo: "Llevar a los judíos más cerca de los
griegos y de su cultura - éste era el propósito de Aristeas-" (pág.69);
"la carta entera no es otra cosa que un encomio del judaísmo" (pág.63).
"Los especialistas han advertido acertadamente que la carta contiene
alguna especie de propaganda, pero se han equivocado al pensar que esta
propaganda iba dirigida a los gentiles; ella iba dirigida a los judíos"
(pág.83). V.Tcherikover propone casi desde el principio los argumentos
en favor de su tesis: Aristeas no pretende inclinar al hipotético lector
griego en favor de los judíos, sino ayudar a los judíos a reconciliarse
con la cultura griega. Naturalmente a favor de esta tesis están todos
aquellos que opinan que el centro de la Carta lo ocupa la preocupación
por defender la versión al griego de la Ley judía, sea en concurrencia
con una nueva revisión, sea en absoluto.
Creemos, sin embargo, que la intención del seudo-Aristeas, al escibir
esta Carta, no era la de dirigirse a un grupo con exclusión del otro: o a
los paganos o a los judíos. Su indeterminación es argumento en favor de
que los quiere incluir a ambos. Tanto la seudonimia, como el recurso de
que un pagano defienda y alabe las instituciones y el modo de vivir de
los judíos abogan en favor de la tesis de que el seudo-Aristeas se
dirige tanto a judíos como a gentiles. A.Pelletier escribe en su
presentación de la Carta: "Yo creo que nuestro autor ante todo es
propagandista de la traducción griega de la Ley ante los griegos; pero
mata dos pájaros de un tiro. Porque todas las garantías que atribuye a
la versión griega valen tanto entre los judíos como entre los griegos.
Pues si las disposiciones para asegurar la inmutablidad del texto pueden
interesar a los griegos cultos, amantes de textos fieles, en un
ambiente judío ellas responden a una exigencia más radical, fundada en
el patrimonio de las tradiciones relativas a los orígenes mismos de la
Ley”.
Pocos son los autores que se definen por esta
intención globalizante del autor, aunque muchos reconocen que la Carta
tiene pasajes que favorecen más a una opinión que a otra. Además de
A.Pelletier podemos citar a nuestro A.Díez Macho que afirma: "La
finalidad de la carta no es tanto mostrar el origen de la versión griega
de la Torá (al trabajo de la versión se dedican sólo los párrafos
301-316) cuanto defender y exaltar la ley de los judíos frente a los
paganos y, sobre todo, ante los mismos judíos helenizados que podían
llegar a despreciarla; acaso lleva también el interés de avalar esta
versión griega frente a otras menos fieles. La exaltación de la Torá es
tanta que se la llega a considerar la fuente única de la ciencia: fuera
de ella no hay verdadera ciencia”.
Autor de la Carta.
El autor es un judío egipcio; los autores lo repiten como un estribillo.
Su presentación como si fuera un pagano, personaje de la corte,
adorador de Zeus (16), no es más que un disfraz fácilmente detectable:
"Nadie se engaña: Aristeas es un judío. Es inútil repetir las fáciles
pruebas de Meecham, Tramontano, Moses Hadas; bastará constatar la
importancia que atribuye a los juramentos, a las abluciones, su gran
admiración por el templo, por el sumo sacerdote y su celo por la causa
de los judíos en general”. En cuanto a la personalidad de Aristeas bien
poco podemos decir, si no es por lo que se deduce de su Carta.
V.Tcherikover ha intentado adentrarse en el personaje y nos ha hecho
este retrato: "Es difícil clasificar a Aristeas entre los nacionalistas
judíos; su judaísmo es pálido y sin color, imbuido de influjos extraños;
no tiene el calor íntimo de un genuino sentimiento nacional. Aún menos
pertenece Aristeas a los helenos. Sus aspiraciones a ser como los
griegos sólo subraya la gran distancia entre él y los kaloi . % ka .
~gaqoi . / de la verdadera inteligentsia griega”.
Fecha
de composición. Más difícil es determinar la datación de la Carta.
N.Fernández Marcos dice que "la datación de la carta constituye un
problema casi insoluble, ya que las opiniones de los estudiosos se
dividen en un abanico que va desde el final del s.III a.C. hasta cerca
del s.II d.C.”. Así E.Schürer, R.Tramontano, L.H.Vincent y A.Pelletier
la ponen alrededor del año 200 a.C.; C.Larcher y A.Díez Macho en el
siglo II a.C.; S.Jellicoe poco antes del 170 a.C.; V.Tcherikover en la
segunda mitad del siglo II a.C.; E.Bickermann ca. 145 hasta ca.100 a.C.,
y afinando aún más, entre 145 y 127 a.C.; M.Hadas poco después de 132
a.C.; N.Fernández Marcos como N.Meisner en la década entre 127 y el 118
a.C. P.Wendland y H.St.J.Thackeray poco antes de 96 a.C.
Aceptamos como más probable la fecha dada por N.Fernández Marcos, pues
según su argumentación: "Destaca la exaltación del ideal helenístico de
un rey filantrópico y la advertencia contra el abuso del poder; en la
esfera religiosa sobresale el énfasis que se da a Jerusalén, la
descripción idealizada del culto, los estrechos vículos entre la
comunidad de Jerusalén y la de Alejandría, así como el silencio absoluto
ante el importante culto de Leontópolis. Todo ello pone de manifiesto
que el autor de la carta quiere distanciar a la comunidad alejandrina de
los judíos de Onías, de modo que la década entre el 127 y el 118 a.C.
parece el momento más adecuado para situar el origen de la carta.
Género
literario. En cuanto al género literario no podemos hablar en singular,
ya que la así llamada Carta contiene una gran variedad de ellos, siendo
quizás el género epistolar el menos adecuado. Si tuviéramos que
clasificarla en un género literario, habría que apelar al género
panegírico o encomio, ya que, al parecer, es el que mejor se adapta al
conjunto de ella. E.SchÜrer la llama "un panegírico de la Ley judía, de
su Sabiduría y de su Nombre”; V.Tcherikover, por su parte, dice que "la
Carta es un ardiente panegírico del judaísmo" y que "la entera Carta no
es otra cosa que un encomio (Eulogy) del judaísmo”. C.Larcher por su
parte escribe que "la Carta es una verdadera apología del judaísmo”.
Sin embargo, los autores no dudan en afirmar una pluralidad de
géneros literarios, que a su vez corresponden a las fuentes en que se
inspira el seudo-Aristeas. Las fuentes, en concreto, son irreconocibles,
aunque todas ellas pertenecen al mundo de la cultura griega y
helenística. El influjo helenístico es evidente en la forma literaria de
la composición de la Carta.
Fácilmente se descubren en ella
tópicos helenísticos, que constituyen géneros literarios conocidísimos.
La enumeración del contenido de la Carta prueba la diversidad de géneros
y subgéneros literarios. No pretendemos juzgar en absoluto sobre la
autoría de cada uno, aunque es evidente que es una sola mano la que
imprime el sello personal final, dando unidad.
Comienza la carta con un prólogo bien cuidado (1-8); siguen un
documento de manumisión de esclavos (22-25); un informe o memorándum
(28-32), todo según los modelos del tiempo; dos cartas entre el rey y el
sumo sacerdote Eleazar (35-46); una lista de nombres (47-50); una
larguísima relación de regalos (51-82); relatos de viajes (83-120);
interpretaciones alegóricas de la Escritura (128-170); descripción de
una recepción solemne en la corte (172-181); un banquete o simposio
(182-294): es la parte principal de la Carta. Imita el autor en ella los
tratados filosóficos del tiempo, según el estilo impuesto por Platón.
Quizás en el fondo haya un tratado sobre la realeza o el rey (peri . %
basilei . =a$) sobre el modo de gobernar dignamente a los pueblos. Sigue
un relato sobre la traducción de la Ley judía al griego, en el que se
da cuenta del método de trabajo y del orden de cada día (301-307),
reflejo de la labor científica de los sabios del Museo; aprobación y
aceptación de la traducción (308-316); despedida para un viaje de vuelta
(317-321) y, finalmente, un epílogo, que corresponde al prólogo (322).
La multiplicidad de géneros menores no pulveriza la Carta, sino que
refleja un tipo de cultura literaria que se parece a un mosaico. Esta
manera de hacer literatura es típica del tiempo helenístico y nos la
volvemos a encontrar en el libro de la Sabiduría, no sólo por la
repetición de temas filosóficos y teológicos, sino también por los
aspectos meramente formales, como son los géneros y subgéneros
literarios.
Otros aspectos de la Carta. Terminamos este
apartado, subrayando algunos aspectos que creemos son muy importantes
para el mejor conocimiento del ambiente literario de la comunidad judía
de Alejandría.
La Carta de Aristeas, en
primer lugar, refleja un ambiente literario entre los judíos muy en
armonía con la actividad literaria de la Alejandría del Museo y de la
Biblioteca del siglo II a.C. El seudo-Aristeas es un judío muy culto
que, muy probablemente, se educó en el gimnasio griego, a no ser que los
judíos fueran ya autónomos totalmente o en parte en el sistema
educativo, para poder conocer y estudiar a fondo la Ley propia y la
tradición de los mayores. Dice V.Tcherikover: "Los judíos cultos leen a
Platón y a Homero y probablemente envían a sus hijos al gimnasio; si
surge un escritor entre los judíos, ciertamente escribirá sus libros en
griego”. A esta altura había llegado ya la comunidad judía, de manera
que "en el s.II a.C. la judería alejandrina había conseguido un grado
suficiente de helenización como para crear literatura judía en griego”.
El ambiente que refleja la Carta es de comprensión mutua entre
judíos y no judíos. Por esto el autor judío se ha disfrazado de
cortesano egipcio (cf. 16), que hace propaganda en favor de la Ley judía
y del modo de vivir de los judíos. "Por otra parte, también el rey y
sus consejeros reciben un tratamiento muy digno y honorable. Es, sin
duda, el escrito apócrifo más favorable a los griegos y a su cultura.
Las diferencias entre griegos y judíos son aminoradas apuntando a un
objetivo: judíos y griegos pueden convivir tranquilamente con mutuo
beneficio”.
Independientemente del
problema de si Aristeas se dirige a griegos o judíos, la Carta es un
alegato en favor de la concordia. Con toda razón puede escribir
V.Tcherikover: "Especialmente interesante... fue el intento del autor de
la Carta de Aristeas de tender un puente sobre la sima que separaba a
judíos de griegos. Aristeas concibe el judaísmo idéntico en su mayor
parte a la filosofía griega, con la adición de la fe en un solo Dios.
Desde este punto de vista no había interno antagonismo entre judaísmo y
helenismo; todos tienen un solo Dios, conocido por los diferentes
pueblos por diferentes nombres y por los griegos como Zeus. Los judíos
deben adquirir una educación griega y abandonar los básbaros rasgos de
su carácter, pero al mismo tiempo deben adherirse con todo su corazón a
la Ley de Moisés (con el ropaje griego de los LXX), que contiene nobles
elementos filosóficos. En la vida diaria también los dos pueblos deben
acercarse más el uno al otro. Las ideas expresadas por primera vez por
Aristeas en el siglo II a.C. fueron repetidas al comienzo del período
romano con especial énfasis y con argumentos mucho más profundos por el
más grande de los filósofos judíos, por Filón. Él también comprendió que
su principal tarea era la de tender un puente entre el Helenismo y el
Judaísmo y también consideró el Judaísmo como una alta filosofía que
podía avenirse con el Helenismo sin dificultad”.
El judaísmo alejandrino siguió avanzando en esta dirección y
más adelante dará frutos espléndidos como el Libro de la Sabiduría y la
obra de Filón. De otros autores sólo nos han llegado fragmentos
fragmentos insignificantes de sus obras. Del estudio de estas reliquias
del pasado literario judeo-alejandrino nos vamos a ocupar en el apartado
siguiente.
Otros autores judíos alejandrinos.
Hemos lamentado más de una vez que se hayan conservado tan
pocos testimonios de literatura judeo-helenista de esta época tan
floreciente de Alejandría. Además del grandioso monumento de la Carta de
Aristeas, que acabamos de estudiar, y del Libro de la Sabiduría,
contamos con otros esporádicos testimonios. V.Tcherikover decía que
"Aristeas quería escribir historia, pero de hecho describe su propio
tiempo”. Lo mismo se puede y se debe decir de todos los escritores y, en
su parte proporcional, de los escrito res judeo-helenistas alejandrinos
que conocemos parcialmente por los fragmentos de sus escritos. Como
escribe J.Leipoldt: "Dichos escritos revelan... las múltiples facetas de
la vida y de los esfuerzos culturales judeo-helenistas, precisamente
por el hecho mismo de no haberse conservado de los mismos sino exiguos
restos”.
Después de la época tranquila y
favorable que refleja la Carta de Aristeas los judíos de Alejandría van a
tener que superar continuamente pruebas de acoso y hasta de
persecución. Desde que el historiador y sacerdote egipcio Manetón
escribió su historia de Egipto (ca. 270-250 a.C.), en la que denigraba
al pueblo judío, se creó una corriente de falsas acusaciones y
calumnias: "Presentaban al pueblo judío como un pueblo sin el mérito de
una gran antigüedad, sin logros culturales, sin culto a la divinidad,
sin un verdadero amor a los hombres, como enemigo de la sociedad humana y
seguidor de usos ridículos”. Los escritores judíos de Egipto tuvieron
que responder a tales acusaciones e infundios no siempre con serenidad
ni con la simplicidad de los hechos. Seguían también en esto las
costumbres de la época, aunque no con la elegancia de los escritores
helenos y helenistas, como vamos a ver por la breve presentación de los
principales testimonios judeo-alejandrinos que poseemos. Seguimos, en
parte, la divisipon y el orden de E.Schürer.
a. Literatura histórica.
Los judíos cultos de Alejandría seguían atentamente los gustos
literarios y culturales de la época. A este gusto y talente del tiempo
helenístico pertenece el aprecio por el sentido histórico. "Pertenece a
la cultura del tiempo que uno conozca la historia del pasado. Y un
pueblo sólo puede pretender ser contado entre los pueblos cultos, si
puede ostentar una historia antigua y respetable”. Por esto se afanarán
los judíos por mostrar las raíces profundas de su historia y la gloria
sin par de sus antepasados; donde no lleguen los documentos escritos de
sus libros sagrados o la memoria siempre renovada de sus tradiciones,
suplirá con creces una fantasía desmedida.
En este apartado hay que reseñar los autores siguientes
--
Demetrio, es el primer exégeta y cronógrafo judío alejandrino,
contemporáneo de Tolomeo IV Filópator (221-205 a.C.) y el primer testigo
de una nueva forma de interpretar la sagrada Escritura
-dificultades y respuestas-, y del midrás helenístico que tanto va a
prosperar entre los judíos helenistas. De él dice J.Leipoldt "que
trabajó sobre la historia bíblica con concisión y sobriedad, de un modo
cronográfico”. Si lo comparamos con autores que le seguirán, vemos que
"es un espíritu exigente”, nada exagerado.
-- Artápano.
Muy diferente del anterior es el juicio que debemos hacer de Artápano .
Probablemente vivió en Alejandría alrededor del año 100 a.C. Según el
testiomonio de Alejandro Polihístor, que nos ha transmitido los
fragmentos, escribió un libro: Judaica (Fragm.I) o Sobre los judíos
(Fragm. II y III).
N.Walter lo considera más un novelista que
un historiador. Moisés (en Fragm.III) no es para él el legislador de los
judíos, sino el héroe de su pueblo. A Artápano no le preocupa lo más
mínimo el sentido literal de la Escritura. Abrahán enseña al rey de
Egipto la astrología (Fragm.I); José ordena la división y el reparto de
las tierras de Egipto; pero Moisés es su héroe para gloria de su pueblo,
Artápano lo equipara con el dios Tot-Hermes. También lo hace maestro de
Orfeo (Musaios) y de todo el pueblo de Egipto, ya que le enseña las
artes de la guerra y de la paz: la navegación, el cultivo de la tierra,
la escritura, la administración, etC.; introduce además el culto a las
divinidades egipcias, aun las más despreciables. La fantasía de Artápano
no tiene fronteras.
Sin embargo, no deja de ser judío de
corazón, aunque en su religión sea sincretista: "Aristeas habla del Zeus
griego como de la una y única divinidad, idéntica al Dios de Israel. El
autor judío Artápano fue aún más lejos que Aristeas, al hacer de Jacob y
de sus hijos constructores de templos y a Moisés el fundador del culto a
los animales sagrados en Egipto”.
--Jasón de Cirene y 2
Mac. Sabemos por 2 Mac 2,23 que un tal Jasón de Cirene escribió una
obra en cinco libros, que trataba de la sublevación de los Macabeos
hasta la purificación del templo de Jerusalén. La tarea que se impone el
autor de 2 Mac es la de resumir en un solo volumen los cinco libros de
Jasón. La obra de Jasón era estrictamente histórica, como lo da a
entender el autor de 2 Mac, al comparar su trabajo con el de Jasón:
"Para quienes hemos emprendido la penosa tarea de hacer este resumen no
ha sido un trabajo fácil, sino de sudores y vigilias... Soportaremos con
gusto esta fatiga; y dejando al historiador aquilatar cada detalle, nos
esforzaremos por seguir las normas de un resumen" (2 Mac 2,26-28). "Al
historiador principal le toca meterse a fondo en los sucesos, explayarse
en ellos, estudiar críticamente todos sus pormenores; en cambio, al que
hace una adaptación se le permite una exposición concisa, renunciando a
hacer una obra exhaustiva" (2 Mac 2,30s).
La intención del autor
de 2 Mac es, sin duda, teológica, seleccionando, readaptando y
reelaborando los materiales de Jasón de Cirene; algo así como la del
Cronista en los libros de las Crónicas con relación a los libros
históricos precedentes, especialmente de 2 Sam y 1-2 Reyes. Consigue su
propósito ofreciendo "entretenimiento a los que se contentan con una
simple lectura" (2 Mac 2,25). Los gusto cambian, pues mientras el autor
piensa que ha escrito "una obra literaria, donde el estilo variado es un
placer para el oído del lector" (2 Mac 15,39), a nosotros nos parece
que ha recargado la historia con relatos inverosímiles y tediosos.
Según el parecer de los especialistas, tanto 2 Mac como su fuente Jasón
de Cirene escriben en griego, y lo más probable para los judíos
alejandrinos poco antes del año 100 a.C.
-- 3 Macabeos.
A pesar de llevar su nombre, este libro no se relaciona con los
Macabeos. Su composición "se data en el último tercio del siglo I a.C.;
procede de Egipto, del judaísmo helenístico -incluso en el estilo- y con
ribetes apologéticos. El género literario es el llamado historia
patética, escrita en griego retórico”.
El ambiente que refleja
el libro es de persecución antijudía y por esto su tono es apologético.
"Podemos afirmar que 3 Mac pertenece a la literatura apologética que se
origina en el siglo II a.C. en el ámbito helenístico, y dentro de él, a
las obras escritas en Alejandría, como la historia de Jasón de Cirene
compendiada en 2 Mac, Arist, la obra -perdida casi por entero- de
Aristóbulo o, dentro ya de la tradición bíblica, los libros 2 y 4 Mac y
algunas partes de Dn, Est, 3 Esd, Sab y OrMan. Sin embargo, 3 Mac se
integra también en una tradición historiográfica que encuentra sus
antecedentes en el Antiguo Testamento, en aquellos libros que relatan
las guerras de Israel y muestran la acción de Dios y su protección sobre
el pueblo elegido. Desde este punto de vista, 3 Mac está en la misma
línea que 1 y 2 Mac, salvando la notable diferencia de que aquí se trata
de una persecución y no de una guerra. Todo ello hace que su inclusión
entre los libros de los Macabeos no resulte demasiado extraña, sin
necesidad de recurrir a la hipótesis de que 3 Mac sea la introducción a
una historia general de los macabeos”.
La tradición judeo-alejandrina en la literatura histórica tendrá un excelente continuador en Filón.
b. Literatura exegético-filosófica.
Es difícil, y a veces no corresponde a la realidad, clasificar a
los autores judeo-alejandrinos o en el apartado de la literatura
histórica o en el de la exégesis, de la filosofía o de la sabiduría.
Porque pueden pertenecer a todos estos géneros literarios y formas de
expresión. Nos fijamos , sin embargo, en sus notas más características.
Con todo, lo de menos es la etiqueta puramente exterior. Por esto
continuamos la enumeración de autores sin necesidad de más
explicaciones.
-- Aristóbulo, judío alejandrino, es "un
filósofo helenístico en sentido propio”, que "conoce y cita
explícitamente a los filósofos griegos Pitágoras, Sócrates, Platón y
está familiarizado con sus concepciones como un especialista”. Si es
verdad que Aristóbulo filosofa, no se puede adscribir a una corriente o
escuela filosófica definida, más bien es un ecléctico y sincretista.
Temporalmente hablando Aristóbulo es el primer filósofo judío
helenista, porque el mayor de todos es Filón; aunque algunos lo han
puesto en duda. Aristóbulo es anterior a Filón, como ahora se opina
generalmente: "En realidad, no presupone Aristóbulo el antecedente de
Filón en modo alguno, y en el caso de la carta Pseudo-Aristeas, la
relación de dependencia es precisamente la inversa. Aristóbulo denota,
sobre todo en la alegoresis, un estadio claramente anterior al de Filón e
incluso al de la carta del Pseudo-Aristeas: Aristóbulo no emplea
todavía términos fijos, desconoce la generalización del segundo sentido
de la Escritura y no presupone, como Filón, ninguna tradición exegética
de alegoresis culta”.
Así, pues, Aristóbulo vivió y escribió
alrededor de 170-150 a.C. o, como dice N.Walter, "hacia la mitad del
s.II a.C. durante el final del reinado de Tolomeo VI Filométor
<180-145>“.
Es una preocupación
constante de los autores judeo-helenistas intentar demostrar la
antigüedad de la sabiduría de su pueblo, de tal manera que con
frecuencia llegan a afirmar que los más antiguos poetas y filósofos
griegos se han inspirado en Moisés, o que el origen de toda la cultura y
la ciencia está en los patriarcas del pueblo judío. Los autores
generalmente creen que Aristóbulo también está preocupado en transmitir a
sus lectores griegos esta tradición inventada por el afán apologético y
propagandístico. N.Walter va contra corriente al afirmar que no es ésta
la verdadera intención de Aristóbulo, sino que ella se debe a una
interpretación errada de Clemente de Alejandría, propagada después por
Eusebio, del que la han tomado los modernos.
Aristobulo fundamentalmente es un intérprete del Pentatueco o Ley
judía, un exégeta. Por esto él comprende que su tarea es la de
interpretar la Ley mosaica de una manera adecuada a los lectores griegos
cultos, sin olvidar a sus hermanos en la fe, los judíos helenizados. No
duda en aplicar en su labor exegética los métodos que los filólogos y
filósofos griegos empleaban en las escuelas de Alejandría para explicar a
Homero y a otros antiguos poetas: los métodos alegóricos, especialmente
al tratar los antropomorfismos bíblicos. "Se puede pensar muy bien que
fue Aristóbulo quien introdujo la alegoresis en la interpretación de la
Torá”.
Aristóbulo es un magnífico
testimonio de los escritores judeo alejandrinos que lucharon noblemente
por hacer compatibles helenismo y judaísmo, sin necesidad de renunciar a
lo central del pueblo judío, su Ley. De él a Filón hay que recorrer un
largo camino, en el cual encontramos hitos tan importantes como la Carta
de Aristeas y el Libro de la Sabiduría. Así, de nuevo, encontramos a
nuestro libro en nuestro recorrido a través de los escritores
judeo-helenistas alejandrinos.
-- Escritos
sibilinos: son un conjunto de escritos, producidos durante al menos seis
siglos (desde siglo II a.C. hasta el IV d.C.), que se atribuían a
diferentes Sibilas o mujeres que pronunciaban oráculos en estado de
éxtasis sobre sucesos futuros. Todos ellos fueron escritos en hexámetros
griegos, por lo que es evidente el influjo de la cultura griega.
El género literario es el oracular o profético. "Evidentemente
no estamos ante un género literio puro, sino ante una recopilación de
profecías (ex eventu) que, como elemento unificador... no tiene más que
la forma de su versificación, aparte de algunos rasgos de estilo y la
orientación apocalíptica, así como de su atribución a la sibila”.
El origen y punto de partida de esta literatura es pagano.
"Probablemente nació en Irán y se desarrolló entre los griegos, al
parecer en la época que va de Hesíodo a Heráclito”. "La importancia de
las sibilas creció desde el siglo II a.C., particularmente en Egipto.
Primero los judíos y después los cristianos adoptaron este género de
literatura pagana para fines propagandísticos de su respectiva
religión”; pero los judíos abandonaron esta literatura y lo que habían
recopilado de ella en mano de los cristianos, al utilizarla éstos en su
propaganda religiosa.
Al principio se conocía
sólo una sibila; con el paso del tiempo se contaron hasta 30. Aunque las
Sibilas y los escritos sibilinos pululaban en Oriente y en Occidente,
"hoy día existe unanimidad en situar el punto de partida de esta
recopilacion de oráculos en la comunidad judía de Alejandría, que, como
es sabido, constituye un núcleo cultural floreciente en la época
helenística”.
La colección de los libros
sibilinos consta de XIV libros numerados, pero en realidad son XII, pues
faltan el IX y el X. Para nuestro propósito sólo interesa el libro III,
que, por otro lado, es el más largo (829 versos) y el más importante en
cuanto al contenido. "Hasta el v.96 se extiende la parte más reciente;
el resto pertenece al siglo II a.C. El libro procede del judaísmo
egipcio, probablemente del reinado de Tolomeo VI. Pero el espíritu de
muchos de sus hexámetros es el del judaísmo palestinense: sus amenazas
contra las naciones se parecen en acritud a las amenazas de juicio de
los profetas y a las que encontramos en los apócrifos palestinenses; no
destaca precisamente en este libro el espíritu afable hacia los
extranjeros propio de los escritos judíos helenísticos”.
G.W.E.Nickelsburg escribe: "El libro III manifiesta una notable
franqueza con los gentiles y muy bien puede haber sido escrito para que
fuera leído por ellos. Emplea formas literarias griegas y se inspira en
motivos de la mitología griega”.
Si prescindimos de
las interpolaciones seguras o probables de época muy posterior (cf.
vv.350-355.464-469.776), el libro III fue compilado por un judío
alejandrino alrededor del año 140 a.C.
Así, pues, con
los escritos sibilinos, y en especial con el libro III, se nos
manifiesta esa "fermentación intelectual del judaísmo helenizado a lo
largo de los siglos II y I antes de nuestra era”.
Manifestaciones de la "fermentación intelectual del judaísmo
helenizado" se encuentran en todas partes donde existen comunidades
judías bien organizadas y arraigadas. Así debió de suceder especialmente
en el ámbito asiático. De manera indirecta el estudio de esta
literatura judeo-helenista podría también servirnos para nuestro
propósito, dado el gran intercambio intelectual que mantuvo Alejandría
con todo el ámbito helenístico. Pero renunciamos a él deliberadamente.
El libro IV Mac no lo presentamos como obra alejandrina,
aceptando el común sentir de los autores, aunque tenga puntos de
contacto con el libro de la Sabiduría, siendo muy dudosa la fecha de su
composición (entre 70 a.C. y 118 d.C.).
Lo
que sí queremos subrayar al final de este Apéndice III es que las
tendencias que hemos descubierto en los escritos judeo-alejandrinos
estudiados llegaron a su culminación en obras subsiguientes y que
afortunadamente poseemos; éstas son el libro de la Sabiduría y la
inmensa y polifacética obra de Filón.
Como colofón de todo lo que hemos dicho, porque resume muy bien
el ambiente de la comunidad judía de Alejandría en el perído del cambio
de era, aducimos las palabras de C.Larcher a propósito de Filón: "Filón
depende de una tradición exegética bastante compleja y se encuentra en
la confluencia de diferentes corrientes. Antes de él y de su tiempo, los
judíos cultos de Alejandría se esforzaban de múltiples maneras por
hacer viva y actual la Ley. En las sinagogas se leían sucesivamente las
secciones del Pentateuco y se comentaban con ayuda de una tradición
oral. El género homilético también se practicaba, imitando quizá los
discursos moralizantes de los oradores o de los filósofos ambulantes. El
estudio del texto sagrado continuaba en las escuelas judías, que
enseñaban al mismo tiempo las disciplinas griegas elementales. En fin,
las relaciones entre Alejandría y Judea eran constantes y los doctores
palestinos (sobre todo los fariseos) se esforzaban por ganar más y más
para sus ideas a los judíos de la Diáspora: en consecuencia se hacía
sentir más y más la presión de una exégesis que se constituía
progresivamente y se diversificaba en halaká y haggadá. Un midrás
helenístico se había formado poco a poco por analogía con el midrás
palestino y dependiendo de él; pero había evolucionado de manera
original, porque buscaba hacer accesible la Biblia a los espíritus
impresionados o formados por la cultura griega”.
La tradición judía no se perdió, sin embargo, a partir del siglo
II de nuestra era; íntegramente fue heredada y asumida por la escuela
cristiana de Alejandría, el foco más potente del pensamiento cristiano
en los primeros siglos del cristianismo.
Francisco Javier Cervigon Ruckauer